miércoles, abril 25, 2018

El himno de nuestra patria quemera




Sopla un viento de triunfos y gloria,
corazones que vibran de fe.
Ya desfilan los grandes campeones
y el concurso aplaude de pie.
En sus pechos diviso la insignia
confundida con el corazón.
Es un Globo de fuego que vuela
rumbo al cielo de su inspiración.

Se oye un grito que se expande
por los aires con afán.
Son millares de gargantas
las que nombran: ¡HURACÁN!
Club glorioso de campeones
con empuje de titán.
Arrogantes corazones
¡HURACÁN! ¡HURACÁN! ¡HURACÁN!

Ya termina el desfile armonioso.

Deportistas de gracia ideal.
Y al espacio se elevan los hurras
junto al Globo que vuela triunfal.
Ya se marchan los bravos campeones
y la hinchada que alienta a la par.
El estadio dormita en silencio.
¡HURACÁN! ¡HURACÁN! ¡HURACÁN!
Se oye un grito que se expande
por los aires con afán.
Son millares de gargantas
las que nombran: ¡HURACÁN!
Club glorioso de campeones
con empuje de titán.
Arrogantes corazones
¡HURACÁN! ¡HURACÁN! ¡HURACÁN

domingo, abril 22, 2018

Vení, copate...



Tigre 0 - Huracán 2

Huracán es un equipo en serio. Lo cuenta su recorrido por la Superliga, la sensación de seguridad que genera, la confiabilidad que representa.

Vení, copate, analicemos a nuestro Globo:

1) Como dice el técnico Alfaro tenemos al mejor arquero del fútbol argentino. Se llama Marcos Díaz. Merece Selección y Mundial tanto o más que Franco Armani.

1 bis) En 13 de los 23 partidos que atajó Marcos, Huracán mantuvo su arco en cero. Sólo Guido Herrera (con 14 en 24) lo supera en ese rubro.

2) El equipo lleva nueve partidos sin derrotas, la segunda mejora racha de un equipo en el torneo (sòlo superado por el inicio de Colón, con 10 sin caídas).

3) La defensa es sólida y la componen no sólo los cuatro de atrás. El equipo entero defiende.

4) Ignacio Pussetto juega cada día mejor. Por momentos, como en la mañana de Victoria, parece imparable.

5) Se sabe a lo que juega. A veces gusta más, otras menos. Pero es lógico, razonable, siempre.

6) El mediocampo -sobre todo a partir de la llegada de Damonte- ofrece equilibrio invariablemente.

7) Los destellos de Silva comienzan a ser relevantes.

8) El plantel luce sólido. El entrenador recuperó a Nervo y a Araujo; respeta a los símbolos (Mancinelli, Toranzo, Rolfi), más allá de los minutos que jueguen.

9) El banco brinda variantes y cubre agujeros con solvencia.

10) Una impresión, más allá de la valiosa actuación de Mendoza: con un nueve goleador durante toda la temporada, este equipo le peleaba el título a Boca. Salvo Wanchope (4 goles en 9 partidos), el resto aportò poco o nada: Coniglio (3 en 20); Andrés Chavez (2 en 7); Briasco (1 en 5); y Mendoza (0 en 9).

Vení, copate...

Que parece que entramos a la Libertadores...


 


lunes, abril 16, 2018

"Que me tirás Cubilla"



Una historia. Bien de barrio, bien del Palacio Ducó. La loca magia de aquella frase de hace 15 años...

viernes, abril 13, 2018

Tres puntos y una copa



Huracán 1-Argentinos 0

De repente, un detalle modifica todo. Un tipo que llegó a Parque de los Patricios abrazado a otra presunta escuela se convierte en protagonista central. Ese tipo, Israel Damonte, aparece y define. Es gol y es victoria. Pero también es otra cosa: el que grita como si el Ducó fuera su estadio se siente parte de esa construcción de toda esa gente alrededor. “Este Damonte entendió Huracán mejor que casi todos los que vinieron en los últimos tiempos”, cuenta alguien que mucho conoce sobre la cuestión.

Lo que se vivió en el Palacio Ducó fue un duelo por el ingreso a la Copa Libertadores 2019. Apenas un punto de diferencia los separaba antes de que el encuentro comenzara. La posibilidad latente de trepar a un puesto de clasificación al máximo certamen internacional, al menos hasta que juegue Independiente, representaba un estímulo importante para los dos. En ese contexto ambos equipos jugaron con intensidad. Sin embargo, el encuentro fue un retrato del fútbol argentino. Fueron dos equipos que, a pesar de ser revelaciones en el torneo, ofrecieron poco. Además, patear al arco resultó ser, en varios tramos, casi una misión imposible.

En un partido que presuntamente parecía poco intenso, este contexto en el que se jugó hizo todo lo contrario: se vivió con mucha intensidad. Todos iban a disputar la pelota con fuerza, sin dar una por perdida. Fue un encuentro muy parejo con pocas llegadas a los arcos, en el que Huracán buscó un poquito más en el primer tiempo pero sin entregarse a la dinámica de ir por ir. Y la visita emparejó en el complemento. No sólo eso. También hizo revolcar un par de veces a Marcos Díaz.

Argentinos , curiosamente, se plantó en el campo de una manera distinta a la forma que viene acostumbrado. Defendió de manera férrea y dejó bastante solo a ese 9 que es su estrella: Lucas Barrios.

El futbolista que fue campeón de América el año pasado con Gremio era la principal referencia del ataque de Argentinos. Y para contrarrestar a ese 9 que, curiosamente, se formó en “La Quemita”, el predio donde entrenan las Inferiores de Huracán. Gustavo Alfaro armó una nueva dupla de marcadores centrales: salieron Matheu y Nervo e ingresaron Salcedo y Mancinelli. Tuvieron que lidiar con ese enorme delantero pero hicieron una digna tarea para contenerlo y no sufrirlo.

En general fue un partido flojo en términos desde lo técnico, pésimo desde las llegadas y que los invita a repensar de qué modo pueden lastimar de ahora en más al rival para llegar al objetivo, que es la clasificación a la Libertadores. Anoche, ambos cuidaron demasiado el cero propio y se olvidaron del arco de enfrente y, así, les va a ser difícil llegar a la meta.

Huracán lo terminó ganando por detalles. Es así como piensa los partidos su técnico, Alfaro. De un rebote en un rival, tras un remate de Montenegro, que parecía no llevar demasiado peligro para Argentinos, la pelota terminó adentro del arco. ¿Por qué? Porque Israel Damonte, que había iniciado la jugada, siguió su curso, se adelantó, estuvo atento y llegó a definir antes que cuatro rivales que rechazaran el balón o lo taparan.

Después, el Bicho no tuvo demasiado tiempo para reaccionar. Y sintió el impacto. Apostó a buscar el empate a través de algunas pelotas parada s y pelotazos largos, que quedaron en las manos de Marcos Díaz. En él se sostuvo Huracán para asegurar el triunfo. Y para atesorar esos tres puntos vitales que estaban en juego que le permiten meterse en el quinto lugar, es decir en un puesto de clasificación a la Libertadores 2019.

Texto publicado por el fundador del Blog y Maxi Benozzi, en Clarin. 

domingo, abril 08, 2018

Un gol y un arquero inmenso



San Martín 0-Huracán 1

Preguntas y respuestas:

¿Jugamos bien? No.

¿Merecimos ganar? Mmmmm.

¿Importa? No tanto.

Lo cierto es que Huracán sumó los tres puntos en su quinta victoria como visitante en la Superliga.

Y hay más certezas:

1) El acceso a la Libertadores es una posiblidad.

2) El descenso en esta temporada es cosa del pasado.

3) Tenemos un arquero de Selección. Lo volvio a demostrar. Se llama Marcos Díaz.

4) Son 7 los partidos sin derrotas de modo consecutivo.

5) Si tuviéramos los puntos que el azar y que los arbitrajes penosos nos sacaron estaríamos peleándole el título a Boca. Nada menos.

Esto sigue.

Vamos por más.


viernes, marzo 30, 2018

No jodan más...



Huracán 1-Banfield 1

No jodamos más con los arbitrajes. Basta. No puede ser que sucedan penales que no existen...

Mucho menos en el Día del Adiós a René.

Eso.

Todo eso.

miércoles, marzo 28, 2018

Nuestro día: felicidades Quemeros...


Como decimos siempre en la portada de este Blog: "No se trata de la seducción de algún éxito pasajero; tampoco de una imposición de la implacable parafernalia mediática. Ser Quemero es una cuestión de pertenencia. Una preciosa herencia inmodificable".

Nosotros, los Quemeros, en nuestro día. Nuestro eterno 28 de marzo.

Más:
Felicidades, en Olé.

sábado, marzo 24, 2018

Cuando la Ultima Dictadura borró a Bracuto

David Bracuto, presidente de Huracán y de la AFA, había llevado a César Menotti a la Selección en 1974. Dos años más tarde el Gobierno de facto de entonces lo expulsó.Y puso a Alfredo Cantilo, uno de los suyos, socio de Vélez y del Jockey Club.


Por Ezequiel Fernández Moores*
Alfredo Cantilo camina con su esposa por Mar del Plata. Se encuentra de casualidad con César Luis Menotti, que también pasea con su esposa. "¿Qué tiene que hacer por la tarde? ¿No quiere que vayamos a ver las obras en Villa Marista?", pregunta Cantilo a Menotti. "Fui la semana pasada y vi todo bien, pero vamos igual", responde el entrenador. La obra, con el Mundial 78 cada vez más cerca, marcha a buen ritmo. Las habitaciones cumplen con lo pautado. Las camas y la cocina también. Pero al llegar a la cancha, Menotti advierte que el césped está a un centímetro de altura y estalla. "¿Pero cómo, no les dije que lo necesitaba más alto? ¿Quién decidió que lo cortaran así?". "Es que vino el almirante (Carlos) Lacoste y dio la orden", atina a responder uno de los empleados. Cantilo corre a buscar un teléfono. "¡Te voy a decir una cosa! -le grita a Lacoste, rojo de furia-¡Yo soy el presidente de la AFA! . ¡Cuando quieras dar ordenes te sentás en la calle Viamonte! ¿Quién carajo te creés que está en la AFA? ¿Quién carajo te creés que sos?".

