miércoles, agosto 16, 2017

La barra de Ringo Bonavena


Por Daniel Roncoli
Habría que adjudicarles a los ravioles de Doña Dominga un valor alimenticio extraordinario más allá de su esencia. Sería bueno que nutricionistas y médicos deportólogos los analizaran de modo pertinente, bucearan en la arqueología de aquellas recetas porque, evidentemente, más allá de la poética y la liturgia, eran un maná para la constitución de músculos nobles y organismos privilegiados.
Su hijo Oscar, el mítico Ringo, fue un boxeador hercúleo y corajudo, que amaba el fútbol con un sentimiento prístino. Su adoración por Huracán es una prueba notable de esa identificación macerada por humores de identificación barrial, historia personal y admiración por los cracks que desgranaban su arte en los alrededores de Parque de los Patricios.

Participó del bacanal emocional como simpatizante emblema y difusor de los arrebatos artísticos de los futbolistas de la Quema, como ocasional mecenas adquiriendo en un alarde de Pedro de Mendoza de las transferencias el pase de Daniel Willington para suministrárselo gratuitamente a su club o como representante de oficio de Héctor Rodolfo Veira a quien trató de ubicar en distintas instituciones cuando su estrella se apagaba y el carisma de Ringo se encendía.

Pero también fue un aficionado travieso y algo más anónimo de espaldas a El Globo ya que no era el único beneficiado por la ingesta de las mágicas pastas maternas. Uno de sus hermanos gambeteó la sombra de su personalidad incandescente y se destacó como futbolista.

Vicente Bonavena supo ser un centrodelantero muy requerido. Vistió los colores de Temperley, El Porvenir y Cristal Caldas de Colombia en la vidriera más resonante de su palmarés.
Lejos de ser una expresión delicada y hábil, adaptando virtudes que evidenciaba Ringo en los cuadriláteros, lo buscaban porque se constituyó en un goleador potente. Optimista. De buen cabezazo --un arma de nocaut---. Guapo. Y entrador.

En el ascenso, Vicente, sobre el filo del retiro, defendió los honores de Deportivo Riestra. La ceremonia de despedida pasó desapercibida para las multitudes pero es mucho más que el mero apunte estadístico. Decenas de simpatizantes pueden dar fe de la notoriedad de este capítulo de su trayectoria goleadora. En aquella etapa, era frecuente ver a su hermano Oscar Natalio, con su nariz curtida de mamporros, aferrado a los alambrados de estadios pobres.

Excéntrico y con su personalidad a raudales, plétora. Ringo llamaba la atención por encima de las propias acciones del juego. No sólo porque su fama o su figura imponente distraía a los cholulos. No se pasaban la tarde admirándolo solamente por haber convertido en castillo de naipes las piernas de Ali o cantar en el teatro de revistas motivos primaverales. Era un atractivo su manera de vestir y la nube que lo envolvía. Lo que emanaba de su presencia y lo que hacía con ese halo. No buscaba pasar inadvertido. Solía llegar a esas canchas polvorientas con largos sacones de cuero, pantalones oxford de diversos colores y texturas, fumando habanos que encendía en un mecherito hecho con billetes de cien dólares. Y lo hacía a bordo de autos costosos y llamativos.

Esa condición de atracción le fascinaba. Pero por encima de cualquier exaltación ególatra se divertía como un loco como agitador de la hinchada de los albinegros de Pompeya.

Lo motivaba más su subrepticio rol de capo de la barra que dilucidar minuto a minuto la trama de los partidos.

En un momento de esa etapa, cuando el entrenador era Osvaldo Panzutto y por su decisión Vicente iba al banco, el boxeador se dejaba rodear de los pibes que simpatizaban con Riestra, que lo buscaban sedientos de su autógrafo y ávidos de sus ideas transgresoras. Entonces Ringo les daba para el chori, la coca y el viaje en colectivo a cambio de que organizaran un estridente aguante para su hermano. Obedientes, los hincas más jóvenes taladraban los oídos del técnico solicitando el ingreso del robusto atacante. A dos metros, en un campo de juego precario y sin edificaciones en su perímetro, en medio del silencio más absoluto, esa jauría de gargantas chillonas e incesantes puede constituir una tortura china.

Lo cierto es que bastaba que el entrenador cambiara de parecer, ordenara el cambio y Vicente traspusiera la línea de cal para que la vocecita inconfundible del peso pesado que tuviera al Luna Park en su puño la noche de duelo con Goyo Peralta, se oyera nuevamente en el eco de la tarde.

--¡Ey, muchachos!

Cuando los subvencionados simpatizantes acudían a su llamado, sin otra covicción que sentirse amigos del gigante y con los bolsillos un poco más robustos, Ringo volvía a darles un regalito para que repitieran de modo inverso el acoso. Trepados al alambre acometían un nuevo suplicio para el técnico del Deportivo Riestra. Así que a un minuto de haber puesto en cancha a Vicente Bonavena, Panzutto debía hacerse de una peregrina paciencia para no mandar a sus imberbes detractores al órgano sexual de su hermana o de su progenitora. Le costaba horrores: los entusiastas en un curso acelerado de mercenarios, empezaban con aquelloa de... "¡Sacálo a Bonavena, sacálo a ese burro, sacálo a Bonavena!" y no había manera de silenciarlos.

Entonces, mientras que el centrodelantero mortificado por el apoyo ficticio y rentado, y avergonzado luego por la reprobación desgastante y obstinada, se perdía goles por falta de concentración; Ringo se volvía un poco más pibe de lo que era.

"La barra de Ringo Bonavena" integra el libro "Resaca de potrero y otros cantos al fútbol".

miércoles, agosto 09, 2017

Wancho, seguiremos gritando



Los últimos goles y los mejores goles de Wanchope Abila, una invitación para seguir gritando. Por lo que viene...

domingo, agosto 06, 2017

El Quemero de la Patagonia Rebelde


El film La Patagonia Rebelde, de 1974.

Por Pablo Viviani*
Uno de los clubes más pintorescos, ya sea por historia, hazañas o símbolos, es el Huracán de Parque de los Patricios. Sin embargo, como con tantos otros, muchas veces sus grandes historias no son conocidas. Los orígenes nunca fueron certeros, aunque lo único seguro es que la mayoría de los integrantes eran miembros del Partido Socialista.

Huracán había sido creado con la idea de acoger a los niños y jóvenes carentes de contención social y familiar, siendo integrantes familias precursoras, como las de Alfredo Palacios o Nicolás Repetto. Pero eso no es todo, pues para 1913 había un referente del Partido Socialista en cada team del Globito. El más conocido era el half Vicente Chiarante, que jugaba en Segunda División. También se destacaban Carlos Chiarante en Tercera, Albino Argüelles en Cuarta y Benigno Argüelles en Quinta. Todos tenían la particularidad de que ocupaban el puesto de entreala izquierdo.

De acuerdo con la cantidad de hermanos, los Chiarante podrían haber formado su propio equipo, aunque en Huracán sólo actuaron Carlos, Vicente y Enrique.

Este último fue el de mayor militancia dentro del Partido Socialista, constituyéndose en uno de los fundadores del Partido Comunista local y creador de la Federación Deportiva Obrera en 1924. Pero sería Pedro Chiarante quien luego sería dirigente del gremio de la construcción y un cuadro histórico del PC.
Sin embargo, esta nota se va a ocupar de Albino Argüelles, el menos talentoso de los nombrados. Herrero, igual que su hermano menor nacido en Nueva Pompeya el 5 de febrero de 1896.

Argüelles participó en las jornadas sangrientas de la Semana Trágica de 1919, en los talleres Vasena, y eso lo obligó a ocultarse para escapar de constantes persecuciones. Después de tanto militar, se afilió finalmente al Partido Socialista el 25 de mayo de 1919. Según Osvaldo Bayer, estaba también afiliado al Partido Socialista Internacional, pero como estaba “no demasiado metido, decía que era socialista”.

Pedro llegó a narrar que “desde hacía años conocía a Albino Argüelles. Estábamos acostumbrados con Enrique a verlo por las calles del barrio”, aunque esa relación se transformó en amistad cuando ambos ingresaron al Centro de Nueva Pompeya del Partido Socialista Internacional.

Albino buscaba nuevos horizontes y, tras un empleo, el hombre de Globito en pecho partió hacia San Julián (Santa Cruz) para ejercer su oficio. A Argüelles lo admiraban por su sabiduría popular, con luchas y dolores a cuestas, y por eso lo nombraron inmediatamente secretario general del Sindicato de Oficios Varios de esa ciudad portuaria.En una ocasión, de regreso en Buenos Aires, en el local que el Partido Socialista Internacional poseía en Almafuerte y Sáenz, dio una charla sobre las tremendas condiciones de vida y explotación de los trabajadores en la Patagonia.

En el verano de 1921 y antes de emprender su último viaje al Sur, se reunió un grupo de camaradas encabezados por Albino y Benigno Argüelles, Pedro y Enrique Chiarante, y Fernando Serradel, para redactar el esbozo de lo que sería el pliego de reivindicaciones de los obreros patagónicos. Quien le dio forma definitiva fue Serradel, otro de los fundadores de Huracán.Argüelles volvió a San Julián y se convirtió en uno de los referentes del conflicto, junto con el anarquista Ramón Outerello, José “Facón Grande” Font y el secretario de la Sociedad Obrera de Río Gallegos, Antonio Soto.

El hombre de los Corrales al Sud era considerado el más inteligente y por ello fue inmediatamente nombrado para organizar las columnas de centenares de peones rurales patagónicos en la huelga de 1921, en la cual pedían mínimas mejoras en las condiciones de trabajo.

Cuando llegaron las fuerzas represoras del capitán Elbio Anaya, les pidió parlamento a los dirigentes huelguistas, aunque eso fue sólo una excusa para apresarlos, castigarlos rudamente con garrotes y sables, y ordenar los fusilamientos.

Aunque en el parte militar de Anaya se detalló que el entreala Argüelles fue fusilado el 18 de diciembre por las tropas del coronel Héctor Varela, siendo “muerto mientras intentaba huir”, se constató luego que por el sólo hecho de reclamar habían perecido de igual forma unos mil quinientos trabajadores.

Ese mismo día, en el lejano Parque de los Patricios, el Globito le ganaba a Platense y quedaba a cuatro puntos de Del Plata. Huracán se alejaba de sus seguidores y en el próximo partido se proclamaría campeón por primera vez, aunque Argüelles ya no estaría para enterarse de las noticias de su querido club.

En noviembre, apenas un mes antes, había nacido en Buenos Aires la hija que Argüelles jamás conoció. Irma fue fruto del amor de Albino con Clara, y fue concebida meses antes de la partida del huracanense a la Patagonia. Al enterarse, semanas antes de morir, Albino le había enviado por carta unos dulces versos.
Al conocerse el asesinato de Argüelles, según contó Pedro Chiarante, se llevó a cabo un funeral cívico en la casa de los padres en la calle Aconquija, de Parque de los Patricios, al que concurrieron “miles de vecinos, militantes obreros y políticos, y representaciones de los partidos Comunista y Socialista”.

