martes, marzo 28, 2017
Feliz Día, Quemeros...
Hoy, Día Mundial del Hincha de Huracán, feliz cumpleaños para todos los Quemeros. Los de acá. Y los de allá...
"Espíritu de equipo"
Lo dice el entrenador Azconzábal, se percibe. Hay "espíritu de equipo". No es poco.
lunes, marzo 27, 2017
Un grito, un punto de apoyo
Vélez 1-Huracán 1
Fue eso: un grito, un punto que suma. Se jugó poco, se metió mucho. Hubo intensidad, faltó creatividad. Se luchó con bravura, que no es poco. Así, el equipo se mantiene a salvo.
Siete de nueve en 2017; la sensación de que hay una idea y cierto orden; también la percepción de que hay un convencimiento colectivo. De todos modos es cierto: falta un centrodelantero, falta gente que haga goles. Y ese detalle es una ventaja que lastima. Se trata, sobre todo, de un error inadmisible en los días de mercado abierto...
martes, marzo 21, 2017
Montaño y ese marco imponente
Año 1954, Huracán golea Racing, ya cerca del final de la Primera Rueda. Aquel 25 de julio el Globo de Newbery se impuso 4-1 con una particularidad: los cuatro tantos los convirtió Elio Montaño. Otro detalle que exhibe la imagen: el estadio luce repleto, al margen de la floja campaña. Y no es casualidad: a pesar de finalizar decimoquinto, esa temporada Huracán vendió un promedio de 16.423 entradas por partido, el más alto de su historia. Sirven los datos comparativos: el promedio de Boca en el Profesionalismo es 18.152; el de River, 16.813; y el de San Lorenzo, 12.194.
domingo, marzo 19, 2017
Silencio, habla un superhéroe
Marcos Díaz, tras el 2-0 ante Defensa y Justicia y su notable actuación. Otra más.
sábado, marzo 18, 2017
Dos por tres, seis
Huracán 2 - Defensa 0
Huracán terminó gritando, en su Parque de los Patricios. De felicidad y de desahogo. Es lógico:este 2-0 frente a Defensa y Justicia es ni más ni menos que su tercera victoria consecutiva en el torneo. Y es, sobre todo, otra cosa:la posibilidad de engrosar su promedio en la lucha prioritaria por permanecer en Primera. No le sobró nada. Pero dejó una impresión valiosa:hay un equipo dispuesto a la lucha. A no regalar nunca nada.
Es un caso raro el de Huracán. En el segundo semestre del año pasado padeció la falta de contundencia (adjudicada, con razón, a la partido de Wanchope Abila, su goleador y talismán) y el desamparo del azar en varios partidos. En este regreso del fútbol, más allá del inesperado golpe recibido en Venezuela (aquel 0-3 frente a Anzoátegui, por la Sudamericana), Huracán consiguió una suerte de milagro:que aquellas carencias se transformaran en virtudes. Lo había mostrado en San Juan, la semana pasada:en el 1-0 a San Martín se puso en ventaja en su primera llegada, al principio del partido. Lo exhibió de nuevo ayer, ante Defensa: mientras el Halcón comenzaba a tomar vuelo bajo el cielo del Palacio Ducó y se adueñaba de la pelota, Huracán convirtió goles en sus dos primeras llegadas a fondo. Eficacia pura. Ventaja enorme.
Ambos goles tuvieron un parentesco: los construyó por donde sabía que podía obtener ventaja. La derecha del ataque, la izquierda de la defensa del equipo de Florencio Varela. Beccacece asume riesgos:puso una defensa de tres contra los tres delanteros de Huracán. Cualquier volante o lateral del local que se sumaba por afuera complicaba. Y eso aconteció:a los 13, penetró Nicolás Romat, aprovechó que Gabriel Arias estaba mal parado y coló la pelota por el primer palo. Seis minutos después, a la salida de un lateral, Mariano González hizo un gol propio de sus mejores días (quizá aquellos del Porto o del Inter de Milan): dos gambetas en espacios reducidos y un zurdazo al ángulo. Para aplaudir por todo el tiempo que le quedaba al partido. Otra detalle para aplaudir mucho: los enganches frecuentes y las gambetas en velocidad de Julio Angulo
El primer gesto de Azconzábal tras el segundo gol fue elocuente y sencillo:“Pensemos, pensemos”. Y eso comenzó a hacer Huracán: comenzó a administrar la diferencia, a jugar con calma. No sufrió en demasía, a pesar de retroceder en el campo de juego. Además, ante las pocas llegadas profundas de Defensa, apareció Marcos Díaz, esa habitual garantía. En las dos más claras del rival resolvió -puro reflejos- ante Bouzat y Castellani. Ya en el segundo tiempo, repitió ante Stefanelli y con un tiro libre de Rafael Delgado.
Tuvo oficio Huracán para sostener la segunda mitad del partido. Hizo lento el trámite en nombre de su beneficio, le quitó ritmo a Defensa, le recortó espacios en la gestación de juego. En suma, fue astuto para hacer valer aquella ventaja del comienzo. Defensa, es cierto, mereció descontar. Pero mucho más por voluntad y constancia que por claridad. Pero al cabo este Huracán bravo y dispuesto a la lucha volvió a dejar su arco en cero. Ese número desde el que comienaza a construir victorias. Y a mejorar su promedio.
Texto publicado con Guillermo Tagliaferri, en Clarín.
martes, marzo 14, 2017
Juega La Aplanadora: no hay más localidades
Un viejo duelo contra Racing, en 1939. Dos de los gigantes del Amateurismo, en días de Profesionalismo. Un estadio repleto, el de Avellaneda, con clima de clásico. Los dos iban por su primer título en la nueva era. En aquel año, Huracán -con La Aplanadora de Masantonio- venció a todos los otros grandes y finalizó subcampeón. Era un lujo verlo, cuentan.
El Globo de Newbery finalizó esa temporada como subcampeón junto a River, detrás de Independiente. Además, recibió las medallas en su condición de vencedor de la Primera Rueda (ya en 1941, Huracán se impuso 2-1 a Independiente en el desempate para determinar al ganador de esa instancia). Una campaña notable para un marco de lujo y expectativas multiplicadas.
sábado, marzo 11, 2017
Un gol, tres puntos, mucho aire
San Martín de San Juan 0 - Huracán 1
Huracán se trajo de San Juan tres puntos fundamentales para enderezar su situaciòn respecto del promedio. No le sobró nada, pero le alcanzó con ese gol de Norberto Briasco y la recomposición de su estructura defensiva (sobre todo a partir de los regresos de Marcos Díaz, Mancinelli, Bogado y Fritzler).
En una cancha frecuentemente hostil (en la que siempre había perdido en la A), el equipo de Azconzábal supo golpear de entrada y de sostener con tenacidad y con oficio la diferencia. No es poco para un equipo que venía muy herido tras el debut en la Sudamericana (0-3 ante Anzoátegui, en Venezuela).
Ahora, es tiempo de volver a confiar. De crecer. De sumar. Sí, para seguir respirando.
martes, marzo 07, 2017
Tittonel, aquella garantía
Jorge Tittonel, en la tapa de El Gráfico, en los años cuarenta. Jugaba de half izquierdo, con esa zurda que exhibe en la tapa como garantía. "Dinámico", lo definía la revista deportiva más jerarquizada de entonces.
Disputó más de 200 partidos con el Globo de Newbery en el pecho (205 sólo por torneos de Liga) y participó de las tres Copas Nacionales consecutivas que ganó Huracàn entre 1942 y 1944. Se despidió de su club en 1946.
miércoles, marzo 01, 2017
Tres golpes; ¿un nocaut?