Menotti asiste sorprendido a la escena. Lacoste, mano derecha del almirante Eduardo Massera, es el nuevo patrón del deporte argentino. La bota militar dentro de las canchas. Controla el Ente Autárquico Mundial 78 (EAM 78) y en la AFA puso al propio Cantilo. A David Bracuto, presidente de Huracán, director del servicio médico de la UOM, le bloquearon las cuentas y lo obligaron a "renunciar" horas después del golpe del 24 de marzo de 1976. Socio del Jockey Club y de Vélez, el abogado Cantilo no era un advenedizo. Había sido presidente del Colegio de Arbitros con Juan Martín Oneto Gaona, interventor en la AFA en tiempos de la dictadura de Juan Carlos Onganía. También Oneto Gaona era abogado y socio del Jockey. Igual que Florencio Martínez de Hoz y Ricardo Camilo Aldao, primeros presidentes de la AFA, cuando las elites controlaban al fútbol. El golpe del 76 encuentra a la selección de Menotti de gira por Europa. Apenas vuelve a Buenos Aires, echado Bracuto, quien le había ofrecido el cargo, Menotti lleva la renuncia a Cantilo en un sobre. "Guárdelo. No me lo entregue porque las renuncias son indeclinables. Conozco sus ideas políticas. Yo pienso completamente diferente y se que habrá problemas, pero eso no tiene absolutamente nada que ver. Lo único serio que encontré al asumir acá es esto". "Esto", una carpeta que mostraba Cantilo mientras hablaba, era el plan de trabajo para las selecciones que Menotti había elaborado junto con Rodolfo Kralj. Lo había presentado años antes, después de que Ferro negara jugadores a la selección. Para frenar su renuncia, Bracuto y Paulino Niembro le dijeron a Menotti que presentara un plan. Se encerró con Kralj desde las doce del mediodía hasta las ocho de la mañana del día siguiente. Selección, juveniles, preparación, contrato del DT hasta terminada la eliminatoria. Si pierde se va. Si clasifica sigue hasta fin de diciembre del año del Mundial. "Tiene mi palabra de honor de que 'esto' se va a cumplir al pie de la letra. Antes del jueves preciso una respuesta. Piénselo", despidió Cantilo a Menotti.

"Yo no lo podía creer. Lo que había costado años de pelea con otros, acá llevó cinco minutos. Al otro día le dije que sí. Cantilo pidió conocer al cuerpo técnico. Se enamoró del viejo Kralj. Con él hacían todos los partidos por teléfono. Las selecciones extranjeras venían acá y nosotros ibamos allá, sin ningún intermediario. Y cuando se reunió con los jugadores, vino al otro día y me dijo 'no sabe la alegría que tengo César. Yo iba dispuesto a discutir y me dijeron que lo único que querían era cobrar si llegamos a la final'. Se quedó loco con eso. Italia cobró 150.000 dólares para cada jugador por participar. Nosotros 27.000 dólares por ganar la Copa. Fuimos a jugar a todas las provincias. Sin cobrar AFA ni los jugadores. Había broncas porque yo convocaba a jugadores de Boca y de River y él mandaba las citaciones y yo le decía pero mire que se pueden lesionar en un entrenamiento y él me respondía 'déle, por más que tiren bombas vamos a seguir'. Después vino la serie de partidos en Boca en 1977. Había rumores, versiones de que si nos iba mal. la Marina me rajaba. Lacoste no me podía ni ver. Mandaban a la hinchada de Boca a putearnos. La mujer de (Leopoldo) Luque escuchó en un avión a jugadores de Boca que decían que 'ahora con el Toto (Lorenzo) vamos a la selección'. Y Cantilo que me decía 'usted y yo hasta el Mundial estamos seguro'. Si él no estaba creo que yo no llegaba al Mundial".

Menotti, que suele demorar hasta dos y tres meses pedidos de entrevista, me atendió de inmediato cuando le comenté que quería aprovechar el 35º aniversario del Mundial, cumplido este martes, para hablar de Cantilo, fallecido en silencio un mes atrás. El Gráfico lo presentó en una amplia entrevista el 5 de mayo de 1976. Cantilo se describió como "un fanático lector de libros de historia, apasionado por la música, hincha rabioso de Gardel y de Piazzolla" y jugador de ajedrez. Le citó a su director, Héctor Vega Onesime, una frase de José María Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei: "Cuando percibas los aplausos del triunfo, que suenen en tus oídos las risas que cosechaste con tus fracasos". "Esa norma -le dijo- es como una pantalla prendida que veo las 24 horas del día". Años después del Mundial, Menotti recordó con calidez en una entrevista su primera y decisiva reunión con Cantilo. "¡Imagínense ese diálogo entre un militante de izquierda y un tipo del Opus Dei!. "Yo -me dice ahora Menotti- tengo mucho respeto por la fe de las personas. Discuto otras cosas. A Cantilo lo recuerdo como un aristócrata de verdad. De las buenas costumbres. No de las miserables. Daba la mano como un hombre. Muy crítico de Isabelita y de Perón. Y, desde su lugar, lo recuerdo también como un hombre bastante progresista, que apostaba a la educación".

El Mundial 78, se sabe, se jugó en los años del horror. Los goles convivieron con las torturas. Cantilo, amante del viejo amateurismo, dejó su puesto apenas terminado el Mundial, supuestamente en desacuerdo con la renegociación con aumento salarial del contrato de Menotti. "Un hombre sincero y apasionado, honesto y leal, que vive en el país", lo despidió Lacoste en una carta pública en El Gráfico.

Cantilo puede no ser hoy un recuerdo políticamente correcto. Menotti, sin embargo, lo recuerda sentado en primera fila con los jugadores, escuchando los conciertos que ofrecían al plantel el flaco Spinetta, la tana Rinaldi y Anacrusa, entre otros. Sucedía en la concentración de José C. Paz. Un día, al llegar en su auto, Menotti vio que dentro del predio estaba lleno de soldados. "Le dije que así no podíamos trabajar y echó a los soldados que tenían que hacer la seguridad de la concentración. Tuvieron que instalar una carpa afuera". Cantilo se fue en silencio y nunca más habló con la prensa. "Todavía recuerdo sus palabras al día siguiente de conocernos, cuando le presenté al cuerpo técnico. Dijo que terminado el Mundial él se iba. '¡Qué se va a ir! ¡Si salimos campeones se va a ir pero de joda!' decíamos entre nosotros en ese momento. Yo -sigue Menotti- era el primero en decir que no se iba ni en pedo si éramos campeones. Nadie le creía. Terminó el Mundial, me abrazó fuerte. '¡Salió como lo soñamos César!', me dijo. Y se fue".

*Periodista. Texto publicado en el diario La Nación.

jueves, marzo 22, 2018

Bendito será el recuerdo de tus locuras


Seguía yendo al lugar en el que había sido fabricante de alegrías y de jugadas para guardar en todas las memorias. Cuando volvió el fútbol de la Superliga, en el reciente verano que ya se fue, René -el crack que no necesita su apellido para que la referencia resulte inequívoca- estaba ahí, en el Palacio Ducó, justo antes del partido contra River. La escena era una demostración: el Hueso -como lo llamaba su apodo de los días felices- respiraba barrio. Sentado en el cordón de Alcorta, con la gorra que le habían regalado hacía poco, con la sonrisa ante el saludo de tantos admiradores que lo vieron jugar o que escucharon sobre su leyenda. Pero en los ojos había una tristeza tardía, una suerte de despedida. Houseman ya no estaba bien.

El domingo del último clásico ante San Lorenzo también caminó por Colonia, escuchó saludos, recibió abrazos, la gente le rendía pleitesía. Pero a él ya le faltaba fuerza. Lo disimulaba con una generosidad que no le cabía en su cuerpo breve. Pero igual ahí estaba, en ese espacio que le resultaba tan propio. Aunque se había criado en el Bajo Belgrano -en esa villa que la dictadura arrasó durante el Mundial 78-, siempre fue habitante sentimental de Parque de los Patricios y de su zona de influencia. Como un Quemero más.

Falleció el siete bravo de Huracán, el mago de los años 70, el campeón del mundo con la Selección del Flaco Menotti -su impulsor-, el hincha de Excursionistas que se había asomado al fútbol grande en Defensores de Belgrano, campeón de la C en 1972. Ya no está el hombre, pero vivirá su legado de wing estupendo: también la añoranza de esas jugadas que nunca más sucedieron.

Cuentan que la muerte mejora al fallecido. Pero René no necesita eso. Ni ahora ni nunca. Bastará el recuerdo de quienes presenciaron su loco fútbol para que ese retrato exprese su dimensión. Lo contó en días no tan lejanos Daniel Buglione, compañero en aquel plantel del 73, el del Equipo de los Sueños: "Hacía cosas imposibles. Que sólo se las veías a él. Era imparable en los partidos, en los entrenamientos, en su barrio. ¿Sabés lo que valdría hoy?"

La pregunta no tiene respuesta. Porque encima, aunque era wing también hacía goles. Muchos para ese puesto reservado para los gambeteadores, los díscolos, los osados. Sólo en Huracán convirtió 109 tantos en 277 partidos. En la Selección, con la que jugó dos Mundiales, marcó 13 en 52 presentaciones.

Todavía se escuchan en las charlas de bar los ecos de aquella canción que lo evocaba en sus tiempos de crack: "Y chupe, chupe, chupe/no deje de chupar/El Loco es lo más grande del fútbol nacional..."

Construyó un idilio con esa gente que quería concluir con 45 años de espera y postergaciones. Desde los años 20 -en los que el club había sido el más ganador junto a Boca- que Huracán no obtenía un título de Liga. Fue campeón y figura en el año de su arribo con las armas que luego lo inmortalizaron: gambetas, amagues, movimientos de cintura, rivales por el piso, pases al milímetro, goles.

Roberto Fontanarrosa -uno de los escritores que lo admiraba- contó cómo jugaba. Lo padeció en un histórico 5-0 de Huracán ante su Rosario Central, en Arroyito. "Corría, para hacer todo más difícil, sobre la raya de toque, por la derecha, casi haciendo equilibrio. Le salió un marcador, de frente, cubriéndole la línea. Y ahí no se muy bien qué hizo ni cómo lo hizo. Sin perder velocidad, se cambió la pelota del pie derecho al izquierdo y del izquierdo al derecho, como si se le hubiera enredado entre los botines, y apareció corriendo a espaldas del marcador, siempre con la pelota y sobre la línea. Se escurrió, digamos, por el huequito que quedaba entre la cadera y la axila del defensa y los cinco o seis centímetros del grosor de la línea de cal. En aquella época no eran frecuentes las repeticiones en la tele, entonces Houseman, como para que yo no me quedara con la intriga, como para mostrar nuevamente el truco a ver si alguno lo descubría, repitió la maniobra con otro defensor que salió a cruzarlo por detrás del primero y se fue como una luz hacia el banderín del corner. Otra vez ese esbozo de arranque hacia adentro, la corrección hacia afuera y enderezarla para adelante pasando casi de perfil y sin que, ni siquiera, consiguieran hacerle falta. (…) Flaco, liviano, escurridizo, desprolijo en el vestir, llevaba la pelota a velocidad de vértigo aderezándola con una enorme cantidad de amagues, de pequeños frenos, de aceleraciones, al punto que había veces en que era la pelota la que lo seguía a el, como un empecinado cachorro".