En el mismo lugar donde fue fusilado Argüelles están hoy los restos de sus compañeros que se levantaron contra la patronal. Ochenta años después de su asesinato llegaron a ese lugar las cenizas de su compañera y de la hija de Argüelles, transportadas desde Buenos Aires por su nieto.

*Texto publicado en la Agencia Télam.

martes, agosto 01, 2017

Ahora, a volver



Copa Sudamericana: Libertad 2-Huracán 0

Fue el peor final para un ciclo muy valioso en el ámbito internacional. Huracán participó en cuatro competiciones continentales en los ùltimos tres años. Fue, en ese lapso, el club argentino con más presencia en torneos de la Conmebol (después de River). De hecho, es el último finalista que ofreció la AFA.

Huracán tuvo un 2015 memorable en Sudamérica. Fue el equipo con mejor registro de la Conmebol (una derrota en 18 partidos; "Equipo del Año"), mantuvo el Palacio Ducó invicto, fue subcampeón de la Sudamericana sin perder ni una vez (más allá de los penales ante Santa Fe) y se clasificó a la Libertadores 2016. 

Además, en el Ranking Mundial de Clubes se ubicó Top 4 entre los argentinos y Top 10 de América; y también 59 escalones por delante de San Lorenzo.

Ya más tarde, en el siguiente semestre, se consagró como el mejor equipo argentino a nivel internacional en la temporada 15/16. Un detalle que merecerá aplausos para siempre. 

Este breve recorrido por la Sudamericana 2017, con dos derrotas (y este global de 1-7 ante el campeón de Paraguay), es el peor cierre. Debe resultar también un impulso para el objetivo inmediato: volver a competir en el continente. 

domingo, julio 30, 2017

El Messi que quería jugar en Huracán


La hélice, casi lo único que quedó del avión de la tragedia, cuenta una ausencia. Allí, en la zona del viejo Stadio Filadelfia, en Turín, ese monumento breve es el retrato lacónico de uno de los más estupendos equipos de todos los tiempos: Il Grande Torino de los años 40. El estadio, escenario de tantas jornadas de aplausos y consagraciones, estuvo en desuso desde 1963 hasta su demolición en 1998. Y más allá de sus varios emprendimientos truncos de reconstrucción continúa siendo una referencia de aquellos tiempos de brillos que ya no están. Son también, claro, un motivo de añoranza para los grandes cracks de aquel tiempo, como el notable Valentino Mazzola, el Messi de esos días. El accidente aéreo de 1949 se devoró a aquel equipo. El avión regresaba a Italia tras un partido en Lisboa frente al Benfica. Ganaban todo lo que jugaban: cinco Ligas consecutivas desde 1942 hasta 1949, clásicos contra la Juventus, amistosos... Sólo la Segunda Guerra evitó -por la suspensión del calcio entre 1943 y 1945- que fueran más los Scudettos sucesivos. Un dato contaba la jerarquía de aquel equipo: diez de los 11 titulares del seleccionado italiano pertenecían al Torino.

La pregunta invariable que continuó a la tragedia todavía escucha respuestas y aproximaciones: si no se hubiera caído aquel avión, ¿qué habría pasado en el fútbol del mundo? El periodista Jaime Rincón escribió alguna vez en el diario Marca: "Son muchos los que apuntan que si la historia de aquel equipo no hubiera terminado de manera repentina hoy quizá no existiría el 'catenaccio'. Puede que tampoco la Juve fuera el peso pesado que es actualmente en el Calcio. Y seguramente el Maracanazo no hubiera tenido lugar". No se trata de una exageración: quienes lo vieron y quienes lo contaron a través de los medios coincidieron. Aquel Toro era capaz de todo, incluso de hacer magia mientras arrasaba rivales. Y -dicen- también podría haber modificado la historia del fútbol tal como la conocemos.

Nadie sobrevivió al impacto. Pero el azar quiso que dos futbolistas no estuvieran allá arriba: el enorme Ladislao Kubala, quien estuvo a punto de firmar su contrato con el club en aquel momento y no lo hizo; y un tal Sauro Toma, un defensor procedente de La Spezia, que acababa de llegar al Torino. Contó aquel joven de 23 años alguna vez: "El míster, Leslie Lievesley, nos había dicho a Valentino Mazzola y a mí que nos cuidáramos de las lesiones antes de viajar. Mazzola no estaba bien del todo, pero podía jugar y viajó. Yo tenía problemas en la rodilla y el entrenador me aconsejó que me quedara en casa. Me sentí el hombre más desdichado de Turín. Todo el Torino viajó a Lisboa, y yo me quedé en casa, lesionado". A Mazzola el destino no lo quiso salvar.


Con ese Torino quedó enterrado un equipo exitosísimo, un mito y, también, Mazzola. Era el capitán, la figura, el ídolo, el goleador frecuente, la referencia inevitable. En una entrevista concedida en 2009 al diario El País, de Madrid, su hijo Sandro Mazzola -también destacado futbolista- contó a Valentino a 60 años del fallecimiento: "Mi padre tenía 30 años y yo seis y medio. No recuerdo nada. Mi cabeza olvidó todo lo que había vivido con mi padre. Todo menos su mano grande, en el centro de Turín, donde todos querían hablar con él. Me daba seguridad. Yo no entendía entonces por qué todos querían estar con él. Después supe que era una gran persona. La calidad de los videos de aquella época no es buena, pero tengo referencias de entrenadores campeones del mundo como (Ferruccio) Valcareggi y (Edmondo) Fabbri o jugadores como Boniperti, capitán de la Juve, que me dicen: 'El más grande de todos fue tu padre'. Era interior derecho. Pero, en realidad, jugaba por todo el campo. Siendo centrocampista, fue tres veces máximo goleador de la Liga. Era más o menos como Di Stéfano, un portento físico con una gran técnica. Yo esperaba ser como él, pero no pude. Yo era muy técnico en velocidad, pero menos fuerte".

Por entonces ni la tradicional revista France Football ni la FIFA entregaban el Balón de Oro al mejor futbolista del año. A Valentino le ofrecían adjetivos, aplausos y admiraciones que lo definían y lo legitimaban como tal: Era el mejor del mejor equipo, como lo es ahora el Messi del Barcelona. Sobre él se escribieron libros (como "Un uomo, un giocatore, un mito", de Renato Tavella) y se hicieron películas en las que se exhibe el significado y la influencia que él tenía en aquel contexto (como "Il Grande Torino", de Claudio Bonivento). Era más que el capitán de un equipo: resultaba también el símbolo de un grupo de futbolistas capaz de ofrecer alegrías tras las dolores de la guerra.

El periodista Jesús Camacho, en El Engranche, retrató a aquel Valentino y a aquel equipo estelar: "Aquel maravilloso conjunto tenía en Valentino Mazzola a su cerebro, capitán, organizador y gran goleador. Un futbolista muy inteligente, dotado de gran personalidad y que ofrecía cada año la extraordinaria cifra de 20 o 30 goles. El conjunto granata practicaba un fútbol muy ofensivo, en su alineación titular prácticamente no había defensas y solo Aldo Ballarin y Maroso se dedicaban a dicha labor. El guardameta Bacigalupo observaba desde su marco cómo los centrocampistas Castigliano, Martelli y Rigamonti lanzaban a los interiores Ezio Loik y Mazzola y a su vez los extremos Romeo Menti y Franco Ossola hacían mucho daño por los flancos y servían balones al magnífico centrodelantero Gabetto. Además tampoco podemos olvidar a los Schubert, Grava, Bongiorni..." Dicho de otro modo, Valentino también era el director de una orquesta impecablemente afinada.

Y en su recorrido hay un detalle que -a los ojos de este tiempo- parece inverosímil. En ese 1949 de la tragedia trascendió una novedad de asombro: Mazzola quería jugar en Huracán, cuando finalizara su camino de maravillas por el Torino. Le fascinaba el fútbol argentino y le había agradado el Globo de Newbery, que en los días de la niñez de Valentino había sido el más campeón de los años 20. La revista Goles (ver "Imágenes") contó la anécdota: el crack italiano mandó una nota a la revista comentando su deseo. Y desde la redacción lo contactaron con el club de Parque de los Patricios. No se conocieron los pasos siguientes. Poco después, la tragedia se llevó al Messi de los años 40.

Texto publicado por el autor del Blog en Planeta Redondo, de Clarín.com.

Cine sugerido: La película "Il Grande Torino".

miércoles, julio 26, 2017

El cine y nosotros


Lo cuenta el afiche: es una película made in Huracán. Entre las estrellas que el film ofrece aparecen Tucho Méndez, Alfredo Di Stéfano y Mario Boyé, tres que vistieron el Globo de Newbery en el pecho. Se estrenó en 1949, tiempos en los que nadie dudaba de que en Parque de los Patricios habitaba un grande.

Más:
Los detalles de "Con los mismos colores", en IMDB.

miércoles, julio 19, 2017

Nuestro Rey de Copas

Guillermo Stábile, en sus tiempos de entrenador. Fue el máximo ganador de la Copa América y aportó dos estrellas en Copas Nacionales al palmarés de Huracán.

Alfio Basile vivió su segundo título en la Copa América como un desahogo. En aquel julio de 1993, el aire pesado del Estadio Monumental de Guayaquil conoció su vozarrón. Y su grito de campeón y de bronca deshecha. Sentía que a su Selección no se la reconocía lo suficiente. Que siempre había alguna queja. A veces lo decía en público y con todas las letras. En otros días, lo callaba o lo contaba en alguna mesa de bar y de amigos. No había perdido ningún partido desde su arribo al equipo nacional. Dos años antes, en Chile, había ganado el trofeo continental tras 32 años de espera para los argentinos. En 1992, había obtenido la Copa de las Confederaciones (entonces llamada King Fahd Cup), en Arabia Saudita. Ese fue, además, el último título de la FIFA ganado por la Selección mayor. Pero al Coco muchos lo cuestionaban. Y le inventaban ciertas averías con malicia.

La siguiente escena sucedió en aquella última Copa América en la que dirigió Basile, en Venezuela 2007. Y resultó una suerte de homenaje al pasar para un tal Guillermo Stábile, el supremo especialista en trofeos continentales. Ya era de noche en Puerto La Cruz. El calor, apenas por un rato, dosificaba su acoso. Sobre la avenida de la costanera, en un bar que no tenía nombre, un grupo de muchos venezolanos y pocos argentinos mantenían colmadas las sillas y las mesas dispares. Frente a ellos había un televisor grande, de pantalla plana, que entregaba las imágenes de Argentina-Estados Unidos, que jugaban en Maracaibo. En la transmisión de Meridiano Televisión, el canal de deportes nacional en tiempos de Hugo Chávez, el relator lanzaba una pregunta a modo de desafío para que se comunicaran los televidentes: "¿Quién fue el técnico que ganó más Copas América?" Después de un puñado de segundos, desde una de las meses, un argentino de muchas canas y muchos años, ofreció la respuesta exacta: "Stábile". Después el hombre se quedó en silencio. Quizá nadie le prestó atención a su certeza. Pero quedó como un detalle mágico y fugaz. Como un tributo secreto a la distancia para ese entrenador que ostenta el récord absoluto de títulos continentales.

