viernes, diciembre 30, 2016

Ringo, paradigma del Quemero


Oscar Natalio Bonavena fue ídolo, referente popular, boxeador exitoso, contestatario irreverente, un fanfa bonachón, un personaje entrañable... Pero sobre todas las cosas fue una: el perfecto representante de la esencia quemera. Que la popular local del Tomás Adolfo Ducó lleve su nombre es, apenas, un mínimo testimonio de su condición de paradigma del quemero.

Este año se cumplieron 40 años de su fallecimiento. Lo que sigue es un precioso retrato de Ringo, realizado por la periodista uruguaya María Esther Gilio para la revista montevideana Marcha, en 1967:

“Yo le gano a ése. A ése y a cien como él”, dijo Ringo; y miró hacia la cámara con expresión desafiante. Pero enseguida sonrió y guiñó un ojo. “Ringo ahora saluda”, explicó el locutor, como si los televidentes fueran ciegos. “¿A quién está dedicado ese saludo, Ringo?” “A los pibes de mi barrio. A los pibes de Boedo que me están mirando”, dijo; y volvió a sonreír sin saber muy bien hacia qué cámara dirigir la mirada.

Dos días después se entrenaba en el Luna Park. Un portero guardaba fervorosamente la entrada del gimnasio. Cualquiera podía creer que detrás de esa puerta se encontraba el jardín de las Hespérides. Tan celoso era su cuidado, tan ansiosas las miradas de los que quedaban fuera. Cuando Ringo, después de dos horas, apareció distribuyendo sonrisas de héroe cansado, una ola de excitación recorrió a los chiquilines que también desde hacía dos horas husmeaban la entrada y conjeturaban sobre entrenamientos, campeonatos, zurdazos y dólares. Ringo se dejó palmear por uno, simuló tirar un puñetazo a otro y girando rápidamente me emplazó con su índice. “¿Usted es la uruguaya? ¿Así que quiere hacerme un reportaje en casa de mi vieja? ¿Sabe una cosa? Eso fue lo que más me gustó. Eso... que quiera conocer a la vieja. Venga, tengo la cachila afuera.”

La cachila, un Mercedes sport blanco tapizado en cuero negro, sin desmedro, podía integrar las ensoñaciones del emir de Kuwait. Ringo se acercó y le palmeó el capot con aire tierno. “Seis millones”, dijo. “¿De dólares?” pregunté distraída. “¡Ah, no! Pero usted está loca...” y acercándose con mirada interrogante: “Digame, ¿es buena periodista usted?”.
–¿Por qué? ¿Solamente se entrega a los buenos? –pregunté.
–No... pero como además es mujer... Suba.
–Quédese tranquilo... mis amigas dicen que soy buena.
–Mis amigos también, pero yo tengo...
–Sí, muchas copas y medallas para demostrarlo.
–Eso es. Y empresarios que me pagan cualquier plata.
–Un millón.
–¿Un millón? Por un millón no levanto este dedo. Quizá veinte millones por una pelea. Hace poco gané en una noche veintiséis millones –dijo. Y se quedó mirando la cara que yo ponía. Para no decepcionarlo abrí la boca extasiada.
–¡Ah!...
–¿Vio? –dijo, y pegó un frenazo que me tiró contra el parabrisas.
–Ringo... no se olvide que aquí adentro hay un campeón.
Sonrió.
–Yo manejo rápido. ¿Tiene miedo? Este auto da más de doscientos. ¿Por qué no empieza con las preguntas?
–¿Qué cree que estuve haciendo hasta ahora?
Volvió a mirarme con expresión desconfiada.
–¿Será buena periodista usted?
–Soy mala... pero muy honesta.
Soltó una carcajada.
–Ahí me hace acordar a la vieja que siempre quería hacerme entrar con alguna muchacha fea pero muy trabajadora.
Estábamos rodeando Plaza de Mayo. Ringo había aminorado la marcha del auto y miraba atentamente hacia un grupo de chicos y palomas.
–¿También usted venía aquí de niño, a dar de comer a las palomas?
–De pibe venía, sí... y ahora también vendría... uno siempre tiene algo de pibe. Yo veo a los chiquilines pateando una pelota o remontando un barrilete, y se me van las manos. Uno siempre tiene dentro algo de cuando era chico... y eso es lo mejor. Mire esos pibes con las palomas. ¿Usted se cree que a mí no me gustaría estar allí con todas las palomas alrededor?Que alguna se me viniera arriba... bien confiada... y cuando menos se lo espera ¡chácate!, dejarla dormida de un manotazo.
–¿Qué?
–Mire, yo tengo un 28, un 22 y un Winchester, pero me gusta la honda. ¡Qué me vienen a mí con la caza mayor! No hay como la honda.
–¿Era muy peleador de chico?
–Me peleo ahora, ¿no me iba a pelear cuando era pibe? Vea ese idiota; ése, allí adelante, que no me deja pasar... (Gritando.) ¡Cara de mandarina! (Riendo.) Le digo eso porque estoy con usted, si no...


–¿Nunca llega a las manos?
–¿Usted está mal? Está prohibido, un boxeador no puede. Pero de chico me saqué las ganas. Peleaba en todas partes, en las canchas, en la escuela.
–¿Cómo le surgió la idea de hacerse boxeador?
–(Se tapa la cara.) Yo cuando era chico tenía la misma cara que ahora. Todos me decían: ¿Vos sos boxeador, pibe? y la vieja siempre me disfrazaba de boxeador. Dios me hizo boxeador. Bueno... yo digo Dios como puedo decir mi mamá.
–Dios y su madre... más o menos lo mismo.
–A Dios no lo conozco, a mi vieja sí. Es lo más grande que hay. (Y quedó por algunos minutos totalmente ausente.)
–Se quedó muy abstraído, Ringo, ¿en qué estaba pensando?
–Estoy pensando que si mi hija nace el mismo día que yo es un fenómeno.
–Aunque no nazca el mismo día, igual es un fenómeno.
–¿Vio? ¿Lo va a decir?
–Seguro.
Habíamos dejado el centro y atravesábamos el Once. El grito de “chau Ringo” se hizo entonces tan frecuente que casi no hablábamos.
–Por aquí lo conoce todo el mundo.
–Estoy entrando en mis barrios, aquí soy un ídolo.
–Las mujeres lo deben volver loco.
–Nooo... además, yo a las mujeres... poca bolilla. (Se llevó el pelo hacia atrás con los dedos entreabiertos.) Mire para enfrente. ¿Ve esa casa? Me la acabo de comprar. Ahora le estoy haciendo pileta. Es barrio berreta pero estoy cerca de la casa de la vieja, me río del mundo.
Dos cuadras más adelante detuvo el auto, señaló hacia la derecha y dijo: “Aquí vive la vieja”. Tenía el aire de estar diciendo: “Aunque parezca mentira todavía existen los milagros, mi madre vive allí, en esa casa que parece igual a todas”. Bajamos y, sin golpear, entramos. Dos señoras y un boxer nos salieron al encuentro dando grandes muestras de contento. “¡Tití! –decía una de las señoras– ¡sólo tengo milanesas!” Me como siete –dijo Ringo, sin ánimo de broma. Pasamos a la cocina. Todo se agitaba alrededor del campeón. Eran las tres de la tarde pero la cocina volvió a encenderse y la heladera a abrirse y cerrarse. Aparecieron las milanesas, pero también ensaladas, quesos, choclos, papas, buñuelos, sopa, vino (por supuesto con soda), y ante mí, que había aceptado un café, un tazón colosal rebosando café negro. Ringo comía, toreaba alternadamente a la madre y al perro, y respondía a mis preguntas.

–Cuénteme su primera pelea.
–¿Te acordás vieja? Yo era un pibe, tenía diecisiete años. (Quedó en suspenso, con el tenedor a medio camino hacia la boca, creo que enternecido por su propia imagen de nueve años atrás.) Un pibe con unas ganas locas de pelear. Tiré piñas por todos lados... No veía, le pegué hasta al referí. A mi manager no le pegué porque me agarró la mano a tiempo –dijo y volvió a concentrarse en la comida.
–No se olvide, diga que mi perro es un boxer.
–Bueno.
–Mírele la cara. Tiene cara de boxeador como yo.
–Tiene. ¿Cuál fue su mejor enemigo?
Ringo levantó la cara y volvió a mirarme con las cejas juntas. Creo que por tercera vez quería preguntarme: “¿Será buena periodista, usted?” Le sonreí. Desfrunció las cejas, y balanceando la cabeza en un gesto de “hay que tener paciencia, es mujer”, se dispuso a contestarme.
–Un peleador no piensa en eso. El termina la pelea y chau, mejor dicho, al otro día va a cobrar y chau.
–Es decir, que una pelea nunca da origen a una especial relación entre los que intervienen, ya sea de amistad o enemistad.
–¿Quiere decir si alguna vez me hice amigo del que peleó conmigo?
–Sí.
–De José Georgetti. Era un gordo fenómeno. Andaba en la mala, no acertaba una. Peleamos y a mí me descalificaron, decían: “Le ganó a Ringo”. Con eso repuntó bien, le volvieron a dar buenas peleas. En la casa colgó un retrato mío. Cuando yo peleo viene a verme y me dice: “A ése tenés que darle con la zurda” o “no le des mucho al principio, cansalo”... y todo por esa pelea.