El vínculo con el hincha se forjó con aquellas destrezas y su magia. Y permaneció inalterable hasta el último de los suspiros. Se trató y se trata de una fidelidad que ni los calendarios ni los tropiezos pudieron ni pueden corromper.

Queda una impresión, ahora en su partida: el idilio no lo edificó sólo con el hincha de Huracán, que lo tendrá guardado para siempre en el pedestal de los máximos ídolos. Sino con todos los que disfrutan el fútbol de los audaces, como el de René. Por todo eso, cada hincha lo sabe: bendito será el recuerdo de sus locuras...

Texto publicado por el fundador del Blog, en Clarín.

René, el campeón del mundo



René Houseman, en acción, en el Mundial de Argentina 1978. Uno de los tres jugadores de Huracán (junto a Héctor Baley y Osvaldo Ardiles) que convocó César Menotti para la conquista de la primera Copa del Mundo para nuestro fútbol.

René, tan nuestro...


El Gráfico, mayo de 1976. Huracán festeja una de las escalas de ese año histórico: en un caso único en la historia del fútbol argentino (y mundial), ganó los cinco clásicos del año frente a San Lorenzo. Y ahì, René Houseman para ponerle su cara a aquellos días felices. Más allá de torpezas y exabruptos de una noche de Copa, tan nuestro, tan quemero, tan querible, tan entendible...

René, la Alcorta y el Amalfitani

René Houseman, en los encantadores 70. Fue crack, ídolo y símbolo de esa década. Y de toda la historia del fútbol argentino.

Cada vez que lo veo a René Houseman mirando a Huracán desde su rinconcito en la platea Alcorta siento una tranquilidad que no sé explicar. Como si él pudiera hacer algo, aunque ya no haya nadie como él o parecido o cercano dentro del campo de juego. A pesar de lo imposible, imagino que aquello de los duendes pueda ser cierto. Cuando está René me sucede que de repente todo parece posible. Luego, ante la evidencia de la razón y de la tabla de posiciones, advierto --otra vez-- que los duendes sean una creación propia, pocas veces exitosa. Pero no me resigno. Lo veo a René y, naturalmente, empiezo a creer que esa tarde o esa noche habrá un reencuentro con días más felices.
El domingo no habrá rinconcito en la platea Alcorta. Tal vez tampoco esté René. O quizá no alcance a divisarlo. Seremos locales en el José Amalfitani, esa cancha en la que todos lloramos bajo el invierno de 1986. En esta ocasión no estará del otro lado el impertinente Italiano de Ramón Cabrero. Será contra Newell's. Y quizá no encuentre con la mirada a René. Entonces, comprenderé esta suerte de desarraigo. Y, para colmo, no habrá duendes a los cuales acudir...

Lo que sigue es un texto que publiqué en Clarín, en octubre de 1998. Se titulaba "René y la victoria que no llega".

"Una tarde cualquiera del 98. Barrio de Parque Patricios. Estadio Tomás Ducó. La popular Oscar Ringo Bonavena está repleta de sombras. Vacía de papelitos, gritos de bronca que buscan un desahogo que no llega. Nunca llega. Allí, en el campo de juego, el Huracán del pasado ilustre y el presente deshilachado padece. No alcanzan las gambetas de Daniel Montenegro ni las buenas intenciones de Sixto Peralta y de Gastón Casas. Nada alcanza. Ni ese aliento resignado. Ni ese Vamos muchachos que no tiene eco. El destino se parece a un pedacito del pasado. A ese invierno del 86, el del descenso contra Italiano en la cancha de Vélez, el del orgullo herido...Pero ahí está el Globo. Luchando maltrecho. Pero sin quebrantos. A pesar de las malas administraciones y de la consecuente crisis económica e institucional. Con el espíritu de siempre. Con ese irrevocable apego a su linaje barrial.La tarde del 28 de agosto del 94 parece un desencanto lejano. Tan lejano que no resulta doloroso el recuerdo. Entonces, el Huracán de Cúper perdía 4-0 ante Independiente y se le escapaba el título de campeón del Clausura. Un puñado de meses después los insultos empujaron al técnico al adiós...Esa noche, la de la despedida de Cúper y la derrota ante Central, René se fue contrariado. No entendía esa reacción reñida con la mesura. Sus ojos saltones, vivaces, miraban el piso de la platea Alcorta. Buscaba respuestas. No había.René es un habitante estelar de esa platea. Siempre está. Añorando sus tiempos de gambetas sin lectura y de brazos en alto testimoniando gloria. Esperando victorias que no llegan. Buscando liberar el grito sagrado que suele resultar esquivo. Imaginando horizontes prósperos, sin sombras en la popular".

La espera de René

René Houseman, en acción ante Boca. Eran otros tiempos.

El hombre mira con la única cara posible: la de la decepción. Llegó hace un rato a ese palco del Diego Maradona para seguir al club en el que se convirtió en crack universal, del que se hizo hincha y referente de todos los tiempos. Le duele este presente de Huracán. Le parece una mentira comparada con aquella vuelta olímpica de 1973, abrazado con los emblemas de los años 20, que aún vivían y ya no están. Pero ahí anda René Houseman, sentado, atento. Como si aguardara un milagro...
O algo así: espera que un día, alguna vez, quizá este domingo, Huracán finalmente le gane a Boca como en sus días felices, como cuando el Globo de Jorge Newbery en el pecho era un motivo de orgullo, una señal de protagonismo. Conoce la racha: Hu racán no triunfa ante su archirrival de la Asociación Amateur desde 1994 y en el historial reciente apenas rescató tres puntos en los últimos 18 partidos anteriores al que está sucediendo bajo el cielo de La Paternal.
En las tribunas, está a la venta un libro que cuenta su historia. Se titula: "René Orlando Houseman. Corazón Villero". Su historia es la del paradigma del wing derecho, la del potrero volcado al campo de juego, la de la reivindicación de lo lúdico.
En el campo de juego, también como un testimonio de este tiempo, Carlos Casartelli intenta sin éxito una vez más; la pelota le rebota; no puede gambetear; choca contra los defensores; pierde; sale reemplazado antes del final del primer tiempo. Usa la camiseta con el número siete en la espalda, la del Loco, la de René, la del Hueso, la de ese hombre que seguirá esperando el milagro de un triunfo ante Boca. Ese hombre advierte que ya no sucederá en esta tarde sobre el césped del Cajón de Boyacá. Luce la previsible amargura de otra derrota. Sabe que no son días felices.

Texto publicado por el autor del Blog, en Clarín.

Aquel homenaje tardío...

René Houseman, en la popular Ringo Bonavena. Una postal de hoy. Y de siempre. Un saludo que dura toda la vida.

No le crea. Ese hombre de piernas flaquitas le está mintiendo. Se hace el cansado, el perdido, el desorientado. Como antes, como siempre. Cuídese, parece frágil. Pero en cualquier momento le demostrará que todo es apariencia, que su versión real es otra. Y entonces, su mentira se desnuda: ese señor de 47 años que lucen como más, pequeño, que parece en desventaja física, amaga y suelta un pase preciso, perfecto, que deja en soledad con el gol a Claudio García... Claro que no es el mismo, no podría. Pero no importa, mantiene su esencia pícara. Por eso, enseguida llegará el tributo espontáneo de hinchas que lo vieron y aquellos que lo imaginaron porque el calendario les impidió disfrutar de sus mentiras:

"Chupe, chupe, chupe/no deje de chupar/El Loco es lo más grande del fútbol nacional...".

El Loco es el inolvidable René Houseman, ese futbolista que fue paradigma del wing, disparador de ilusiones, orgullo villero, inventor de imposibles, constructor de mitos, alimentador de leyendas. Ayer, mucho más tarde de lo merecido, en el estadio Tomás Ducó, 7.000 personas lo homenajearon en un partido que fue tributo y recuerdo. Lo acompañaron ilustres como Bochini, Burruchaga, El Negro Ortiz, Olarticoechea... También estuvieron amigos y compañeros de los días de gloria en Huracán —donde René jugó 277 partidos e hizo 109 goles— y de la Selección, con la que disputó los Mundiales de 1974 y 1978: Woff, Barbas, Viberti, Dante Sanabria, Roque Avallay, Buglione, Chabay... Otros referentes más cercanos de Huracán: Quiroz, Herrero, Víctor Delgado, Wiktor... Y el preferido del Hueso en el Huracán de hoy: Juan Carlos Padra.
Claro que el partido fue apenas una anécdota, una excusa para decir gracias a ese muchachito que en el verano del 73 llegó a Huracán, procedente del Defensores de Belgrano campeón de la Primera C, y enseguida construyó un idilio con esa gente que quería concluir con 45 años de espera y postergaciones. Fue campeón y figura ese mismo año con las armas que luego lo inmortalizaron: gambetas, amagues, movimientos de cintura, rivales por el piso, pases al milímetro, goles.
Hoy, el tiempo y el desgaste transformaron el brillo en la sombra de su gloria. Pero el vínculo con el hincha es inalterable, una fidelidad que el tiempo no puede corromper. Por eso los aplausos inmediatos ante cada aparición de este hombre que se crió en los potreros del Bajo Belgrano, en La Pampa y Dragones. Por eso la ovación cuando hace la recorrida por cada tribuna este delantero único que dejaba grabando en el vestuario las transmisiones de radio para, después, en su casa, escuchar los relatos de sus goles. Por eso el grito repetido pidiendo su vuelta y agradeciendo su incondicionalidad, esa que hoy es escasa o no existe:

"Al equipo del Loco lo vamoa'' alentar/no se vende/porque es hincha de Huracán...".