Copa Sudamericana: Deportivo Anzoátegui 3 - Huracán 0
No hay caso: Venezuela le sienta mal a Huracán. Lo volvió a vivir esta vez. En 2015, perdió 3-0 frente a Mineros y se quedó afuera de la Copa Libertadores. El año pasado, también cayó ante Caracas (pero accedió a la fase de grupos de la máxima competición continental) y luego del encuentro, rumbo al aeropuerto, el micro se accidentó y no hubo muertos sólo por milagro. Ayer, contra Deportivo Anzoátegui cayó en su estreno en la Copa Sudamericana, tras un primer tiempo desastroso. Ahora, en la revancha del 31 de mayo, deberá reconstruirse desde los escombros que dejó esta goleada.
Ni el más pesimista de los hinchas de Huracán podía imaginar ese comienzo con tantos cachetazos juntos. A los 21 minutos, luego de una sucesión de errores defensivos, el equipo de Parque de los Patricios ya perdía 3-0 frente al Deportivo Anzoátegui. Un golpe tras otro, de entrada, en frío, casi un nocaut de tres trompadas precisas e inesperadas.
El fútbol tiene esas curiosidades: justo antes de que el equipo de Venezuela marcara los tres goles en 14 minutos (entre los 7 y los 21), Mariano González tuvo una chance inmejorable de poner a Huracán en ventaja, mano a mano frente al arquero Beycker Velásquez. Después llegó el vendaval vinotinto...
Hubo una razón poderosa para que Huracán sufriera tanto: los rotundos fracasos individuales en defensa. Luca Sosa volvió a equivocarse como en el amistoso frente a Racing (3-4, en Avellaneda). En aquella ocasión vivió una pesadilla con Gustavo Bou durante el segundo tiempo; en Puerto La Cruz padeció ante cada rival que se le cruzó en el camino. El marcador central -una de las apuestas de Ricardo Caruso Lombardi en su breve y flojísimo ciclo al frente del plantel- no hizo pie y se mostró impreciso en las salidas. Para colmo, no lo salvaron sus compañeros: ni el arquero Matías Giordano (reemplazante del titular indiscutido Marcos Díaz, suspendido) ni el capitán Martín Nervo ni ningún otro.
En el primer gol, Charlis Ortiz entró amagando al área visitante con una naturalidad propia de un paseo por algunas de las playas que rodean a esta ciudad. Pasaron Sosa, Nervo y Giordano y el atacante de Anzoátegui aprovechó y definió. Cuatro minutos después, un contraataque, otra vez agujeros en la defensa de Huracán y penal inevitable de Giordano, quien se salvó por poco de la expulsión. Ricardo Martins lo cambió por el gol del 2-0. Siete minutos después, una torpeza de Sosa en la salida le permitió a Néstor Canelón irse solo frente al arquero y establecer el 3-0.
Huracán trató de rearmarse. Pero le costó. Tuvo la pelota, buscó. Le faltó precisión en los últimos metros para alcanzar el descuento antes del descanso. En la más clara, el arquero Velásquez evitó el gol ante un derechazo de Julio Angulo.
Para el segundo tiempo, el entrenador Juan Manuel Azconzábal intentó una modificación audaz: incluyó a Lucas Chacana -un extremo- por Sosa. Estaba claro: había que ir tras los pasos del descuento. Arriesgó, fue, generó espacios, lo puso a Anzoátegui contra su arco. Tuvo chances de convertir. Pero chocó contra una de las figuras de la cancha: Velásquez, el arquero local.
Así no pudo acceder a ese pretendido descuento. Y sobre el final casi termina siendo peor. Con espacios, Anzoátegui quedó al borde del cuarto gol y Huracán se quedó con diez por la expulsión de Nicolás Romat y ya sobre el final con nueve con la roja (por doble amonestación) a Lucio Compagnucci.
Ahora llegará el tiempo de rearmar un rompecabezas roto para la revancha. Lo saben todos en Parque de los Patricios: no será sencillo dar vuelta la serie. Seis suspendidos y tres goles por remontar. Pero la posibilidad existe. Y esa será la búsqueda de Huracán. A pesar de esta noche desencantadora. A pesar de todo.
Texto publicado por el autor del Blog en Clarin.
martes, febrero 28, 2017
Los amigos de Alfredo
Huracán, en 1946, con un protagonista lujoso en la formación: el gran Di Stéfano. Los once: Ramírez, Marinelli, Rebagliatti, Simes, Corzo y Unzué arriba; Salvini, Méndez, la Saeta de todos los tiempos, Videla y Alberti abajo. En definitiva, los amigos de Alfredo.
El máximo ídolo de la historia del Real Madrid marcó su primer gol profesional jugando para el Globo de Newbery. También, su primer doblete (en un memorable 3-2 ante San Lorenzo, en el Clásico de Barrio más grande del mundo, en el desaparecido Gasómetro de Avenida La Plata). Esa temporada, llegado a préstamo de River, Di Stéfano fue el máximo anotador del equipo con 10 tantos en 25 encuentros. De algún modo o de todos, Huracán fue la cuna de sus goles.
domingo, febrero 19, 2017
La Banda del Verano
La gente de Huracán en la cancha de Racing. Entradas agotadas, también en los amistosos. Como dice la canción: "No se compara / con otra hinchada".
Juego, optimismo, futuro
Juan Manuel Azconzábal, tras el encuentro ante Racing. Es tiempo de creer. Y de crecer.
sábado, febrero 18, 2017
Hay una idea, hay una búsqueda
Amistoso de Verano: Racing 4-Huracán 3*
El partido sirvió como puesta en escena general de cara a las competiciones oficiales que se avecinan. Y permitió sacar algunas conclusiones valiosas: la primera, hay una idea; la segunda, hay una búsqueda convencida detrás de ella; la tercera, se percibe trabajo detrás de ambas.
Es cierto, hubo errores individuales inadmisibles (fue el peor partido de Luca Sosa, por lejos) en el ámbito profesional, pero eso no inhibe la sensación optimista de cara al semestre que se avecina. El Huracán del Vasco invita a ir a la cancha. Y a creer.
*El mejor partido y el de más goles entre todos los Torneos de Verano.
viernes, febrero 17, 2017
Tucho, crack de tapa
Norberto Méndez, nuestro Tucho, en la tapa de El Gràfico. Con la camiseta de Huracán, en 1944, el año de la vuelta olìmpica en la Copa Competencia Británica, la Estrella Diez. y con la camiseta de la Selección, en 1945, el año de otro título en la Copa América, con el crack de La Quema como máximo anotador de la competición (con seis tantos, junto al increíble Heleno de Freitas). Méndez fue una de las grandes figuras de aquella prolífica década del cuarenta para el fútbol argentino.
martes, febrero 14, 2017
Ese tango nuestro
El tango, en la Sede de la Avenida Caseros, en 1944. Las mejores orquestas tocaban en Parque de los Patricios. Y Huracán se ofrecía como espacio solidario. Tradición e impronta Quemera.
viernes, febrero 10, 2017
A un año de Huracán Inmortal
Diego Mendoza y Patricio Toranzo, en la tapa del diario Olé. El recuerdo de la tragedia que se hizo milagro. También ahora, en la antesala del regreso a Venezuela, en el debut en la Copa Sudamericana ante Deportivo Anzoátegui, el primer día de marzo.
Más:
La entrevista completa, en el diario Olé.
El traumático viaje a Córdoba, en el diario Clarín.
Más:
La entrevista completa, en el diario Olé.
El traumático viaje a Córdoba, en el diario Clarín.
martes, febrero 07, 2017
Dos caras, un viejo duelo
Ernesto Lazzati, de Boca, y Manuel Giúdice, de Huracán. Dos centrojás emblemáticos de los años treinta y cuarenta. También las caras de un duelo con ambiente de clásico, herencia de los gloriosos años veinte.
miércoles, febrero 01, 2017
Aquel partido era una final
Huracán debutará el primer día de marzo en la Copa Sudamericana 2017: será frente a Deportivo Anzoátegui, en Puerto La Cruz. Resultará también el regreso a Venezuela, el territorio de la tragedia que se hizo milagro. Y significará el comienzo del tercer año internacional consecutivo, por primera vez en la historia de más de 108 años.