–Mientras pelea, ¿oye lo que el público le grita?
–Cuando recién empecé oía como quien oye llover. Tenía menos responsabilidad, me quedaba tranquilo. Ahora es distinto.
–¿Y qué le gritan?
–¡Vieja! Vení, oí, mirá si le voy a decir lo que me gritan.
La madre se acercó y dijo: “A veces se acuerdan de mí”.
–Eso sí que me da rabia. Pero lo que más me gritan es: “Dale, maricón, anda a dormir a tu casa...”
–¿Cuáles son las condiciones más importantes para un boxeador?
–Que sea guapo y que sepa crear arriba del ring.
–¿Qué quiere decir eso?
–Sí, no debe esperar lo que le diga el manager. El manager le dice: “Pegale al hígado, al estómago”. Hay algunos boxeadores que oyen, y le meten nomás al hígado, y eso está mal. Hay que pegar por otro lado, más arriba... y cuando el tipo se descuida, chau, darle al hígado.
–Usted tiene fama de fanfarrón.
–Soy muy fanfarrón.
–¿Nunca tuvo miedo?
–¿Arriba del ring? No.
–¿De verdad?
–¡Arriba del ring no! –y luego riéndose a carcajadas–: Tengo miedo arriba del avión. Si tuviera ese miedo cuando peleo no podría pelear.
–Vamos a pensar que usted sube al ring. Al tipo con el que va a pelear nunca lo vio antes o lo vio de lejos. En cuanto lo ve, ¿tiene ganas de pegarle o las ganas le van viniendo de a poco?
–No, no, yo trato de tenerle rabia para poder pegarle con ganas. Por ejemplo que en el diario o en la radio haya dicho “A Ringo yo lo mato” o algo así.
–¿Habla mientras pelea?
–Yo no soy de hablar mucho.
–¿Otros boxeadores, sí? ¿Qué dicen?
–Y... pueden decir “mientras vos estás aquí ¿sabés con quién está (disculpe) acostada tu novia?” o cosas por el estilo.
–Cuando termina una pelea, ¿qué tiene ganas de hacer? ¿Qué hace?
Ringo se da vuelta y mira a la madre que no ha dejado de trajinar a su alrededor llevando y trayendo platos. “El Tití siempre viene para casa después de las peleas”, dice la madre. Y luego Ringo: “¿Vio?” “Sí –añade la madre–, ¿pero quién hizo el sacrificio para formar ese cuerpo?”
Yo no entendí bien y quedé mirándola. A su vez Ringo quedó mirándome a mí. Por fin dijo:
–Pero mire que usted es buenas noches... La vieja le quiere decir que este cuerpo lo hizo ella. Estos noventa y tres kilos a la sombra. ¡Toque!¡Toque aquí! –y se acercó con el brazo doblado– ¡Pero toque bien que no muerde!
–¡Fantástico!
–Dijo bien. Fantástico.
Volvió a sentarse y comenzó a comer la fruta.
–Cuénteme cómo fue la pelea con el campeón mundial, en Estados Unidos.
–Qué quiere que le cuente, si no vi nada. Me dio cada piña que no sabía ni cómo me llamaba. Mala noche, malísima –dijo y con el sifón echó un chorro de soda al perro que ladró sorprendido–. ¿Sabe cómo se llama mi perro? Se llama Ringo como yo.
–¿Y usted cómo se llama?
–Oscar Natalio Bonavena.
–¿Conoció a Cassius Clay en Norteamérica?
–Sí, pero de lejos en un gimnasio. Yo le grité: “A vos te mato”.
–¿En español?
–No, en inglés: “I Kill You”.
–¿Sabe inglés?
–¿Usted está mal? Hace un rato... ¿le quedan muchas preguntas? Porque pájaro que comió, voló.
–Ya termino. Hace un rato hablábamos del momento en que usted se enfrenta con el otro, arriba del ring. Supongamos que están peleando y el otro ya medio grogui se cae al menor golpe. Usted sabe que lo que correspondería sería que el manager tirara la toalla y la pelea terminara, que el otro ya no es nada. ¿Qué siente en ese momento?
–Una vez estaba peleando con un tipo que estaba así como dice usted, lo tocaba y se caía. De golpe me di vuelta y le tiré un trompazo que si lo agarro hay que hacerle la estética.
–¿Al pobre tipo?
–¡Al manager! Me lo tuvieron que sacar... quería matarlo. Hay cada criminal. Otras veces uno está tan caliente que no se da cuenta de cómo está el otro y puede deshacerlo sin querer.
–Seguro... supongamos que la pelea termina en este momento, usted ganó, el juez le levanta el brazo, ahí en el suelo fuera de combate está el otro. ¿Siente lástima?
–Yo gané, el juez me levanta el brazo y enseguida empiezo a ver la gente que grita, las luces de los fotógrafos. Levanto la cabeza y me olvido del otro. No tengo nada más que ver con ese tipo. Si después me lo encuentro abajo le digo: “Estuviste bien, guapeaste”, para alentarlo, ¿me entiende?
–En ese momento se siente muy feliz.
–Sí. Pero no porque lo rompí todo al otro, de él no me acuerdo más. Venga que le voy a mostrar la casa que le regalé a mi vieja.
Me la enseñó paciente y ordenadamente, explicando las mejoras, los arreglos, los costos. La madre nos seguía ensimismada a ambos –la casa y Ringo– mientras sonriendo, asentía con la cabeza. Ringo se detuvo de pronto, y señalando con aire severo un saco que ésta llevaba puesto dijo: “¡Mamá!, ¿no te dije que ese saco lo tiraras? ¡Dámelo!” Con el gesto de estar partiendo una hoja de papel lo abrió de lado a lado y riendo se lo puso al perro de bufanda. “No –dijo la madre– es lindo porque con la calor...”
–¡Vieja! ¡No se dice “la calor”! El calor, el calor. No me haga pasar vergüenza delante de la uruguaya.
Ninguna vergüenza campeón, ilustre imagen de antiesnobismo, seguro huésped al Reino de los Cielos.

jueves, diciembre 29, 2016

Así nos vamos a vestir en 2017


Matías Fritzler, Marcos Díaz, Pato Toranzo y Kaku Romero Gamarra con la indumentaria que vestirá Huracán en 2017. Falta el sponsor: ¿volverá Banco Ciudad?

lunes, diciembre 26, 2016

Así jugaba el equipo de Azconzábal



Atlético Tucumán, frente a Huracán, en el semestre pasado. El equipo de Azconzábal, recién llegado a Primera, se clasificó para la Copa Libertadores. Fue el mejor ciclo de la historia de un equipo del norte del país. Con el Vasco, el Decano perdió apenas 17 partidos de 73 entre Primera y el Nacional.

viernes, diciembre 23, 2016

El Huracán Vasco



Juan Manuel Azconzábal, el Vasco, es el nuevo entrenador de Huracán. Acá, sus palabras fundacionales, en la presentación.

lunes, diciembre 19, 2016

¿El mejor caño del Palacio Ducó?



Ahí está Romero Gamarra, solo, marcado, rodeado contra la raya, sin opción de pase. Quedaba una sola alternativa para resolver la situación: hacer magia. Y eso hizo. ¿O acaso no es magia ese caño ante Leonardo Gil?

viernes, diciembre 16, 2016

El desahogo imprescindible



Huracán 1 - Talleres de Córdoba 0

¿Merecimos ganar? Tal vez no. ¿Se jugó bien? Tal vez no. ¿Hay mucho para corregir? Seguro que sí. Pero más allá de cualquier pregunta, al margen de todas las respuestas, habita una sensación: había que ganar incluso ante la peor de las circunstancias.

Y se logró esa victoria imprescindible. Tres puntos. Un grito. Un alivio. Un desahogo.

También un dato que cuenta la relevancia del triunfo y la complejidad de la situación: es el primer triunfo de Huracán como local en el semestre. Apenas eso. Todo eso.

Y muchas gracias Chacana, por el gol. Y muchas gracias Apuzzo, por todo. Siempre.

lunes, diciembre 12, 2016

"Entre todos o no salimos"



Néstor Apuzzo, tras la derrota contra Banfield. Y lo que viene: el último partido del año, una final del 2017.

domingo, diciembre 11, 2016

En picada



Banfield 1 Huracán 0

No hay caso. El equipo no juega bien, pero se está llevando bastante menos de lo que merece. Volvió a suceder en el Florencio Sola. Todo al revés: la torpeza de Depetris para definir, el error en el gol local de Fritzler, su expulsión, la lesión de Marcos Díaz, el travesaño ante el remate de Romero Gamarra, el tiro del final de Chacana sobre la línea... Ni una para nuestro lado.

Así, por primera vez en la temporada, estamos en zona de desempate. Con sólo tres equipos por detrás, Huracán comparte con Sarmiento la cornisa que separa la permanencia del descenso. No hay casualidad: Huracán sacó apenas dos puntos de los últimos 24 que disputó. Sí, está en picada.

¿Y ahora?

jueves, diciembre 08, 2016

Que nos rescate Superman...


Néstor Apuzzo, de Superman, en una producción del diario Olé. Necesitaremos -otra vez- que sea superhéroe por un rato para resolver estas dos fechas que quedan para finalizar este 2016 de vaivenes. Frente a Banfield, de visitante, y en el cierre ante Talleres, en el Palacio Ducó, dirigirá el entrenador de la Reserva puntera, el último que nos sacó campeón, hace tan poco.

Será el último desafío antes de su partida a Colombia para dirigir a Deportivo Pasto. Será otro incendio para apagar. Con Caruso Lombardi, Huracán sumó 5 puntos de 24 posibles y 2 de los últimos 21. El peor ciclo -y uno de los más breves- de la historia del Globo de Newbery.

Los números de Apuzzo, contando todos sus interinatos, son saludables: 18 derrotas en 56 partidos, con 1, 429 de promedio (lo suficiente para no sufrir ni un poco). Además, en ese recorrido, hubo espacio para la gloria y las celebraciones: dos títulos, un ascenso, dos clasificaciones internacionales. Tres finales ganadas de tres disputadas. No es poco. Ahora jugará algo muy parecido a otras dos finales, pero a mitad de campeonato...

martes, diciembre 06, 2016

Objetivo: "Enderezar el barco"



Néstor Apuzzo, otra vez a cargo. De nueve, frente a una tormento. Con el objetivo de siempre.

sábado, diciembre 03, 2016

Basta



Huracán 1 - Colón 3

Más allá del azar desfavorable, más allá de los goles errados, la situación no da para más. Dos puntos de los últimos 21. Caruso Lombardi tiene razón: Huracán no es un club para él. Los resultados lo acreditan. Y la sensación es inequívoca: basta. Ciclo terminado hace rato...

miércoles, noviembre 30, 2016

Irmão Furaçao


Huracán jugará el sábado ante Colón con esta camiseta. Es un homenaje ante la tragedia del Chapecoense, nosso Irmão Furaçao. Sí, nuestro hermano al que también llaman Huracán.

martes, noviembre 29, 2016

Tucho, tan grande...


Era crack, era magia, era gol, era tango. "Ayer Tucho Mendez vino a visitarme / y en un fuerte abrazo me insto a meditar,/ así poco a poco mi mente poblaron / sus dulces recuerdos que no he de olvidar./ Soñaba en aquellos lejanos momentos / cuando era un purrete con sed de vivir / tejer en el césped muy lindas gambetas / y haciendo golazos sentirse feliz...", lo retrata la letra de Manuel Pose a la que Victorio Papini le puso música.

Norberto Doroteo Méndez fue uno de los grandes mediocampistas de la historia del fútbol argentino. Jugó en Huracán, en Racing y en Tigre. En total disputó 392 partidos e hizo 123 goles. También se destacó en la Selección: todavía ahora, en la antesala de la Copa América de la Argentina, es el máximo goleador histórico de la máxima competición continental (hizo 17 tantos, al igual que el brasileño Zizinho), un trofeo que conquistó en tres ocasiones (1945, 1946 y 1947). Sobran los datos para contarlo: Tucho fue un pedazo enorme de cada club en el que jugó, un motivo para convertise en hincha, una razón suficiente para hacer la cola para comprar una popular bajo el sol de un domingo cualquiera.

Nació en esa difusa frontera tan huracanense entre Nueva Pompeya y Parque de los Patricios, el 5 de enero de 1923. Desde los días de la niñez se hizo quemero e hincha de los referentes de su tiempo. Por ejemplo, lo esperaba a Herminio Masantonio a la salida de la cancha para llevarle la valija; y al arquero Juan Estrada le alcanzaba la pelota detrás del arco en los entrenamientos. Eran sus felices berretines. Sus inicios los retrata el blog Historia del Fútbol Mundial: "Los potreros de la populosa zona del sur porteño y el club Miriñaque vieron transcurrir largas horas de la niñez de quien, tiempo después, se convertiría en uno de los grandes ídolos del fútbol argentino. Tenía 11 años cuando un buscador de valores precoces de esa época, José Carrero, lo llevó a Huracán. Y fue en la Sexta División del Globito donde comenzó a hacer los palotes de su notable historia futbolística".