Ahí, en esa cancha que lo vio sonreir y hacer sonreir, René volvió a gozar y a jugar. Su equipo ganó 3 a 2, el señor de la raya participó en dos de los goles y se asoció con su niño mimado, Padra. "Pedí el cambio a los dos minutos, pero no me dejaron salir. Estaba muerto, viejo", se rió Houseman sobre su actuación.
Y aunque la fiesta debió interrumpirse porque la gente comenzó a ingresar cuando se anunció un nuevo ingreso de René, él no dejó escapar una queja ni el más mínimo fastidio. "Me vienen a abrazar a mí", dijo antes de meterse en el vestuario. Ya un poco más serio, dejó el mensaje formal a través de los altoparlantes:
—Gracias por venir. Sólo quería darles un rato de felicidad.
Quedate tranquilo René, siempre fuiste un fabricante de felicidades ajenas.

Texto publicado por el autor del Blog, en Clarín, en ocasión del homenaje a René Houseman.

Post publicado desde Durban, Sudáfrica.

miércoles, marzo 21, 2018

Nosotros, grandes

Huracán, campeón de 1921. La Década de Oro, en marcha.

Por Osvaldo Bayer*
En las dos primeras décadas del siglo XX, en apenas una generación, el fútbol se había acriollado definitivamente, igual que los hijos de los inmigrantes europeos. En cada barrio nacían uno o dos clubes. Se los llamaba ahora Club Social y Deportivo, que en buen porteño significaba "milonga y fútbol".

Los anarquistas y socialistas estaban alarmados. En vez de ir a las asambleas o a los pic-nics ideológicos, los trabajadores concurrían a ver fútbol los domingos a la tarde y a bailar tango los sábados a la noche.

El diario anarquista La Protesta escribía en 1917 contra la "perniciosa idiotización a través del pateo reiterado de un objeto redondo". Comparaban, por sus efectos, al fútbol con la religión, sintetizando su crítica en el lema: "misa y pelota: la peor droga para los pueblos".

Pero pronto debieron actualizarse y ya en la fundación de clubes de barriadas populares aparecieron socialistas y anarquistas. Por ejemplo, el Club "Mártires de Chicago", en La Paternal, llamado así en homenaje a los obreros ahorcados en Estados Unidos por luchar en pos de la jornada de ocho horas de trabajo. Fue el núcleo que años después pasó a ser el club Argentino Juniors, un nombre menos comprometedor. También en el club "El Porvenir", como el nombre lo muestra, estuvo la mano de los utopistas. Y el mismo Chacarita Juniors nació en una biblioteca libertaria precisamente un primero de mayo, la fiesta de los trabajadores, en 1906.

Por último, los viejos luchadores -ante el entusiasmo de sus propios adherentes ideológicos frente al nuevo juego- resolvieron cambiar de actitud y llegar a una nueva conciencia: practicar el fútbol, sí, porque es un juego comunitario donde se ejercita la comunicación y el esfuerzo común; pero no el fútbol como espectáculo, que fanatiza irracionalmente a las masas.

El fútbol siguió creciendo. Los tablones de las tribunas se iban superponiendo para dar cabida a más espectadores. Pero así como los argentinos jugaban cada vez mejor en el verde, así comenzaba a complicarse la organización fuera de la cancha. Los dirigentes juegan sus propios partidos y empiezan los cismas, las sospechas de árbitros comprados; los intereses creados van ocupando el lugar de lo que poco antes había nacido como deporte por el deporte mismo. El fútbol se capitaliza. A los jugadores -amateurs hasta es momento- se los retiene en los clubes por dinero, y los clubes que tienen dinero atraen a los mejores de los clubes pobres. Aparecen ya, a comienzo de los veinte, las categorías de clubes grandes y clubes chicos.

Pero, mezquindades aparte, el fútbol gana fronteras; primero hacia el interior, con los rosarinos, quienes quieren hacer en Rosario la capital del fútbol y juegan partidazos con los porteños. Luego, cruza el Río de la Plata y el duelo argentinos-uruguayos da origen a una rivalidad donde ya se habla de virilidad y debilidades, de "padres" e "hijos". Pero pese al antagonismo hay un término que los hermana y los hace inconfundibles: "fútbol rioplatense". Es la palabra mágica que evita la enemistad. Fútbol rioplatense: una manera distinta de jugar que va a dar que hablar al mundo.

En 1919 llega Boca. Primer puesto y una hinchada de oro que ya empieza a ser el jugador número 12. Nacía un mito y una realidad que tuvo su origen en un banco de la plaza Solís, del barrio genovés, cuatro años después que River. Sus modestos fundadores anduvieron de baldío en baldío, hasta lograr una canchita detrás de las carboneras Wilson, en la isla Demarchi. Desalojados de allí fueron a refugiarse a Wilde. Por último, luego de deambular de nuevo por la Boca fueron a parar, en 1923, a Brandsen y Del Crucero, el anticipo de la "bombonera". Azul y oro, la camiseta, y con los jugadores cuyos nombres pasan a ser historia: Tesorieri, Calomino, Canaveri y Garassino, quien jugó en los once puestos. 1920 une a los que serán eternos rivales. Campeones Boca y River, River y Boca. Uno de la Asociación; el otro de la Amateur. Los espectadores van a ver, más que a sus equipos, a sus ídolos.

Uno de ellos es Pedro Calomino, a quien los hinchas boquenses le gritan en dialecto xeneixe: "¡dáguele Calumín, dáguele!". Pero Calomino no se deja influenciar: se planta en la cancha, indiferente a las tribunas ansiosas de sus fantasías. Y cuando le pasan la redonda arranca por la punta, parece que frenara pero sigue dejando rivales que corren engañados para otro lado, cuando se caen. Y si un defensor se le pega, le hace "la bicicleta".

El otro ídolo es Américo Tesorieri: "Mérico", para la hinchada. Lo quieren ver saltar. Y Mérico les da el gusto: fino, flexible, plástico, es un elegante felino que complementa las curvas de la pelota con movimientos de ballet. Es un clásico, un arquero con música de Mozart.

Pero los riverplatenses también pueden presentar a su crack. Arquero, además. Es Carlos Isola, apodado "el hombre de goma" por su extraordinaria agilidad. Con increíble golpe de vista no ataja los goles, los adivina. Es más bien un artista de circo, trapecista y malabarista a la vez.

¿Quién de los dos, Tesorieri o Isola iban a representar a la Argentina en el Campeonato Sudamericano de 1921, en Buenos Aires?. Tesorieri, el de Boca, es el preferido. Y lo demuestra: el arco, invicto en todo el torneo. El final no podía ser de otro modo: Argentina y Uruguay. Y el gol de oro del uno a cero lo conseguirá Julio Libonatti, el rosarino. Un gol que enloquece a los 25.000 espectadores. Sí, 25.000 espectadores que consagran al fútbol como al espectáculo del pueblo.

Como no hay alambradas, el público invade la cancha en la pitada final, carga a sus hombros al héroe de Rosario y grita: "¡al Colón, al Colón!". Así es llevado el héroe desde el estadio de Sportivo Barracas hacia el centro. Pero a mitad de camino hay algunos a quienes el Colón les parece insuficiente y gritan: "¡A la Rosada, a Plaza de Mayo!". Y allá va la muchedumbre con el gladiador triunfante en hombros, a quien quieren consagrar César.

Pero Julio Libonatti no actuará ni de tenor ni en el escenario del Colón ni jamás traspasará el umbral de la Rosada. Lo comprarían los italianos para que juegue en el Torino. Así se iniciaba el éxodo de los mejores, un desangre colonial que todavía hoy -y más que nunca- sufre el fútbol criollo.

Huracán se llama el equipo que viene de un barrio proletario, Nueva Pompeya. La insignia es un globito, el globo de Jorge Newbery, el gentleman del aire que nunca volvió de su último viaje. El nuevo club se fundó en la vereda, y se escribía Huracán sin H. Poco conocimiento de la gramática pero mucho de la gambeta. En 1921 y 1922 se coronaron campeones de la Asociación Argentina. Tenían un crack indiscutible: Guillermo Stábile. Lo llamaban "el filtrador" porque venía desde atrás, en el ataque, y estaba adelante siempre para definir cuando la pelota llegaba al área. Más tarde, Stábile sería uno de los primeros que ejercería una nueva profesión: la de entrenador de fútbol.

En esa delantera de Huracán campeón también se hallaba otro artillero: Cesáreo Onzari, el del famoso gol olímpico. Será en 1924. Los uruguayos habían consagrado al fútbol rioplatense como "el mejor del mundo" al salir campeones de las Olimpíadas de París. Cuando regresaron, los argentinos los desafiaron y vencieron a los campeones mundiales por 2 a 1, con gol desde el córner de Onzari. Pocos días antes, en Inglaterra, se habían aceptado los goles por tiro de esquina directo. Uno de los goles más hermosos: habría que cobrarlos dobles por la belleza de la curva que hace el balón.

En 1922 otro nombre se consagra. Viene de Avellaneda. Se llama con orgullo Independiente. El nombre libertario contiene mucha protesta. Lo eligieron los cadetes y empleados argentinos de una gran tienda inglesa que no les permitía integrar el equipo de la casa. El nombre que adoptan y el rojo de la camiseta los hace peligroso para algunos. El club nació de una mesa de café del centro, en Hipólito Yrigoyen y Perú. Pero un terreno barato los llevó a Avellaneda, muy cerca de Racing. Y empezó la rivalidad y la identificación con la barriada proletaria. En 1926, el equipo rojo hace realidad el sueño de todos los futbolistas y de los hinchas. ¡Campeones invictos!. ¡No perdieron ningún partido!. Vengaban así el recuerdo del primer match oficial de 1907, cuando perdieron 21 a 1 contra Atlanta.

En el cuadro invicto estaban figuras que fueron directamente al paraíso: aquellos cinco mosqueteros de la delantera: Canaveri, Lalín, Ravaschino, Seoane y Orsi. Nacen los diablos rojos. Sus diabluras en el área levantan las tribunas populares, que los sabe de su misma extracción barrial. El "negro" Seoane los deja parados a todos los adversarios, y "Mumo" Orsi es quien rompe los piolines de las vallas adversarias.

Hasta hay payadores criollos que le cantan al campeón:

Ha de gritar el que pueda
siguiendo nuestra corriente
hurras al Independiente
del pueblo de Avellaneda.


Pero los rojos no hacen olvidar al Boca de 1925, proclamado campeón de honor por la Asociación. Ese año ha jugado en Europa; la gira inolvidable. Los europeos querían ver el fútbol rioplatense que habían puesto de moda los uruguayos. Y Boca no defraudó: 19 partidos jugados, 15 ganados y sólo tres perdidos.

