miércoles, julio 19, 2017

Nuestro Rey de Copas

Guillermo Stábile, en sus tiempos de entrenador. Fue el máximo ganador de la Copa América y aportó dos estrellas en Copas Nacionales al palmarés de Huracán.

Alfio Basile vivió su segundo título en la Copa América como un desahogo. En aquel julio de 1993, el aire pesado del Estadio Monumental de Guayaquil conoció su vozarrón. Y su grito de campeón y de bronca deshecha. Sentía que a su Selección no se la reconocía lo suficiente. Que siempre había alguna queja. A veces lo decía en público y con todas las letras. En otros días, lo callaba o lo contaba en alguna mesa de bar y de amigos. No había perdido ningún partido desde su arribo al equipo nacional. Dos años antes, en Chile, había ganado el trofeo continental tras 32 años de espera para los argentinos. En 1992, había obtenido la Copa de las Confederaciones (entonces llamada King Fahd Cup), en Arabia Saudita. Ese fue, además, el último título de la FIFA ganado por la Selección mayor. Pero al Coco muchos lo cuestionaban. Y le inventaban ciertas averías con malicia.

La siguiente escena sucedió en aquella última Copa América en la que dirigió Basile, en Venezuela 2007. Y resultó una suerte de homenaje al pasar para un tal Guillermo Stábile, el supremo especialista en trofeos continentales. Ya era de noche en Puerto La Cruz. El calor, apenas por un rato, dosificaba su acoso. Sobre la avenida de la costanera, en un bar que no tenía nombre, un grupo de muchos venezolanos y pocos argentinos mantenían colmadas las sillas y las mesas dispares. Frente a ellos había un televisor grande, de pantalla plana, que entregaba las imágenes de Argentina-Estados Unidos, que jugaban en Maracaibo. En la transmisión de Meridiano Televisión, el canal de deportes nacional en tiempos de Hugo Chávez, el relator lanzaba una pregunta a modo de desafío para que se comunicaran los televidentes: "¿Quién fue el técnico que ganó más Copas América?" Después de un puñado de segundos, desde una de las meses, un argentino de muchas canas y muchos años, ofreció la respuesta exacta: "Stábile". Después el hombre se quedó en silencio. Quizá nadie le prestó atención a su certeza. Pero quedó como un detalle mágico y fugaz. Como un tributo secreto a la distancia para ese entrenador que ostenta el récord absoluto de títulos continentales.

Su recorrido como entrenador arrancó pronto. Ya había finalizado su estupenda carrera de futbolista. Había sido campeón y goleador, símbolo del Huracán de los años 20 (el más campeón de esa década junto a Boca), figura en Europa. El técnico apasionado ya latía dentro de él. A los 34 años, en 1939, regresó a los Barrios del Sur, a ese Parque Patricios que adoptó como propio. Debutó construyendo un equipo que encantaba: La Aplanadora. Con Herminio Masantonio -su eficiente heredero- como gran figura, ganó la primera rueda, superó a los otros grandes en una misma rueda y terminó subcampeón, sólo detrás de Independiente. Al año siguiente lo contrató San Lorenzo, en una época en la que el Clásico de Barrio más grande del mundo no ofrecía tiempos violentos. En 1941 ya estaba dirigiendo a la Selección. Podía con todo: en simultáneo, condujo dos temporadas a Estudiantes La Plata y regresó a Huracán para ganar dos Copas Nacionales. También trabajó en Ferro y asesoró a Independiente.

A nivel de clubes, fue capaz de hacer milagros desde el costado del campo de juego: Racing -campeón nueve veces en tiempos del Amateurismo- no ganaba el título de Liga desde 1925. Tras el arribo deDon Guillermo como técnico, en 1945, Racing se fue transformando en un equipo brillante y eficaz. También en el primer tricampeón de la Era Profesional (49, 50 y 51). En ese tiempo, a nadie se le ocurrió dedicarle una estatua como a Reinaldo Merlo más de medio siglo después.

En su largo camino de 17 años, Argentina obtuvo seis trofeos en la máxima y más antigua de las competiciones continentales. Celebró en 1941, en el tricampeonato (45, 46, 47), en 1955 y en 1957. En las cinco primeras ocasiones, con invicto incluido. Además, en las ocho ediciones en las que participó en el Sudamericano en la Era Stábile siempre se subió al podio (la Selección fue, además, segunda en 1942 y tercera en 1956). Otro detalle de la conquista: sólo se impuso como local en la Copa de 1946. De las otras cinco, tres acontecieron en Chile, una en Ecuador y otra en Perú.

También Stábile -incluso mientras dirigía- se dedicó a otras actividades. En 1948, ya consagrado como DT de la Selección, actuó en el film "Pelota de trapo", dirigido por Leopoldo Torres Ríos y protagonizado por Armando Bo. Hacía de él mismo, como nueve años más tarde en la película "Fantoche", junto a Luis Sandrini y Beatriz Taibo. Su popularidad se lo permitía. Su cara era reconocida por todos. Ese mismo 1957, en Lima, Stábile se convirtió en el creador de un equipo sin olvido: Los Carasucias, aquel plantel en el que se destacaban -entre tantos- Oreste Osmar Corbatta y Enrique Omar Sívori. "Don Stábile no nos pedía nada raro. Era tranquilo para dar indicaciones. Y si tenía algo para decirte, se te acercaba y te hablaba al oído. A mí, por ejemplo, me pedía que me desmarcara siempre. Pero nos daba libertades para jugar", le contó Maschio a Clarín, al cumplirse medio siglo de aquel logro. Desde entonces hasta hoy, la Argentina apenas sumó tres trofeos (59, 91 y 93). En tiempos de Kempes, de Passarella, de Maradona, de Messi, de Mascherano. De Menotti, de Bilardo, de Bielsa, de Pekerman, de Martino.

Más allá de sus logros, Stábile también conoció el dolor y la ingratitud de la derrota. Fue al Mundial de Suecia 1958, prescindiendo de los cracks que jugaban en el exterior por decisión de la AFA. Y lo pagó con un tropiezo que fue conocido como El Desastre de Suecia. El partido que debía empatar el equipo nacional para pasar a los cuartos de final lo perdió 6-1 frente a Checoslovaquia. Se trató de la peor derrota de la historia del seleccionado junto al 6-1 frente a Bolivia, en La Paz, en 2009. Al llegar a Ezeiza, Stábile escuchó insultos y rechazos como nunca antes y como nunca después. Así concluía el ciclo más largo de un DT en el equipo nacional: 121 partidos y un 75 por ciento de efectividad.

Era muy activo y polifacético. Un adelantado a su tiempo. Mucho antes del imperio de la imagen y de los medios y del marketing deportivo, él ya conocía la importancia de comunicar. En su etapa como jugador y como entrenador. El año pasado la consultora Euromericas Sport Marketing -tras varias temporadas de investigaciones- determinó que el valor de mercado de Messi es de unos 400 millones de euros. La cifra incluye, claro, todo lo que él genera como personaje y como marca, incluso más allá de sus números irrepetibles y sus jugadas de fábula. Mucho antes que el crack rosarino y universal, Stábile -sin proponérselo- había sido un pionero de la especialidad. En los años 30, Don Antonio Nesman y su hijo Victorio le pusieron como nombre "El Filtrador" a uno de los vinos elaborados en su bodega mendocina, Familia Nesman. Estaban encantados por sus goles, por esa capacidad para definir. Y le rindieron ese reconocimiento adoptando el apodo del máximo goleador del Mundial del 30 como una marca.

Había más rebusques y berretines en su vida de vértigos y pasión por el fútbol: fue comentarista radial, ya como entrenador. Hablaba de fútbol, de táctica, de técnica, de estrategia. Lo hacía con nombres y apellidos; ofrecía ejemplos. Cuentan que dictaba cátedra frente a los micrófonos de LS10 radio Libertad. Stábile acompañaba los relatos de Eugenio Ortega Moreno y las opiniones de Guillermo Oscar Tipitto. En 1959, un año después del durísimo golpe en el Mundial de Suecia, se hizo cargo de la Escuela de Técnicos de la AFA desde 1959. Esa vez, un mal resultado no tapó la apropiada decisión. Murió, inexplicablemente olvidado, en 1966, a los 61 años. Ahora, en días de quejas por ese título que no llega, su palmarés sigue siendo un lujo.

Texto publicado por el Fundador del Blog, en Planeta Redondo, de Clarin.com