El acceso a esta competición se dio gracias a la participación del equipo en el torneo de Transición 2016 (el que se jugó en el primer semestre): Huracán finalizó quinto en la Zona 2, tras pelear por el acceso a la Final y a la Libertadores, y noveno en la Tabla General. Esa ubicación le permitió entrar a la Sudamericana como Argentina 4, detrás de Independiente, Arsenal y Defensa y delante de Gimnasia La Plata y Racing.
Y para eso hubo un partido clave: el 3-1 frente a Lanús (el del video, el del golazo de Bogado y el de la despedida con doblete de Wanchope Abila), en la última fecha. Si Huracán empata o perdía frente al que sería a la semana siguiente campeón (al vencer 4-0 a San Lorenzo en la Final) se quedaba sin nada. En el momento no se sabía de la relevancia del encuentro porque el modo de clasificación se confirmó cuando se modificó el formato de las competiciones sudamericanas (desde ahora serán anuales y no semestrales). Ahora es una certeza feliz: aquel partido era una final. Y la ganamos.
domingo, enero 29, 2017
Gloria a Ringo
Ringo Bonavena, siempre astuto, después de una victoria de Huracán frente a San Lorenzo, en 1969. Enfrente, el entrenador rival Manuel Giudice (sí, el mismo crack que usaba el Globo de Newbery en el pecho). Adentro de la cancha, victoria por los puntos. Afuera de la cancha, por nocaut...
jueves, enero 19, 2017
¿Te acordás de esta fiesta?
Fue hace poco, fue una fiesta, fue una victoria. Para volver a vivirla. Y a gozarla...
domingo, enero 15, 2017
Un testimonio imparcial

En la repetida discusión ajena respecto del sexto grande histórico del fútbol argentino existe un detalle imparcial e inobjetable. Se trata de la emblemática y exitosa publicidad de los cigarrillos Imparciales, ícono de la década del 50.
Hay una historia detrás de tal imagen: en 1942, tiempos de Tomás Ducó en la conducción del club, la AFA modificó sus estatutos para incluir a Huracán en el grupo de "los grandes" (aquellos clubes cuyo voto en la Comité Ejecutivo de la AFA valía tres). Entonces Huracán, que había sido el más campeón de la década del 20 junto a Boca y que en 1941 estaba tercero en la cantidad de socios, se sumó a la lista que ya componían, desde 1937, Boca, River, Racing, Independiente y nuestro archirrival San Lorenzo. En esa primera manifestación, Huracán -junto a Estudiantes y a Gimnasia, ambos de La Plata- tenía dos votos y figuraba entre los ocho clubes con votos privilegiados. El resto, los denominados "chicos", tenía un voto.
En 1946, la AFA realiza su última manifestación respecto de tal condición: repite a los mismos seis equipos en la elite. A partir del año siguiente, se determina que el voto de cada club vale lo mismo: uno.
Por esta razón, muchos especialistas y aficionados consideraron tradicionalmente a Huracán como un grande más, condición que arrastraba desde los tiempos del amateurismo. Por esta razón, la marca Imparciales sacó en los 50 una popular publicidad bajo el pomposo eslogan "el séptimo grande". Y allí, al lado del atado de cigarrillos aparece la camiseta de Huracán. Claro, como un grande.
Más:
Grande se nace, en el Blog.
martes, enero 10, 2017
Erico y toda esa gente
Adolfo Pedernera y Arsenio Erico, dos gigantes, en 1947.El 20 de abril de 1947, en el Gasómetro, Huracán goleó 4-0 a Atlanta, ante unas 70.000 personas (se vendieron 33.400 localidades). Esa tarde debutaron Arsenio Erico, el máximo goleador de la historia del fútbol argentino, con el Globo de Newbery, y Adolfo Pedernera en el equipo de Villa Crespo (foto). Y más allá de que en Parque de los Patricios el impresionante delantero paraguayo mostró sólo retazos de su estirpe (no hizo goles en sus siete encuentros disputados), aquella presentación resultó también un hito: siete décadas después, aquel partido mantiene el récord de público para un encuentro no disputado por los otros cinco grandes (Boca, River, Racing, Independiente y San Lorenzo). Otro detalle inequívoco de la histórica militancia quemera.
El Gasómetro, repleto para ver a Huracán ante Atlanta.
sábado, enero 07, 2017
Huracán, una construcción
El Palacio Ducó, en plena construcción. Una tarea de todos. Un espejo de nosotros mismos. También ahora.
martes, enero 03, 2017
Azconzábal, ciclo en marcha
Comenzó el ciclo de Juan Manuel Azconzábal. Primeras palabras, tras la práctica inaugural. Huracán, con El Vasco, el primero en ponerse a trabajar en esta pretemporada.
lunes, enero 02, 2017
Pasión hecha bandera
Año 1989, tiempos del primer ciclo en el Nacional. La fiesta, también presente con el inolvidable Primer Telón.
viernes, diciembre 30, 2016
Ringo, paradigma del Quemero
Oscar Natalio Bonavena fue ídolo, referente popular, boxeador exitoso, contestatario irreverente, un fanfa bonachón, un personaje entrañable... Pero sobre todas las cosas fue una: el perfecto representante de la esencia quemera. Que la popular local del Tomás Adolfo Ducó lleve su nombre es, apenas, un mínimo testimonio de su condición de paradigma del quemero.
Este año se cumplieron 40 años de su fallecimiento. Lo que sigue es un precioso retrato de Ringo, realizado por la periodista uruguaya María Esther Gilio para la revista montevideana Marcha, en 1967:
“Yo le gano a ése. A ése y a cien como él”, dijo Ringo; y miró hacia la cámara con expresión desafiante. Pero enseguida sonrió y guiñó un ojo. “Ringo ahora saluda”, explicó el locutor, como si los televidentes fueran ciegos. “¿A quién está dedicado ese saludo, Ringo?” “A los pibes de mi barrio. A los pibes de Boedo que me están mirando”, dijo; y volvió a sonreír sin saber muy bien hacia qué cámara dirigir la mirada.
Dos días después se entrenaba en el Luna Park. Un portero guardaba fervorosamente la entrada del gimnasio. Cualquiera podía creer que detrás de esa puerta se encontraba el jardín de las Hespérides. Tan celoso era su cuidado, tan ansiosas las miradas de los que quedaban fuera. Cuando Ringo, después de dos horas, apareció distribuyendo sonrisas de héroe cansado, una ola de excitación recorrió a los chiquilines que también desde hacía dos horas husmeaban la entrada y conjeturaban sobre entrenamientos, campeonatos, zurdazos y dólares. Ringo se dejó palmear por uno, simuló tirar un puñetazo a otro y girando rápidamente me emplazó con su índice. “¿Usted es la uruguaya? ¿Así que quiere hacerme un reportaje en casa de mi vieja? ¿Sabe una cosa? Eso fue lo que más me gustó. Eso... que quiera conocer a la vieja. Venga, tengo la cachila afuera.”
La cachila, un Mercedes sport blanco tapizado en cuero negro, sin desmedro, podía integrar las ensoñaciones del emir de Kuwait. Ringo se acercó y le palmeó el capot con aire tierno. “Seis millones”, dijo. “¿De dólares?” pregunté distraída. “¡Ah, no! Pero usted está loca...” y acercándose con mirada interrogante: “Digame, ¿es buena periodista usted?”.
–¿Por qué? ¿Solamente se entrega a los buenos? –pregunté.
–No... pero como además es mujer... Suba.