Pronto, el chiquilín de paso chueco y con un jopo imposible de modificar, jugó junto al guapo Masantonio en Huracán. Y se dio un lujo contradictorio: le hizo un golazo desde 35 metros a su admirado Estrada, cuando ya había sido transferido a Boca. Debutó en la Primera del Globo de Newbery el 13 de abril de 1941, en el viejo estadio de Avenida Alcorta y Luna, donde hoy está el Ducó. Esa vez, ganó el local por 4 a 2, con con un gol de Tucho, dos de Herminio y otro de Baldonedo. Desde entonces hasta 1947 fue figura y símbolo de su querido Huracán.

Luego, fue transferido a Racing y resultó una pieza fundamental del primer tricampeón del Profesionalismo (1949, 1950 y 1951). Su campaña en Racing terminó en 1954. Después estuvo dos años en Tigre y volvió a ese lugar que quiso tanto: a Parque de los Patricios, al Globo de Newbery, donde terminó su campaña a fines de la década del 50. Más tarde, ya retirado, les pondría palabras a sus sensaciones y a sus afectos futboleros: "Huracán fue mi novia; Racing, mi mujer; la Selección, mi amante".

En su idilio con esa amante celeste y blanca, Méndez demostró su condición de gigante. "A Tucho lo definen, sobre todo, los cracks a los que tuvo que reemplazar. Cuando el Charro Moreno -el Maradona de los años 40- se fue a México y Vicente de la Mata se lesionó, tuvo que aparecer él. Y lo hizo del mejor de los modos: asombrando a todos. Demostrando que lo que cada fin de semana hacía en la Argentina lo podía hacer también en cada rincón de América y del mundo", cuenta el periodista e historiador Oscar Barnade, miembro del Centro para la Investigación de la Historia del Fútbol (CIHF).

La Copa América fue su perfecto escenario: en 1945, en el Sudamericano de Chile, convirtió seis goles en apenas cuatro encuentros como titular. La mitad de ellos sucedieron en un partido que lo convirtió decididamente en superhéroe: convirtió los tres tantos del 3-1 frente a Brasil, en Santiago. Fue el máximo anotador de esa edición. En 1946, en Buenos Aires, volvió a ser decisivo: marcó cinco goles. Dos de ellos sucedieron en el encuentro decisivo, también ante Brasil. Ante más de 80.000 personas, en el Monumental, provocó los dos gritos memorables que le dieron otro título a la Argentina bajo el cielo de América. En 1947, en Ecuador, fue parte de un equipo memorable que compartió, entre otros, con Alfredo Di Stéfano. Argentina obtuvo el tricampeonato y Tucho volvió a ser determinante en el encuentro de la consagración: convirtió dos tantos en el 3-1 ante Uruguay, en Guayaquil.

"Tucho era también un auténtico porteño", contaba en la redacción de Clarín el imborrable Pedro Uzquiza, quien conocía bien los detalles de la vida de ese talento enorme del fútbol argentino, de ese hombre de la bohemia, de los códigos del barrio, del tango. Méndez concurría a dos lugares emblemáticos de su tiempo: el Marabú y el Chantecler, donde se encontraba con su amigo Aníbal Troilo, con quien se ofrecían mutua admiración. La siguiente anécdota sucedió fuera de Buenos Aires: después de convertirle tres goles a Brasil en el Nacional de Santiago de Chile, fueron a festejar a la confitería La Quintrala. Tita Merello, de gira con una compañía teatral argentina, lo invitó a bailar un tango, y Tucho mostró su arte de gran bailarín. Como el fútbol, llevaba la música en el alma.

"Viví muchas vidas. No me arrepiento de eso. Tal vez ahora esté volviendo a la época en que era una estrella de bigotes recortados con precisión", le confesó al periodista Miguel Frías en una de sus últimas notas ofrecidas. Era un personaje mágico de aquellos días. Hasta fue convocado para protagonizar la película "Con los mismos colores", junto a otros dos futbolistas icónicos de la época, Mario Boyé y Di Stéfano. Confesó Méndez alguna vez: "Si volviera atrás haría todo igual. Hice todo lo que pude. Fui feliz". Se fue del mundo más tarde, en 1998. No sabía entonces que nadie le había podido quitar su corona de Rey de América.

Texto publicado por el autor del blog en Planeta Redondo, de Clarín.

Siete de nueve



En privado se charló. Hay que sacar siete puntos de los nueve que quedan de acá a la Fecha 14, la última de este 2016. Quedan dos partidos de local: frente a Colón y a Talleres. En el medio hay que ir al Florencio Sola a visitar a Banfield. No son partidos sencillos (ninguno lo es para este Huracán), pero son posibles. No hay dudas: es el tiempo de empezar a sumar. Esa es la única receta para dejar de sufrir. Incluso más allá del nombre del entrenador...

lunes, noviembre 28, 2016

No va más



Lo cuentan los números y el campo de juego. Caruso Lombardi fue un error. Y hay que repararlo.

Dice que no le encuentra la vuelta. Que -quizá- no es un club para él.

Es tiempo de despedidas, parece...

No va más.

domingo, noviembre 27, 2016

Los números gritan una verdad



River 1-Huracán 0
Los números cuentan una realidad que preocupa: Huracán sumó dos puntos de 18 posibles. Asì, se ubica con sólo cuatro equipos detrás en la tabla de los promedios. Había arrancado el torneo con once por debajo.

Hay tres razones decisivas: malas decisiones dirigenciales en el mercado de pases, el técnico que se fue tras su disputa de egos con el presidente, un reemplazante -también mal elegido- ajeno a las necesidades del club y de la realidad. Los nombres los conocen todos...

¿Y del partido? Con poco, con una leve mejorìa respecto de partidos penosos y anteriores, el equipo mereció llevarse otro resultado del Monumental. Pero no alcanza con merecer. Es tiempo de sumar. Ya.


sábado, noviembre 26, 2016

Querido y eterno 26 de Noviembre



Aquella final contra Central, la de la histórica conquista, la de la reparación histórica. Bendita noche de San Juan. La de la tenacidad de todos, la de las enormes manos de San Marcos. La del desahogo. La del grito sagrado. Querido y eterno 26 de Noviembre de 2014.

Dos años, mil emociones



El excelente informe de HD Huracán, a dos años de la obtención de la Copa Argentina, la Estrella Doce. Un recorrido por mil emociones...

martes, noviembre 22, 2016

El Loco más lindo


En Praia do Rosa, estado de Santa Catarina, sucede lo que en cualquier playa del inmenso Brasil: el fútbol es una presencia cotidiana. También lo era en aquel 2007 en el que la costa de Imbituba se parecía más a un secreto bien guardado que a un destino frecuente. Allí, un picado entre rosarinos y cariocas sucedía. Los argentinos en cuero; los brasileños en remera, según las reglas establecidas por sorteo. Un rubio de pelo crecido -turista visitante, aspecto de crack no celebrado- gambeteaba como si esa pelota gastada fuera su patrimonio exclusivo. Así, construyó una jugada propia del Maracaná, a poco más de 1.100 kilómetros del estadio. Dejó el tendal de asombrados por el camino y definió tras mirar desparramado en la arena al más alto del partido, el arquero. Abrió los brazos, rió, festejó. Enseguida surgió un grito repetido de un carioca de Laranjeiras: "Doval, Doval, Doval". Era una revelación: cuando Doval había sido Doval ninguno de los que participaban del picado había nacido. Pero Horacio Narciso Doval, de algún modo, estaba ahí. El rubio siguió eludiendo rivales y haciendo goles. Por un rato perdió el nombre. Hasta que el sol se fue de Praia do Rosa, el que mejor jugaba se llamó Doval.

Doval, nacido el 4 de enero de 1944 en Buenos Aires, "fue a Rio de Janeiro lo que Pelé resultó para Brasil y para el mundo", escribe -ahora, vía mail- el periodista Manolo Epelbaum, quien mucho conocía al delantero argentino. Por verlo jugar y por frecuentarlo. Dicen que estaba enamorado del gol y que con goles enamoraba. En aquel mismo verano de 2007, la revista Placar realizó una edición especial con una encuesta sobre los seleccionados de todos los tiempos de cada uno de los 12 equipos más grandes de Brasil. Doval había conseguido lo aparentemente imposible: ser elegido en Flamengo y en Fluminense, los archirrivales. No era azar: el año pasado, en ocasión de cumplirse un siglo del clásico más convocante -O Clássico das Multidões, de acuerdo con la definición del escritor Mário Rodrigues Filho- Doval fue elegido en el equipo ideal de toda la historia de ese duelo. Compartía el ataque con Romario. Y los periodistas Marcio Mará y Thiago Correia lo definieron como "técnico, corajudo, seductor; de estilo bien carioca". Contaban (y cuentan) también que Doval siempre era (y es) recordado con "saudade", esa palabra tan brasileña que sirve para señalar aquella añoranza que desborda el cuerpo.

En Brasil fue el Loco de Ipanema; en la Argentina le decían el Loco Serenata. Resultó capaz de desahacer antagonismos: lo quisieron en Fla y en Flu; también en San Lorenzo y en Huracán. Su carisma lo hacía encantador. Y, sostienen, su belleza lo hacía irresistible para el público femenino. Las revistas de ricos, lindos y famosos lo mostraron en sus portadas: siempre bronceado, sonrisa de publicidad, bien rodeado. Algunos, con cierta malicia, le hicieron fama de desordenado y de problemático. Los que lo conocieron en profundidad lo señalan como un tipo entrañable. Quizá Doval era más parecido a como él mismo se retrató alguna vez: "Siempre me consideraron el loco, el díscolo, el liero... Loco porque de chico me tenían que llevar de una oreja a la escuela para que no me fuera a jugar a la pelota. Díscolo porque estaba pupilo y me escapaba a la casa de mi hermana. Liero porque cambiaba el trabajo cada tanto: revendía vales de la triple en el hipódromo, sacaba fotos con mi amigo Varela a los pibes del colegio, me las rebuscaba como podía..." Eso era él sobre todas las cosas: un buscador.

Había comenzado a jugar en San Lorenzo a los 13 años. En sus inicios era arquero y solía salir gambeteando rivales. A los 16 años ya era mediocampista y pronto se ubicaría como delantero. A los 18 debutó en Primera. Un viaje en avión condicionó su recorrido. El vuelo era de la aerolínea Austral y aconteció el 8 de octubre de 1967 entre Mendoza y Buenos Aires. Varios jugadores del plantel de San Lorenzo fueron acusados de manosear a una de las azafatas. Mencionan que el testigo que denunció los detalles fue el ex árbitro Guillermo Nimo. En aquella oportunidad, Doval se hizo cargo de todas las culpas por su condición de soltero para evitarles dificultades a los casados del plantel. En consecuencia, El Tribunal de Penas de la AFA (tan rígido e implacable entonces como el régimen de Juan Carlos Onganía) lo suspendió por un año. Para levantarle la sanción, un puñado de meses después, un dirigente le propuso hacer un retiro espiritual. No aceptó. La hinchada de San Lorenzo cantaba, entonces: "Por una loca, puta azafata / lo suspendieron al Loco Serenata..."

