sábado, marzo 08, 2014

Un grito en el silencio


Patricio Toranzo define, tras una gran jugada de Leandro Caruso. Fue el gol de la victoria en Avellaneda. Fue un grito en el silencio.

Independiente 0-Huracán 1
Independiente parece preso de sí mismo, de ese infierno en el que se metió cuando parecía que faltaba casi nada para su horizonte de Primera. No fue casualidad esa despedida con los silbidos como telón de fondo y con los insultos como retratos de la bronca. El equipo de De Felippe jugó mal y perdió. Huracán, que venía de tropiezo en tropiezo, lo golpeó y lo noqueó. Se le animó a jugar de igual a igual y, ya en el segundo tiempo, se aprovechó de las urgencias y de las ansiedades ajenas para ganar con lo justo en el resultado y con justicia en cuanto a los méritos.

Parece mentira, pero es verdad: Independiente y Huracán disputaron ayer en la segunda categoría el viejo duelo nacido en 1915. Y no es azar: están ahí porque hicieron las cosas muy mal en varios rubros. También en el deportivo. En este último aspecto, lo que ofrecieron en el primer tiempo sirve como testimonio inequívoco: se jugó poco y bastante mal. En esa etapa quedó la impresión de que Independiente estaba más cerca de la chance de ganar. Pero no. El Rey de Copas tuvo una posibilidad enorme y la dilapidó: penal de Montenegro (por falta de Cuesta a Penco), atajada de Marcos Díaz. Y a partir de ese momento, que se vivió como un gol en contra en Avellaneda, el equipo perdió intensidad y capacidad creativa. Se inhibió.

Huracán, que parecía roto tras una semana de rumores diversos e incómodos, se reconstruyó a sí mismo. Con una curiosidad: los abanderados de la recuperación fueron cuatro de los Angeles de Cappa. Domínguez y Arano le brindaron solidez a una defensa que, con sencillez y sin complejos, ganó regularmente ante los delanteros rivales; Toranzo y Defederico fueron perfectos socios para encontrar espacios y generar peligro. Y lo que había sido imposible en los últimos tres encuentros se transformó en un grito entre los silencios del Libertadores de América: tras una buena combinación con Caruso, Toranzo definió de manera impecable. Uno a cero. Y un mensaje: a los silbidos -por su pasado en Racing- el mediocampista respondió del mejor de los modos, con fútbol para el aplauso.

A partir de ese momento, Independiente mostró la peor de sus versiones. Se desesperó por la propia necesidad de sumar, pero no creyó en que podía darlo vuelta. Intentó, pero no supo cómo. Buscó, pero no tenía con qué. Casi no inquietó a un Huracán que, a esa altura del partido, estaba más cerca de ampliar la diferencia que de padecer los embates del rival. De hecho, de contraataque, casi lo liquida: a Espinoza le anularon un mano a mano por un off side que no era y Gallegos se lo perdió en soledad ante Diego Rodríguez. Mientras tanto, el equipo de De Felippe escuchaba los fastidios del contorno y se paralizaba, chocaba contra Huracán y, sobre todo, contra su propia crisis. Del otro lado, Kudelka -el técnico que había escuchado rumores sobre su partida- sonreía. Estaba volviendo a creer...

Texto publicado por el autor del Blog, en Clarin.


Así estamos:
En la tabla
En los promedios
En el fixture
Entre los goleadores