–Quédese tranquilo... mis amigas dicen que soy buena.
–Mis amigos también, pero yo tengo...
–Sí, muchas copas y medallas para demostrarlo.
–Eso es. Y empresarios que me pagan cualquier plata.
–Un millón.
–¿Un millón? Por un millón no levanto este dedo. Quizá veinte millones por una pelea. Hace poco gané en una noche veintiséis millones –dijo. Y se quedó mirando la cara que yo ponía. Para no decepcionarlo abrí la boca extasiada.
–¡Ah!...
–¿Vio? –dijo, y pegó un frenazo que me tiró contra el parabrisas.
–Ringo... no se olvide que aquí adentro hay un campeón.
Sonrió.
–Yo manejo rápido. ¿Tiene miedo? Este auto da más de doscientos. ¿Por qué no empieza con las preguntas?
–¿Qué cree que estuve haciendo hasta ahora?
Volvió a mirarme con expresión desconfiada.
–¿Será buena periodista usted?
–Soy mala... pero muy honesta.
Soltó una carcajada.
–Ahí me hace acordar a la vieja que siempre quería hacerme entrar con alguna muchacha fea pero muy trabajadora.
Estábamos rodeando Plaza de Mayo. Ringo había aminorado la marcha del auto y miraba atentamente hacia un grupo de chicos y palomas.
–¿También usted venía aquí de niño, a dar de comer a las palomas?
–De pibe venía, sí... y ahora también vendría... uno siempre tiene algo de pibe. Yo veo a los chiquilines pateando una pelota o remontando un barrilete, y se me van las manos. Uno siempre tiene dentro algo de cuando era chico... y eso es lo mejor. Mire esos pibes con las palomas. ¿Usted se cree que a mí no me gustaría estar allí con todas las palomas alrededor?Que alguna se me viniera arriba... bien confiada... y cuando menos se lo espera ¡chácate!, dejarla dormida de un manotazo.
–¿Qué?
–Mire, yo tengo un 28, un 22 y un Winchester, pero me gusta la honda. ¡Qué me vienen a mí con la caza mayor! No hay como la honda.
–¿Era muy peleador de chico?
–Me peleo ahora, ¿no me iba a pelear cuando era pibe? Vea ese idiota; ése, allí adelante, que no me deja pasar... (Gritando.) ¡Cara de mandarina! (Riendo.) Le digo eso porque estoy con usted, si no...
–¿Nunca llega a las manos?
–¿Usted está mal? Está prohibido, un boxeador no puede. Pero de chico me saqué las ganas. Peleaba en todas partes, en las canchas, en la escuela.
–¿Cómo le surgió la idea de hacerse boxeador?
–(Se tapa la cara.) Yo cuando era chico tenía la misma cara que ahora. Todos me decían: ¿Vos sos boxeador, pibe? y la vieja siempre me disfrazaba de boxeador. Dios me hizo boxeador. Bueno... yo digo Dios como puedo decir mi mamá.
–Dios y su madre... más o menos lo mismo.
–A Dios no lo conozco, a mi vieja sí. Es lo más grande que hay. (Y quedó por algunos minutos totalmente ausente.)
–Se quedó muy abstraído, Ringo, ¿en qué estaba pensando?
–Estoy pensando que si mi hija nace el mismo día que yo es un fenómeno.
–Aunque no nazca el mismo día, igual es un fenómeno.
–¿Vio? ¿Lo va a decir?
–Seguro.
Habíamos dejado el centro y atravesábamos el Once. El grito de “chau Ringo” se hizo entonces tan frecuente que casi no hablábamos.
–Por aquí lo conoce todo el mundo.
–Estoy entrando en mis barrios, aquí soy un ídolo.
–Las mujeres lo deben volver loco.
–Nooo... además, yo a las mujeres... poca bolilla. (Se llevó el pelo hacia atrás con los dedos entreabiertos.) Mire para enfrente. ¿Ve esa casa? Me la acabo de comprar. Ahora le estoy haciendo pileta. Es barrio berreta pero estoy cerca de la casa de la vieja, me río del mundo.
Dos cuadras más adelante detuvo el auto, señaló hacia la derecha y dijo: “Aquí vive la vieja”. Tenía el aire de estar diciendo: “Aunque parezca mentira todavía existen los milagros, mi madre vive allí, en esa casa que parece igual a todas”. Bajamos y, sin golpear, entramos. Dos señoras y un boxer nos salieron al encuentro dando grandes muestras de contento. “¡Tití! –decía una de las señoras– ¡sólo tengo milanesas!” Me como siete –dijo Ringo, sin ánimo de broma. Pasamos a la cocina. Todo se agitaba alrededor del campeón. Eran las tres de la tarde pero la cocina volvió a encenderse y la heladera a abrirse y cerrarse. Aparecieron las milanesas, pero también ensaladas, quesos, choclos, papas, buñuelos, sopa, vino (por supuesto con soda), y ante mí, que había aceptado un café, un tazón colosal rebosando café negro. Ringo comía, toreaba alternadamente a la madre y al perro, y respondía a mis preguntas.
–Cuénteme su primera pelea.
–¿Te acordás vieja? Yo era un pibe, tenía diecisiete años. (Quedó en suspenso, con el tenedor a medio camino hacia la boca, creo que enternecido por su propia imagen de nueve años atrás.) Un pibe con unas ganas locas de pelear. Tiré piñas por todos lados... No veía, le pegué hasta al referí. A mi manager no le pegué porque me agarró la mano a tiempo –dijo y volvió a concentrarse en la comida.
–No se olvide, diga que mi perro es un boxer.
–Bueno.
–Mírele la cara. Tiene cara de boxeador como yo.
–Tiene. ¿Cuál fue su mejor enemigo?
Ringo levantó la cara y volvió a mirarme con las cejas juntas. Creo que por tercera vez quería preguntarme: “¿Será buena periodista, usted?” Le sonreí. Desfrunció las cejas, y balanceando la cabeza en un gesto de “hay que tener paciencia, es mujer”, se dispuso a contestarme.
–Un peleador no piensa en eso. El termina la pelea y chau, mejor dicho, al otro día va a cobrar y chau.
–Es decir, que una pelea nunca da origen a una especial relación entre los que intervienen, ya sea de amistad o enemistad.
–¿Quiere decir si alguna vez me hice amigo del que peleó conmigo?
–Sí.
–De José Georgetti. Era un gordo fenómeno. Andaba en la mala, no acertaba una. Peleamos y a mí me descalificaron, decían: “Le ganó a Ringo”. Con eso repuntó bien, le volvieron a dar buenas peleas. En la casa colgó un retrato mío. Cuando yo peleo viene a verme y me dice: “A ése tenés que darle con la zurda” o “no le des mucho al principio, cansalo”... y todo por esa pelea.
–Mientras pelea, ¿oye lo que el público le grita?
–Cuando recién empecé oía como quien oye llover. Tenía menos responsabilidad, me quedaba tranquilo. Ahora es distinto.
–¿Y qué le gritan?
–¡Vieja! Vení, oí, mirá si le voy a decir lo que me gritan.
La madre se acercó y dijo: “A veces se acuerdan de mí”.
–Eso sí que me da rabia. Pero lo que más me gritan es: “Dale, maricón, anda a dormir a tu casa...”
–¿Cuáles son las condiciones más importantes para un boxeador?
–Que sea guapo y que sepa crear arriba del ring.
–¿Qué quiere decir eso?
–Sí, no debe esperar lo que le diga el manager. El manager le dice: “Pegale al hígado, al estómago”. Hay algunos boxeadores que oyen, y le meten nomás al hígado, y eso está mal. Hay que pegar por otro lado, más arriba... y cuando el tipo se descuida, chau, darle al hígado.
–Usted tiene fama de fanfarrón.
–Soy muy fanfarrón.