Fue la autenticidad del potrero dentro de la cancha; y el culto de la bohemia fuera de ella. Doval fue un representante del juego como osadía, un militante inquebrantable del carécter lúdico de este deporte. Fue espejo de un equipo que dejó huellas y leyendas a su paso: Los Carasucias de San Lorenzo, aquel grupo que se ganó un lugar en la historia, a pesar de que nunca salió campeón. Sucede que ellos fueron una suerte de refundadores de un modo de entender el fútbol en un tiempo en el que comenzaba a imponerse la mecánica táctica y la maquinaria atlética venida desde Europa. También eran tiempos de desenfado. Al respecto, Naum Zalcman, redactor de la revista San Lorenzo en aquellos días de Carasucias, recordó alguna vez a la revista Mística: "Un domingo a la noche, vi que se abría la puerta de un ascensor del Hotel Argentino (donde se concentraba el plantel). Adentro iban Victorio Casa, Veira, y Doval, con dos viejitas de más de ochenta años al borde del desmayo. Después me contaron que el Loco había pegado un grito de horror por lo feas que eran. Casi las mata". Existen mil anécdotas capaces de retratar aquella impronta. En 1964, junto a su socio y amigo Héctor Veira, protagonizó un episodio desopilante: en una gira por Centroamérica con San Lorenzo, un papagayo, animal muy respetado y venerado en Guatemala, no paraba de chillar en el hotel. Sin tener conciencia de lo que representaba el pájaro para los lugareños, tramaron la desaparición del ave multicolor y se generó un escándalo que llegó a las autoridades nacionales. Sostiene la mitología que el papagayo terminó ahogado en la pileta.

El periodista y escritor Juan Sasturain lo describió alguna vez en el diario Página/12: "(...) Que Narciso Doval, además de tocarle (o no) el culo a una azafata en episodio emblemático y representativo en todo sentido, haya sido después durante largos años ídolo en el Flamengo de Río habla de una condición excepcional: para un criollo –o para cualquiera– jugar de wing en Brasil es como llegar a ser profesor de Metafísica en una universidad alemana". Sí, El Loco más lindo hizo eso: fue el mejor en el territorio de los mejores. Consiguió lo inédito: resultó campeón y goleador con los dos gigantes del fútbol carioca, Fla y Flu. E hizo un gol de esos que suceden sólo en la imaginación de un niño dispuesto a soñar instantes mágicos: en 1972, por la final del Estadual, su Flamengo -entonces conducido por Mario Zagallo- definía frente a su rival histórico en un día histórico. Se cumplían 150 años de la Independencia del Brasil y el Maracaná era una fiesta colmada de gente (136.829 personas pagaron entrada aquel 7 de septiembre). Doval, rubio, sonriente, estelar, hizo el gol consagratorio. Se gritó por varios días y más noches. En 1976, volvió a ser superhéroe: con la camiseta tricolor de Fluminense resolvió en el último minuto la final del Carioca frente a Vasco da Gama. El mito ya habitaba los rincones de Río de Janeiro: Doval, como Sansón, jugaba mejor con el pelo largo.

Fue maravilloso en la Cidade Maravilhosa. Y también en la Buenos Aires de su nacimiento. Horacio Ferrer, poeta y celebridad del tango, es hincha de Huracán. Y muy bien conoce a los archirrivales del vecindario. También a los protagonistas de ese clásico que es el más porteño de todos. Un clásico de locos, como el estupendo Doval, quien lo vivió con las dos camisetas. El hombre alguna vez lo vio a Doval en un campo de juego. Con la melena y con su destino de crack. Casualidad o no tanto, la canción Balada para un loco -obra mágica de Ferrer- parece contarlo de varios modos a Narciso: "Ya sé que estoy piantao, piantao, piantao... / No ves que va la luna rodando por Callao; / que un corso de astronautas y niños, con un vals, / me baila alrededor... ¡Bailá! ¡Vení! ¡Volá! / Ya sé que estoy piantao, piantao, piantao... / Yo miro a Buenos Aires del nido de un gorrión; / y a vos te vi tan triste... ¡Vení! ¡Volá! ¡Sentí!... / el loco berretín que tengo para vos: / ¡Loco! ¡Loco! ¡Loco! / Cuando anochezca en tu porteña soledad, / por la ribera de tu sábana vendré / con un poema y un trombón / a desvelarte el corazón. / ¡Loco! ¡Loco! ¡Loco! / Como un acróbata demente saltaré, / sobre el abismo de tu escote hasta sentir / que enloquecí tu corazón de libertad... / ¡Ya vas a ver!" Doval era eso también. Y un tango caminando las arenas de Ipanema.

La muerte lo encontró pronto, desprevenido y festejando. Una madrugada de octubre de 1991, Doval falleció en la puerta de la discoteca New York City, en Buenos Aires. Tenía 47 años. Los diarios recordaron su historia. En las necrológicas había alegrías contadas. En Río de Janeiro lo lloraron juntos los que ni se miraban a la cara. Sus amigos de siempre no lo podían creer. El Loco invencible ya no estaba para obligarlos a la risa. Doval se había ido. Y no sabía que nunca sería olvidado...

Texto pulicado por el autor del Blog en Planeta Redondo, de Clarin.com


Así jugaba Doval, uno de los grandes protagonistas de los años 60 y 70. Con el Globo de Newbery jugó en 1971.

domingo, noviembre 20, 2016

Veremos...



Caruso Lombardi dice que estamos mejorando. Que no hay que preocuparse. Los números relatan otra historia. Veremos...

sábado, noviembre 19, 2016

Un grito, un punto, una agonía



Huracán 1-Racing 1

Al menos, esta vez, el equipo fue, quiso, intentó. Más con voluntad y constancia que con orden y criterio. Alcanzó apenas para ese empate tardío, para esa arremetida de Pussetto. La impresión, de todos modos, no es saludable: con Caruso Lombardi el rumbo mucho se parece a una sucesión de incomodidades.

martes, noviembre 15, 2016

Así peleaba Ringo



Oscar Natalio Bonavena, nuestro Ringo, frente a Joe Frazier. Una pelea para todos los tiempos.

domingo, noviembre 06, 2016

Marcos, el uno



Otra vez Marcos Díaz, el que siempre está. Fue el mejor de un equipo a la deriva. Le atajó un penal a íOrtigoza. Y sostuvo a Huracán en sus peores momentos. Tambièn, el perfecto vocero de la bronca de todos.

"Nos cagó"



Caruso Lombardi y una de sus primeras expresiones realistas en su breve y flojo ciclo en Huracán.

La Marcha de la Bronca



San Lorenzo 2-Huracán 0

Otro bochorno arbitral en el Nuevo Gasómetro. Otra vez decisivo. Esta vez el árbitro fue Darío Herrera. El que se queja es uno de los principales damnificados: Patricio Toranzo. Su sensación es la de todo el Pueblo Quemero: bronca.

¿Y del resto, del juego? Mejor no hablar de ciertas cosas (al menos por ahora)...

sábado, octubre 29, 2016

Un punto adentro, cero paciencia afuera


Huracán 1-Rosario Central 1

La última escena cuenta el pasado reciente, el presente y el futuro de Huracán. Tras el 1-1 contra Central, hubo un mensaje unánime con un principal destinatario: Ricardo Caruso Lombardi. Se hizo canción: “El domingo cueste lo que cueste / el domingo tenemos que ganar”. Esa cita próxima es nada menos que el Clásico de Barrio más grande del mundo. Sí, ante San Lorenzo, allí en el Nuevo Gasómetro, donde no gana desde 2001. Ese encuentro mucho se parece a un hito y a un plazo. Al menos para la gente.

Los silbidos -y algunos insultos- que acompañaron la salida del entrenador rumbo al vestuario además retratan los días cercanos y la actualidad de este Huracán. El equipo sacó un punto de los últimos nueve y jugó muy mal en casi todos los momentos de esos tres partidos. Hubo apenas una excepción: el decoroso primer tiempo que construyó ayer contra un Central que guardó futbolistas pensando en el partido del miércoles ante Boca, por los cuartos de final de la Copa Argentina. En ese tramo, se puso en ventaja (con un golazo de Pussetto), generó cuatro situaciones claras y mereció irse al descanso con una ventaja superior a ese 1-0. La receta inicial de Caruso fue simple: respetó el esquema y la base del plantel que participó del valioso ciclo de Eduardo Domínguez (12 derrotas en 52 encuentros).

También por esa mejoría, resultó más absurdo lo del complemento. Huracán prescindió de la pelota, retrocedió en el campo de juego, esperó. Así, Central -con la audacia de Colman, lo mejorcito en un partido sin figuras- lo empató y se animó a más. Al menos a tener la pelota, a manejarla con criterio, a mandar al ataque a sus laterales. En definitiva, a intentar. Eso sí, casi invariablemente sin profundidad.

Incluso con el 1-1, Huracán hacía retroceder a sus 11 futbolistas detrás de la línea de la pelota y los extremos (Pussetto y Romero Gamarra) terminaban jugando como laterales complementarios. Central, ante ese escenario, dejó una impresión: si sus delanteros (Herrera y Teo Gutiérrez) estaban en una versión mejor, se llevaba los tres puntos a Rosario. Para Caruso habría sido lo más parecido a un infierno en el Palacio Ducó.

jueves, octubre 27, 2016

Un tributo a la Década de Oro


Este sábado 29 de octubre entre las 20 y las 3 de la madrugada tendrá lugar en la Ciudad de Buenos Aires la tradicional “NOCHE DE LOS MUSEOS”. La entrada a todos los Museos y lugares propuestos para exhibir exposiciones o espectáculos es totalmente gratuita incluso se puede imprimir (vía Internet) un pase libre para viajar gratis en colectivo en ese horario.

El Museo Escuela Instituto Bernasconi, sito en el primer piso de Catamarca 2099 ofrece una muestra referida a la década del ’20 (que es la década en la cual se coloco la piedra fundamental -26 de septiembre de 1921- y se inauguró la actividad del Instituto el 22 de octubre de 1929). El Bernasconi invito a la Subcomisión de Cultura a participar con lo referido a Huracán en esa década y así se hizo. También se imprimió un díptico para distribuir en el Club y fundamentalmente en esa “Noche de los Museos”.

Huracán también estará presente esa noche en el Club Ferro Carril Oeste en virtud de formar parte de la muestra fotográfica “Historia de los Clubes” que se estará exponiendo en las instalaciones de ese Club.

Sub Comisión de Cultura 

domingo, octubre 23, 2016

Palabras que sobran II



Ricardo Caruso Lombardi y sus explicaciones. Quejas exageradas para el árbitro y un análisis ajeno al desarrollo.

Otro tropiezo, más dudas



Gimnasia La Plata 1-Huracán 0

El Huracán de Caruso no juega a nada. Y preocupa. Mucho. Un triunfo, dos derrotas, cero fútbol. Y un promedio que comienza a parecer escaso...


miércoles, octubre 19, 2016

Sobre gustos acá hay algo escrito


Ricardo Caruso Lombardi dialoga hasta con el perro que le ladra. Saluda al pasar a todo el que le ofrece una palabra. Hace un rato terminó de hacer las compras en el supermercado de la zona, en esa frontera tan indescifrable entre Villa Urquiza, el literario Parque Chas de los laberintos amigos de Borges y Villa Ortuzar. “Le tengo que llevar lo de la semana a mi vieja”, dice con una naturalidad que parece impropia del presunto piloto de tormenta de los equipos con promedio escaso. Después de hacer las compras camina por la Avenida de los Incas en nombre de un almuerzo apurado. En poco más de una hora empieza lo más importante de su día de exposiciones y múltiples actividades: la práctica de Huracán.

Sí. Ese mismo Caruso que es hincha de Estudiantes, que no reniega de su condición de entrenador austero —quizá amarrete—, que prefiere a los matungos que rechazan todo que a los chiquititos que hacen lío por abajo, charla sobre lo que viene y sobre lo que le está sucediendo. Hoy, ahora, es el técnico de Huracán. Sí, del Huracán de Menotti y de Cappa. El del tiki tiki. El de esa suerte de estilo que, en las últimas décadas, identificó al club de Parque de los Patricios.

Lo confieso sin vueltas: soy de Huracán desde los días de la cuna, socio desde entonces. Conozco la Bonavena más en detalle que el perfecto plano secuencia que ofreció para el OscarEl secreto de sus ojos. Adoro la Miravé. Caminé los pasillos de la Alcorta mucho más que los de mi primer laburo en Tribunales o los del diario que me emplea. Soy como muchos o como casi todos ellos que en cada cita de Huracán se presentan. Los hinchas. No recuerdo haberlo insultado a Caruso. Pero me abracé con muchos que cerca mío lo hicieron. Ese gordito que ahora nos dirige era una molestia. Era todo lo que no queríamos ser. Representaba la trampita, el fútbol defensivo, la idea de que Bilardo había ganado con todos sus bidones llenos de rohypnol.

***

El siguiente diálogo sucedió en la redacción de Clarín con mi amigo Oscar Barnade, co-autor deMitos y creencias del fútbol argentino:

—¿Y ahora qué vas a hacer con el estilo? Te dirige Caruso…

—El único estilo que reconozco en los hinchas es el del amor por la camiseta. Lo demás, cuestión de gustos. Encima gustos que oscilan según el diario del lunes.

Y le expliqué luego, otro día: “Yo soy y fui cappista porque él defendió como pocos al Globo de Newbery. Se hizo Quemero dirigiéndonos, llorando el despojo de Liniers. Su juego encantó, pero su huella es más profunda”.

—O sea que si ganan con Caruso, ¿sos carusista?, me preguntan otros, en esa misma geografía de laburo…

—Yo creo en un modo de jugar. Me gusta más Pep que Mou. Prefiero a Menotti que a Bilardo… Pero cada gol del equipo de Caruso lo voy a gritar hasta la disfonía de toda la semana siguiente. ¿O no festejaron los paladares negros de Independiente la Supercopa con el Zurdo López? ¿O no festejarían los simpatizantes de los alfileres una Libertadores al amparo de Cayetano Rodríguez?

***

El fútbol argentino vive preso de una falsa antinomia. Se puede reducir a nombres: Bilardo o Menotti. Se puede recortar a sustantivos: los resultadistas o los líricos. Se puede ofrecer la cuestión hasta desde una dicotomía ridícula: ganar o jugar bien.

La historia es implacable en el territorio universal y en el nuestro. Hay ejemplos que desmienten a todos los dogmáticos. De uno y de otro lado. Van los casos: Hungría —el mejor de los años cincuenta— perdió en la gran cita de Berna, en 1954, contra una Alemania reconstruida de sus propios harapos; Brasil dio cátedra en México 1970 ante la Italia del catenaccio; Enzo Bearzot —defensivo hasta en los entrenamientos— sacó campeón a los azzurri, en España 1982. contra todos los pronósticos que contaban al Brasil de Zico como candidato inevitable.

En nuestro ámbito suceden idénticas contradicciones. La Argentina ganó su primer título absoluto en 1978 —contexto hostil y lamentable al margen— con la bravura del inmenso Mario Kempes. Repitió en 1986, bajo cielo mexicano con las bellezas de Diego. Al primero, lo conducía Menotti. Al segundo, lo administraba Bilardo. Ni antes ni después, ni con una idea ni con la otra se consiguió idéntica gloria.

***

Marcelo Bielsa, el mejor entrenador para la FIFA en 2001, participó de un fracaso estrepitoso al año siguiente de su condecoración. La más inexplicable de las derrotas de la Selección sucedió en Oriente. Afuera en primera ronda. Como el papelón de Suecia de 1958, pero en colores y ampliado.

Con entusiasmo y con realismo, escribió el canciller Rafael, hermano de Marcelo, en la antesala de la Copa del Mundo Japón-Corea 2002: “Marcelo está llamado a saldar una rancia antinomia detrás de la cual se alinean los hinchas, los entrenadores, los periodistas y hasta la Bolsa: pelota al pie versus centro a la olla, Huracán del ’73 versus Estudiantes del ’69. Tiene algo de cada uno de sus predecesores en la Selección, carece de rasgos de ellos y debe amalgamar algunos de los suyos, que no son pocos. El es escueto, Menotti es copioso hasta el empacho. Es práctico, contra lo dogmático que es Bilardo”.

No hubo caso. El desenlace lo condenó a Marcelo. Sin embargo, sucedió algo magnífico, ajeno a la eliminación: nadie de los que lloró en aquel vestuario japonés ofreció jamás una queja respecto del entrenador. Muchos —como Diego Simeone o como Mauricio Pochettino, hoy entrenadores de la élite— aprendieron de aquel fracaso. ¿Fracaso? Sí, respecto de la expectativa. Jamás, respecto del recorrido que lo antecedió. Ni de su legado inobjetable. Ese que sigue latiendo por los entrenamientos del mundo.

***

Caruso Lombardi encaja perfecto en la discusión. Un outsider contra la tradición. ¿Pero es tan así?

En el caso particular del Globo de Newbery hay un escenario que merece ser contado: hasta la irrupción de los magos del 73, los mejores equipos de Huracán eran combativos, guerreros. Los reyes de los años veinte (los más campeones de esa década junto a Boca) eran un grupo de gladiadores. Tenían cracks, es cierto. Pero la victoria nacía de otra virtud: un equipo nacido del barro capaz de convertirse en estatua de bronce.

Después siguió: el Huracán del bravo Masantonio —ganador de tres Copas Nacionales en los cuarenta— luchaba hasta el último de los suspiros. En los treinta le costaba más. Luego, la gloria le ofreció el panteón.

Caruso —según dice— tiene mucho más de aquellos de los días que nadie vio que de los encantadores setentosos.

Como siempre, el campo de juego contará su verdad. Estilos al margen.

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Texto publicado por el fundador del Blog en LaNan

domingo, octubre 16, 2016

sábado, octubre 15, 2016

Un desastre



Huracán 1-Temperley 2

El primer partido de Ricardo Caruso Lombardi como técnico de Huracán en el Palacio Ducó se pareció de todos los modos que se lo quiera abordar a una pesadilla. Dos semanas después del entusiasmo por la victoria en Tucumán, de su simpática y múltiple aparición mediática (con canciones dedicadas a San Lorenzo incluidas), se retiró rumbo al vestuario rodeado de silbidos, de rechazos, de insultos. La derrota inesperada frente a Temperley no fue la única razón de tal desenlace. Hubo algo más, tanto o más importante: fue la peor actuación desde el bochornoso cumpleaños de 2014, aquel primer día de noviembre, el del 0-3 frente a Sportivo Belgrano de San Francisco, por la B Nacional. Lo dicen sin dudas los que frecuentan la Bonavena, la Alcorta o la Miravé. Los mismos que gritaron su bronca luego del tropiezo.

No hubo casualidad ni motivos para discutir la victoria visitante: Temperley fue el mejor desde la concepción y desde la ejecución. Sin brillos, con astucia, con un plan. Le ganó a Huracán y lo dejó desnudo.

Lo escuchó un dirigente y lo contó al pasar: “Cambiamos proyecto por lotería”. Ya había sucedido la larga reunión entre Caruso Lombardi y los dirigentes, ya después de que partieran los jugadores. El entrenador incluso le sugirió a la conducción que se reunieran a solas con el plantel para saber más en detalle cuáles son las inquietudes del grupo. El capitán Martín Nervo fue el único de los futbolistas de Huracán que habló y ofreció realismo: “Jugamos muy mal. Hacía mucho que no teníamos un partido así. Ahora hay que dar vuelta la página y empezar de nuevo”.

Es cierto que hubo rendimientos individuales muy pobres. Por ejemplo, Marcos Díaz - figura frecuente y superhéroe de los días más importantes de la historia reciente del club- tuvo una floja respuesta en el segundo gol; Rolfi Montenegro y Romero Gamarra -los más creativos- jugaron mal; los dos laterales (Romat y Morales) hicieron todo al revés; Luca Sosa todavía está buscando su lugar en el campo de juego; Diego Mendoza sigue esperando una asistencia entre los centrales de Temperley. Pero el fracaso de Huracán estuvo vinculado a la propuesta: no hubo un plan. Quedó en todo momento la impresión de que el equipo estaba esperando que sin esfuerzo la victoria sucediera.

“Me voy muy preocupado. Jugamos muy mal”, asumió Caruso, en su tardía conferencia de prensa. Fue lo mejor que hizo en la tarde de Parque de los Patricios: asumir el escenario incómodo.

Temperley -austero, lógico, bravo, intenso, ordenado- hizo un negocio que se tradujo en puntos y en entusiasmo. Le alcanzó con un remate de Marcos Figueroa, con la pegada de Ariel Colzera, con la aparición de Alexis Zárate, con el compromiso para defender todos juntos detrás de la línea de la pelota. Poco en apariencia. Pero más que suficiente para ganarle sin objeciones a un Huracán despojado de todo. Vacío. Roto.

viernes, octubre 14, 2016

A la Sudamericana


El 3-1 a Lanús, de visitante, terminó resultando decisivo para esta clasificación a la Copa Sudamericana.

Huracán participará por tercer año consecutivo en el ámbito internacional. Un récord para su historia y para un equipo recién ascendido. El Globo de Newbery disputará a la Copa Sudamericana 2017.

Así se corroboró hoy, en la sede de la Conmebol en Asunción: se dio a conocer el criterio de clasificación y en la Argentina se toma en cuenta el último torneo de Primera División 2016. Y allí, Huracán finalizó noveno en la Tabla Acumulada (con 25 puntos) y está entre los seis que disputarán la segunda competición continental.

Lo acompañarán: Independiente, Arsenal, Defensa y Justicia, Gimnasia y Racing. En caso de que uno de estos dos últimos ganen la vigente Copa Argentina (y accedan a la Libertadores), el sustituto será Vélez.

domingo, octubre 09, 2016

Caruso y el Huracán guerrero


Ricardo Caruso Lombardi lo dice con una sonrisa jactanciosa: “Vengo a derribar mitos”. Lo sostiene porque entiende que el éxito no es patrimonio exclusivo de una idea. Está convencido de que se puede ganar de diversos modos. El que él pregona parece ajeno a la historia de las últimas décadas de Huracán. En Parque de los Patricios, Menotti, Cappa y el tiki tiki resultan una suerte de búsqueda sagrada. De mito irreductible.

Los que habitan ahora la Alcorta, la Miravé o la Bonavena son los mismos que lo insultaron por gestos o por origen. Caruso confía en que lo van a terminar aplaudiendo.
En cualquier caso hay una verdad que excede a los estilos: cada hincha -de Huracán o de cualquier otro- abraza, por afecto a los colores, primero a la victoria que al modo en el que esa se obtiene. Sobran ejemplos por los rincones.
En el caso particular del Globo de Newbery hay un escenario que merece ser contado: hasta la irrupción de los magos del 73, los mejores equipos de Huracán eran combativos, guerreros. Los reyes de los años veinte (los más campeones de esa década junto a Boca) eran un grupo de gladiadores, el Huracán del bravo Masantonio -ganador de tres Copas Nacionales en los cuarenta- luchaba hasta el último de los suspiros. Caruso -según dice- tiene mucho de aquellos.

Texto publicado por el fundador del Blog, en Clarín.

Más:
La entrevista completa, en Clarín.

lunes, octubre 03, 2016

Dos gritos y a empezar de nuevo



Atlético Tucumán 0-Huracán 2

Había que ganar. Se ganó. Esto recién empieza. Sobran las palabras. Es tiempo de laburo y no de exageraciones. De seguir. Falta demasiado.

sábado, octubre 01, 2016

Ahora, Caruso...



Primera conferencia de prensa de Ricardo Caruso Lombardi como entrenador de Huracán. Es el reemplazante de Eduardo Domínguez. Llega de urgencia, entre misterios. Veremos...

viernes, septiembre 30, 2016

El adiós



Las últimas palabras de Eduardo Domínguez como entrenador de Huracán. Fin de un ciclo valioso.

sábado, septiembre 24, 2016

Poco fútbol, ningún gol



Huracán 0-Sarmiento 0

Cuatro partidos, tres puntos, dos goles convertidos. Fútbol escaso. Preocupa.

lunes, septiembre 19, 2016

Un grito, apenas eso



Tigre 1-Huracán 1

Un gol sobre la hora, estrictamente en el último segundo. El primer punto como visitante. Eso fue lo que dejó la visita sin victoria a Victoria. Y poco más... El juego y las ideas siguen ausentes.

sábado, septiembre 10, 2016

Dar la cara



Marcos Díaz, superhéroe de Huracán, el mejor arquero de los 108 años del club, tuvo una floja actuación. Fue a la conferencia de prensa, dio la cara, hizo la autocrítica. Nada para disculpar. La historia lo ampara. Hoy y siempre.

De errores y de momentos



Eduardo Domínguez, en el después del empate frente a Quilmes. Lo que pasó y lo que viene.

viernes, septiembre 09, 2016

Poco, casi nada



Huracán 1-Quilmes 1
Huracán lo sabía desde bastante antes de este primer partido del semestre en el Palacio Ducó, ante Quilmes: se trataba y se trata del comienzo de una nueva etapa. Más difícil que la de los vértigos y de la gloria que ofreció el recorrido desde aquel cumpleaños de noviembre de 2014 hasta la resurrección que continuó al accidente no tan lejano de Caracas. Ahora, el equipo de Eduardo Domínguez está frente a un escenario nuevo: el de la necesidad y de la obligación de consolidarse como un grupo capaz de protagonizar en Primera. No se trata apenas de un deseo del contorno; no es capricho de la exigente Platea Alcorta, siempre afín a desmesuras comparativas. Es otra cosa: una posibilidad. Valiosa, posible, factible de edificar.

Sin embargo, la actuación frente a Quilmes no ofreció buenas señales al respecto. Poco, casi nada. Falta juego, falta gol. Falta aquella intensidad de días no tan lejanos. Hay tiempo, pero no sobra. Las ventajas ofrecidas en estos días se pueden pagar con angustias al final del recorrido.

Así estamos: 
Posiciones, fixture, detalles.

jueves, septiembre 08, 2016

Ahora, Barrales...



Jerónimo Barralles, en acción, en su primer ciclo en Huracán, en tiempos del Nacional. Ahora, en Primera, por más. Que tu optimismo se transforme en goles... Ya.

miércoles, agosto 31, 2016

Vamos de nuevo...



Ya está. Se perdió en el debut. Ahora, empezamos de nuevo. Volvemos al Ducó, volvemos a ser, a creer, a estar. Vamos otra vez, por más... Por todo. Somos especialistas en reconstrucciones. Acá estamos... Que lo sepan todos.

lunes, agosto 29, 2016

Los goles de Lesman que ya van a venir, ¿o no?



Germán Lesman, el 9 esperado, el goleador de la B Nacional (jugando para All Boys). Llega para reemplazar al inmenso Wanchope Abila. Nada menos...

viernes, agosto 26, 2016

Quiso el destino...



Fecha 1: Godoy Cruz 1-Huracán 0

El resultado miente. Huracán se quedó sin nada por cuestiones incluso ajenas a su juego sin mucho vuelo: falló en el área rival y el azar lo damnificó en el propia. Duele la derrota, lastima el modo. De todos modos, queda una impresión: hay recursos para modificar el escenario...

El partido dejó otra certeza: será difícil no caer en la tentación de extrañar a Wanchope Abila. No se trata estrictamente de una cuestión afectiva. Es, en todo caso, una verdad del campo de juego. Del área. Nada menos.

jueves, agosto 25, 2016

Quejas, razones, goles



Eduardo Domínguez, ùltimo contacto con la prensa antes del debut en el Campeonato. No es el mejor modo de comenzar...

lunes, agosto 22, 2016

Un ciclo, todo esto


La Supercopa, en abril de 2015, La Estrella Trece, el título más reciente. Obra del estupendo Huracán de nuestros días.

Ahora que está comenzando la temporada 16/17 resulta un buen momento para mirar apenas hacia atrás. Para valorar un recorrido, una sucesión de logros que mucho se parecen a una hazaña pero son -en definitiva- una preciosa reconstrucción, un principio. Desde el fondo de sus infiernos, tras el peor cumpleaños de la (aquel del primer día de noviembre de 2014), nació el Huracán más bravo -quizá- desde los años veinte.

Revisemos. Se logró todo esto desde aquel penúltimo aniversario de nuestra vida Quemera:

2014
Campeón de la Copa Argentina, primer título tras 41 años.
Clasificado a la Copa Libertadores 2015.

Récord: único equipo del fútbol argentino en salir campeón de un título absoluto jugando en la segunda categoría.
Récord: único equipo del fútbol argentino en clasificarse a una competición internacional desde la segunda categoría.

Regreso a Primera División, tras quedar último a siete fechas para el final de la temporada.

2015
Campeón de la Supercopa Argentina, segundo título en cinco meses.
Clasificado a la Copa Sudamericana 2015.

Récord: el equipo que menos tiempo tardó en ser campeón recién llegado a Primera (superó a Central de la campaña 86/87).

Subcampeón de la Copa Sudamericana, invicto (sólo lo derrotó por penales Independiente Santa Fe, en la final). 
Clasificado a la Copa Libertadores 2016.

Récord: único equipo en acceder a una final internacional recién llegado a Primera.

Además: En semifinales de la Sudamericana eliminó a River, defensor del título, campeón de la Libertadores, de la Recopa y subcampeón del Mundial de Clubes de la FIFA. 
Además: Palacio Ducó invicto en competiciones internacionales en 2015.
Además: fue el equipo con mejor registro de la Conmebol (una derrota en 18 partidos; "Equipo del Año")

Continuará...

Eso esperamos.

martes, agosto 16, 2016

Un estreno feliz



Huracán 2-Racing de Córdoba 1, en el Palacio Ducó. Fue el debut del Globo de Newbery en el Metropolitano de 1984. Claudio Morresi, con dos penales, permitió la victoria en el estreno. Bonus track: esa misma noche, cuenta el presentador de Canal 7, Raúl Alfonsín le hablaba al país. El detalle también relata el contexto: era el primer Metro que se jugaba íntegramento con la Democracia recién regresada.

viernes, agosto 12, 2016

Hechizos rotos



Copa Argentina: Belgrano 1 (5)-Huracán 1 (3)

Más allá del juego escaso, de los errores arbitrales repetidos, en San Juan se terminó el hechizo. El de esa ciudad, la de los últimos dos títulos, y el de las definiciones por penales (la de esta ocasión se suma a la que más dolió la de la final de la Sudamericana ante Independiente Santa Fe, en Bogotá).

Ahora, llega el tiempo de empezar de nuevo, de reordenar. Esta eliminación frente a Belgrano es un dolor, un desenlace triste que tiene que servir de apredizaje, para enfocar lo que se avecina. Para no perder de vista el objetivo prioritario: seguir siendo protagonistas en el ámbito local y relanzarnos al ámbito internacional... Sí, como en el precioso ciclo 14/16.

lunes, agosto 08, 2016

De lo nuestro, lo mejor



Pasó hace casi nada. Y vale la pena decirlo y recordarlo: Huracán fue en la temporada 15/16 el mejor equipo del fútbol argentino a nivel internacional. Lo cuentan los números y otros detalles. Todos estos:

1) Fue el equipo que más partidos disputó, con 20. Y resultó el que más puntos sumó en términos absolutos y el que mayor porcentaje de puntos obtuvo entre los que participaron de al menos dos competencias.

2) Fue el único argentino que accedió a una final de las competiciones "largas": Sudamericana (a la que accedió como campeón de la Supercopa Argentina, tras vencer a River en la final) y Libertadores (a la que llegó como finalista y mejor participante argentino en la Sudamericana).

3) Mantuvo el Ducó sin derrotas en todo 2015 (Libertadores y Sudamericana).

4) Permaneció invicto, además, en toda la Sudamericana 2015. Su única derrota fue en la final, por penales.

5) En las semifinales de la Sudamericana 2015 eliminó a River, subcampeón del Mundial de Clubes de la FIFA 2015.

6) Sólo fue eliminado por los vencedores de las dos competiciones "largas" (Independiente Santa Fe y Atlético Nacional).

7) Estuvo regularmente ubicado en el top 10 del ranking mundial entre los equipos de América.

miércoles, agosto 03, 2016

Purrete de la orilla

Un poema del inmenso Osvaldo Ardizzone sobre Héctor Yazalde, a quien también disfrutamos como propio bajo el cielo del Ducó:


La vida, de salida,
te tiró la bolilla más fulera
y, en la ruleta pequera
del que gana y del que pierde,
la frontera del Riachuelo
te llevó para su lado
y desde entonces fuiste Sur,
Sur anónimo y postergado...

Dueño del baldío
que era tuyo por derecho,
poeta inculto de todos los ocasos,
erudito botánico de toda la maleza,
aterido gorrión de mil amaneceres,
sabio pescador de charcas y zanjones...

Y, cuando ya las aulas
clausuraron el árido
tributo de su cultura...
Cuando el remendado guardapolvo
colegial le quedaba chico
para su madura adolescencia...
¿qué le faltaba por aprender?

Si ese Sur ya lo había nutrido
con toda la filosofía
de su código orillero,
donde los pibes son hombres
antes del séptimo grado,
donde los Reyes no pasan
porque los chicos son malos...

Tal vez te crezcan las alas
cuando cruces la frontera,
tengas un banco en la escuela
un seis de Enero con Reyes
y estrella en las Navidades...

Y allá en el Sur de tu orilla
habrá sol en todo el cielo,
flores en vez de cardos,
arroyos en vez de charcas
y andará tu historia nueva
hecha canción en el aire...

Héctor Casimiro Yazalde, Chirola, fue uno de los grandes goleadores de la década del 70. Fue el Botín de Oro de Europa en 1974. Ocho años después se retiró en Huracán. Jugó poco, una lástima.

domingo, julio 24, 2016

Nosotros, el barrio y el 44



"Yo soy de Parque Patricios", ese tango. En la voz de Angel Vargas, con la orquesta de Angel D'Agostino. La letra de Lucero, el corazón de todos. No es casualidad: esta belleza nació en el 44, el año de La Décima Estrella de Huracán (la Copa Competencia Británica, la de la final contra Boca y la vuelta olímpica en el Gasómetro). Nada menos...

jueves, julio 21, 2016

Así juega Pussetto



Ignacio Pussetto, el segundo refuerzo, en acción. Tiene 20 años, juega como delantero (sobre todo como extremo por ambas bandas), llega desde Atlético de Rafaela. Huracán compró el 80% del pase del futbolista en poco más de un millón de dólares (el club no informó oficialmente la cifra definitiva).

lunes, julio 18, 2016

El paso necesario



Copa Argentina: Huracán 2-Central Córdoba de Rosario 1, en Banfield

Había que ganar. Era un partido más importante que lo que un rival de la Primera C sugería. Significaba pasar de ronda, seguir tras los pasos de otra Copa. Y se dio ese paso. Sin brillos, sin margen en el resultado, con justicia.

Y sirvió también para observar detalles y permitir situaciones. Tras cinco meses, volvió Diego Mendoza; debutaron Norberto Briasco (de destacada actuación), Nicolás Femia y Matías Juárez; Leonardo Müller disputó su segundo partido; Nicolás Cordero (17 años recién cumplidos) estuvo en el banco. Es cierto: todo eso sucedió en un equipo al que le faltan refuerzos (apenas se sumaron Lucio Compagnucci e Ignacio Pussetto). Pero hay tiempo: falta un mes para el inicio del torneo.

viernes, julio 15, 2016

Volveremos, volveremos...



Huracán comenzará el lunes (frente a Central Córdoba de Rosario, en el Florencio Sola de Banfield) su recorrido por la Copa Argentina 16/17 tras los pasos de su Estrella Catorce. Con la idea de repetir aquella celebración en San Juan ante Central, con Marcos Díaz como repetido superhéroe; de continuar otro año en el ámbito internacional; y de demostrar que el protagonismo grande es un hábito de este ciclo...

miércoles, julio 06, 2016

Sobre finales...


Por Ariel Scher*
Ni como jugador ni como espectador, ni como punto ni como banca, ni cuando el viento presagiaba derrotas ni cuando el sol anunciaba triunfos. O sea: nunca. Nunca el Alto tuvo miedo de una final. Hacía rato que lo sabían en el Bar de los Sábados, ese escenario en donde las finales, la respiración, el fútbol y la existencia funcionaban como temas corrientes. Y no se trataba de exceso de coraje o de andar en la inconciencia. El Alto no temía a las finales porque su corazón jugaba para el Deportivo Cambiar El Mundo.

Como millones de personas, el Alto aceleraba el entusiasmo por un equipo cualquiera del que era hincha y no ignoraba que una final suele ser un desafío que baña a las hormonas con un agua que no fluye en otros partidos. Sin embargo, como en más de una tarde había sostenido entre los cafés bienolientes del Bar de los Sábados, su pertenencia al Deportivo Cambiar El Mundo le espantaba cualquier pánico. Sencillo: cada seguidor del Deportivo Cambiar El Mundo conocía, entendía y sentía que una final no finalizaba nada.

"Una final es un punto en un largo camino", acostumbraba decir el Alto, entre café y café, en el Bar de los Sábados. El Deportivo Cambiar El Mundo, un equipo cuya camiseta no se compraba pero se sentía, enseñaba que se llega a una final a causa de una manera de comprender, de comprometerse, de soñar, de esforzarse, de defender unas ideas, de combatir ciertos oprobios, de luchar. Y que las finales podían entregar alegrías o tristezas breves, pero la lucha, igual, continuaba.

"No hay cielos ni hay pozos definitivos. Lo importante, antes, durante y después de las finales, es que las cosas tengan un sentido y no hay mejor sentido que tratar de dejar al fútbol y al mundo mejor de lo que los encontramos", argumentaba el Alto. No por nada recordaba que quienes se sumaban al Deportivo Cambiar El Mundo no llevaban la cuenta del resultado de sus finales, sino de cuánto y cómo habían intentado jugarlas.

Después, con el Bar de los Sábados como testigo, repetía que por eso no tenía miedo. Lo decía mientras por delante tenía otro café y la certeza entera de que, en las finales, en los principios y en cada día, había mucho que hacer para seguir cambiando el mundo.

*Periodista, escritor, docente.

jueves, junio 30, 2016

Cuando marcha Huracán (sonidos del Ducó)



La escuchamos tantas veces en el Ducó. En días en los que resultaba un impulso, una contradicción, un retrato o una ironía. Cantada por esas voces que ya no están y que cuentan un tiempo que ya no es. Arriba y abajo, la Marcha de Huracán, en el video y en su letra.

Sopla un viento de triunfos y gloria
corazones que vibran de fe
ya desfilan los grandes campeones
y la hinchada aplaude de pie.
En sus pechos diviso la insignia
confundida con el corazón
es un Globo de fuego que vuela
rumbo al cielo de su inspiración.

Se oye un grito que se expande
por los aires con afán
son millones de gargantas
las que nombran Huracán.
Club glorioso de campeones
con empuje de titán
arrogantes corazones
Huracán, Huracán, Huracán.

Ya termina el desfile armonioso
deportistas de gracia ideal
y al espacio se elevan los hurras
junto al Globo que vuela triunfal.
Ya se marchan los bravos campeones
y la hinchada que alienta a la par
el estadio dormita en silencio
suena un eco, Huracán, Huracán, Huracán...

jueves, junio 23, 2016

Gracias y hasta pronto, Wanchope...



Se va Wanchope Abila al Cruzeiro. El club mineiro pagará cuatro millones de dólares por el 50 por ciento del pase. Es el final de un ciclo brillante que incluyó 53 goles en 102 partidos, dos títulos (la Copa Argentina y la Supercopa Argentina), un ascenso, una final sudamericana, el mejor ranking mundial en décadas...

Por todo eso, gracias Wancho. Buen viaje. Nos volveremos a ver...

sábado, junio 04, 2016

Alí se fue con Ringo, al Reino de los Cielos


Falleció Alí, el más grande de todos los boxeadores. Se fue al Reino de los Cielos, con Ringo. Para volver a encontrarse, como aquella vez, en 1970...

Por Carlos Marcelo Thiery
Terminó el noveno round y el Madison Square Garden se venía abajo con las cascadas de gritos que los admiradores de Bonavena dejaban caer sobre el ring. " ¡Dale Ringo!, ¡Dale Ringo!... " ¡Argentina! ¡Argentina!" La profecía de Clay no se había cumplido. El noveno round había pasdo, y el boxeo dejó a salvo uno de sus principios fundamentales: se pelea con los puños y no con la boca,. Pero al mismo tiempo otras leyendas de la mitología que se creó en torno de esta pelea quedaron canceladas. Ni Bonavena fue la presa fácil para Muhammad, ni el invicto, a lo largo de treinta peleas pudo trabajar como frente a Jerry Quarry. Claro que, al mismo tiempo, los fanáticos admiradores de Ali hacían notar que los tres años y medio de inactividad no le impedían al musulmán seguir boxeando más allá del sexto o séptimo round como vaticinaban sus enemigos.

Pero, tal vez, la moraleja más apasionante y didáctica de todas fue el hecho de que recién entonces todo el mundo, y especialmente los dos hombres que transpiraban sobre el ring, se dieron cuenta de que simplemente estaban peleando un ser humano contra otro ser humano. Clay y Bonavena habían estado especialmente nerviosos antes de la pelea, durante el pesaje y en las cuarenta y ocho horas previas al combate.

(...)

Bonavena cayó porque salió a jugarse en el último round. Justamente él, que tiene fama de desobediente, siguió al pie de la letra durante catorce rounds las instrucciones de Clancy, y dejó de hacer lo que su manager norteamericano llamó en un momento "nuestro gran negocio". Ringo sabía que su búsqueda con golpes por afuera no le habían dado ventajas y que si la pelea llegaba al término reglamentario, muy difícilmente pudiera llegar a ser el ganador. Entonces salió a enfrentar frontalmente a Alí, y allí abrió las puertas a los tres golpes que lo pusieron otras tantas veces en el piso (...)

Así, como cayó Ringo, caen los hombres que no saben especular. Los que necesitan tomar la iniciativa. Y los que saben justificar su responsabilidad. Sus ganchos abiertos habían sido metódicamente anulados por Alí, ya sea con buenas palancas o con desplazamientos que el argentino no pudo ni intentó seguir. De cualquier manera, a mitad del apelea, Clay ya se había dado cuenta de que no la iba a ganar haciendo su trabajo de showman, y más bien se dedicó a cuidar el aire que a tratar de cumplir su predicción (...)

Y Ringo fue obediente hasta el anteúltimo round cuando decidió, prácticamente por su cuenta, que no le bastaba con la satisfacción de perder por puntos. Allí intentó mucho más que en ese inolvidable noveno round. Cuando dos o tres cruces suicidas lo pusieron a tanta distancia de la gloria como de un nocaut que hubiera sido prematuro. Parecía una locomotora arremetiendo contra Clay, y desgraciadamente el desaliño de sus manos levantadas dejó penetrar tres manos netas de Muhammad que provocaron otras tantas caidas que decretaron el primer fuera de combate en toda su carrera.

Aún así, Oscar Natalio Bonavena no olvidará que subió al ring abucheado y bajó aplaudido y ovacionado (...)

Ganó un talento: Clay, ensombrecido por la valentía de un hombre: Bonavena.

viernes, junio 03, 2016

Abono para un dolor


El Abono a la Platea Alcorta, en 1986, una reliquia no tan lejana en el tiempo. También un dolor de esos que duran demasiado. Ese año, a consecuencia del flojo promedio arrastrado, Huracán descendió a la segunda categoría por primera vez en su historia, luego de 72 años ininterrumpidos en Primera.

martes, mayo 31, 2016

Días de vaivenes



Miguel Brindisi y su mirada del Huracán de 1980. Un equipo protagonista por momentos, cambiante, con hechos memorables en el recorrido (sobre todo aquel 4-1 a Boca, en La Bombonera), con tropiezos. Y con vaivenes dentro y fuera de la cancha. Eran tiempos de Intervención en Parque de los Patricios. Y en el país, también. Huracán, otra vez, resultaba una suerte de metáfora que excedía al campo de juego.

sábado, mayo 28, 2016

Casas se busca


Gastón Casas, en acción. Fue la gran figura del muy buen equipo que ganó el Nacional de la temporada 99/00, tras vencer en la final por el ascenso a Quilmes. Fue el goleador del equipo y del torneo. Si se fuera el inmenso Wanchope Abila, hoy nos vendría muy bien contar con aquel Casas, claro...

miércoles, mayo 25, 2016

El Ducó, un evento social



La inauguración del estadio Tomás Ducó, en reemplazo del Jorge Newbery (la vieja cancha de madera que desde 1924 se instaló en Alcorta y Luna), movilizó a todos. A las autoridades nacionales y municipales, a los dirigentes del club, a los socios, a los hinchas, a los vecinos, a los curiosos. Como dice el locutor "uno de los mejores estadios de América" (para la época) y "un orgullo del deporte argentino" (para siempre). También un evento social de aquellos años cuarenta.

domingo, mayo 22, 2016

Wanchope para siempre



Palabras de Wanchope Abila, tras la victoria ante Lanús. Gratitud en tiempos de despedidas...

Aplausos y gracias



Lanús 1-Huracán 3
El equipo cerró su participación con una victoria clara, con buen juego, con autoridad. También con una sensación: la posibilidad del título se la quitaron los árbitros... En cualquier caso, aplausos y gracias. Otra vez...

Ringo, eterno...



Ringo Bonavena está en todos lados. En las paredes que lo retratan, sobre la calle Luna, o sobre cualquier otro rincón de los Barrios del Sur de la Ciudad de Buenos Aires. Su cara sonríe, su cuerpo grande ofrece esa piña que conoció Alí y que asombró al mundo. Miente la vieja noticia que dice que se fue para siempre, a los 33 años, en aquel asesinato del 22 de mayo de 1976 en las oscuridades del Mustang Ranch, un cabaret de Reno, en el estado de Nevada, Estados Unidos."Ringo está acá, Ringo es nosotros", dice -emocionado- uno de los tantos socios de Huracán que impulsaron una idea sin objeciones: que la popular local del Palacio Ducó se llame así, como él. Ringo Bonavena.

El detalle no se parece a una casualidad: con capacidad para 21.000 espectadores es la popular más grande del fútbol argentino. Sí, la Bonavena. La de su Globo. La de su Huracán. Ese espacio cuenta su dimensión, su lugar en la cultura popular. Sirve un dato: su velatorio en el Luna Park resultó la manifestación popular más numerosa entre los dolores y los horrores de la última dictadura.

Los que mucho conocen de la historia de Huracán lo comentan ahora, días de recuerdos: en los años setenta, cuando Huracán sumó su undécimo título de la AFA (aquel memorable Metropolitano del 73, con Menotti como ideólogo y con Houseman como perfecto mago), Ringo se entrenaba con el plantel, decía que quería jugar. "Se la pasábamos siempre, quería hacer su gol, a veces lo dejábamos pasar", cuenta Daniel Buglione, marcador central del Equipo de los Sueños. En las tribunas, el grito era unanimidad y orgullo: "Somos del barrio / del barrio de La Quema / somos del barrio de Ringo Bonavena".

Bonavena era un autodidacta en materia de promociones y desparpajos, señala Horacio Pagani, quien mucho lo conoció. Era el principal vocero del club que adoraba. Resultó también un adelantado: sehizo gerente de marketing de Huracán mucho antes de que el marketing se acercara al fútbol. La contratación de Daniel Willington fue una de sus búsquedas sin inhibiciones. Le gustaba aparecer con la camiseta de Huracán en cuanto lugar lo invitaban y jamás se olvidaba de mencionar al Globo de Newbery en cada programa al que lo convocaban. Como en el de Pepe Biondi, líder de audiencia, en el que Ringo mucho se parecía a un humorista más. Puro carisma.

Era más que un boxeador. Se trataba de un personaje que contenía a varios personajes. Guapo, pendenciero, intenso, campeón sin corona, porteño de ley, dueño del show. Lo demostró todo en aquel 7 de diciembre de 1970 frente al gigante Ali,con récord de rating para la televisión argentina. Canal 13 sumó entonces 79.3 puntos, una cifra sólo posible en instancias decisivas de la Selección en un Mundial (la marca recién fue superada en la Copa del Mundo de 1990, durante la semifinal entre Argentina e Italia). La caída ante Alíno tuvo impronta de derrota: la derrota fueincapaz de dañar la indomable leyenda de Ringo.

Trasladóla popularidad de los estadios al tantas veces hermético espacio del ring. Bonavena era un audaz. Ilimitado adolescente, pibe de barrio, desmesurado y divertido charlatán, amigo sin quebrantos. Se animaba a desafiar a todos. En cualquier calle del mundo. Antes de enfrentar en el Madison Square Garden a Ali, se paseó con un toro por la Quinta Avenida de Nueva York. Y hasta lo trató de gallina a su rival. En el mítico estadio de la Gran Manzana se escuchó el grito de guerra de los que viajaron y de los que aprendieron a adorarlo a la distancia: "Rin-go / Rin-go / Rin-go". En Buenos Aires, ni los vagabundos caminaban las calles. Había que ver a Ringo. Los 20.000 espectadores de aquella ocasión lo sabían o lo aprendieron mirando: estaban en presencia de un guapo de verdad, que podía levantarse cada vez que lo tiraran y que podía derribar al invencible, al mejor de la historia. La épica del pibe de barrio.

Era exagerado, intenso. En la biografía Díganme Ringo, de Ezequiel Fernández Moores, se reproduce una declaración que lo muestra en su costado más bravucón, más jactancioso: "No hay en América ningún pesado que pueda inquietarme; no existe nadie en mi horizonte a no ser Clay. Yo quiero al negro porque no me gustaría terminar como tantos otros caminando solo por la calle con los bolsillos llenos de pelusa. Tengo una renta de 300 mil pesos viejos por el alquiler de quince departamentos, un auto Mercedes Benz que vale siete millones de pesos y dinero bien invertido". Le gustaba alardear. Se sentía cómodo, aunque lo miraran de reojo por cuestiones de origen. "Pío, pio", les decía a los quejosos. Y los invitaba a que se callaran...

La revista El Gráfico contó una verdad en su tapa cuando perdió con Alí: "Así cae un hombre". La caída de Ringo de La Quema fue también otra cosa. Las piñas que a él le pegaban les dolían a todos en Parque de los Patricios y zonas de influencia. Ese dolor compartido resultaba una expresión del sentido de pertenencia. "Ringo abría el bolsillo siempre que veía a algún vecino o a algún quemero en la mala", dicen quienes vivieron sus días, quienes caminaron sus mismos empedrados. Para todos ellos, él sigue latiendo hecho memoria o tribuna o anécdota. O todo junto.

Texto publicado por el Fundador del blog en Clarín.

martes, mayo 17, 2016

Pedro, el especialista


Un penal, patea Pedro Barrios, es gol. Una postal de los años noventa. Con el el uruguayo -el defensor con más goles en la historia del club- como protagonista.

domingo, mayo 15, 2016

Que la próxima vaya adentro, Wancho



Huracán convirtió apenas tres goles en sus últimos nueve encuentros (incluyendo Libertadores y torneo local). Los dos en Medellín frente a Atlético Nacional y en el Ducó ante Unión. Muy poco. Casi nada. En ese dato (más allá de los perjuicios arbitrales) se explica la falta de victorias. Es cierto, también el azar está jugando su partido. En contra...

viernes, mayo 13, 2016

Palabras para una emoción de todos



Patricio Toranzo, tras su regresos frente a Unión. Emoción, lágrimas, corazón, palabras. Para recordar siempre.

Retrato de un regreso sin olvido


La primera escena posterior al partido sirve de retrato: ahí, en el campo de juego, Patricio Toranzo solloza, ofrece sus lágrimas a modo de agradecimiento para toda esa gente que -bajo el frío de un viernes en la noche de Parque de los Patricios- grita su nombre, que lo aplaude, que le brinda esa ovación que lo abraza. Es el regreso del Pato de La Quema, del 18. Tres meses después del accidente en Caracas en el que su vida caminó por la cornisa, él está de nuevo jugando. Y está bien, entero, intenso, preciso, con unas ganas que no le caben en el cuerpo. La precisión -a juzgar por esos 12 minutos en los que participó- está intacta. La impresión resulta inequívoca: está para jugar en ese Huracán de luchadores que se anima a todos los desafíos, a pesar todo.

“Fue muy duro todo lo que pasó. Y es muy emocionante todo esto. Hay cosas que conté. Y hay cosas que me voy a llevar al cajón, seguro con la bandera de Huracán. También por eso creo que este fue el partido de mi vida...”, son sus primeras palabras posteriores a ese retorno que no tendrá olvido. “Siempre creí en esto. Y acá estoy... Les quiero agradecer a todos. A mi familia, a mis amigos, a toda esta gente...”, recuerda. Las lágrimas lo acompañan a modo de testimonio complementario.

Dice que se sintió bien. Y eso es una verdad. Con él en el campo de juego Huracán se asomó a esa victoria que mereció. Pero que no pudo alcanzar. Por dos razones fundamentales: la primera, Unión golpeó cuando nadie lo esperaba, en la última jugada del primer tiempo; la segunda, a Huracán le faltó precisión en los últimos metros.

Hubo un partido antes de la emoción vinculada al regreso de Toranzo. Con un Huracán que hizo el gasto en nombre de la victoria, que tuvo la pelota (61 a 39 por ciento fue la ventaja en la posesión), que llegó más. Y con un Unión ordenado que priorizó su tarea defensiva y apostó a sorprender de contraataque o con la estupenda pegada de Malcorra.

Fue un poco más el equipo de Domínguez. Es cierto. Pero falló en ese lugar en el que se definen los partidos: el área ajena. La impresión es clara: cuando Abila no es el implacable Wanchope a Huracán el gol le cuesta demasiado. De hecho, ante Unión, su único grito llegó facilitado por un roce en Zurbriggen tras un fuerte remate de Espinoza. Para colmo, cuando Abila convirtió -tras un rebote de Nereo Fernández ante un remate de Romero Gamarra- el árbitro Paletta le anuló el gol por un off side que no fue tal (habilitó Emanuel Britez). También por eso a Huracán se le negó la victoria. Pero no la emoción, claro: el regreso de Toranzo fue un triunfo de todos. Y una emoción para guardar, también.

Texto publicado por el Fundador del Blog, en Clarín.