Aunque lo mejor del fútbol argentino anda de viaje por Europa, los hinchas no tienen de qué quejarse, principalmente los de la Academia, que poseen una pareja derecha que no sólo se engolosina con sus malabarismos sino que también mete goles: Natalio Perinetti y Pedro Ochoa. Aquel cantor del Abasto, que ha llegado al centro, le dedica al lucido gambeteador Ochoa un tangazo: "Ochoíta, el crack de la afición".

1927 será el año de la unión del dividido fútbol y el triunfo del seleccionado argentino en el Sudamericano de Lima en toda la línea: 7 goles a Bolivia, 5 a Perú y tres nada menos que a Uruguay. Las puertas estaban así abiertas para ganar el Campeonato Olímpico de Amsterdam en 1928. Los argentinos se sentían fuertes y habían borrado sus complejos con los uruguayos. El seleccionado vuelve desde Lima en tren y el pueblo se concentra en Retiro. La alegría no tiene límites y el presidente Alvear olvida un poco los ademanes aristocráticos y se abraza con los Bidoglio, Recanatini, Carricaberry y Zumelzú, autores de la hazaña.

Pero ya los santos vienen marchando. Llevaban camiseta azul-grana y eran de Almagro. Campeones absolutos en la Asociación, unificada, donde ahora juegan todos contra todos. Nacieron como los "Forzosos de Almagro", atrás de la capilla de San Antonio, y pasaron a llamarse San Lorenzo, en homenaje al cura Lorenzo Massa, incansable alentador de los muchachos. Actualmente algunos hinchas menos devotos sostienen que el nombre del club se debe al combate de San Lorenzo.

De cualquier manera, agnósticos y creyentes olvidaban sus diferencias cuando los azulgranas meten un gol. Y todos están contestes en llamarlos "los santos", aunque los incorregibles enemigos de barrio cambien el calificativo por el de "los cuervos".

De "los santos" pasaron a ser "los gauchos de Boedo" y también "el ciclón" por aquella delantera que los llevó a la cumbre en el 27: Carricaberry, Acosta, Maglio, Sarrasqueta y Foresto.

Su rival de siempre, Huracán, le quitó el campeonato de 1928, pero al año siguiente el campeón vino de La Plata, de ahí "El expreso". Gimnasia y Esgrima. Origen de alcurnia. Caballeros de la alta sociedad platense que querían ejercitase en deportes viriles. Entre ellos encontramos a Olazábal, Perdriel, Alconada, Huergo, Uzal, Uriburu y un nombre para no olvidar; Ramón L. Falcón, el posterior jefe de policía, autor de la masacre de obreros de Plaza Lorea, el 1º de mayo de 1909.

Los señores juegan al fútbol con los marinos ingleses en el puerto próximo. Pero los años pasan y los apellidos ilustres son reemplazados por más populares y ya en las tribunas se mezclan los estudiantes platenses con los hombres emigrados de las pampas cercanas. El campeón alista a dos figuras que cumplirán una brillante trayectoria: el back Delovo y el delantero Francisco Varallo.

El fútbol y el cine se han convertido en las diversiones preferidas del porteño. Los cines se van abriendo en los barrios, y los clubes han salido definitivamente del potrero. Los tablones ya van siendo mal mirados por los clubes más ricos que van siendo tentados por el cemento. Independiente inaugura su estadio con capacidad para cien mil espectadores.

Pero no sólo al cine y al fútbol van los argentinos. En 1927, al igual que en todas las ciudades del mundo, el pueblo se vuelca a las calles para protestar por el asesinato de dos obreros; Sacco y Vanzetti, que son condenados a la silla eléctrica por la justicia norteamericana.

*Texto publicado en el libro Fútbol Argentino, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1990

sábado, marzo 17, 2018

Tres puntos copados



Temperley 1-Huracán 2

Se ganó. Se jugó mal.

El descenso ya no es un fantasma en tiempo presente.

Las Copas internacionales asoman en el horizonte, otra vez.

Por eso, apenas por eso, tres puntos copados.

miércoles, marzo 14, 2018

1981: Nosotros, de Primera


El equipo de Huracán, en el año del descenso de San Lorenzo a la Primera B Metropolitana. Arriba: el Turco García, Pogany, Jorge Gutiérrez, el Negro Longo, Clide Díaz y Toledo. Abajo: Cheves, Agüero, Daniel Cano, Babington y Centurión, autor del gol de "El Día en el que San Lorenzo empezó a descender".

Por Eladio Mases*
Entre tantos partidos que fueron capaces de cambiar historias y recorridos hay uno que -particularmente- construyó tal condición a la sombra de otros. Parece menor, lejano, casi ajeno a los grandes recuerdos. Pero está ahí, sólido, pertinaz. Como un hito nuestro; como un estigma del vecino de siempre. El 24 de junio de 1981, por el Metropolitano**, Huracán le ganó 1-0 a San Lorenzo, en La Bombonera. Parecía entonces, apenas un clásico más, un partido cuyo rasgo más significativo había sido que el triunfo quemero fue conseguido tras jugar 47 minutos con un futbolista menos (por la expulsión de José Gerardo Galván). Pero aquel gol de Carlos Centurión modificó el camino de los dos equipos y derivó, nueve fechas más tarde, en el descenso de San Lorenzo. Con esos dos puntos, el equipo que dirigía Victorio Cocco no habría descendido.

Ese encuentro cambió, con claridad, el rumbo de ambos. A esa 25a. fecha, Huracán llegaba con 19 puntos y sólo tenía tres equipos por debajo (Colón, con 15; Sarmiento y Argentinos, con 17). San Lorenzo, en cambio, parecía ajeno a la pelea por evitar los dos puestos de descenso: se ubicaba undécimo con 22 unidades. Pero en las nueve fechas siguientes, todo cambió: Huracán obtuvo 12 puntos de 18 posibles (tras cinco victorias, dos empates y dos derrotas), con dos goleadas incluidas (4-0 a Vélez y 4-1 a Colón); mientras que San Lorenzo apenas sumó seis unidades (un triunfos, cuatro igualdades y cuatro caídas), con un tremendo 2-6 frente a Instituto en Córdoba como punto más bajo. En consecuencia, Huracán finalizó octavo en el Metropolitano; y San Lorenzo, tras perder en la última jornada contra Argentinos, en Caballito, descendió junto a Colón.

Aquella noche de junio, en La Boca, Huracán --dirigido por Angel Celoria-- formó con: Esteban Pogany; Lorenzo Ojeda, Víctor Longo, Galván, Jorge Romero; Claudio Morresi, Claudio Marangoni, Carlos Babington, Julio Apariente (luego Héctor Clide Díaz); Alberto Monzón y Centurión (Bianchini). En San Lorenzo jugaban, entre otros, Rubén Cousillas, Orlando Ruiz, Omar Larrosa, Rubén Suñé, Héctor Scotta, Rubén Insúa y Walter Perazzo.

El gol de Centurión, tras un error de Capurro, sucedió a los 17 minutos del segundo tiempo. "Surgió (entonces) la zurda de Babington, ayudado por la inteligencia de Marangoni y la seguridad de Longo y Romero, para manejar definitivamente el partido", explica Carlos Bonelli, en El Gráfico. De todos modos, lo mejor no fue ese 1-0 en sí mismo, sino las consecuencias que trajo...

*Eladio Mases es periodista.

**Tras una primera rueda con repetidos tropiezos, el equipo mejoró su campaña en el Metropolitano. Y finalizó octavo, a seis puntos del podio. En el Nacional, durante el cual San Lorenzo -participó ya descendido- gestionó en AFA no enfrentar a Huracán en los Clásicos Interzonales, el equipo se quedó afuera en la Fase de Grupos.

Ataja Alles, de Argentinos. Pierde San Lorenzo y se va a la B Metropolitana.


Maradona, en acción, frente a Huracán. Hay que admitirlo: nos tenía de hijos.


Miguel Brindisi, nuestro crack, con camiseta ajena. Ese gol que dolió dos veces.

Campaña:
Metropolitano: Octavo. G 12; E 9; P 13 / GF 41; GC 50.
Nacional: Cuarto - Zona A. G 5; E 4; P 5 / GF 20; GC 20.

Posiciones:
Metropolitano:
1. Boca 50 pts.
2. Ferro 49 pts.
3. Newell's 39 pts.
3. River 39 pts.

Nacional:
1. River
2. Ferro
3. Vélez*
3. Independiente*
*Semifinalistas

Figuras:
Metropolitano:
1. Claudio Marangoni, mediocampista.
2. Alberto Monzón, delantero
3. Carlos Babington, mediocampsita.
3. Carlos Centurión, delantero.
3. Víctor Longo, defensor.

Nacional:
1. Claudio Marangoni, delantero.
2. Carlos Babington, mediocampista.
3. Esteban Pogany, arquero.
3. Lorenzo Ojeda, defensor.
3.Abelardo Cheves, defensor.

Partidos para la historia:
1. 24/6: San Lorenzo 0-Huracán 1. Victoria clave en la campaña. Marcó un antes y un después, el descenso del archirrival.
2. 12/7: Vélez 0-Huracán 4. La mejor actuación en la temporada.
3. 12/7: Huracán 4-Colón 1. El mejor desempeño en el Palacio Ducó.

lunes, marzo 12, 2018

domingo, marzo 11, 2018

Ellos, los que festejan empates...



Huracán 1-San Lorenzo 1

Merecimos ganar. Fuimos màs, sin brillar.

No alcanzó. Lo dejamos con vida. Nos metimos muy atrás sin necesidad.

Al final, el azar los abrazó a ellos. A los festejadores de empates.


viernes, marzo 02, 2018

Ni el tiro del final



Colón 0-Huracán 0

Era un partido para el cero compartido. Por lo que ambos hicieron. Porque fue parejo.

Era un partido, también, como para que el que hiciera el primero ganara. No pasó.

Lo feo, lo malo, lo que se discute es el por qué Huracán no lo hizo, más allá de las dificultades de su juego.

Primero, porque no le cobraron un claro penal a Ignacio Pussetto.

Luego, en el último suspiro, por ese gol anulado a Mauro Bogado. Todo porque el árbitro, por error, decidió finalizarlo unos segundos antes de que lo estaba determinado por los tres minutos que había adicionado.

Al cabo, otro capítulo más de la molesta historia de desencuentros entre Huracán y los arbitrajes.