Su recorrido como entrenador arrancó pronto. Ya había finalizado su estupenda carrera de futbolista. Había sido campeón y goleador, símbolo del Huracán de los años 20 (el más campeón de esa década junto a Boca), figura en Europa. El técnico apasionado ya latía dentro de él. A los 34 años, en 1939, regresó a los Barrios del Sur, a ese Parque Patricios que adoptó como propio. Debutó construyendo un equipo que encantaba: La Aplanadora. Con Herminio Masantonio -su eficiente heredero- como gran figura, ganó la primera rueda, superó a los otros grandes en una misma rueda y terminó subcampeón, sólo detrás de Independiente. Al año siguiente lo contrató San Lorenzo, en una época en la que el Clásico de Barrio más grande del mundo no ofrecía tiempos violentos. En 1941 ya estaba dirigiendo a la Selección. Podía con todo: en simultáneo, condujo dos temporadas a Estudiantes La Plata y regresó a Huracán para ganar dos Copas Nacionales. También trabajó en Ferro y asesoró a Independiente.

A nivel de clubes, fue capaz de hacer milagros desde el costado del campo de juego: Racing -campeón nueve veces en tiempos del Amateurismo- no ganaba el título de Liga desde 1925. Tras el arribo deDon Guillermo como técnico, en 1945, Racing se fue transformando en un equipo brillante y eficaz. También en el primer tricampeón de la Era Profesional (49, 50 y 51). En ese tiempo, a nadie se le ocurrió dedicarle una estatua como a Reinaldo Merlo más de medio siglo después.

En su largo camino de 17 años, Argentina obtuvo seis trofeos en la máxima y más antigua de las competiciones continentales. Celebró en 1941, en el tricampeonato (45, 46, 47), en 1955 y en 1957. En las cinco primeras ocasiones, con invicto incluido. Además, en las ocho ediciones en las que participó en el Sudamericano en la Era Stábile siempre se subió al podio (la Selección fue, además, segunda en 1942 y tercera en 1956). Otro detalle de la conquista: sólo se impuso como local en la Copa de 1946. De las otras cinco, tres acontecieron en Chile, una en Ecuador y otra en Perú.

También Stábile -incluso mientras dirigía- se dedicó a otras actividades. En 1948, ya consagrado como DT de la Selección, actuó en el film "Pelota de trapo", dirigido por Leopoldo Torres Ríos y protagonizado por Armando Bo. Hacía de él mismo, como nueve años más tarde en la película "Fantoche", junto a Luis Sandrini y Beatriz Taibo. Su popularidad se lo permitía. Su cara era reconocida por todos. Ese mismo 1957, en Lima, Stábile se convirtió en el creador de un equipo sin olvido: Los Carasucias, aquel plantel en el que se destacaban -entre tantos- Oreste Osmar Corbatta y Enrique Omar Sívori. "Don Stábile no nos pedía nada raro. Era tranquilo para dar indicaciones. Y si tenía algo para decirte, se te acercaba y te hablaba al oído. A mí, por ejemplo, me pedía que me desmarcara siempre. Pero nos daba libertades para jugar", le contó Maschio a Clarín, al cumplirse medio siglo de aquel logro. Desde entonces hasta hoy, la Argentina apenas sumó tres trofeos (59, 91 y 93). En tiempos de Kempes, de Passarella, de Maradona, de Messi, de Mascherano. De Menotti, de Bilardo, de Bielsa, de Pekerman, de Martino.

Más allá de sus logros, Stábile también conoció el dolor y la ingratitud de la derrota. Fue al Mundial de Suecia 1958, prescindiendo de los cracks que jugaban en el exterior por decisión de la AFA. Y lo pagó con un tropiezo que fue conocido como El Desastre de Suecia. El partido que debía empatar el equipo nacional para pasar a los cuartos de final lo perdió 6-1 frente a Checoslovaquia. Se trató de la peor derrota de la historia del seleccionado junto al 6-1 frente a Bolivia, en La Paz, en 2009. Al llegar a Ezeiza, Stábile escuchó insultos y rechazos como nunca antes y como nunca después. Así concluía el ciclo más largo de un DT en el equipo nacional: 121 partidos y un 75 por ciento de efectividad.

Era muy activo y polifacético. Un adelantado a su tiempo. Mucho antes del imperio de la imagen y de los medios y del marketing deportivo, él ya conocía la importancia de comunicar. En su etapa como jugador y como entrenador. El año pasado la consultora Euromericas Sport Marketing -tras varias temporadas de investigaciones- determinó que el valor de mercado de Messi es de unos 400 millones de euros. La cifra incluye, claro, todo lo que él genera como personaje y como marca, incluso más allá de sus números irrepetibles y sus jugadas de fábula. Mucho antes que el crack rosarino y universal, Stábile -sin proponérselo- había sido un pionero de la especialidad. En los años 30, Don Antonio Nesman y su hijo Victorio le pusieron como nombre "El Filtrador" a uno de los vinos elaborados en su bodega mendocina, Familia Nesman. Estaban encantados por sus goles, por esa capacidad para definir. Y le rindieron ese reconocimiento adoptando el apodo del máximo goleador del Mundial del 30 como una marca.

Había más rebusques y berretines en su vida de vértigos y pasión por el fútbol: fue comentarista radial, ya como entrenador. Hablaba de fútbol, de táctica, de técnica, de estrategia. Lo hacía con nombres y apellidos; ofrecía ejemplos. Cuentan que dictaba cátedra frente a los micrófonos de LS10 radio Libertad. Stábile acompañaba los relatos de Eugenio Ortega Moreno y las opiniones de Guillermo Oscar Tipitto. En 1959, un año después del durísimo golpe en el Mundial de Suecia, se hizo cargo de la Escuela de Técnicos de la AFA desde 1959. Esa vez, un mal resultado no tapó la apropiada decisión. Murió, inexplicablemente olvidado, en 1966, a los 61 años. Ahora, en días de quejas por ese título que no llega, su palmarés sigue siendo un lujo.

Texto publicado por el Fundador del Blog, en Planeta Redondo, de Clarin.com

domingo, julio 16, 2017

El Mundial de Stábile



El Mundial de 1930, en el que Argentina fue subcampeón detrás de Uruguay. Una celebración del fútbol rioplatense en la que Guillermo Stábile demostró que no había goleador más valioso que él.

viernes, julio 14, 2017

Alfaro, día 1



Comienza el ciclo de Gustavo Alfaro en Huracán. Primer entrenamiento. Primeras palabras.

También, primera impresión: sabe adónde llegó; comprende de qué se trata.

martes, julio 11, 2017

Razones de un papelón



Copa Sudamericana: Huracán 1 - Libertad 5

Ese final -con silbidos, con insultos, con rechazos- es una consecuencia que no tiene nada de casualidad. Es la bronca y el desencanto de todos los hinchas que desafiaron al frío, bajo el cielo del Ducó. Es también un dolor. Huracán acaba de perder 5-1 frente a Libertad de Paraguay, por la segunda fase de la Copa Sudamericana y el final del partido se parece también al final de un ciclo, al cierre de un tiempo en el que Huracán se animaba a protagonizar en el ámbito internacional (esta es su cuarta participación en el continente en los últimos tres años) y hasta abrazar la gloria de dos títulos (la Copa Argentina, en 2014; y la Supercopa, en 2015). Ya no quedan ni las cenizas de esa suerte de espasmódico paraíso.

Los errores sucesivos en los últimos mercados de pases derivaron en el papelón de anoche. La conducción del club -con Alejandro Nadur a la cabeza- se equivocó en casi todo desde junio del año pasado. Se fue Ramón Wanchope Abila -garantía de un gol cada dos partidos- y comenzaron los desaciertos. Uno tras otro. Primero, a Eduardo Domínguez le prome- tieron un centrodelantero de jerarquía que nunca llegó. El técnico, en consecuencia, decidió irse. Los refuerzos nunca rindieron a la altura de sus reemplazados. El paso siguiente fue contratar a Ricardo Caruso Lombardi. Un fracaso en los números y en el campo de juego: 5 puntos sobre 24. Luego llegó Juan Azconzábal. Se hizo cargo de la dificultad. Heredó problemas. Salvó al equipo del descenso en la última fecha. Lo echaron a los pocos días. Justo antes de esta cita frente al campeón de Paraguay -equipo bravo, convencido- se tuvo que hacer cargo el que siempre se hace cargo en la emergencia, Néstor Apuzzo. Siete interinatos, dos títulos, un ascenso a ritmo de vértigo. Pero esta vez no hubo milagro... Oscar Tacuara Cardozo sigue siendo un delantero de jerarquía a los 34 años. Es aquel que pudo haber cambiado la historia del Mundial 2010: en los cuartos de final, frente a España, desperdició un penal que podría haber significado la clasificación para el Paraguay de Gerardo Martino. Ahora, lo contrató Libertad. Es su Wanchope. Todo lo que toca lo transforma en peligro. Lo demostró ayer ante un par de centrales de Huracán que no estuvieron a su altura (no sólo por esos 193 centímetros del ex atacante de Newell’s): el capitán Martín Nervo jugó su peor partido en el club; Juan Vivas tuvo un debut traumático, tras destacarse en la Reserva. Tacuara hizo los dos primeros goles (el primero, un cabezazo; el segundo, una maniobra de nueve astuto), los que marcaron el rumbo del partido.

Santiago Salcedo -otro conocido del fútbol argentino- aportó otros dos tantos. Uno, tras una pifia inadmisible de Nervo. El otro, de penal. SaSa - como le dicen- tranquilamente podría haber estado en la lista de posibles reemplazantes de Abila. No estuvo. Llegaron apuestas que fallaron. Sirve un dato: por torneos locales, en la última campaña, ningún futbolista marcó más de tres goles.

El desarrollo no fue más que la demostración de los errores en las decisiones: la goleada se construyó, sobre todo, en las áreas. Allí donde Huracán no para de extrañar a Wanchope. Allí donde no atajará más Marcos Díaz, ese arquero que marcó esta época con su rol decisivo (45% de vallas invictas, especialista implacable en penales y figura con arco en cero en cada final).

Ahora, ya no hay margen de error. Lo comprobó el nuevo técnico, Gustavo Alfaro, desde uno de los palcos de la platea Alcorta. Se hará cargo de un equipo que comenzará la temporada 17/18 en zona de descenso. Al frente de un plantel desmembrado, roto, golpeado. Deben llegar refuerzos que le den impulso. Lo saben en la sede de la avenida Caseros: nada de lo bueno que esta conducción hizo en lo institucional y en lo económico será valorado si el descenso golpea de nuevo en la puerta. Y en el alma.