–¿Nunca tuvo miedo?
–¿Arriba del ring? No.
–¿De verdad?
–¡Arriba del ring no! –y luego riéndose a carcajadas–: Tengo miedo arriba del avión. Si tuviera ese miedo cuando peleo no podría pelear.
–Vamos a pensar que usted sube al ring. Al tipo con el que va a pelear nunca lo vio antes o lo vio de lejos. En cuanto lo ve, ¿tiene ganas de pegarle o las ganas le van viniendo de a poco?
–No, no, yo trato de tenerle rabia para poder pegarle con ganas. Por ejemplo que en el diario o en la radio haya dicho “A Ringo yo lo mato” o algo así.
–¿Habla mientras pelea?
–Yo no soy de hablar mucho.
–¿Otros boxeadores, sí? ¿Qué dicen?
–Y... pueden decir “mientras vos estás aquí ¿sabés con quién está (disculpe) acostada tu novia?” o cosas por el estilo.
–Cuando termina una pelea, ¿qué tiene ganas de hacer? ¿Qué hace?
Ringo se da vuelta y mira a la madre que no ha dejado de trajinar a su alrededor llevando y trayendo platos. “El Tití siempre viene para casa después de las peleas”, dice la madre. Y luego Ringo: “¿Vio?” “Sí –añade la madre–, ¿pero quién hizo el sacrificio para formar ese cuerpo?”
Yo no entendí bien y quedé mirándola. A su vez Ringo quedó mirándome a mí. Por fin dijo:
–Pero mire que usted es buenas noches... La vieja le quiere decir que este cuerpo lo hizo ella. Estos noventa y tres kilos a la sombra. ¡Toque!¡Toque aquí! –y se acercó con el brazo doblado– ¡Pero toque bien que no muerde!
–¡Fantástico!
–Dijo bien. Fantástico.
Volvió a sentarse y comenzó a comer la fruta.
–Cuénteme cómo fue la pelea con el campeón mundial, en Estados Unidos.
–Qué quiere que le cuente, si no vi nada. Me dio cada piña que no sabía ni cómo me llamaba. Mala noche, malísima –dijo y con el sifón echó un chorro de soda al perro que ladró sorprendido–. ¿Sabe cómo se llama mi perro? Se llama Ringo como yo.
–¿Y usted cómo se llama?
–Oscar Natalio Bonavena.
–¿Conoció a Cassius Clay en Norteamérica?
–Sí, pero de lejos en un gimnasio. Yo le grité: “A vos te mato”.
–¿En español?
–No, en inglés: “I Kill You”.
–¿Sabe inglés?
–¿Usted está mal? Hace un rato... ¿le quedan muchas preguntas? Porque pájaro que comió, voló.
–Ya termino. Hace un rato hablábamos del momento en que usted se enfrenta con el otro, arriba del ring. Supongamos que están peleando y el otro ya medio grogui se cae al menor golpe. Usted sabe que lo que correspondería sería que el manager tirara la toalla y la pelea terminara, que el otro ya no es nada. ¿Qué siente en ese momento?
–Una vez estaba peleando con un tipo que estaba así como dice usted, lo tocaba y se caía. De golpe me di vuelta y le tiré un trompazo que si lo agarro hay que hacerle la estética.
–¿Al pobre tipo?
–¡Al manager! Me lo tuvieron que sacar... quería matarlo. Hay cada criminal. Otras veces uno está tan caliente que no se da cuenta de cómo está el otro y puede deshacerlo sin querer.
–Seguro... supongamos que la pelea termina en este momento, usted ganó, el juez le levanta el brazo, ahí en el suelo fuera de combate está el otro. ¿Siente lástima?
–Yo gané, el juez me levanta el brazo y enseguida empiezo a ver la gente que grita, las luces de los fotógrafos. Levanto la cabeza y me olvido del otro. No tengo nada más que ver con ese tipo. Si después me lo encuentro abajo le digo: “Estuviste bien, guapeaste”, para alentarlo, ¿me entiende?
–En ese momento se siente muy feliz.
–Sí. Pero no porque lo rompí todo al otro, de él no me acuerdo más. Venga que le voy a mostrar la casa que le regalé a mi vieja.
Me la enseñó paciente y ordenadamente, explicando las mejoras, los arreglos, los costos. La madre nos seguía ensimismada a ambos –la casa y Ringo– mientras sonriendo, asentía con la cabeza. Ringo se detuvo de pronto, y señalando con aire severo un saco que ésta llevaba puesto dijo: “¡Mamá!, ¿no te dije que ese saco lo tiraras? ¡Dámelo!” Con el gesto de estar partiendo una hoja de papel lo abrió de lado a lado y riendo se lo puso al perro de bufanda. “No –dijo la madre– es lindo porque con la calor...”
–¡Vieja! ¡No se dice “la calor”! El calor, el calor. No me haga pasar vergüenza delante de la uruguaya.
Ninguna vergüenza campeón, ilustre imagen de antiesnobismo, seguro huésped al Reino de los Cielos.
jueves, diciembre 29, 2016
Así nos vamos a vestir en 2017
Matías Fritzler, Marcos Díaz, Pato Toranzo y Kaku Romero Gamarra con la indumentaria que vestirá Huracán en 2017. Falta el sponsor: ¿volverá Banco Ciudad?
lunes, diciembre 26, 2016
Así jugaba el equipo de Azconzábal
Atlético Tucumán, frente a Huracán, en el semestre pasado. El equipo de Azconzábal, recién llegado a Primera, se clasificó para la Copa Libertadores. Fue el mejor ciclo de la historia de un equipo del norte del país. Con el Vasco, el Decano perdió apenas 17 partidos de 73 entre Primera y el Nacional.
viernes, diciembre 23, 2016
El Huracán Vasco
Juan Manuel Azconzábal, el Vasco, es el nuevo entrenador de Huracán. Acá, sus palabras fundacionales, en la presentación.
jueves, diciembre 22, 2016
lunes, diciembre 19, 2016
¿El mejor caño del Palacio Ducó?
Ahí está Romero Gamarra, solo, marcado, rodeado contra la raya, sin opción de pase. Quedaba una sola alternativa para resolver la situación: hacer magia. Y eso hizo. ¿O acaso no es magia ese caño ante Leonardo Gil?
viernes, diciembre 16, 2016
El desahogo imprescindible
Huracán 1 - Talleres de Córdoba 0
¿Merecimos ganar? Tal vez no. ¿Se jugó bien? Tal vez no. ¿Hay mucho para corregir? Seguro que sí. Pero más allá de cualquier pregunta, al margen de todas las respuestas, habita una sensación: había que ganar incluso ante la peor de las circunstancias.
Y se logró esa victoria imprescindible. Tres puntos. Un grito. Un alivio. Un desahogo.
También un dato que cuenta la relevancia del triunfo y la complejidad de la situación: es el primer triunfo de Huracán como local en el semestre. Apenas eso. Todo eso.
Y muchas gracias Chacana, por el gol. Y muchas gracias Apuzzo, por todo. Siempre.
lunes, diciembre 12, 2016
"Entre todos o no salimos"
Néstor Apuzzo, tras la derrota contra Banfield. Y lo que viene: el último partido del año, una final del 2017.
domingo, diciembre 11, 2016
En picada
Banfield 1 Huracán 0
No hay caso. El equipo no juega bien, pero se está llevando bastante menos de lo que merece. Volvió a suceder en el Florencio Sola. Todo al revés: la torpeza de Depetris para definir, el error en el gol local de Fritzler, su expulsión, la lesión de Marcos Díaz, el travesaño ante el remate de Romero Gamarra, el tiro del final de Chacana sobre la línea... Ni una para nuestro lado.