Duelo. Pero esto sigue. Y sigue con el clásico.

Y ahí sí, el tiro del final tiene que salir. Sí o sí.

sábado, febrero 24, 2018

Un grito, un mensaje



Por Eladio Mases
Se cortó la luz en el Palacio Ducó a los 26 minutos del segundo tiempo del encuentro entre Huracán y Estudiantes. Sucedió lo mismo que en tantos hogares del país: todos a oscuras.

La queja no se hizo esperar. Se gritó lo mismo que en las canchas de San Lorenzo y de River en las últimas semanas. Pero la particularidad fue otra. No tuvo nada que ver con el juego o con los arbitrajes. Si no con una realidad que involucra a buena parte del territorio y de las personas: los problemas energéticos.

Por eso, el grito que el video ofrece: "Mau-ri-cio Ma-cri / la puta que te parió".

viernes, febrero 23, 2018

Un equipo iluminado



Huracán 1-Estudiantes 0

Un triunfo relevante: lo ubica a Huracán en zona Libertadores; y lo consolida 13 puntos por encima de la zona de descenso, con diez fechas por delante.

Se consiguió con esfuerzo, con orden, con la capacidad defensiva recuperada (novena valla invicta en la Superliga luego de recibir ocho goles en las últimas tres fechas). Buenos síntomas.

El equipo, en definitiva, se volvió iluminar justo en el día en el que Palacio Ducó se quedó sin luz...

domingo, febrero 18, 2018

Un punto, una pena



Arsenal 1-Huracán 1

Era para ganar. Por el rival débil (cuanto menos desde lo nominal), sobre todo.

Pero no. No pudo ser.

No acompanó el azar. No coloboró la decisión equivocada del árbitro en el penal.

En suma: un punto, una pena.

viernes, febrero 16, 2018

Kaku, un diez en New York



El video de presentación de Alejandro Romero Gamarra, nuestro Kaku, en el New York Red Bull, de la MLS. Usará su camiseta, la diez.

lunes, febrero 12, 2018

No se puede creer



Huracán 2 - Rosario Central 3

En cuatro palabras:

No

se

puede

creer.

El que fue al Palacio Ducó o el que lo vio por tele o al que se lo contaron por radio o el que lo leyó en algún diario habrá pensado lo mismo...

Y otra sensación: qué feo cuando el azar juega en contra.

domingo, febrero 04, 2018

Un tropiezo, pero sigue...



Racing 4-Huracán 0

Se perdió. Y punto. Sin dramas.

Se trata de una goleada que invita a la calma. Y a la mesura. 

Ahora, hay que levantarse. La cita es con Central, el lunes, en el Palacio invicto.

Es un tropiezo, pero sigue...





miércoles, enero 31, 2018

Una hinchada de película



Huracán, territorio e inspiración del cine: Pasión dominguera, se llama esta película de 1970 que -de algún modo o de varios- nos cuenta. La dirigió Emilio Ariño, la escribió Gustavo Ghirardi y la protagonizaron -entre otros- Jorge Porcel, Luis Tasca y Fidel Pintos. Para retratar al hincha, la pantalla nos elegió.

lunes, enero 29, 2018

Palabras para un entusiasmo



Gustavo Alfaro, tras la victoria frente a River. Entre la calma necesaria y el entusiasmo inevitable.

domingo, enero 28, 2018

Una bomba



Huracán 1-River 0

Pase y vea. Por todo esto le ganó Huracán a River:

1) Porque luchó desde el primer instante hasta el último de los suspiros. Se jugó como se debe: en "modo final".

2) Porque defiende de modo impecable. Un detalle lo cuenta: ocho vallas invictas en 13 fechas.

3) Porque Marcos Díaz es el mejor arquero del fútbol argentino. Con margen.

4) Porque Saúl Salcedo es un Señor del Area. A los 21 años.

5) Porque Nacho Pussetto cada día juega mejor.

6) Porque el Ducó se está convirtiendo en una fortaleza. El equipo está invicto en la Superliga (4-2-0) y apenas recibió un tanto (1-1 contra Patronato). Queda una impresión: el contorno también está jugando sus partidos.

7) Porque Alfaro ya le imprimió su impronta al grupo. El sacrificio no se negocia. Se nota.

8) Porque River se vio sorprendido ante la intensidad de Huracán.

9) Porque Huracán es un rival complicado incluso cuando no juega bien o cuando ofrece poco en ataque (como en esta ocasión).

10) Porque ni una amenaza de bomba puede frenar el entusiasmo de este Huracán que pelea en todos los frentes...

11) Porque la bomba es el equipo.

miércoles, enero 24, 2018

A por ellos...


El fixture que se viene hasta el final de la Superliga. Huracán pelea en tres frentes, luego de su Enero Feliz y de Copas:

ARRIBA: Agazapado por si se cae Boca

Así quedó la tabla al cabo de 2017:

1°) Boca 30 puntos
2°) San Lorenzo 27
3°) Unión 22
4°) Huracán 21
      Independiente 21
      Talleres 21

Algunos detalles:

-Huracán enfrentará a Boca en la última fecha, de local. Y a San Lorenzo, el 11/3, también en el Palacio.
-Boca e Independiente deberán afrontar la Libertadores; San Lorenzo, la Sudamericana.
-Boca y San Lorenzo se cruzan entre sí en la segunda fecha del reinicio.
-En caso de igualdad en puntos, el primer puesto se define en un partido de desempate en cancha neutral.

///

EN LAS COPAS: A la expectativa

Detrás de los equipos mencionados en el Top 4 de la tabla, aparecen: Colón, San Martín de San Juan y Belgrano (20), Defensa y Justicia (18), Argentinos, Godoy Cruz y Estudiantes (17), Racing y Atlético Tucumán (16).

Algunos detalles:

-Los cinco primeros de la Superliga se clasifican a la Libertadores 2019. Se suma el vencedor de la Copa Argentina 2018.
-Del sexto al undécimo acceden a la Sudamericana 2019.
-Huracán participó en cuatro competiciones internacionales en los pasados tres años. Tras la interrupción en este 2018, busca regresar. Luce posible.
-En caso de igualdad en puntos, los puestos de acceso a las Copas se determinan por diferencia de goles.

///

ABAJO: Sumar y sumar para no sufrir

El siguiente cuadro con los promedios cuenta una realidad: si Chacarita no resucita de modo decisivo, Huracán tiene cierto margen de maniobra. Le lleva nueve puntos a Olimpo (rival al que ya derrotó, en Bahía Blanca) y diez a Temperley (al que visitará el 17/3). Esos dos rivales son los mejores entre los cuatro que por ahora están en la zona de descenso.

18Newells40164910115881.306
19Belgrano51162620113881.284
20San Martin (SJ)37233320113881.284
21Huracan30252921105881.193
22Tigre4620318105881.193
23Patronato020341569581.189
24Velez29243714104881.181
25Olimpo361338996881.090
26Temperley3016371295881.079
27Arsenal272727586880.977
28Chacarita00099120.750

Algunos detalles:

-Huracán ya se enfrentó a dos de los cuatro de la zona de descenso. Y los derrotó a ambos de visitante.
-También jugó contra Vélez y Patronato, dos de los cuatro más cercanos a la delgada línea roja. Sumó cuatro puntos.
-Este recorrido no sólo resulta relevante para esta temporada sino también para las próximas. Huracán no tiene nada para regalar. No le sobra nada.

lunes, enero 22, 2018

Para seguir gritando


Los diez mejores goles de Huracán en 2017. Para que el verano feliz se alimente de recuerdos lindos. Y de gritos.

viernes, enero 19, 2018

Caras nuevas, voces nuevas



Ricardo Noir e Israel Damonte, dos caras nuevas para el Huracán de 2018. Bienvenidos. A demostrar...

miércoles, enero 17, 2018

martes, enero 16, 2018

Un clásico de verano: ganarles



Torneo de Verano - Copa Schneider Ciudad de Buenos Aires:
Huracán 2-San Lorenzo 0

No se explica.

A ellos hay que ganarles. En las veredas de los barrios del Sur, en el Minella de Mar del Plata, en el Palacio Ducó o en el barrio en el que ellos sean locales...

Y se ganó. Con margen. Con autoridad. Al borde de la goleada.

También con ese "ole, ole, ole" final que le puso música a la fiesta.

viernes, enero 12, 2018

Un principio feliz



Copa de Verano - Diario La Capital:
Huracán 1-Banfield 0

El estreno de Huracán en el 2018 fue un entusiasmo. Por varias razones, incluso al margen de la victoria y del trofeo:

1) Se jugó con suplentes y la mayoría de ellos estuvieron a la altura de la circunstancia, de la Primera.

2) La solidez ya es un rasgo del equipo, parece. Juegue quien juegue.

3) Hay una identidad y una búsqueda. Se percibe cada vez más clara.

Se trata de un principio feliz.

No es poco.

Para empezar, claro.

viernes, diciembre 22, 2017

Hasta la vuelta, Kaku



Alejandro Romero Gamarra, nuestro Kaku, ya no jugará en Huracán. El mediocampista de 22 años se irá del club luego de 126 partidos, 14 goles, 16 asistencias, dos títulos, un ascenso. También fue representante internacional en el Mundial Sub 20 de 2015.

Su pase al New york Red Bull (el 80% a cambio de 6.250.000 dólares) configura la transferencia más cara de la historia del club. Detalle relavante: en los tres últimos años, Huracán realizó tres de sus cuatro transferencias más caras. Las otras dos: Gonzalo Martínez a River (cuatro millones de dólares); Cristian Espinoza al Villarreal (cinco millones de euros por cláusula de rescisión). En el medio quedó el pase de Gastón Casas al Betis en 4,5 millones de dólares, tras el regreso a la A, en 2000.

Respecto de la partida del Kaku habitan dos certezas. La primera: lo extrañaremos. La segunda: en algún momento regresará a su otra casa, el Palacio Ducó.

Te esperamos.

Hasta la vuelta. 

martes, diciembre 12, 2017

El Hombre Globo


Jorge Newbery está en todos lados. Dicen que se fue hace cien años, pero acá, en este pedazo de Parque de los Patricios, sigue latiendo. Su nombre y su apellido son palco preferencial en la platea Alcorta del Palacio Ducó y denominación oficial de La Quemita. Su insignia, ese Globo al que llevó por los aires del mundo, está en cada camiseta de cada hincha que no lo conoció, pero que mucho sabe de él. También habita en el pecho de cada pibe que aún cree que se trata apenas de una calle o de un parque. Huracán, su Huracán, está por enfrentar a Ferro, por la fecha 26 de este Nacional en el que anda de tropiezo en tropiezo. El homenaje inevitable por el centenario de su muerte sucede justo antes del inicio. De fondo, se escucha una canción que lo evoca. El empate sin goles en el lunes gris es el único detalle que no acompaña.
No es azar que el aeropuerto de la Ciudad de Buenos Aires lleve su nombre: Newbery es el Padre de la Aviación ArgentinaPero aquel personaje clave de la vida nacional de principios del siglo pasado resultó algo incluso más valioso: se convirtió en un espejo. Fue deportista múltiple, destacado hombre de ciencias, investigador en el ámbito de la electricidad y del subsuelo, funcionario impecable. También un inspirador para aquellos pibes del Colegio Luppi, que tenían el deseo inquebrantable de formar un club de fútbol. George -como le decían los miembros de la alta sociedad porteña, a la que pertenecía- tenía una particular afinidad con ese sur laburante, tanguero y licencioso. Aquel territorio de guapos y de perros ladrándole a la luna, como escribía Homero Manzi. Newbery se reconoció en los ojos y en la intensidad de los jóvenes fundadores de lo que luego sería Huracán. Su pasión se parecía a la del Negro Laguna, a la de José Balsamini, a la de Ernesto Dellisola, a la de Pedro Martínez y a la de cada uno de los jóvenes estudiantes que recorrieron tantos caminos en nombre de aquel nacimiento.
Tampoco es casualidad que existan en el país más de 30 clubes que llevan su nombre. Incluso uno, con sede en Junín, llegó a jugar en los viejos Nacionales, en Primera. Y en Comodoro Rivadavia, el clásico de la ciudad parece rendirle exclusiva pleitesía: juegan Jorge Newbery y Huracán, es decir el hombre y su globo, el personaje sin olvido y sus búsquedas. El tango tampoco podía omitirlo. Sobre él se refirieron Roberto Firpo, Eduardo Arolas, Aquiles Barbieri y José Arturo Severino, entre otros. "Amainaron guapos junto a tus ochavas / cuando un cajetilla los calzó de cross / y te dieron lustre las patotas bravas / allá por el año novecientos dos", escribió Celedonio Flores, en la letra de Corrientes y Esmeralda. El cajetilla, claro, era Newbery.
La condición social no le impidió el compromiso social. Todo lo contrario: escribió leyes sobre seguridad laboral para el socialista Alfredo Palacios, su amigo y compañero de varias expediciones en globo. Lo expresó Néstor Vicente, ex candidato a Presidente de la Nación por la Izquierda Unida y autor de varios libros vinculados a la esencia del club de Parque de los Patricios: "La amistad entre Newbery y Palacios fue muy singular. Una vez algunos navegantes y aficionados a ese deporte de clase alta habían organizado una silbatina para repudiar al dirigente socialista. Jorge, enterado, les dijo de manera tajante: 'Cuidado con lo que hacen. Silbar al doctor Palacios es lo mismo que silbarme a mí y eso no lo permitiré'". Nadie silbó entonces. La palabra de Newbery tenía el carácter de un mandamiento.
Vivía de vértigo en vértigoTanto que parecía protagonizar varias vidas en una sola. Escribe Alejandro Guerrero en la biografía titulada Jorge Newbery: "Parece, a primera vista, el personaje ideal para construir la biografía simpática, amena, de un hombre que tuvo para eso todos los ingredientes: deportista, aviador, dandy, persistente frecuentador de prostíbulos, del humo de los puros y del champagne de Armenonville. Pero Newbery fue bastantes cosas más...". El muchacho criado entre comodidades, en el barrio de Belgrano, no era solamente el intrépido aventurero del aire. Y aunque no renegaba de su origen acaudalado creía en la idea de un país inclusivo y próspero. Actuaba en consecuencia: mientras sus hazañas comenzaban a ser conocidas era mirado con recelo por las multinacionales de hidrocarburos a consecuencia de un libro publicado en colaboración con el químico Justino Thierry: El Petróleo, la primera obra nacional sobre la explotación del subsuelo. Bastante antes que su amigo Enrique Mosconi, Newbery ya recomendaba declarar reservas estatales a todas las regiones potencialmente petrolíferas.
No era un hombre del fútbol. Practicaba remo, natación, esgrima y fue uno de los impulsores del boxeo en la Argentinaincluso a pesar de las restricciones que en aquellos días imperaban. También fue campeón de lucha grecorromana y participó exitosamente en diversas regatas. Tenía tiempo para todo: se recibió de ingeniero electricista en la Universidad de Cornell, Estados Unidos. Y Tomás Edison fue su profesor en el Drexel Institute de Filadelfia. Ya en 1900 fue nombrado como Director General de Alumbrado de Buenos Aires. Desde ese espacio desarrolló importantes estudios sobre la utilización de la energía eléctrica. Consiguió que la Ciudad fuera vanguardia en ese rubro. Las ocupaciones profesionales, sin embargo, no impidieron su condición de mecenas fundacional de HuracánEl acompañó de cerca a esos pibes del sur que nada tenían para armar el club. Excepto esa pasión enorme que ya no les cabía en sus cuerpos breves. Y la generosidad de ese amigo que vivía en un caserón sobre la calle Moldes, en la otra punta de la Ciudad. Tan lejos y tan cerca.
Lo saben todos, incluso en este tiempo, ya después de un siglo de ausencia: sin Newbery, Huracán no sería Huracán. Desde el principio de los días. Por eso, el homenaje perpetuo no tardó en llegar: en mayo de 1911 Newbery fue designado Socio Honorario. Simultáneamente, la institución naciente solicitó a la Municipalidad el préstamo de un terreno en la calle Arenas (hoy Almafuerte) para construir la cancha que le permitiera participar en las competiciones de la Asociación Argentina. Otra vez Newbery se encargó de la gestión. Gracias a él, resultó exitosa. Aquel vínculo resultaba empatía pura. Y aunque era habitué del Jockey Club, le simpatizaba el Barrio de las Ranas (esa geografía que ahora se reparten Parque de los Patricios y Pompeya) y toda su zona de influencia, de la que era habitante sentimental. Estaba encantado con esa gente, sus ritmos, sus espacios, sus calles, su impronta.
La colaboración ofreció consecuencias agradables muy pronto: a cinco años de su fundación, Huracán ya estaba en la máxima categoría del fútbol argentino. En aquella ocasión, la Comisión Directiva le envió a Newbery un telegrama a modo de tributo: "Hemos cumplido. El Club Atlético Huracán sin interrupción conquistó tres categorías, ascendiendo a Primera División, como su globo que cruzó tres Repúblicas". Era el perfecto desenlace para el sueño compartido. Pero Newbery no pudo ver a su Huracán en PrimeraFalleció 28 días antes del estreno: el 1° de marzo de 1914, en Los Tamarindos, Mendoza, la muerte lo encontró en el aire. Estaba piloteando un avión que se transformó en tragedia. Fue un dolor para todos: a su entierro, en la Sociedad Sportiva de Palermo, concurrieron unas 50.000 personas. Se trató de una de las mayores expresiones populares de ese tiempo. Su carisma había excedido las fronteras de las cuestiones de clase.
El 29 de marzo de ese año, Huracán debutó en Primera: como local derrotó 4-2 a Ferro, el mismo rival -quiso el destino- que el del lunes gris y de homenaje. Newbery no estaba en las tribunas, pero sí en el espíritu de los fundadores. Y luego, ya cuando el club de todos ellos se convirtió en el más campeón de los años 20 (junto a Boca), el encantador hombre que había llevado por los aires al globo Huracán quedó para siempre estampado en las camisetas. Como correspondía, al lado del corazón.
Texto publicado por el autor del Blog, en Planeta Redondo, de Clarin.com

viernes, diciembre 08, 2017

Un tropiezo, a levantarse



Belgrano 1-Huracán 0

Terminó el segundo semestre de 2017. Y, más allá de la derrota frente a Belgrano, en Córdoba, resultó mucho mejor de lo esperado.

El equipo arrancó la Superliga en zona de descenso. Terminó con siete equipos por debajo y a nueve puntos del último que desciende (Olimpo, en la 25ª ubicación).

El ciclo de Gustavo Alfaro comenzó con el peor antecedente: el papelón de la Copa Sudamericana ante Libertad y un plantel al borde del colapso. El semestre culmina con el equipo en el Top 5 de la Superliga (con 21 puntos, cuarto igualado con Talleres e Independiente), es decir en Zona Libertadores.

La situación parece estable. Que no es poco.

Pero no hay que confiarse. Quedan 15 finales. Para pelear arriba y para pelear allá abajo. Pero para pelear en serio. Sin regalar nada. Nada de nada.

miércoles, diciembre 06, 2017

El buen René, el Loco lindo


René Houseman, en la publicidad gráfica de TyC Sports, en 2013. Un homenaje al crack. Y a su bella locura.

viernes, diciembre 01, 2017

La suerte ajena



Huracán 1-Patronato 1

Insólito. Decididamente increíble.

Huracán lo tuvo para ganar con margen amplio. Lo terminó empatando de penal y con angustia.

Sirve un dato para entenderlo: 18-1 la ventaja para Huracán en remates desde adentro del área.

De todos modos, quedó una sensación grata en ese Palacio Ducó con contorno de fiesta: si el azar nos abraza un poco, Huracán pelea el título en la Superliga.

Queda escrito...

miércoles, noviembre 29, 2017

Literatura de la Palomita

Pablo Bartolucci, crack de Huracán en los años 20, en la tapa de El Gráfico. En ese tiempo, con la camiseta de la Selección, fue el fundador de una jugada que atravesó los tiempos y las geografías: La Palomita.

Por Ariel Scher*

El responsable del cero más glorioso de la historia educativa de mi sobrino menor fue Juan Imhoff.

Se trató de un episodio que se cuenta sencillo, apenas con un diálogo entre los dos protagonistas: de un lado, su profesora de Lengua, doctorada en Literatura Galesa en una universidad escandinava, diplomada en narrativa vieja del Canadá francófono en la mejor casa de estudios de París, novia de un señor al que enamoró recitándole las mejores rimas del nicaragüense Rubén Darío, docente de alumnos a los que casi siempre evaluaba insuficientes en colegios a los que, ni hablar, evaluaba insuficientes; del otro lado, él, mi sobrino menor, un reo absoluto.

Profesora de Lengua (con ferocidad en las pupilas, con el prejuicio de que preguntaría algo que requería mucho conocimiento y que la contestación le devolvería nada): -Señoritas y señores, imagino que habrán estado leyendo, ¿cuál fue la poesía más interesante que encontraron en la semana?

Mi sobrino menor (con una avidez desusada, a la altura de la que demostraba ante la perspectiva de que una rubia lo enfocara con amor o, más todavía, de que en el fin de semana hubiera un clásico de cualquier deporte): -La palomita de Imhoff en ese try que le hizo a los irlandeses en el Mundial de rugby.

Final: ella, como no escuchó ni el nombre de Borges ni el de alguno de los galeses en los que se consideraba experta, ni el del gran José Pedroni ni el de uno de los francocanadienses que musitaba de memoria, ni el de su Rubén Darío ni el de ningún versificador que figura en los volúmenes con versos, le puso un cero.

La familia hirvió. Una cosa era asumir -y estaba asumido- que mi sobrino menor era un reo absoluto y que sus desempeños académicos merecieran encarcelamientos temporarios y otra cosa era aceptar que esta vez había cometido un error.

Porque en eso todos estábamos de acuerdo en la familia: si la palomita de Imhoff no tenía que ver con la poesía, ¿la poesía que era?

Exactamente eso le planteó mi cuñada a la profesora de Lengua, en la primera de las múltiples excursiones que esta desagradable circunstancia requirió de la familia. No ejerció la furia de una madre en despecho. Al contrario: delante de una docente, la didáctica resultó ella. Con papeles sepias entre los dedos, con fotos que sólo una mamá en desesperación puede rescatar, con fe desmesurada en que se toparía con oídos anchos, le describió el origen de la palomita, un honor argentino, porque ese vuelo rasante con la pelota como objeto, parangonable al de una paloma, había sido inventado por el futbolista Pablo Bartolucci y bautizado de allí en adelante para que las galaxias lo repitieran. O, si se pretendía pensar desde el campo de las letras, Imhoff había volado con una pelota oval entre sus palmas como heredero de toda una tradición nacional.

Leyó, entonces, mi cuñada. A Diego Lucero, periodista, escritor, poeta lunfardo y no lunfardo, en la edición del diario Clarín del 17 de octubre de 1960: "¿Cuál fue el origen de la jugada y cómo se le ocurrió a Bartolucci? Una tarde estaba bañándose, en una laguna de Sarandí, una barra de muchachos de la que Bartolo era medio caudillo. En el momento en que Pablo iba a zambullirrse, uno de la barrita tiró una pelota a media altura que Bartolo, justito, la embocó en el coco. Entusiasmado por aquello, que fue puro azar, Bartolucci se hizo repetir el lanzamiento y la cosa empezó a salir perfecta. De la laguna la llevó a la cancha. Su elasticidad y su arrojo le permitieron a Bartolucci resolver con sus 'palomitas' jugadas que parecían imposibles. La vincha se la puso en su debut contra Estudiantil Porteño con el propósito de de defenderse de los cortes que la boca de la pelota antigua, cerrada con tiento, le hizo más de una vez en la frente. Desde entonces se identifican y forman una sola unidad característica en las canchas de fútbol porteñas: 'la palomita?, la vincha blanca y Pablo Bartolucci".

Pegada a mi cuñada, más ardiente aún, su madre, abuela de mi sobrino menor, hacía flamear una foto de Bartolucci con la casaca de Sportivo Buenos Aires y otra con la de Huracán, ambas de la década del veinte, en las que se lo reconocía joven, con vincha y haciendo eficientemente la palomita. Desbordada por la ansiedad, la abuela estampó esas imágenes casi en los párpados de la profesora de Lengua y le bramó: "Mire, mire si no es poesía".

No funcionó. La profesora de Lengua oyó en la frontera de la indiferencia lo que argüían mi cuñada y su madre. Apenas contestó que la poesía era poesía y que lo de Imhoff (bah, no lo llamaba "Imhoff", le decía "ese muchacho" o ni siquiera") era rugby.

El siguiente visitante fue mi tío. Hermoso tío: profesor de Lengua, amigo de muchos profesores de Lengua, erudito en galeses y en canadienses francófonos, sabedor de cada cadencia de "Sinfonía en gris mayor" de Rubén Darío, un maestro de lo profundo, fana del deporte. "Estimada colega -empezó él, un amable entre los amables-, el asunto que nos ocupa, este de la palomita, se corresponde con todas las ramas de la literatura. Podría ofrecerle, y no dudo que lo disfrutaría, una suma de casos que emergen de nuestros libros más preciados. Sin embargo, me quedo con uno. Uno que es excelso. ¿Ha leído a José Gabriel, por cierto? Por supuesto que lo leyó. Y por supuesto que domina que aludo al periodista y escritor José Gabriel López Buisán, quien desembarcó en el país a los nueve años, trabajó en el diario La Prensa, le dio carga ideológica a su presencia dominical en la cancha al aducir que eso le proporcionaba 'entre otros goces, el que no he experimentado jamás en mi oficio: el de la solidaridad' y desbarató discursos minimizadores sobre el juego en un artículo mítico que se llama -lo conocerá, colega, ni lo dudo porque es un relato esencial- 'El jugador de football, ejemplo de arte'".

Y, la voz engolada, el corazón depositado en la laringe, el tío leyó una oración emblemática: "Una palomita de Bartolucci al rechazar con la cabeza la pelota que vuela por el flanco es una accion de belleza y coraje que inútilmente esperaréis de Nijinsky en ningún ballet".

No alcanzó. Y eso que, en el fondo de sus hormonas, la profesora de Lengua vaciló sobre si no hubiera sido más dichosa si enamoraba, Rubén Darío mediante, a mi tío que a su marido. Inclusive así, agradeció la visita y la preocupación, pero se sostuvo en que lo de Imhoff -"ese muchacho"- se parecía tan poco a la poesía como mi sobrino a un aprendiz ejemplar.

Por un pudor que la profesora de Lengua no había expuesto al calificar con un cero a mi sobrino menor y yo sí conservo, no quiero develar las reacciones de todos los familiares. Apenas apuntaré que la de mi tío constituyó la última intervención cuidadosa. Mi sobrino mayor, moderno en sus lecturas, le tiró por la cabeza las páginas de "Lo raro empezó después", el cuento de Eduardo Sacheri en el que quedaba claro que a Cachito Espora, gran cabeceador, "para marcarlo de arriba más o menos tenés que tirarte de arriba del travesaño". Una vecina arrabalera, que se sumó a la causa por exceso de indignación y de tiempo libre, zampó "Largue esa Mujica", el tango de Juan Faustino Sarcione en el que los jugadores se vuelven sustantivos y Bartolucci actúa como sinónimo de "palomita: "y olvide el Carricaberry,/ tírese a la Bartolucci...". Y una brasileña despampanante, amiga de esa vecina, agregó que las palomitas también eran poéticas en su país y que una de un crack, Peixinho, le había posibilitado al San Pablo vencer al Sporting de Lisboa, en cotubre de 1960, cuando se inauguró el estadio Morumbí.

Nada. Mientras buena parte de mi parentela contenía la voracidad de lanzarse, literalmente, de palomita rumbo a los brazos de la brasileña, la profesora de Lengua espantaba páginas sepias, fotos de futbolistas y de rugbiers en palomitas esculturales, referencias literarias de indiscutibles como Juan Sasturain ("Excepto en secuencias admirables y ya clásicas, como el partido de fútbol sabatino y la comida en la cantina, donde se permite hacer un gol de palomita o llevarse a Silvia en la moto, Teodoro, más que obrar, reflexiona", observa en uno de sus textos de El domicilio de la aventura), apuntes con alusión a la palomita de ensayistas célebres como el argentino Dante Panzeri o el británico Jonathan Wilson y hasta las palomitas ajenas y propias, reales y falsas, que incorporó Osvaldo Soriano a su prosa deportiva.

-Picasso eligió a la paloma para hacer pintura poética y el deporte eligió a la palomita para escribir su propia poesía- reflexionó, sagaz, mi tío, el profe de Lengua. Y añadió: "Esta dama aún no lo entiende".

Harto de la tensión familiar y harto, además, de que a su hijo lo embadurnaran con un cero glorioso pero injusto, mi hermano, el papá de mi sobrino menor marchó hacia la sede escolar con el más grandioso monumento literario destinado a la palomita que alguien, fuera futbolista, rugbier, poeta galés o cabeceador en palomita, pudo parir. Se erigió delante de la profesora de Lengua y le exhibió ese monumento, "19 de diciembre de 1971", acaso el cuento entre los cuentos del Negro Fontanarrosa, que no cobija el vocablo "palomita" porque la literatura, al cabo y entre otras cuestiones, es el arte de hablar de algo sin mencionar ese algo, pero es una obra mayúscula tramada en torno de la palomita con la que Aldo Pedro Poy -y "Poy", así, con el apellido, tampoco está tipeado en ese cuento- le obsequió a los hinchas de Central y a la historia de la emoción universal.

"Usted no me lo va a creer", avisaría Fontanarrosa desde el título de otro de sus grandes cuentos. Y fue de no creer: de golpe, el cero glorioso se esfumó.

Mi familia casi completa atribuyó ese acto de sensatez al esfuerzo colectivo por esclarecer a una persona que andaba en estado de necedad. O al inspirador Bartolucci. O a José Gabriel. O a Sasturain. O a un montón más. O a Poy y a Fontanarrosa, socios indoblegables en un cuento que representa una victoria de la literatura.

Ni llegué ni llegamos a una respuesta.

Y era lógico: la obtención de algunas respuestas a veces demora tanto como derrotar a un cero mal puesto o a cualquier otra injusticia de la Tierra.

Sólo al tiempo me enteré de la verdad. Me la contó mi sobrino menor, una tarde en la que, además, me comentó de un cero suyo y nuevo, creo que en biología, ya ni glorioso ni capaz de encender batallas familiares.

La verdad: la profesora de Lengua ahora le recitaba las rimas de Rubén Darío a mi tío. Ella argumentaba que el hallazgo de ese hombre le había permitido percibir cuestiones y literaturas hasta entonces ausentes en sus días.

En una pieza repleta de libros, dormían juntos. Estampada en una pared, la palomita eterna de Imhoff los acompañaba mientras ellos verificaban que los caminos de la poesía son maravillosos y, también, infinitos.

*Periodista y escritor.