Texto publicado por el fundador del Blog en Clarín.

domingo, julio 09, 2017

Después de Marcos...



Juan Manuel García será el arquero que reemplace a Marcos Díaz. Al menos por ahora, en esta inminente cita frente a Libertad, por la Copa Sudamericana. Tiene 29 años, mide 1,90, se formó en Rosario Central, pasó por Gimnasia La Plata, llega desde Antofagasta. Atajó 13 partidos en el último semestre y mantuvo la valla invicta en cinco. Llega con el aval de Gustavo Alfaro, el nuevo entrenador.
El arquero rosarino llega a préstamo por una temporada con opción para comprarle el 50% del pase.
Arriba y abajo, dos videos con varias de sus mejores actuaciones.




sábado, julio 08, 2017

Fin de un ciclo, principio de la leyenda


Son días traumáticos en la sede de la Avenida Caseros. De definiciones -en cuanto al mercado de pases- y de tensiones respecto de la ya agrietada relación entre algunos de los principales integrantes del plantel y el presidente del club, Alejandro Nadur, quien acaba de iniciar su tercer mandato en Huracán. La sensación es inequívoca: se adivina en el ambiente la sensación de un fin de ciclo. Y hay una situación que resulta emblemática: la inminente salida de Marcos Díaz, figura y referente de los últimos dos títulos del club (la Copa Argentina en 2014 y la Supercopa en 2015).

“Estoy agradecido eternamente a la dirigencia y a los entrenadores que tuve. Es el momento indicado para irme. No me siento bien, ni física ni mentalmente. Y al club no le sirve esto”, expresó Díaz, quien el martes no atajará frente a Libertad de Paraguay, en el Palacio Ducó, por la segunda fase de la Copa Sudamericana. Todo indica que el encuentro frente a Belgrano de la semana pasada (0-0, de local) fue el último de su paso por el club de Parque de los Patricios. Se trata de la salida del arquero más influyente de la historia del club, según sostienen quienes mucho conocen de los 109 años de vida de esta institución.

Se va por varias razones. La principal, más allá de sus palabras:está peleado -ya sin arreglo- con Nadur. La segunda: a consecuencia de eso, le pasó el síndrome Bielsa, se quedó sin energía. “No puedo ofrecer lo mejor y atajar en estas condiciones sería defraudar a la gente que tanto me dio y que me cambió la vida; a mis compañeros y al cuerpo técnico”, señaló ayer, desde La Quemita.

San Marcos -como le dicen los hinchas- tiene 31 años y su contrato se extiende hasta fines de 2018. Sin embargo, los dirigentes están dispuestos a transferirlo. Su cláusula de rescisión es de tres millones de dólares. Pero todo indica que ese monto se negociará. Racing aparece como el primero en la lista de interesados. Nadur, además, indicó que en los próximos días “llegará una buena oferta por él”. Pero no ofreció detalles.

No se trata del primer conflicto del titular del club con integrantes del plantel. Y se sabe desde hace varios meses por los rincones de la sede:a Díaz lo tenía señalado como uno de los responsables de esa relación tirante. No es el único:al capitán Martín Nervo, también con contrato vigente, también lo tiene apuntado. El de Nadur es un caso curioso. A pesar de ganar las elecciones (por tercera vez) con el 65% de los votos, no hay socio que no le reclame dos cosas: su manejo personalista de la institución y sus clarísimos errores en los últimos dos mercados de pases.

Nadur ya eligió reemplazante: se trata de Manuel García (1,90 metro; formado en Central, llegado de Antofagasta). Debutará el martes, casi sin entrenamientos encima. César Rigamonti será la alternativa.

La salida del King Kong de La Quema es también el cierre de un tiempo marcado por sus actuaciones estupendas. Atajó 144 partidos, le convirtieron 125 goles, mantuvo el arco en cero casi en la mitad de las ocasiones. Y en las finales fue colosal: disputó cuatro y no recibió goles en esos 390 minutos. Los penales contra Central (en el encuentro decisivo de la Copa Argentina) y las atajadas decisivas contra River (en la Supercopa) quedarán guardadas para siempre entre los mejores recuerdos. Por él, Huracán pudo abrazar a la Estrella Doce y a la Estrella Trece. Y llegar a su primera final continental. Todo eso.

Texto publicado por el fundador del Blog en Clarín.

martes, julio 04, 2017

Días de vértigos y de traumas

Gustavo Alfaro, el nuevo entrenador de Huracán.

No hay un rato de paz en Huracán. Una semana después de la garantía de Primera (con el 0-0 frente a Belgrano, en el Palacio Ducó) y una semana antes del partido de ida de la segunda fase de la Copa Sudamericana, el plantel se quedó sin técnico. Alejandro Nadur tomó la decisión de echarlo. “Era el momento de hacerlo”, explicó el presidente quien hoy asumirá su tercer mandato al frente del Globo de Newbery, del que se hizo cargo en 2011. Su frase, ofrecida de apuro en el mediodía de La Quemita, pone fin a un ciclo que duró menos de lo que el contrato indicaba (hasta diciembre) y cuyos números no fueron buenos: cinco victorias, siete empates y siete derrotas.

Ahora, hay un candidato cantado: se trata de Gustavo Alfaro, quien está regresando desde Rusia, donde comentó la Copa de las Confederaciones para la Cadena Caracol, de Colombia. Ya está todo acordado. Falta la firma. De todos modos, su ciclo no comenzará el martes. En el encuentro frente a Libertad de Paraguay, el técnico volverá a ser Néstor Apuzzo, el mejor interino de la historia, campeón de la Copa Argentina y de la Supercopa con Huracán.

Había otros dos candidatos, propuestos por un asesor externo del presidente: Omar De Felippe y Frank Kudelka. El primero respeta su trabajo en Vélez. El segundo no se lleva bien con Nadur desde aquella salida traumática en 2014.

La conducción del club dijo que la decisión de la salida fue “por cuestiones futbolísticas”. Quienes conocen en detalle la dinámica de la sede de la Avenida Caseros cuentan que hubo otras razones. Azconzábal, según le avisó el presidente, cobrará la totalidad de su contrato.

No fue un día tranquilo en los barrios del Sur. Azconzábal se manifestó sorprendido por la decisión. “Estoy sorprendido por cómo se desarrollaron estos hechos recientes. Vino el presidente y me mostró una carta documento que nos iba a mandar despidiéndonos. No se habló más nada. Desprolijo. En los últimos días se dijo de jerarquizar al plantel y potenciar a un equipo que quizás en el último año no había evolucionado. Incluso, pusimos nombres sobre la mesa. Llegamos en una situación complicada y cumplimos los tres objetivos:pasar en la Copa Argentina y en la Sudamericana y la permanencia en Primera”, explicó. Lucía disgustado.

Texto publicado por el fundador del Blog en Clarín.

sábado, julio 01, 2017

El Cuadro de Raulito


Por Eduardo Sacheri*
El decidió, de entrada nomás, dejarlo en libertad. Tenía la idea de que los amores no se imponen, ni siquiera se eligen. Pensaba que en todo caso eran los amores los que optan, los que se le imponen a uno. Por eso, con cierta prescindencia fatalista pensó que si tenía que ser, sería, y que si no, era inútil gastar pólvora en chimangos.

No le fue fácil, sin embargo. Sobre todo cuando en sus narices otros rivales se lanzaron a tratar de convencerlo. Le costó sobreponerse, y aceptar sonriendo a tíos y primos y cuñados y amigos y vecinos tentándolo al Raulito, ofreciéndole camisetas y pelotas y gorritos, a cambio de promesas de fidelidad a sus propios cuadros. Tampoco dijo nada cuando sorprendió a más de uno de esos buitres futboleros enseñándole al chico los canutos de la cancha, instruyéndolo subrepticiamente en las rivalidades históricas, ensalzando las hipotéticas virtudes de los unos, y vilipendiando las supuestas taras infames de los otros.

El los dejó. Un poco por esa resignación que era tan suya. Y otro poco porque a veces, en sus días tristes, sospechaba que tal vez fuese mejor así, que la cadena de afectos inexplicables se cortase con él, sin involucrar a su hijo. Que tal vez el chico terminase siendo más feliz siendo hincha de algún grande, saliendo campeón de vez en cuando, viendo la cancha llena, comprando El Gráfico con su ídolo en la tapa. Si al fin y al cabo él venía sufriendo hacía... ¿cuánto? Más de veinte años desde aquel campeonato. Y después la debacle. Hasta el descenso había tenido que sufrir, hasta el descenso. Y a la vuelta, la desilusión grande del 94. Justo en la última fecha, será de Dios, en la última fecha. Si faltaba tan poquito, un empate y listo. Pero ni siquiera.

Por eso, seguramente, aceptó con entereza que Raulito, desde los nueve, más o menos, empezase a decir que era de River, «como el tío Hugo»; aunque en el fondo más recóndito de su ser, él sintiese sinceros deseos de pasar al «tío Hugo», lenta, dulcemente, por la picadora de carne y la máquina de hacer chorizos.

Es que, a solas consigo mismo, en el resto de los días, sabía que era todo grupo. Que le hubiese encantado que Raulito saliese de los suyos. Que ahora que ya tenía trece, ahora que era todo un hombrecito, habría sido lindo ir juntos a la cancha. A la tarde, tempranito, en el tren y el 118, hablando de bueyes perdidos, mirando el partido de tercera acodados en el escalón de arriba, dejando pasar la vida.

Pero igual no cambiaba de idea. No señor. Que si tenía que ser que fuese, y si no, no. Igual, y por si acaso, cultivó su propia planta de leyendas mentirosas, como para mantener viva su persistente esperanza. Y aunque le daba un poco de vergüenza comparar al equipo del 73 con la Selección del 86, igual seguía adelante, envalentonado en su propia pirotecnia falaz, enternecido en la admiración dibujada en los ojos del Raulito.

Esa tarde, la inolvidable, la definitiva, empezó como todas, con el mate y la radio en la mesita de hierro del patio. El padre decidió prevenirlo de entrada:

–Mira, Raulito, que hoy juegan contra nosotros. El hijo lo miró con curiosidad.
–¿Y qué problema hay, pa?
El padre, feliz en la sencillez del chico, terminó sonriendo:
–Tenés razón, Raulito, ¿qué problema hay?
A los veinte minutos penal para River. El chico lo miró al padre, como dudando. El lo tranquilizó, a pesar de sí mismo:
–Gritálo tranquilo, Raulito. Eso sí: si después hay un gol nuestro, no te enojés
si yo lo grito.
–No, papá, si no me enojo –le aclaró, muy serio. Después gritó el gol, pero no mucho. Fue un grito breve, un poco tímido. El padre lo palmeó.
–No seas tonto, Raúl, gritálo todo lo que quieras.
–Así está bien, pa –fue toda su respuesta. Al rato vino el dos a cero. Ahí el chico lo miró primero, y después dio un par de aplausos, y eso fue todo.
–Che, ¿qué clase de hincha sos vos? ¿Así te enseñó tu tío Hugo a gritar los goles?
–No pa, él los grita como loco. Como vos, los grita.
–Y entonces gritá tranquilo, hijo. –Y después añadió, con un guiño:– Ojo que en el segundo tiempo capaz que grito yo, ¿eh?

Se sentía en paz, dueño de una felicidad sencilla y robusta. Casi ni se acordaba de que iban perdiendo. Empezaba a pensar que tal vez no fuese tan terrible que su hijo fuese de River. A lo mejor iban a poder ir a la cancha igual, turnándose un domingo cada uno, si el fixture ayudaba.

El segundo tiempo siguió por el trillado sendero de la tragedia. Un contraataque y tres a cero. El pibe ni siquiera hizo un gesto cuando el relator vociferó la novedad a voz en cuello.

–Che, Raulito, ¿estás dormido, vos? –El padre lo palmeó con afecto.
–No, papi. –Zarandeaba las piernas cruzadas debajo del asiento, y tenía los dedos cruzados en el regazo, como cuando pensaba en cosas complicadas. Luego aventuró:– No sé, me da un poco de lástima.

El padre se rió con ganas.

–Dejáte de jorobar, Raúl, y disfrutálo. Total, un partido más, uno menos... Aparte, cuidado, pibe –bromeó–, mirá que a lo mejor todavía se lo empatamos.
Para colmo, y como dándole la razón, al ratito vino el tres a uno. El padre lanzó un gritito contenido, tenso, como el que habrían dado los jugadores, saludándose apenas entre ellos, disputándole la pelota a un arquero con ganas de enfriar la cosa, corriendo hacia el medio campo para ganar tiempo. El hijo lo miró sin tristeza. Cuando sus ojos se cruzaron, ambos sonrieron.
–Te dije, pibe, ojo con nosotros. Mirá que somos bravos.
Por lo que decían en la radio, el partido se estaba poniendo bueno.
–Escuchá, Raulito, escuchá: los tenemos en un arco.
Pero el aviso era inútil. El chico seguía el relato concentrado, serio.

Acompañaba las jugadas trascendentes con patadas en el aire, como jugando él también su parte del asunto. El padre sonrió. Cómo son los pibes. Se posesionan de tal modo que se sienten ellos mismos protagonistas del partido. En realidad, no sólo los pibes: un par de semanas atrás él mismo había hecho trizas el termo en un esfuerzo supremo por despejar al córner un disparo bajo que iba a sobrar fatalmente al arquero.

A los treinta, más o menos, tiro de esquina sobre el área de River. El chico seguía enchufadísimo. Hasta balanceaba ligeramente el cuerpo de un lado a otro, como todo buen cabeceador, esperando el momento de correr un par de metros y madrugar al marcador y pegar el salto y conectar el frentazo. Pero había algo que al padre no le cerraba, algo en el modo en que estaba parado, algo en la expresión de sus ojos negros.

El corazón le dio un vuelco cuando comprendió: el pibe se estaba perfilando de atacante, no de zaguero. El movimiento era para zafarse de algún marcador pegajoso, los ojos tenían el fuego de vení bola vení que te mando a guardar. El brazo derecho se alzaba en el gesto que se le hace al siete de ponéla acá, justito acá por lo que más quieras.

El relato se suspendió en una nota aguda, una de esas notas que se alargan, que perduran en el aire, mientras el relator decide si tiene que gritar o decir que pasó cerca. Igual no hizo falta, porque la hinchada, detrás de ese arco, lo gritó primero, y el relator en todo caso se encaramó después a ese alarido. El padre lo gritó con ganas, entusiasmado. Tres a uno es una cosa. Pero tres a dos es otra bien distinta, y entonces...

Tuvo que interrumpirse de golpe en sus divagaciones. Porque a sus pies, al costado de la mesita, de rodillas, de cara al cielo, gritando como si lo estuviesen desollando, con los brazos extendidos y las palmas abiertas, mezclando los chillidos de su voz de nene y los ronquidos incipientes de su madurez en ciernes, estaba el pibe, el pibe ya sin vueltas, ya sin chance alguna de retorno, ya inoculado para siempre con el veneno dulce del amor perpetuo, ya ajeno para siempre a cualquier otra camiseta, más allá de cualquier dolor y de todas las glorias, dando al cielo el
primer alarido franco de su vida.

El padre se lo quedó mirando, impávido, hasta que el pibe se quedó sin voz y volvió a sentarse. Tuvo miedo de pronunciar palabra, como si cualquier cosa que dijese conllevara el riesgo de destruir ese hechizo de epopeya. El pibe, igual, no lo miraba. Estaba ciego a cualquier cosa que no fuese esa cancha, ese arco de sus desdichas, ese reloj fugaz y traicionero, ese relato interminable de centros llovidos al área y despejes agónicos. Sobre todo eso el padre pensó después, porque en ese momento, agobiado en la constatación de su pequeño milagro íntimo, apenas le quedaba tiempo de mirarlo al pibe, de comérselo con los ojos, de grabárselo para siempre en el recoveco más recóndito de su alma.

En eso estaba cuando, ya en el descuento, River jugó mal al off–side y el nueve se escapó con pelota dominada. El relato radial se trepó de nuevo a uno de esos agudos oraculares. El pibe se puso de pie, incapaz ya de tolerar la tensión de la jugada. Con el rugido de la hinchada de fondo, padre e hijo contuvieron el aliento, con el alma pendiendo de ese nueve que entraba al área a liquidar el pleito, que punteaba la pelota por encima del arquero, buscando el segundo palo. El relato se cortó de pronto, y cuando continuó ya lo hizo en un tono menor, para explicar lo inexplicable: la pelota besando el travesaño y yendo a morir al techo de la red, ya inútil, ya sin sentido, ya con el arbitro pitando el final.

El padre se volvió a mirarlo. El chico estaba rojo de la bronca, con los ojos muy abiertos de tan incrédulos, con los puños apretados de impotencia. Pensó primero en decir algo, como para tratar de mitigar ese dolor en carne viva. Pero lo disuadió la certeza de que era mejor así, porque así eran siempre las cosas, y las cosas no podían estar mal, si así eran siempre. Los labios del chico se torcieron en una ueca, y por fin se lanzó en un llanto desbocado. Ya era grande. Lo suficiente como para querer llorar a solas. Por eso se levantó de pronto y corrió hasta su pieza. El padre escuchó el portazo, y no necesitó verlo para saberlo derrumbado sobre su cama, confuso, dolido, ignorante de qué debe hacer uno con el dolor y con la rabia.

El padre lo supo llorando a mares, y se regocijó en esas lágrimas. Porque uno puede decir que es de muchos cuadros. Uno puede cambiar de idea varias veces.

Sobre todo si abundan los tíos y los primos grandes, dispuestos a comprar con pelotas y camisetas la fidelidad de un corazón novato. Pero una vez que uno llora por un cuadro, la cosa está terminada. Ya no hay vuelta. No hay caso. De la alegría se puede volver, tal vez. Pero no de las lágrimas. Porque cuando uno sufre por su Cuadro, tiene un agujero inentendible en las entrañas. Y no se lo llena nada. O mejor dicho, sólo se le llena con una cosa: con ganar el domingo que viene. De manera que asunto concluido. La suerte está echada. Nosotros acá, el resto enfrente. Algunos más amigos, otros menos. Pero de este lado nosotros, los de acá,los que no tenemos en común, tal vez, victoria alguna, pero que compartimos las lágrimas de un montón de derrotas.

Cuando su mujer salió al patio, extrañada de que su marido siguiese al sereno en el atardecer frío del otoño, lo encontró llorando a él también, pero unas lágrimas gordas, densas, de esas que abren surcos pegajosos en su camino, de esas que uno llora cuando está demasiado feliz como para sencillamente reírse.

–¿Se puede saber qué les pasa? –preguntó la mujer, confundida. El la miró, sin preocuparse siquiera de ocultar sus lágrimas–: Hace rato que el Raulito entró a su pieza y dio un portazo, y me dice que no quiere que entre, y se lo escucha llorar y llorar como loco. Y ahora salgo y te veo a vos también moqueando. ¿Me querés explicar qué cuernos pasa?

El hombre la consideró con benevolencia. ¿Qué otra cosa podía hacer? ¿Intentar explicarle? ¿Cómo? Se conformó con mirarla, mientras seguía sintiendo el fluir del tiempo en el gotero de cristal de ese momento indestructible.

–Seguro que le ganaron a River y vos lo cachaste al chico, ¿no? Seguro que te la agarraste con el nene, ¿no? –Ella lo miraba con gesto de severo reproche.– Semejante grandulón, ¿no te da vergüenza?
–No, Graciela, no le hice nada. Si River ganó tres a dos. Al chico no le dije nada, te juro –respondió con calma, desde la cima de su paz reconquistada.
–Pero entonces no entiendo nada. ¿Me decís que ganó River, y el nene está llorando como loco encerrado en la pieza?
–Sí, Graciela. Ganó River. Pero el pibe no es de River, Graciela. –Y se sintió reconciliado con la vida, eufórico, agradecido, emocionado; dueño legítimo y absoluto de las palabras que iba a pronunciar. Después se incorporó, porque cosas así se dicen de parado:
- Lo que pasa es que el Raulito es de Huracán, Graciela. ¡De Huracán!



*Eduardo Sacheri es escritor. Publicó Esperándolo a Tito y otros cuentos de fútbol, Te conozco, Mendizábal y otros cuentos y Lo raro empezó después, cuentos de fútbol y otros relatos. La película El secreto de sus ojos está basada en su novela La pregunta de sus ojos. Nació en Buenos Aires en 1967, también es profesor y licenciado en Historia, y ejerce la docencia secundaria.

lunes, junio 26, 2017

A demostrar que somos de Primera

 

Huracán 0-Belgrano 0

El punto sirvió para lo imprescindible: seguir en la A.

El desenlace de la temporada demostró otra cosa: hay que empezar de nuevo. A demostrar que el equipo es de Primera. Que no se trata de un par de victorias espasmódicas, que hay que seguir, que hay que meter en cada partido como lo que es: una final creciente, un día decisivo.

Lo peor ya pasó.

Llegó la hora de devolverle al contorno tanto respaldo.

Ya.

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Actualidad:
El triunfo de Alejandro Nadur en las elecciones, en Olé.

jueves, junio 22, 2017

Deportivo Angustia



Lanús 2-Huracán 0

Sin necesidad, otra vez a padecer hasta el último de los suspiros.

Se trata de un rasgo de este tiempo: Huracán es una lucha.

A seguir luchando en Deportivo Angustia.

viernes, junio 16, 2017

Tres puntos, un desahogo

Huracán 1-Unión 0
Comienza a garuar bajo el cielo de Parque de los Patricios. Al partido le queda casi nada en términos de tiempo y mucho en cuanto a tantas ansiedades contenidas en la Bonavena, la Alcorta y la Miravé. Huracán va ganando uno a cero. Llega el último de los centros y Marcos Díaz -arquero decisivo de los días más felices y recientes del Globo de Newbery- se queda con la pelota. El grito nace de nuevo, unánime. Es un desahogo. Es una certeza: con poco, Huracán sella su victoria ante Unión y, por un rato, se desenreda de las incomodidades que el fantasma de su quinto descenso le ofrecían en la antesala de este encuentro clave. Ahora, por ejemplo, ya hay dos puestos menos por completar: descendieron Sarmiento y Atlético de Rafaela.

Antes de esa escena final, de ese ratito feliz para tantos quemeros disfónicos en la noche del viernes, hubo un partido feo, con escasas llegadas, con imprecisiones, con roces repetidos, con un árbitro (Juan Pablo Pompei) dirigiendo desde lejos. Ycon dos equipos cuyas necesidades no se parecían en casi nada: para Huracán, como decían en el palco, era “la final del mundo o algo así”; para Unión era un partido más sin consecuencias graves en su futuro inmediato. Y en función de eso, pareció, jugaron. El equipo de Juan Manuel Azconzábal lo vivió de tal modo:desde el contorno y desde adentro. En cada pelota, sensación de encuentro decisivo. Para bien, por la intensidad. Para mal, también, por cierto nerviosismo que le impidió liquidar el encuentro antes.

Unión no fue muy distinto de lo flojo que venía mostrando en este 2017 (dos victorias en 14 partidos). Huracán tampoco deshizo esa sensación de equipo vulnerable que lo puso otra vez en la cornisa de la permanencia. La diferencia, como en muchos de estos partidos parejos, estuvo en los detalles. En ese Kaku Romero Gamarra capaz de transformar un rebote en un golazo y en ese Marcos Díaz capaz de evitar empates rivales o derrotas con un par de manotazos de superhéroe. Ellos, los dos jugadores más influyentes de Huracán en la temporada, fueron las figuras. Los dos protagonistas destacados. Destellos en un partido sin brillos.

De todos modos, la lucha para Huracán continúa. La victoria fue un respiro. Pero quedan dos fechas -s+i, dos finales- y la necesidad de seguir rescatando puntos. También de mirar resultados ajenos. Esa molestia de la que todavía no se deshizo.

Se verá...

Texto publicado por el fundador del Blog en Clarín.

lunes, junio 05, 2017

"El penal fue determinante"



Las quejas de Juan Manuel Azconzábal, tras la polémica derrota ante Olimpo, en Bahía Blanca. Con razón.

Más:
"Que no nos caguen más", la bronca de Marcos Díaz. En Olé.
¿Hay mano negra? En Olé.

domingo, junio 04, 2017

Resumen de un dolor



Olimpo 3-Huracán 1

Pase y vea: así lo volvieron a perjudicar a Huracán. Y eso duele. Incluso más allá del juego escaso.

Pase y vea: nos volvimos a empantanar y a complicar con los promedios.

Hay tiempo. Poco.

jueves, junio 01, 2017

La voz del milagro



Alejandro Romero Gamarra, nuestro Kaku de La Quema, otra vez decisivo. Cada día mejor.

miércoles, mayo 31, 2017

Breve crónica de un milagro


De repente, un milagro sucede. Un chico que iba en bicicleta a La Quemita le pega de zurda al último de los remates que la noche del Palacio Ducó concede. Alejandro Romero Gamarra, ese pibe que sonríe siempre, es el dueño de la última de las jugadas. Patea y es gol. La consecuencia no es otra cosa que una victoria imposible. Huracán, después de perder por tres goles en territorio venezolano, le gana 4-0 a Deportivo Anzoátegui. Y accede a la siguiente ronda de la Copa Sudamericana.

Lo que la historia contaba como un detalle imposible, bajo el cielo del Ducó, se transforma en una realidad que ahora abrazan los números. Huracán lo hizo. En la platea Alcorta, algunos osados señalan: "Estas remontadas son cosa de la Champions League". Quizá tengan razón.

Es cierto que hubo un partido antes, aquel 0-3 que mucho se parecía a una definición. Pero el incómodo viaje del Anzoátogui y el convencimiento de un equipo pensado para jugar finales condicionó la serie. Huracán creyó. Anzoátegui dudó.Y el cuatro a cero, no es otra cosa que la celebración de un equipo que se anima a todo.

Corresponde decirlo: el principal vencedor de esta serie es Juan Manuel Azconzábal, el técnico de Huracán. Armó un equipo para atacar por todos los rincones. Un detalle que parece absurdo y terminó siendo decisivo: Lucas Chacana arrancó de lateral derecho. Y desde ese lugar hizo daño, le provocó al rival la sensación de que no era fácil jugar en ese territorio. Un extremo de lateral. Un mensaje.

Hubo tres goles antes de ese tiro de Kaku. En el primero, Diego Mendoza la empujó después de que un rival merecía la roja; en el segundo, Norberto Briasco apareció como en sus mejores días; en el tercero, Cuomo -pibe de La Quemita; debutante como titular- la clavó en un ángulo.

En el recorrido de todos esos goles sucedió un partido en el que Huracán se mostró como lo que era: un equipo con voluntad de protagonizar en el continente y de llegar al Mundial de Clubes de la FIFA. Aquella final perdida en Bogotá no resulta otra cosa que un impulso.

Del 3-0 al gol que definió la serie sucedió algo relevante: Huracán sintió que podía; Anzoátegui se convenció de que el rival era mejor. En ese espejo se miraron los dos. Y los penales parecían el curioso desenlace de una serie muy rara. Pero no. Apareció Kaku. Y Huracán sigue.

"No era imposible", repitió Azconzábal, en la conferencia de prensa. Ahora, la Sudamericana sigue siendo parte de los objetivos de Huracán. Como la permanencia (con esa final del domingo ante Olimpo) y como la Copa Argentina. El Vasco, técnico bravo, lo sabe.

Texto publicado por el fundador del Blog en Clarín.

Tremendo milagro, Huracán



Un milagro. Todo nuestro.

lunes, mayo 29, 2017

"Lo de Anzoátegui no es imposible"



Juan Manuel Azconzábal, en el después del empate contra Boca. También, con la cabeza puesta en la revancha de la Copa Sudamericana ante Deportivo Anzoátegui, en el Palacio Ducó. Hay que remontar el 3-0 de la ida en Venezuela. El entrenador dice que no es imposible...

domingo, mayo 28, 2017

Detalles de una noche feliz



Huracán-Boca, clima de clásico, de partido grande. En la mirada del programa Paso a Paso.

sábado, mayo 27, 2017

Esa canción desesperada



Por Eladio Mases
El canto contra Boca, ese rival -viejo Superclásico de la Asociación- que tantos dolores nos causó. Desde aquella histórica cuádruple final del 23 hasta tantas rachas negativas, pasando por aquel partido decisivo del 76, que costó otro título, y por tantos golpes incluso en tiempos recientes. Por eso, desde esa sensación se entiende esta canción desesperada. "Me parece que Boca no sale / Porque el Globo / Porque el Globo lo cagó". Pase lo que pase con el torneo, esa fue la impresión en ese instante en el que los vencidos castigamos a nuestro verdugo.

Antes del grito



Huracán 1-Boca 1

Esa escena final -ese gol que le pone más suspenso a la resolución del campeonato- terminó siendo el retrato de las consecuencias. Visto con los ojos de Huracán: un gol valioso para consolidar su continuidad en Primera. Visto con los ojos de Boca:una preocupación por el resultado que le permite a River quedar a tiro y una preocupación incluso mayor a consecuencia de su juego escaso.

Más allá del 1-1, el desarrollo dejó una sensación clara: Huracán -necesitado en la lucha por la permanencia- no fue menos que Boca -puntero de punta a punta- en casi ningún tramo. Yeso no habla maravillas del equipo de Juan Manuel Azconzábal, pone bajo la lupa las dificultades que está teniendo Boca. Se repite una verdad que también cuentan los números: Carlos Tevez, que jugó su último partido en diciembre, es una ausencia que se siente. Hay otra verdad en idéntico sentido:cuando no está Ricardo Centurión en el equipo, a Boca le falta capacidad para desequilibrar.

A Huracán le alcanzó con astucia y con orden para controlar a un Boca que en todo momento pareció a la expectativa de algún error local. Mariano González cerca de Fernando Gago; los laterales contra los extremos; la búsqueda del mano a mano por las bandas. Nada demasiado novedoso. Lógica pura al servicio de mantener a Boca lejos de Marcos Díaz. Le faltó, eso sí, la otra falta del libreto: la de atacar con profundidad y, sobre todo, la de definir. El dato es elocuente: desde la partida de Wanchope Abila, en junio del año pasado, ningún jugado futbolista de Huracán convirtió más de dos goles en partidos del torneo.

Así, entre ese Boca con dificultades creativas y ese Huracán sin profundidad suficiente se armó un partido feo, con fricciones, más cerca de la mitad de la cancha que de las área, despojado de figuras. Pero siempre con una sensación latente: en cualquier momento, con una maniobra individual Boca lo emboca y se termina la historia.

Cuando al partido le quedaba un cuarto de hora, Darío Benedetto aprovechó un rechazo defectuoso de Fernando Cosciuc -en su único error en el día del estreno en Primera- y construyó él solito un golazo que mucho se parecía al parte de defunción para Huracán. Se notaba en cada uno de los costados:parecían todos convencidos de que se repetía la historia de los partidos ante Newell’s y San Lorenzo. Esa de merecer otra cosa y quedarse sin nada. Pero no. Esta vez no. Llegó esa última jugada, ese destello final, ese penal. Ese empate que el tiempo dirá si modifica o no el desenlace del torneo...

Parte del comentario publicado por el fundador del Blog, en Clarín.

Ese deseahogo final


Ya no quedaba tiempo para casi nada. Apenas para ese impulso final, para ese suspiro. Entonces, llegó la pelota al área de Boca, las dudas de la defensa, la torpeza del arquero Agustín Rossi y la viveza de Daniel Montenegro para transformar una infracción leve en un penalazo que reclamó todo el Palacio Ducó. Boca -con muy poco- le ganaba a Huracán 1-0 y se llevaba de Parque de los Patricios tres puntos relevantes en nombre de su deseo de ser campeón. El árbitro Darío Herrera sancionó la pena máxima. Entonces, mientras todo Boca protestaba y mientras el contorno esperaba con toda la ansiedad de tanto tiempo de padecimientos frente a los xeneizes, Alejandro Romero Gamarra -22 años, formado en La Quemita, más de 100 partidos en el club, dos títulos- agarró la pelota y se hizo cargo de la circunstancias. Era su remate y el final. Era el grito del desahogo o la victoria ajena. La pelota pesaba como toda una historia:Huracán no le convertía un gol a Boca en el Ducó desde 1998. Sí, casi dos décadas. Entonces, Kaku se paró frente a Rossi, pateó de zurda al palo derecho del arquero que fue hacia el otro lado. Uno a uno.



Inicio del comentario publicado por el fundador del Blog, en Clarín.

sábado, mayo 20, 2017

Arriba las manos...



Juan Manuel Azconzàbal y explicaciones sobre lo que le viene sucediendo a Huracán. La sensación de despojo. Otra vez...

Ya es demasiado...



Independiente 2-Huracán 1

Otro golpe. Otro dolor. Otra celebración ajena de la injusticia...

Ya es demasiado.


martes, mayo 16, 2017

El Mortero del Globito, pura música



El tango El Mortero del Globito, un homenaje al inmenso Herminio Masantonio. Pura música. De ayer. Y de todos los tiempos.

En cuanto en la cancha
Sus once “globitos”,
Valientes y audaces
Desplaza Huracán.
Se ve en la barquilla
De los delanteros,
Un recio “mortero”
Que apunta tenaz.

Temblando, el arquero
Contrario, se encoge,
Los nervios de tigre
De lince al mirar,
Y grita la barra
De Parque Patricios,
Tirá Masantonio,
Herminio, tirá.

Y si tira Masantonio,
No hay que hacerle
Ya está el... ¡Gol...!


Letra: Francisco García Jiménez
Música: Miguel Padula

Grabado por la Orquesta Típica Víctor con la voz de Alberto Gómez.

domingo, mayo 14, 2017

Nosotros, siempre acá



El Palacio Ducó, en la antesala del Clásico de Barrio más grande del mundo. Una fiesta del contorno, muy nuestra, más allá del desenlace.





sábado, mayo 13, 2017

Tiempo de corregir



Juan Manuel Azconzábal, en el después de su primer clásico. Mereció otro final. Se equivocó en los cambios. Es tiempo de corregir.

El cambio que nos condenó


Huracán 0-San Lorenzo 1

Juan Manuel Azconzábal es un excelente entrenador. Lo demostró en cada uno de sus recorridos anteriores a este paso por Huracán. En Tucumán, su antecedente más cercano, construyó en Atlético un milagro del tamaño de esa provincia del norte argentino. Sin embargo, bajo el cielo de Parque de los Patricios, sus errores están costando puntos con regularidad. Sucedió cuando postergaba a Alejandro Romero Gamarra en nombre de darle una presunta verticalidad que no conseguía, jugando con extremos más amigables con esa función.

Y volvió a acontecer ahora, en el partido más esperado, en el Clásico de Barrio más grande del mundo:a los 10 minutos del segundo tiempo, decidió la salida de Daniel Montenegro, el jugador más lúcido de Huracán, el más desequilibrante. Por él ingresó Diego Mendoza, delantero de área, autor de tres tantos en los últimos dos partidos. No resulta discutible el ingreso. Parece inaceptable la salida. No es un antojo: lo decía cada uno de los que caminaban con la bronca en el alma por la Avenida Colonia; lo señalaban todos los quemeros en las redes sociales; lo charlaban en el sector de prensa y hasta en esta redacción. Esa variante modificó el partido.

“El cambio de Daniel (Montenegro) fue para posicionar a Mendoza en el centro y dejar a Briasco por afuera”, fue la módica explicación de Azconzábal. También se refirió a minutos acumulados; sugirió un cansancio que no parecía tal. Rolfi había sido el mejor en la reciente semana feliz de Huracán y lucía impecable incluso a esa altura del clásico. Tenía más para ofrecer.

Los aplausos unánimes de ese Palacio Ducó con ambiente de final que acompañaron la salida de Montenegro resultaron también un mensaje:los mejores tienen que jugar. Las pretensiones tácticas no pueden estar por encima de los rendimientos individuales que le dan vida y vuelo al equipo. Azconzábal, entrenador inteligente, pareció entenderlo en esa conferencia de prensa en la que lucía como todo Huracán: desencantado.

Texto publicado por el fundador del Blog en Clarín.

jueves, mayo 11, 2017

René, el campeón del mundo



René Houseman, en acción, en el Mundial de Argentina 1978. Uno de los tres jugadores de Huracán (junto a Héctor Baley y Osvaldo Ardiles) que convocó César Menotti para la conquista de la primera Copa del Mundo para nuestro fútbol.

lunes, mayo 08, 2017

Mucha calma y el clásico en el horizonte



Juan Azconzábal, tras la victoria en Mar del Plata. Ahora, lo que viene: el Clásico de Barrio más grande del mundo.

domingo, mayo 07, 2017

Tres goles, tres puntos, un respiro


Aldosivi 0 - Huracán 3

Mariano González es un espejo. Jugó -y fue campeón múltiple- en equipos que regularmente participan de la Champions League (como Porto o Inter). Conoció a Bielsa en aquellos días felices de Atenas 2004, cuando el fútbol argentino era de oro. Ese tipo, ahora, juega como si cada pelota perdida doliera en el alma. Es el mismo futbolista que, en el Minella, marcó un antes y un después en el partido. Al primer tiempo no le quedaba nada. Apenas su descuento escaso. Entonces, los dos futbolistas más lúcidos aparecieron. Asistencia de Montenegro, el Rolfi de La Quema, y definición de González, ese polifuncional que cada día está más involucrado con la vida quemera.

Antes de ese gol inaugural hubo un partido en el que se repartieron roles, llegadas y dificultades. El primer tiempo que ofrecieron fue flojo. Pero cabe decirlo, de todos modos: el después fue una celebración de la superioridad de un equipo convencido ante un rival condenado a su dinámica de autodestrucción. Huracán ganó por amplio margen. En el resultado y en lo que se pudo observar.

Tres a cero. No hay lugar para objeciones en la diferencia. Huracán fue más. Desde su arquero impecable e implacable -Marcos Díaz, superhéroe de la historia de 108 años- hasta esos definidores que -ahora- comienzan a aparecer. Detalle sintomático: Angulo ingresó y con su velocidad ofreció diferencias respecto de la defensa rival -ya desarmada, ya rota- y garantizó la victoria imprescindible.

Los datos son devastadores para Aldosivi: suma 6 derrotas al hilo, apenas marcó un tanto en ese recorrido, el promedio cada día se parece más a un fantasma capaz de enterrarlo y su técnico, Darío Franco, está en la cuerda floja.

Era una final. Como contó el capitán Martín Nervo tras la clasificación -con angustia- en la Copa Argentina frente a Defensores Unidos de Zárate. Y Huracán la jugó de tal modo. No se guardó nada. Con su errores, con sus dificultades. Es cierto. Pero sobre todo con la certeza de que, más allá de todo, había que ofrece hasta el último resquicio del alma. Todo eso.

Con el ingreso de Angulo, llegó el segundo grito: asistencia a Mendoza y definición del crack de esta semana de vaivenes. Con el cierre del encuentro, llegó la conversión de la mejor apuesta del entrenador: Briasco, delantero intenso, promesa de las mejores que puede ofrecer La Quemita. Ante esa suerte de novedoso vendaval, Aldosivi no brindó nada. Y Huracán llega entonado a la Fecha de los Clásicos, dispuesto a ahuyentar los fantasmas del pasado.

viernes, mayo 05, 2017

Una década en la Feria del Libro




Huracán estará otra vez en la Feria del Libro del Buenos Aires. Se trata de una consolidación del vínculo entre el club de Parque de los Patricios y la cultura. También de una demostración de su identidad, del apego a sus orígenes, al barrio, a su zona de influencia, ese territorio de nacimiento del tango.

Será la décima vez consecutiva que participará de este evento. Desde aquella cita inaugural de 2008 a esta ocasión pasaron presentaciones de libros, expositores diversos, historias contadas por sus propios protagonistas, muestras de materiales didácticos para los huracanenses futuros. Hubo bailarines, cantantes, escritores, periodistas, deportistas, dirigentes, amigos. Sobre todo, quemeros. Como Horacio Ferrer, René Houseman, Néstor Vicente, Antonio Mohamed, Horacio Pagani, Paolo Goltz, el Padre Pepe, Marcos Díaz, entre tantos otros.

Incluso un libro -"Huracán en el Bicentenario de la Patria", declarado de interés cultural por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires; impulsado y desarrollado por Susana Aradas- se presentó en el 2010 en la Feria de nuestra ciudad y luego fue parte de la de Frankfurt, una de las mas relevantes del mundo.

El stand de Huracán, en el que se ofrecerán libros y merchandising del club a precio promocional, se encuentra ubicado en el Pabellón Ocre y tiene el número 3142. Será el más grande ofrecido por la institución en esta década de presencia ininterrumpida.

El evento central en tanto, tendrá lugar el lunes 8 a las 20 horas en la sala Jorge Luis Borges. Allí se presentarán los libros: "Huracán, 108 años de cultura y deporte - 10 años en la Feria del Libro", de Néstor Vicente, presidente de la Subcomisión de Cultura y Acción Social del club; y una obra para chicos "Pintó el Globo", de Natalia Suárez y Daniel Pereyra, donde se repasa la historia de Huracán desde una mirada lúdica y artística.

En tanto, dos días después, a partir de las 19.30, Patricio Toranzo -uno de los grandes referentes deportivos de esta década de Huracán- estará firmando ejemplares de su libro “El que volvió para ser campeón y lleva a el globo en la piel”, cuyo autor es el periodista y escritor Alejandro Gorenstein.

jueves, mayo 04, 2017

El Diego de Santa Formosa



Diego Mendoza fue la cara más feliz de Huracán en el debut en la actual edición de la Copa Argentina, en el triunfo por penales ante Defensores Unidos de Zárate. Hizo los dos goles del equipo, convirtió su penal y ofreció su lucha. Suficiente para ser el mejor en ese territorio cada vez más Quemero: Santa Formosa.

miércoles, mayo 03, 2017

Sufrir, rezar, pasar



Copa Argentina: Huracán 2 (3) - Defensores Unidos 2 (1)

Estuvimos al borde del papelón, de quedar afuera contra un equipo de la C. Se jugó mal y se defendió peor. Apenas hubo destellos para destacar (la lucidez de Rolfi Montenegro; la tenacidad y los goles de Mendoza). Y el fantasma de San Marcos para cuidar el arco en los penales (cuarto triunfo en cinco definiciones por Copa Argentina para el superhéroe de la edición 2014).

Sólo queda la buena noticia: seguimos vivos en la Copa. Y eso -sabemos- no es poco. A pesar de todo...

Más detalles de la Copa:
En el sitio oficial.

sábado, abril 29, 2017

Cerrado por bronca, tristeza y desencanto...



Huracán 0 - Newell's 1

El blog está cerrado. Por ahora. Por todo lo que cuenta el título.

Y por algo más: dolor.

martes, abril 25, 2017

Nuestros Superclásicos


Los datos del libro Historia del Profesionalismo, de Pablo Ramírez. A mediados de los años cuarenta, San Lorenzo y Huracán sumados acumulaban más socios que los otros rivales de los clásicos más importantes, Boca-River e Independiente-Racing. Un síntoma de otro tiempo.

domingo, abril 23, 2017

Más allá del punto



Estudiantes 1 - Huracán 1

Ante un rival que pelea por el título (al menos en apariencia), frente a un arbitraje bochornoso (en el gol de Estudiantes había seis jugadores en posición adelantada), a pesar de la desventaja, se rescató un punto que suma. Y se lo logró por méritos propios, por capacidad de lucha.

No es demasiado. Pero sirve para seguir construyendo. Se sabe: tenemos un arquero enorme, el mejor del fútbol argentino. Un tal Marcos Díaz. Se reconoce: no es simple convertirle un gol a Huracán. Sin embargo, es cierto: desde que no está Wanchope Abila, el gol es una cuestión esporádica.

Ahora, tras este empate y esta racha aceptable (una derrota en ocho partidos), el objetivo prioritario de evitar el descenso no es una lejanía. Hay que seguir en este recorrido de equipo bravo. Más allá del punto...

martes, abril 18, 2017

Banderas, el admirador de Viberti



Antonio Banderas y su recuerdo de nuestro Sebastián Viberti. El actor cuenta un asombro: una lesión lo acercó al cine y a los escenarios y dejó en el camino al futbolista que El Cabezón entrenaba.

viernes, abril 14, 2017

Un cachetazo evitable



Huracán 1-Arsenal 2

Arsenal, que parecía roto, desarmado, deshecho, sumó tres puntos de apariencia imposible bajo el cielo del Palacio Ducó. Le ganó a Huracán con astucia, con el azar que lo abrazó y con un gol tardío nacido de las dificultades de su rival. Al cabo, el 2-1 de Arsenal cuenta una situación nueva en la lucha por la permanencia: nadie está a salvo. Lo dicen los datos: Huracán llevaba seis partidos sin derrotas y hacerle goles se parecía a una quimera (sobre todo en Parque de los Patricios); Arsenal perdía a cada paso; llevaba cinco derrotas en serie. Y triunfó.

El desenlace que mostró feliz a Humberto Grondona no es más que la certeza de que el entrenador de Huracán se está equivocando con cierta regularidad. Juan Manuel Azconzábal sienta en el banco a aquellos futbolistas que construyeron los mejores días del Huracán reciente. Pero no se trata de una cuestión de nombre y de pertenencia. El juego lo exhibe, lo desnuda. Huracán cayó en desventaja (por ese golazo de tiro libre del encantador Brunetta) sin ninguno de sus mejores intérpretes técnicos en el campo de juego.

Romero Gamarra ingresó en el entretiempo por un Bogado ajeno a aquellos aplausos de jornadas no tan lejanas. El Kaku -como le dicen a ese morochito que se anima a todo- condujo a Huracán al empate. El gol llegó por un centro de Mariano González -siempre lúcido- y por un cabezazo del constante Briasco. Pero en el juego, Huracán mejoró cuando Azconzábal se deshizo de su idea de ese falso 4-3-3 en el que nadie participa de la creación.

Huracán fue mucho mejor cuando apostó a lo que su entrenador no quiere. El 1-1 parecía la consecuencia lógica entre un equipo incapaz de construir victorias (Arsenal llegó al Ducó con apenas ocho puntos) y otro preso de una búsqueda que no siente. La situación invita a una pregunta clave: ¿Es admisible que estén sentados en el banco tres protagonistas influyentes de los mejores días cercanos de Huracán, aquellos de la Estrella Trece y de la final de la Sudamericana?

La victoria de Arsenal llegó de modo tardío, tras una pésima cobertura de Fritzler, un centro y una definición de Sánchez Sotelo. Pero esa fue la consecuencia. Huracán comenzó a perder este partido clave en el momento en el que decidió dejar afuera a los que juegan mejor.

Texto publicado en Clarin por el fundador del Blog.


martes, abril 11, 2017

Stábile, en los ojos de la FIFA



Guillermo Stábile, el primer goleador de la historia de las Copas del Mundo, en el recuerdo de la FIFA. Imágenes del más universal de los Quemeros.

sábado, abril 08, 2017

Un golazo, un punto y nada más



Atlético de Rafaela 1 - Huracán 1

No quedaba nada más que todo lo mal que el equipo había jugado y un puñado de segundos. Entonces, llegó el centro de Villalba, el rechazo de los centrales y ese golazo de Romat. Y ese grito compartido y ese desahogo de todos. También ese punto que permite llevar a seis la cuenta de partidos sin perder.

Y nada más. O sí: muchísimo para corregir.

martes, abril 04, 2017

Permiso, por favor


La Miravé, el día del estreno, en 1947, justo antes del 4-3 en el Viejo Clásico ante Boca. No hay lugar para nadie. Récord de espectadores para esa tribuna. Cuentan que al salir ni pidiendo permiso se podía mover un pie.

domingo, abril 02, 2017

sábado, abril 01, 2017

Rolfi, 20 años



Se cumplen dos décadas del debut de Daniel Montenegro, nuestro Rolfi, en Primera. Fue en Huracán, como ahora. Aplausos. Todos los aplausos...

martes, marzo 28, 2017

Feliz Día, Quemeros...


Hoy, Día Mundial del Hincha de Huracán, feliz cumpleaños para todos los Quemeros. Los de acá. Y los de allá...

"Espíritu de equipo"



Lo dice el entrenador Azconzábal, se percibe. Hay "espíritu de equipo". No es poco.

lunes, marzo 27, 2017

Un grito, un punto de apoyo



Vélez 1-Huracán 1

Fue eso: un grito, un punto que suma. Se jugó poco, se metió mucho. Hubo intensidad, faltó creatividad. Se luchó con bravura, que no es poco. Así, el equipo se mantiene a salvo.

Siete de nueve en 2017; la sensación de que hay una idea y cierto orden; también la percepción de que hay un convencimiento colectivo. De todos modos es cierto: falta un centrodelantero, falta gente que haga goles. Y ese detalle es una ventaja que lastima. Se trata, sobre todo, de un error inadmisible en los días de mercado abierto...

martes, marzo 21, 2017

Montaño y ese marco imponente


Año 1954, Huracán golea Racing, ya cerca del final de la Primera Rueda. Aquel 25 de julio el Globo de Newbery se impuso 4-1 con una particularidad: los cuatro tantos los convirtió Elio Montaño. Otro detalle que exhibe la imagen: el estadio luce repleto, al margen de la floja campaña. Y no es casualidad: a pesar de finalizar decimoquinto, esa temporada Huracán vendió un promedio de 16.423 entradas por partido, el más alto de su historia. Sirven los datos comparativos: el promedio de Boca en el Profesionalismo es 18.152; el de River, 16.813; y el de San Lorenzo, 12.194.

domingo, marzo 19, 2017

sábado, marzo 18, 2017

Dos por tres, seis



Huracán 2 - Defensa 0

Huracán terminó gritando, en su Parque de los Patricios. De felicidad y de desahogo. Es lógico:este 2-0 frente a Defensa y Justicia es ni más ni menos que su tercera victoria consecutiva en el torneo. Y es, sobre todo, otra cosa:la posibilidad de engrosar su promedio en la lucha prioritaria por permanecer en Primera. No le sobró nada. Pero dejó una impresión valiosa:hay un equipo dispuesto a la lucha. A no regalar nunca nada.

Es un caso raro el de Huracán. En el segundo semestre del año pasado padeció la falta de contundencia (adjudicada, con razón, a la partido de Wanchope Abila, su goleador y talismán) y el desamparo del azar en varios partidos. En este regreso del fútbol, más allá del inesperado golpe recibido en Venezuela (aquel 0-3 frente a Anzoátegui, por la Sudamericana), Huracán consiguió una suerte de milagro:que aquellas carencias se transformaran en virtudes. Lo había mostrado en San Juan, la semana pasada:en el 1-0 a San Martín se puso en ventaja en su primera llegada, al principio del partido. Lo exhibió de nuevo ayer, ante Defensa: mientras el Halcón comenzaba a tomar vuelo bajo el cielo del Palacio Ducó y se adueñaba de la pelota, Huracán convirtió goles en sus dos primeras llegadas a fondo. Eficacia pura. Ventaja enorme.

Ambos goles tuvieron un parentesco: los construyó por donde sabía que podía obtener ventaja. La derecha del ataque, la izquierda de la defensa del equipo de Florencio Varela. Beccacece asume riesgos:puso una defensa de tres contra los tres delanteros de Huracán. Cualquier volante o lateral del local que se sumaba por afuera complicaba. Y eso aconteció:a los 13, penetró Nicolás Romat, aprovechó que Gabriel Arias estaba mal parado y coló la pelota por el primer palo. Seis minutos después, a la salida de un lateral, Mariano González hizo un gol propio de sus mejores días (quizá aquellos del Porto o del Inter de Milan): dos gambetas en espacios reducidos y un zurdazo al ángulo. Para aplaudir por todo el tiempo que le quedaba al partido. Otra detalle para aplaudir mucho: los enganches frecuentes y las gambetas en velocidad de Julio Angulo

El primer gesto de Azconzábal tras el segundo gol fue elocuente y sencillo:“Pensemos, pensemos”. Y eso comenzó a hacer Huracán: comenzó a administrar la diferencia, a jugar con calma. No sufrió en demasía, a pesar de retroceder en el campo de juego. Además, ante las pocas llegadas profundas de Defensa, apareció Marcos Díaz, esa habitual garantía. En las dos más claras del rival resolvió -puro reflejos- ante Bouzat y Castellani. Ya en el segundo tiempo, repitió ante Stefanelli y con un tiro libre de Rafael Delgado.

Tuvo oficio Huracán para sostener la segunda mitad del partido. Hizo lento el trámite en nombre de su beneficio, le quitó ritmo a Defensa, le recortó espacios en la gestación de juego. En suma, fue astuto para hacer valer aquella ventaja del comienzo. Defensa, es cierto, mereció descontar. Pero mucho más por voluntad y constancia que por claridad. Pero al cabo este Huracán bravo y dispuesto a la lucha volvió a dejar su arco en cero. Ese número desde el que comienaza a construir victorias. Y a mejorar su promedio.

Texto publicado con Guillermo Tagliaferri, en Clarín.

martes, marzo 14, 2017

Juega La Aplanadora: no hay más localidades


Un viejo duelo contra Racing, en 1939. Dos de los gigantes del Amateurismo, en días de Profesionalismo. Un estadio repleto, el de Avellaneda, con clima de clásico. Los dos iban por su primer título en la nueva era. En aquel año, Huracán -con La Aplanadora de Masantonio- venció a todos los otros grandes y finalizó subcampeón. Era un lujo verlo, cuentan.

El Globo de Newbery finalizó esa temporada como subcampeón junto a River, detrás de Independiente. Además, recibió las medallas en su condición de vencedor de la Primera Rueda (ya en 1941, Huracán se impuso 2-1 a Independiente en el desempate para determinar al ganador de esa instancia). Una campaña notable para un marco de lujo y expectativas multiplicadas.