Así, por primera vez en la temporada, estamos en zona de desempate. Con sólo tres equipos por detrás, Huracán comparte con Sarmiento la cornisa que separa la permanencia del descenso. No hay casualidad: Huracán sacó apenas dos puntos de los últimos 24 que disputó. Sí, está en picada.
¿Y ahora?
jueves, diciembre 08, 2016
Que nos rescate Superman...
Néstor Apuzzo, de Superman, en una producción del diario Olé. Necesitaremos -otra vez- que sea superhéroe por un rato para resolver estas dos fechas que quedan para finalizar este 2016 de vaivenes. Frente a Banfield, de visitante, y en el cierre ante Talleres, en el Palacio Ducó, dirigirá el entrenador de la Reserva puntera, el último que nos sacó campeón, hace tan poco.
Será el último desafío antes de su partida a Colombia para dirigir a Deportivo Pasto. Será otro incendio para apagar. Con Caruso Lombardi, Huracán sumó 5 puntos de 24 posibles y 2 de los últimos 21. El peor ciclo -y uno de los más breves- de la historia del Globo de Newbery.
Los números de Apuzzo, contando todos sus interinatos, son saludables: 18 derrotas en 56 partidos, con 1, 429 de promedio (lo suficiente para no sufrir ni un poco). Además, en ese recorrido, hubo espacio para la gloria y las celebraciones: dos títulos, un ascenso, dos clasificaciones internacionales. Tres finales ganadas de tres disputadas. No es poco. Ahora jugará algo muy parecido a otras dos finales, pero a mitad de campeonato...
martes, diciembre 06, 2016
Objetivo: "Enderezar el barco"
Néstor Apuzzo, otra vez a cargo. De nueve, frente a una tormento. Con el objetivo de siempre.
sábado, diciembre 03, 2016
Basta
Huracán 1 - Colón 3
Más allá del azar desfavorable, más allá de los goles errados, la situación no da para más. Dos puntos de los últimos 21. Caruso Lombardi tiene razón: Huracán no es un club para él. Los resultados lo acreditan. Y la sensación es inequívoca: basta. Ciclo terminado hace rato...
miércoles, noviembre 30, 2016
Irmão Furaçao
Huracán jugará el sábado ante Colón con esta camiseta. Es un homenaje ante la tragedia del Chapecoense, nosso Irmão Furaçao. Sí, nuestro hermano al que también llaman Huracán.
martes, noviembre 29, 2016
Siete de nueve
En privado se charló. Hay que sacar siete puntos de los nueve que quedan de acá a la Fecha 14, la última de este 2016. Quedan dos partidos de local: frente a Colón y a Talleres. En el medio hay que ir al Florencio Sola a visitar a Banfield. No son partidos sencillos (ninguno lo es para este Huracán), pero son posibles. No hay dudas: es el tiempo de empezar a sumar. Esa es la única receta para dejar de sufrir. Incluso más allá del nombre del entrenador...
lunes, noviembre 28, 2016
No va más
Lo cuentan los números y el campo de juego. Caruso Lombardi fue un error. Y hay que repararlo.
Dice que no le encuentra la vuelta. Que -quizá- no es un club para él.
Es tiempo de despedidas, parece...
No va más.
domingo, noviembre 27, 2016
Los números gritan una verdad
River 1-Huracán 0
Los números cuentan una realidad que preocupa: Huracán sumó dos puntos de 18 posibles. Asì, se ubica con sólo cuatro equipos detrás en la tabla de los promedios. Había arrancado el torneo con once por debajo.
Hay tres razones decisivas: malas decisiones dirigenciales en el mercado de pases, el técnico que se fue tras su disputa de egos con el presidente, un reemplazante -también mal elegido- ajeno a las necesidades del club y de la realidad. Los nombres los conocen todos...
¿Y del partido? Con poco, con una leve mejorìa respecto de partidos penosos y anteriores, el equipo mereció llevarse otro resultado del Monumental. Pero no alcanza con merecer. Es tiempo de sumar. Ya.
sábado, noviembre 26, 2016
Querido y eterno 26 de Noviembre
Aquella final contra Central, la de la histórica conquista, la de la reparación histórica. Bendita noche de San Juan. La de la tenacidad de todos, la de las enormes manos de San Marcos. La del desahogo. La del grito sagrado. Querido y eterno 26 de Noviembre de 2014.
Dos años, mil emociones
El excelente informe de HD Huracán, a dos años de la obtención de la Copa Argentina, la Estrella Doce. Un recorrido por mil emociones...
martes, noviembre 22, 2016
El Loco más lindo
En Praia do Rosa, estado de Santa Catarina, sucede lo que en cualquier playa del inmenso Brasil: el fútbol es una presencia cotidiana. También lo era en aquel 2007 en el que la costa de Imbituba se parecía más a un secreto bien guardado que a un destino frecuente. Allí, un picado entre rosarinos y cariocas sucedía. Los argentinos en cuero; los brasileños en remera, según las reglas establecidas por sorteo. Un rubio de pelo crecido -turista visitante, aspecto de crack no celebrado- gambeteaba como si esa pelota gastada fuera su patrimonio exclusivo. Así, construyó una jugada propia del Maracaná, a poco más de 1.100 kilómetros del estadio. Dejó el tendal de asombrados por el camino y definió tras mirar desparramado en la arena al más alto del partido, el arquero. Abrió los brazos, rió, festejó. Enseguida surgió un grito repetido de un carioca de Laranjeiras: "Doval, Doval, Doval". Era una revelación: cuando Doval había sido Doval ninguno de los que participaban del picado había nacido. Pero Horacio Narciso Doval, de algún modo, estaba ahí. El rubio siguió eludiendo rivales y haciendo goles. Por un rato perdió el nombre. Hasta que el sol se fue de Praia do Rosa, el que mejor jugaba se llamó Doval.
Doval, nacido el 4 de enero de 1944 en Buenos Aires, "fue a Rio de Janeiro lo que Pelé resultó para Brasil y para el mundo", escribe -ahora, vía mail- el periodista Manolo Epelbaum, quien mucho conocía al delantero argentino. Por verlo jugar y por frecuentarlo. Dicen que estaba enamorado del gol y que con goles enamoraba. En aquel mismo verano de 2007, la revista Placar realizó una edición especial con una encuesta sobre los seleccionados de todos los tiempos de cada uno de los 12 equipos más grandes de Brasil. Doval había conseguido lo aparentemente imposible: ser elegido en Flamengo y en Fluminense, los archirrivales. No era azar: el año pasado, en ocasión de cumplirse un siglo del clásico más convocante -O Clássico das Multidões, de acuerdo con la definición del escritor Mário Rodrigues Filho- Doval fue elegido en el equipo ideal de toda la historia de ese duelo. Compartía el ataque con Romario. Y los periodistas Marcio Mará y Thiago Correia lo definieron como "técnico, corajudo, seductor; de estilo bien carioca". Contaban (y cuentan) también que Doval siempre era (y es) recordado con "saudade", esa palabra tan brasileña que sirve para señalar aquella añoranza que desborda el cuerpo.
En Brasil fue el Loco de Ipanema; en la Argentina le decían el Loco Serenata. Resultó capaz de desahacer antagonismos: lo quisieron en Fla y en Flu; también en San Lorenzo y en Huracán. Su carisma lo hacía encantador. Y, sostienen, su belleza lo hacía irresistible para el público femenino. Las revistas de ricos, lindos y famosos lo mostraron en sus portadas: siempre bronceado, sonrisa de publicidad, bien rodeado. Algunos, con cierta malicia, le hicieron fama de desordenado y de problemático. Los que lo conocieron en profundidad lo señalan como un tipo entrañable. Quizá Doval era más parecido a como él mismo se retrató alguna vez: "Siempre me consideraron el loco, el díscolo, el liero... Loco porque de chico me tenían que llevar de una oreja a la escuela para que no me fuera a jugar a la pelota. Díscolo porque estaba pupilo y me escapaba a la casa de mi hermana. Liero porque cambiaba el trabajo cada tanto: revendía vales de la triple en el hipódromo, sacaba fotos con mi amigo Varela a los pibes del colegio, me las rebuscaba como podía..." Eso era él sobre todas las cosas: un buscador.
Había comenzado a jugar en San Lorenzo a los 13 años. En sus inicios era arquero y solía salir gambeteando rivales. A los 16 años ya era mediocampista y pronto se ubicaría como delantero. A los 18 debutó en Primera. Un viaje en avión condicionó su recorrido. El vuelo era de la aerolínea Austral y aconteció el 8 de octubre de 1967 entre Mendoza y Buenos Aires. Varios jugadores del plantel de San Lorenzo fueron acusados de manosear a una de las azafatas. Mencionan que el testigo que denunció los detalles fue el ex árbitro Guillermo Nimo. En aquella oportunidad, Doval se hizo cargo de todas las culpas por su condición de soltero para evitarles dificultades a los casados del plantel. En consecuencia, El Tribunal de Penas de la AFA (tan rígido e implacable entonces como el régimen de Juan Carlos Onganía) lo suspendió por un año. Para levantarle la sanción, un puñado de meses después, un dirigente le propuso hacer un retiro espiritual. No aceptó. La hinchada de San Lorenzo cantaba, entonces: "Por una loca, puta azafata / lo suspendieron al Loco Serenata..."
Fue la autenticidad del potrero dentro de la cancha; y el culto de la bohemia fuera de ella. Doval fue un representante del juego como osadía, un militante inquebrantable del carécter lúdico de este deporte. Fue espejo de un equipo que dejó huellas y leyendas a su paso: Los Carasucias de San Lorenzo, aquel grupo que se ganó un lugar en la historia, a pesar de que nunca salió campeón. Sucede que ellos fueron una suerte de refundadores de un modo de entender el fútbol en un tiempo en el que comenzaba a imponerse la mecánica táctica y la maquinaria atlética venida desde Europa. También eran tiempos de desenfado. Al respecto, Naum Zalcman, redactor de la revista San Lorenzo en aquellos días de Carasucias, recordó alguna vez a la revista Mística: "Un domingo a la noche, vi que se abría la puerta de un ascensor del Hotel Argentino (donde se concentraba el plantel). Adentro iban Victorio Casa, Veira, y Doval, con dos viejitas de más de ochenta años al borde del desmayo. Después me contaron que el Loco había pegado un grito de horror por lo feas que eran. Casi las mata". Existen mil anécdotas capaces de retratar aquella impronta. En 1964, junto a su socio y amigo Héctor Veira, protagonizó un episodio desopilante: en una gira por Centroamérica con San Lorenzo, un papagayo, animal muy respetado y venerado en Guatemala, no paraba de chillar en el hotel. Sin tener conciencia de lo que representaba el pájaro para los lugareños, tramaron la desaparición del ave multicolor y se generó un escándalo que llegó a las autoridades nacionales. Sostiene la mitología que el papagayo terminó ahogado en la pileta.
El periodista y escritor Juan Sasturain lo describió alguna vez en el diario Página/12: "(...) Que Narciso Doval, además de tocarle (o no) el culo a una azafata en episodio emblemático y representativo en todo sentido, haya sido después durante largos años ídolo en el Flamengo de Río habla de una condición excepcional: para un criollo –o para cualquiera– jugar de wing en Brasil es como llegar a ser profesor de Metafísica en una universidad alemana". Sí, El Loco más lindo hizo eso: fue el mejor en el territorio de los mejores. Consiguió lo inédito: resultó campeón y goleador con los dos gigantes del fútbol carioca, Fla y Flu. E hizo un gol de esos que suceden sólo en la imaginación de un niño dispuesto a soñar instantes mágicos: en 1972, por la final del Estadual, su Flamengo -entonces conducido por Mario Zagallo- definía frente a su rival histórico en un día histórico. Se cumplían 150 años de la Independencia del Brasil y el Maracaná era una fiesta colmada de gente (136.829 personas pagaron entrada aquel 7 de septiembre). Doval, rubio, sonriente, estelar, hizo el gol consagratorio. Se gritó por varios días y más noches. En 1976, volvió a ser superhéroe: con la camiseta tricolor de Fluminense resolvió en el último minuto la final del Carioca frente a Vasco da Gama. El mito ya habitaba los rincones de Río de Janeiro: Doval, como Sansón, jugaba mejor con el pelo largo.
Fue maravilloso en la Cidade Maravilhosa. Y también en la Buenos Aires de su nacimiento. Horacio Ferrer, poeta y celebridad del tango, es hincha de Huracán. Y muy bien conoce a los archirrivales del vecindario. También a los protagonistas de ese clásico que es el más porteño de todos. Un clásico de locos, como el estupendo Doval, quien lo vivió con las dos camisetas. El hombre alguna vez lo vio a Doval en un campo de juego. Con la melena y con su destino de crack. Casualidad o no tanto, la canción Balada para un loco -obra mágica de Ferrer- parece contarlo de varios modos a Narciso: "Ya sé que estoy piantao, piantao, piantao... / No ves que va la luna rodando por Callao; / que un corso de astronautas y niños, con un vals, / me baila alrededor... ¡Bailá! ¡Vení! ¡Volá! / Ya sé que estoy piantao, piantao, piantao... / Yo miro a Buenos Aires del nido de un gorrión; / y a vos te vi tan triste... ¡Vení! ¡Volá! ¡Sentí!... / el loco berretín que tengo para vos: / ¡Loco! ¡Loco! ¡Loco! / Cuando anochezca en tu porteña soledad, / por la ribera de tu sábana vendré / con un poema y un trombón / a desvelarte el corazón. / ¡Loco! ¡Loco! ¡Loco! / Como un acróbata demente saltaré, / sobre el abismo de tu escote hasta sentir / que enloquecí tu corazón de libertad... / ¡Ya vas a ver!" Doval era eso también. Y un tango caminando las arenas de Ipanema.
La muerte lo encontró pronto, desprevenido y festejando. Una madrugada de octubre de 1991, Doval falleció en la puerta de la discoteca New York City, en Buenos Aires. Tenía 47 años. Los diarios recordaron su historia. En las necrológicas había alegrías contadas. En Río de Janeiro lo lloraron juntos los que ni se miraban a la cara. Sus amigos de siempre no lo podían creer. El Loco invencible ya no estaba para obligarlos a la risa. Doval se había ido. Y no sabía que nunca sería olvidado...
Texto pulicado por el autor del Blog en Planeta Redondo, de Clarin.com
Así jugaba Doval, uno de los grandes protagonistas de los años 60 y 70. Con el Globo de Newbery jugó en 1971.
domingo, noviembre 20, 2016
Veremos...
Caruso Lombardi dice que estamos mejorando. Que no hay que preocuparse. Los números relatan otra historia. Veremos...
sábado, noviembre 19, 2016
Un grito, un punto, una agonía
Huracán 1-Racing 1
Al menos, esta vez, el equipo fue, quiso, intentó. Más con voluntad y constancia que con orden y criterio. Alcanzó apenas para ese empate tardío, para esa arremetida de Pussetto. La impresión, de todos modos, no es saludable: con Caruso Lombardi el rumbo mucho se parece a una sucesión de incomodidades.
martes, noviembre 15, 2016
Así peleaba Ringo
Oscar Natalio Bonavena, nuestro Ringo, frente a Joe Frazier. Una pelea para todos los tiempos.
domingo, noviembre 06, 2016
Marcos, el uno
Otra vez Marcos Díaz, el que siempre está. Fue el mejor de un equipo a la deriva. Le atajó un penal a íOrtigoza. Y sostuvo a Huracán en sus peores momentos. Tambièn, el perfecto vocero de la bronca de todos.
"Nos cagó"
Caruso Lombardi y una de sus primeras expresiones realistas en su breve y flojo ciclo en Huracán.
La Marcha de la Bronca
San Lorenzo 2-Huracán 0
Otro bochorno arbitral en el Nuevo Gasómetro. Otra vez decisivo. Esta vez el árbitro fue Darío Herrera. El que se queja es uno de los principales damnificados: Patricio Toranzo. Su sensación es la de todo el Pueblo Quemero: bronca.
¿Y del resto, del juego? Mejor no hablar de ciertas cosas (al menos por ahora)...
sábado, octubre 29, 2016
Un punto adentro, cero paciencia afuera
Huracán 1-Rosario Central 1
Los silbidos -y algunos insultos- que acompañaron la salida del entrenador rumbo al vestuario además retratan los días cercanos y la actualidad de este Huracán. El equipo sacó un punto de los últimos nueve y jugó muy mal en casi todos los momentos de esos tres partidos. Hubo apenas una excepción: el decoroso primer tiempo que construyó ayer contra un Central que guardó futbolistas pensando en el partido del miércoles ante Boca, por los cuartos de final de la Copa Argentina. En ese tramo, se puso en ventaja (con un golazo de Pussetto), generó cuatro situaciones claras y mereció irse al descanso con una ventaja superior a ese 1-0. La receta inicial de Caruso fue simple: respetó el esquema y la base del plantel que participó del valioso ciclo de Eduardo Domínguez (12 derrotas en 52 encuentros).
También por esa mejoría, resultó más absurdo lo del complemento. Huracán prescindió de la pelota, retrocedió en el campo de juego, esperó. Así, Central -con la audacia de Colman, lo mejorcito en un partido sin figuras- lo empató y se animó a más. Al menos a tener la pelota, a manejarla con criterio, a mandar al ataque a sus laterales. En definitiva, a intentar. Eso sí, casi invariablemente sin profundidad.
Incluso con el 1-1, Huracán hacía retroceder a sus 11 futbolistas detrás de la línea de la pelota y los extremos (Pussetto y Romero Gamarra) terminaban jugando como laterales complementarios. Central, ante ese escenario, dejó una impresión: si sus delanteros (Herrera y Teo Gutiérrez) estaban en una versión mejor, se llevaba los tres puntos a Rosario. Para Caruso habría sido lo más parecido a un infierno en el Palacio Ducó.
jueves, octubre 27, 2016
Un tributo a la Década de Oro
Este sábado 29 de octubre entre las 20 y las 3 de la madrugada tendrá lugar en la Ciudad de Buenos Aires la tradicional “NOCHE DE LOS MUSEOS”. La entrada a todos los Museos y lugares propuestos para exhibir exposiciones o espectáculos es totalmente gratuita incluso se puede imprimir (vía Internet) un pase libre para viajar gratis en colectivo en ese horario.
El Museo Escuela Instituto Bernasconi, sito en el primer piso de Catamarca 2099 ofrece una muestra referida a la década del ’20 (que es la década en la cual se coloco la piedra fundamental -26 de septiembre de 1921- y se inauguró la actividad del Instituto el 22 de octubre de 1929). El Bernasconi invito a la Subcomisión de Cultura a participar con lo referido a Huracán en esa década y así se hizo. También se imprimió un díptico para distribuir en el Club y fundamentalmente en esa “Noche de los Museos”.
Huracán también estará presente esa noche en el Club Ferro Carril Oeste en virtud de formar parte de la muestra fotográfica “Historia de los Clubes” que se estará exponiendo en las instalaciones de ese Club.
Sub Comisión de Cultura
domingo, octubre 23, 2016
Palabras que sobran II
Ricardo Caruso Lombardi y sus explicaciones. Quejas exageradas para el árbitro y un análisis ajeno al desarrollo.
Otro tropiezo, más dudas
Gimnasia La Plata 1-Huracán 0
El Huracán de Caruso no juega a nada. Y preocupa. Mucho. Un triunfo, dos derrotas, cero fútbol. Y un promedio que comienza a parecer escaso...
miércoles, octubre 19, 2016
Sobre gustos acá hay algo escrito
Ricardo Caruso Lombardi dialoga hasta con el perro que le ladra. Saluda al pasar a todo el que le ofrece una palabra. Hace un rato terminó de hacer las compras en el supermercado de la zona, en esa frontera tan indescifrable entre Villa Urquiza, el literario Parque Chas de los laberintos amigos de Borges y Villa Ortuzar. “Le tengo que llevar lo de la semana a mi vieja”, dice con una naturalidad que parece impropia del presunto piloto de tormenta de los equipos con promedio escaso. Después de hacer las compras camina por la Avenida de los Incas en nombre de un almuerzo apurado. En poco más de una hora empieza lo más importante de su día de exposiciones y múltiples actividades: la práctica de Huracán.
Sí. Ese mismo Caruso que es hincha de Estudiantes, que no reniega de su condición de entrenador austero —quizá amarrete—, que prefiere a los matungos que rechazan todo que a los chiquititos que hacen lío por abajo, charla sobre lo que viene y sobre lo que le está sucediendo. Hoy, ahora, es el técnico de Huracán. Sí, del Huracán de Menotti y de Cappa. El del tiki tiki. El de esa suerte de estilo que, en las últimas décadas, identificó al club de Parque de los Patricios.
Lo confieso sin vueltas: soy de Huracán desde los días de la cuna, socio desde entonces. Conozco la Bonavena más en detalle que el perfecto plano secuencia que ofreció para el OscarEl secreto de sus ojos. Adoro la Miravé. Caminé los pasillos de la Alcorta mucho más que los de mi primer laburo en Tribunales o los del diario que me emplea. Soy como muchos o como casi todos ellos que en cada cita de Huracán se presentan. Los hinchas. No recuerdo haberlo insultado a Caruso. Pero me abracé con muchos que cerca mío lo hicieron. Ese gordito que ahora nos dirige era una molestia. Era todo lo que no queríamos ser. Representaba la trampita, el fútbol defensivo, la idea de que Bilardo había ganado con todos sus bidones llenos de rohypnol.
***
El siguiente diálogo sucedió en la redacción de Clarín con mi amigo Oscar Barnade, co-autor deMitos y creencias del fútbol argentino:
—¿Y ahora qué vas a hacer con el estilo? Te dirige Caruso…
—El único estilo que reconozco en los hinchas es el del amor por la camiseta. Lo demás, cuestión de gustos. Encima gustos que oscilan según el diario del lunes.
Y le expliqué luego, otro día: “Yo soy y fui cappista porque él defendió como pocos al Globo de Newbery. Se hizo Quemero dirigiéndonos, llorando el despojo de Liniers. Su juego encantó, pero su huella es más profunda”.
—O sea que si ganan con Caruso, ¿sos carusista?, me preguntan otros, en esa misma geografía de laburo…
—Yo creo en un modo de jugar. Me gusta más Pep que Mou. Prefiero a Menotti que a Bilardo… Pero cada gol del equipo de Caruso lo voy a gritar hasta la disfonía de toda la semana siguiente. ¿O no festejaron los paladares negros de Independiente la Supercopa con el Zurdo López? ¿O no festejarían los simpatizantes de los alfileres una Libertadores al amparo de Cayetano Rodríguez?
***
El fútbol argentino vive preso de una falsa antinomia. Se puede reducir a nombres: Bilardo o Menotti. Se puede recortar a sustantivos: los resultadistas o los líricos. Se puede ofrecer la cuestión hasta desde una dicotomía ridícula: ganar o jugar bien.
La historia es implacable en el territorio universal y en el nuestro. Hay ejemplos que desmienten a todos los dogmáticos. De uno y de otro lado. