jueves, octubre 29, 2009

Lágrimas de cocodrilo


En la derrota ante Newell's, el sábado, Vélez fue perjudicado por un horror arbitral de Collado (el agarrón de Schiavi e Insaurralde a Somoza que desembocó en el 1-1 de Boghossian). Somoza, la víctima, salió a despotricar por la injusticia y hasta hizo una desafortunada comparación con la inseguridad que sufre la sociedad: "Lo que pasa en las calles se ve en las canchas. Están pasando demasiadas cosas contra Vélez". Pobre, Vélez... Somoza, parece, es un hombre de memoria frágil. ¿Dónde estaba el domingo 5 de julio, cuando Brazenas convalidó un gol ilícito de Moralez que le dio el campeonato (¡un campeonato!) a su Vélez ante Huracán? Esa tarde no se escuchó la voz de Somoza criticando el fallo del juez... Quizás no vio el foul de Larrivey a Monzón... ¿Dónde estaba este martes, cuando Lunati inventó un penal que le otorgó la victoria a su Vélez en Tucumán? Otra vez, silencio de Somoza. Uno de los tantos y tantos que ensancha la legión de los que hablan, protestan y se enojan sólo cuando les conviene, cuando el sol no pega para su lado.
Nadie está en condiciones de tirar la primera piedra. Deberían entenderlo, de una vez, los protagonistas de este fútbol lleno de llorones y de acomodaticios. Y deberían entender, también, que el nivel arbitral --en general-- es deplorable, de lo peor de las últimas épocas, y que las enormes deficiencias técnicas llevan a las toscas equivocaciones que se ven fecha tras fecha. Gareca, quien por suerte no suele quejarse, dijo anteayer que Lunati es uno de los mejores árbitros del país. Si fuera así, el referato argentino estaría prácticamente perdido...

Texto publicado por Miguel Angel Bertolotto, en Clarín.