miércoles, agosto 16, 2017

La barra de Ringo Bonavena


Por Daniel Roncoli
Habría que adjudicarles a los ravioles de Doña Dominga un valor alimenticio extraordinario más allá de su esencia. Sería bueno que nutricionistas y médicos deportólogos los analizaran de modo pertinente, bucearan en la arqueología de aquellas recetas porque, evidentemente, más allá de la poética y la liturgia, eran un maná para la constitución de músculos nobles y organismos privilegiados.
Su hijo Oscar, el mítico Ringo, fue un boxeador hercúleo y corajudo, que amaba el fútbol con un sentimiento prístino. Su adoración por Huracán es una prueba notable de esa identificación macerada por humores de identificación barrial, historia personal y admiración por los cracks que desgranaban su arte en los alrededores de Parque de los Patricios.

Participó del bacanal emocional como simpatizante emblema y difusor de los arrebatos artísticos de los futbolistas de la Quema, como ocasional mecenas adquiriendo en un alarde de Pedro de Mendoza de las transferencias el pase de Daniel Willington para suministrárselo gratuitamente a su club o como representante de oficio de Héctor Rodolfo Veira a quien trató de ubicar en distintas instituciones cuando su estrella se apagaba y el carisma de Ringo se encendía.

Pero también fue un aficionado travieso y algo más anónimo de espaldas a El Globo ya que no era el único beneficiado por la ingesta de las mágicas pastas maternas. Uno de sus hermanos gambeteó la sombra de su personalidad incandescente y se destacó como futbolista.

Vicente Bonavena supo ser un centrodelantero muy requerido. Vistió los colores de Temperley, El Porvenir y Cristal Caldas de Colombia en la vidriera más resonante de su palmarés.
Lejos de ser una expresión delicada y hábil, adaptando virtudes que evidenciaba Ringo en los cuadriláteros, lo buscaban porque se constituyó en un goleador potente. Optimista. De buen cabezazo --un arma de nocaut---. Guapo. Y entrador.

En el ascenso, Vicente, sobre el filo del retiro, defendió los honores de Deportivo Riestra. La ceremonia de despedida pasó desapercibida para las multitudes pero es mucho más que el mero apunte estadístico. Decenas de simpatizantes pueden dar fe de la notoriedad de este capítulo de su trayectoria goleadora. En aquella etapa, era frecuente ver a su hermano Oscar Natalio, con su nariz curtida de mamporros, aferrado a los alambrados de estadios pobres.

Excéntrico y con su personalidad a raudales, plétora. Ringo llamaba la atención por encima de las propias acciones del juego. No sólo porque su fama o su figura imponente distraía a los cholulos. No se pasaban la tarde admirándolo solamente por haber convertido en castillo de naipes las piernas de Ali o cantar en el teatro de revistas motivos primaverales. Era un atractivo su manera de vestir y la nube que lo envolvía. Lo que emanaba de su presencia y lo que hacía con ese halo. No buscaba pasar inadvertido. Solía llegar a esas canchas polvorientas con largos sacones de cuero, pantalones oxford de diversos colores y texturas, fumando habanos que encendía en un mecherito hecho con billetes de cien dólares. Y lo hacía a bordo de autos costosos y llamativos.

Esa condición de atracción le fascinaba. Pero por encima de cualquier exaltación ególatra se divertía como un loco como agitador de la hinchada de los albinegros de Pompeya.

Lo motivaba más su subrepticio rol de capo de la barra que dilucidar minuto a minuto la trama de los partidos.

En un momento de esa etapa, cuando el entrenador era Osvaldo Panzutto y por su decisión Vicente iba al banco, el boxeador se dejaba rodear de los pibes que simpatizaban con Riestra, que lo buscaban sedientos de su autógrafo y ávidos de sus ideas transgresoras. Entonces Ringo les daba para el chori, la coca y el viaje en colectivo a cambio de que organizaran un estridente aguante para su hermano. Obedientes, los hincas más jóvenes taladraban los oídos del técnico solicitando el ingreso del robusto atacante. A dos metros, en un campo de juego precario y sin edificaciones en su perímetro, en medio del silencio más absoluto, esa jauría de gargantas chillonas e incesantes puede constituir una tortura china.

Lo cierto es que bastaba que el entrenador cambiara de parecer, ordenara el cambio y Vicente traspusiera la línea de cal para que la vocecita inconfundible del peso pesado que tuviera al Luna Park en su puño la noche de duelo con Goyo Peralta, se oyera nuevamente en el eco de la tarde.

--¡Ey, muchachos!

Cuando los subvencionados simpatizantes acudían a su llamado, sin otra covicción que sentirse amigos del gigante y con los bolsillos un poco más robustos, Ringo volvía a darles un regalito para que repitieran de modo inverso el acoso. Trepados al alambre acometían un nuevo suplicio para el técnico del Deportivo Riestra. Así que a un minuto de haber puesto en cancha a Vicente Bonavena, Panzutto debía hacerse de una peregrina paciencia para no mandar a sus imberbes detractores al órgano sexual de su hermana o de su progenitora. Le costaba horrores: los entusiastas en un curso acelerado de mercenarios, empezaban con aquelloa de... "¡Sacálo a Bonavena, sacálo a ese burro, sacálo a Bonavena!" y no había manera de silenciarlos.

Entonces, mientras que el centrodelantero mortificado por el apoyo ficticio y rentado, y avergonzado luego por la reprobación desgastante y obstinada, se perdía goles por falta de concentración; Ringo se volvía un poco más pibe de lo que era.

"La barra de Ringo Bonavena" integra el libro "Resaca de potrero y otros cantos al fútbol".

miércoles, agosto 09, 2017

Wancho, seguiremos gritando



Los últimos goles y los mejores goles de Wanchope Abila, una invitación para seguir gritando. Por lo que viene...

domingo, agosto 06, 2017

El Quemero de la Patagonia Rebelde


El film La Patagonia Rebelde, de 1974.

Por Pablo Viviani*
Uno de los clubes más pintorescos, ya sea por historia, hazañas o símbolos, es el Huracán de Parque de los Patricios. Sin embargo, como con tantos otros, muchas veces sus grandes historias no son conocidas. Los orígenes nunca fueron certeros, aunque lo único seguro es que la mayoría de los integrantes eran miembros del Partido Socialista.

Huracán había sido creado con la idea de acoger a los niños y jóvenes carentes de contención social y familiar, siendo integrantes familias precursoras, como las de Alfredo Palacios o Nicolás Repetto. Pero eso no es todo, pues para 1913 había un referente del Partido Socialista en cada team del Globito. El más conocido era el half Vicente Chiarante, que jugaba en Segunda División. También se destacaban Carlos Chiarante en Tercera, Albino Argüelles en Cuarta y Benigno Argüelles en Quinta. Todos tenían la particularidad de que ocupaban el puesto de entreala izquierdo.

De acuerdo con la cantidad de hermanos, los Chiarante podrían haber formado su propio equipo, aunque en Huracán sólo actuaron Carlos, Vicente y Enrique.

Este último fue el de mayor militancia dentro del Partido Socialista, constituyéndose en uno de los fundadores del Partido Comunista local y creador de la Federación Deportiva Obrera en 1924. Pero sería Pedro Chiarante quien luego sería dirigente del gremio de la construcción y un cuadro histórico del PC.
Sin embargo, esta nota se va a ocupar de Albino Argüelles, el menos talentoso de los nombrados. Herrero, igual que su hermano menor nacido en Nueva Pompeya el 5 de febrero de 1896.

Argüelles participó en las jornadas sangrientas de la Semana Trágica de 1919, en los talleres Vasena, y eso lo obligó a ocultarse para escapar de constantes persecuciones. Después de tanto militar, se afilió finalmente al Partido Socialista el 25 de mayo de 1919. Según Osvaldo Bayer, estaba también afiliado al Partido Socialista Internacional, pero como estaba “no demasiado metido, decía que era socialista”.

Pedro llegó a narrar que “desde hacía años conocía a Albino Argüelles. Estábamos acostumbrados con Enrique a verlo por las calles del barrio”, aunque esa relación se transformó en amistad cuando ambos ingresaron al Centro de Nueva Pompeya del Partido Socialista Internacional.

Albino buscaba nuevos horizontes y, tras un empleo, el hombre de Globito en pecho partió hacia San Julián (Santa Cruz) para ejercer su oficio. A Argüelles lo admiraban por su sabiduría popular, con luchas y dolores a cuestas, y por eso lo nombraron inmediatamente secretario general del Sindicato de Oficios Varios de esa ciudad portuaria.En una ocasión, de regreso en Buenos Aires, en el local que el Partido Socialista Internacional poseía en Almafuerte y Sáenz, dio una charla sobre las tremendas condiciones de vida y explotación de los trabajadores en la Patagonia.

En el verano de 1921 y antes de emprender su último viaje al Sur, se reunió un grupo de camaradas encabezados por Albino y Benigno Argüelles, Pedro y Enrique Chiarante, y Fernando Serradel, para redactar el esbozo de lo que sería el pliego de reivindicaciones de los obreros patagónicos. Quien le dio forma definitiva fue Serradel, otro de los fundadores de Huracán.Argüelles volvió a San Julián y se convirtió en uno de los referentes del conflicto, junto con el anarquista Ramón Outerello, José “Facón Grande” Font y el secretario de la Sociedad Obrera de Río Gallegos, Antonio Soto.

El hombre de los Corrales al Sud era considerado el más inteligente y por ello fue inmediatamente nombrado para organizar las columnas de centenares de peones rurales patagónicos en la huelga de 1921, en la cual pedían mínimas mejoras en las condiciones de trabajo.

Cuando llegaron las fuerzas represoras del capitán Elbio Anaya, les pidió parlamento a los dirigentes huelguistas, aunque eso fue sólo una excusa para apresarlos, castigarlos rudamente con garrotes y sables, y ordenar los fusilamientos.

Aunque en el parte militar de Anaya se detalló que el entreala Argüelles fue fusilado el 18 de diciembre por las tropas del coronel Héctor Varela, siendo “muerto mientras intentaba huir”, se constató luego que por el sólo hecho de reclamar habían perecido de igual forma unos mil quinientos trabajadores.

Ese mismo día, en el lejano Parque de los Patricios, el Globito le ganaba a Platense y quedaba a cuatro puntos de Del Plata. Huracán se alejaba de sus seguidores y en el próximo partido se proclamaría campeón por primera vez, aunque Argüelles ya no estaría para enterarse de las noticias de su querido club.

En noviembre, apenas un mes antes, había nacido en Buenos Aires la hija que Argüelles jamás conoció. Irma fue fruto del amor de Albino con Clara, y fue concebida meses antes de la partida del huracanense a la Patagonia. Al enterarse, semanas antes de morir, Albino le había enviado por carta unos dulces versos.
Al conocerse el asesinato de Argüelles, según contó Pedro Chiarante, se llevó a cabo un funeral cívico en la casa de los padres en la calle Aconquija, de Parque de los Patricios, al que concurrieron “miles de vecinos, militantes obreros y políticos, y representaciones de los partidos Comunista y Socialista”.

En el mismo lugar donde fue fusilado Argüelles están hoy los restos de sus compañeros que se levantaron contra la patronal. Ochenta años después de su asesinato llegaron a ese lugar las cenizas de su compañera y de la hija de Argüelles, transportadas desde Buenos Aires por su nieto.

*Texto publicado en la Agencia Télam.

martes, agosto 01, 2017

Ahora, a volver



Copa Sudamericana: Libertad 2-Huracán 0

Fue el peor final para un ciclo muy valioso en el ámbito internacional. Huracán participó en cuatro competiciones continentales en los ùltimos tres años. Fue, en ese lapso, el club argentino con más presencia en torneos de la Conmebol (después de River). De hecho, es el último finalista que ofreció la AFA.

Huracán tuvo un 2015 memorable en Sudamérica. Fue el equipo con mejor registro de la Conmebol (una derrota en 18 partidos; "Equipo del Año"), mantuvo el Palacio Ducó invicto, fue subcampeón de la Sudamericana sin perder ni una vez (más allá de los penales ante Santa Fe) y se clasificó a la Libertadores 2016. 

Además, en el Ranking Mundial de Clubes se ubicó Top 4 entre los argentinos y Top 10 de América; y también 59 escalones por delante de San Lorenzo.

Ya más tarde, en el siguiente semestre, se consagró como el mejor equipo argentino a nivel internacional en la temporada 15/16. Un detalle que merecerá aplausos para siempre. 

Este breve recorrido por la Sudamericana 2017, con dos derrotas (y este global de 1-7 ante el campeón de Paraguay), es el peor cierre. Debe resultar también un impulso para el objetivo inmediato: volver a competir en el continente.