viernes, noviembre 24, 2017

Más finales, más certezas



Chacarita 0-Huracán 2

Otro encuentro clave, otra actuación convincente.

Mientras el promedio crece, el equipo avanza.

Cada vez quedan más equipos por debajo en la tabla incómodo, cada vez quedan menos por arriba en la Superliga.

Queda una impresión: se puede.

jueves, noviembre 23, 2017

Botín de Oro, también orgullo de La Quema

Héctor Yazalde, el inolvidable Chirola, fue el único argentino en conseguir el Botín de Oro que la UEFA le entrega cada temporada al máximo goleador de todo el continente. Más allá de que se destacó en Independiente, Sporting Lisboa y Newell's su retiro fue en Huracán. Fueron apenas dos partidos (sin goles) en 1981. Ese año, el equipo de Parque de los Patricios terminó octavo en el Metropolitano que ganó Boca con Diego Maradona; y se quedó afuera de los cuartos de final por dos puntos del Nacional que ganó River con Mario Kempes. Duró poco la aventura de Yazalde en los barrios del Sur, pero fue también un motivo de orgullo de aquellos días. Lo que sigue es un retrato de este personaje irrepetible publicado por el autor del Blog en Planeta Redondo, de Clarín.

Villa Fiorito parece destinada a alumbrar grandes cracks. En su geografía de carencias y postergaciones, en la periferia del partido de Lanús, se forjó ese nombre que no necesita apellido para presentarse en el mundo del fútbol: Diego. Pero no fue la única figura universal que conoció los deleites de esos potreros ya mitológicos. Allí cerca, a un puñado de calles sin cordón ni asfalto, también se crió otro personaje irrepetible de la historia del fútbol argentino: Héctor Casimiro Yazalde. El consiguió lo que ni el inmenso Maradona: fue el único futbolista nacido en esta tierra capaz de obtener el Botín de Oro, ese lauro que Europa le entrega al máximo goleador de cada año en todo el continente.

Yazalde dividió su niñez y su adolescencia entre los potreros y los esfuerzos por llevar el pan a casa. Le decían Chirola porque trabajaba por chirolas (una palabra que encontró el lunfardo para mencionar a unas pocas monedas). Trabajó en un puesto de diarios, fue ayudante en una verdulería y repartidor de hielo. En definitiva ayudaba como podía a Pedro y a Petrona, sus padres -quienes años antes habían dejado Los Toldos para instalarse en el Gran Buenos Aires-, y a sus siete hermanos.

Su primer club formal fue Los Andes. Y en Racing llegó a jugar en la Séptima junto a Agustín Cejas, el Panadero Rubén Díaz, el Coco Alfio Basile y Rodolfo Vilanoba. En 1964 fichó para Piraña, un club de la D, la última categoría de la AFA. Entonces aconteció un detalle que cambiaría todo y para siempre: Carlos Radrizzani, presidente de Independiente, lo vio jugar en un torneo nocturno y lo llevó al club para sumarlo a la Tercera. Cuentan que llegó al Rey de Copas por recomendación de Julio Grondona, entonces presidente de Arsenal y conocedor de los secretos del Ascenso. En ese tiempo pesaba apenas 60 kilos de mal comer.

Su crecimiento fue impresionante: Renato Cesarini lo citó para el seleccionado Juvenil que disputó los Juegos Panamericanos de Winnipeg. Osvaldo Brandao lo promovió al notable equipo que consiguió el Campeonato Nacional de 1967, con Santoro, Pavoni, Savoy, Pastoriza, Bernao, Artime y Tarabini, a quien consideró siempre su mejor amigo en el fútbol.

En 1970 ya había demostrado todas sus condiciones como goleador y desde el año anterior jugaba en la Selección. Lo quisieron contratar del Santos, del Palmeiras, del Lyon, del Valencia y hasta de Boca, ese club que admiraba en los tiempos de la niñez. Pero tomó una decisión que marcaría el principio de su capítulo más memorable: después de 111 partidos y 67 goles con la camiseta de Independiente se fue al Sporting Lisboa.

En Portugal, además de ganar la Copa (en 1973 y en 1974) y la Liga (en 1974), su mayor logro tuvo carácter individual: en la temporada 73/74 convirtió 46 tantos en 30 partidos. No sólo obtuvo el Botín de Oro (el mismo que consiguieron entre otros Eusebio, Gerd Müller, Marco Van Basten, Hristo Stoichkov, Hugo Sánchez, Ronaldo, Thierry Henry, Diego Forlán, Francesco Totti y Cristiano Ronaldo) sino que estableció un récord que aún permanece.

En el Sporting lo recuerdan como lo que fue en su tiempo: un crack y una celebridad. No es casual que se lo incluya como integrante del equipo ideal de todos los tiempos en cuanta encuesta vinculada con Los Leones de Alvalade se realice. Más de tres décadas después, Chirola sigue siendo motivo de añoranza y de tributo para los verdiblancos de Lisboa.

En aquellos días, filmando un corto publicitario que promocionaba una marca de jabones, Yazalde conoció a la modelo y actriz portuguesa María del Carmen Resurrecao de Deus, con quien se casó en 1973. Luego de casarse, Carmen adoptó el apellido de su marido, que mantuvo aun después de la separación. Tuvieron un hijo, Gonzalo.

Incluso en sus días de glamour y estrellato europeo, Yazalde jamás renegó de su origen. Tampoco en su regreso a la Argentina para jugar en Newell's y para retirarse en Huracán. El irremplazable Osvaldo Ardizzone un día lo definió con el fino trazo de su pluma privilegiada. Escribió de Chirola: "Purrete de la orilla, la vida de salida, te cantó, la bolilla más fulera". Esa bolilla fulera fue una cirrosis que se lo llevó en 1997. Tenía 51 años. Cuentan que murió sin saber que sería inolvidable.

lunes, noviembre 20, 2017

Un final de mil puntos



Huracán 1 - Vélez 0

A pesar de la lesión de Wanchope Abila, más allá de algunas imprecisiones al momento de definir, Huracán se impuso con autoridad a Vélez.

Lo jugó como lo que era: una final de mil puntos.

Y lo ganó. Para pelear allá en la tabla de los promedios y también acá, con los de arriba de la Superliga.

miércoles, noviembre 08, 2017

Retrato de un imprescindible



Jorge Newbery es, ante los ojos de la historia, el Padre de la Aviación Argentina. Pero aquel polifacético hombre de la vida nacional de principios del siglo pasado fue mucho más que eso: resultó un espejo. Porque fue deportista múltiple, investigador en el ámbito de la electricidad y del subsuelo, hombre de ciencias, funcionario inobjetable... Ese personaje fue inspirador también para aquellos pibes del Colegio Luppi, que tenían sueños de fútbol más allá de las aulas. George --como le decían sus amigos de la alta sociedad porteña-- tenía un pedazo del corazón mirando a ese sur laburante, rancio, bravo, tanguero y licencioso. Y se vio a él mismo en los ojos y en la intensidad de los jóvenes fundadores de lo que luego sería Huracán. Era su pasión la del Negro Laguna, la de Ernesto Dellisola, la de Gastón Brunett, la de Tomás Jeansalles.

Señala Alejandro Guerrero en la biografía "Jorge Newbery": "Parece, a primera vista, el personaje ideal para construir la biografía simpática, amena, de un hombre que tuvo para eso todos los ingredientes: deportista, aviador, dandy, persistente frecuentador de prostíbulos, del humo de los puros y del champagne de Armenonville". Del mismo modo es cierto, que el bon vivant de Belgrano era mucho más que el perfecto aventurero del aire. Mucho antes de eso ya era mirado con recelo por las multinacionales de hidrocarburos a consecuencia de un libro fundacional: El Petróleo, la primera obra publicada en el país sobre la explotación petrolera. Antes que su amigo Enrique Mosconi, ya había recomendado declarar reservas estatales a toda zona potencialmente petrolífera.

También escribió leyes sobre seguridad laboral para el socialista Alfredo Palacios, su amigo y compañero de varios viajes en globo. Cuenta Néstor Vicente, ex candidato a Presidente de la Nación y autor del libro "Del Globo y de la Quema": "La amistad entre Newbery y Palacios fue muy singular. Una vez algunos navegantes y aficionados a este deporte de clase alta habían organizado una silbatina para repudiar al dirigente socialista. Jorge, enterado, les dijo tajante: 'Cuidado con lo que hacen. Silbar al doctor Palacios es lo mismo que silbarme a mí y eso no lo permitiré'". Nadie silbó aquella vez.

Practicaba remo, esgrima, natación y fue uno de los impulsores del boxeo en la Argentina. Tenía tiempo para todo: se recibió de ingeniero electricista en el Drexel Institute de Filadelfia (Tomás Edison fue su profesor) y en 1900 fue nombrado como Director General de Alumbrado de Buenos Aires. Desde tal condición desarrolló importantes estudios sobre el empleo de la energía eléctrica y el gas. Poco después, intercambiaría cartas con aquel piberío del sur que no tenía nada para armar un club de fútbol. Salvo una pasión enorme. Y la generosidad de un tal Newbery.

En mayo de 1911 Newbery es designado Socio Honorario de Huracán, ya que se había convertido en eslabón imprescindible de su fundación. Simultáneamente el club solicita a la Municipalidad el préstamo de un terreno en la calle Arenas (hoy Almafuerte), cercano a la estación de ferrocarril Sáenz, para construir la cancha que permitiera jugar en la Asociación Argentina. El propio Newbery, entusiasmado con aquel impulso, se encarga de encabezar la gestión. Le simpatizaba el Barrio de las Ranas (esa geografía que hoy se reparten Parque de los Patricios y Pompeya).

A cinco años de su fundación, Huracán ya estaba en la categoría más alta del fútbol argentino. Entonces, la Comisión Directiva le envió a Newbery, un telegrama a modo de agradecimiento: "Hemos cumplido. El Club Atlético Huracán, sin interrupción conquistó tres categorías, ascendiendo a primera división, como el globo que cruzó tres Repúblicas".

Pero el inmenso Newbery no pudo ver a Huracán, su Huracán, en Primera. El Padre de la Aviación Argentina falleció 28 días antes: el 1 de marzo de 1914, en Los Tamarindos, Mendoza, la muerte lo encontró en el aire, en su aire, piloteando un avión. Dos semanas antes, el 14 de febrero, Newbery había batido el récord de altura en aeroplano al alcanzar los 6.225 metros. A su entierro, en la Sociedad Sportiva de Palermo, concurrieron 50.000 personas. El 29 de marzo de ese año, Huracán disputó su primer partido en la máxima categoría del fútbol argentino: derrotó 4-2 a Ferro, como local. Newbery no estaba en las tribunas. Pero quedaría para siempre estampado en las camisetas, al lado del corazón.

Texto publicado por el autor del Blog en el libro "Huracán, 100 años", publicado por Clarín, en ocasión del Centenario del club.

Post publicado desde Montevideo, Uruguay.

viernes, noviembre 03, 2017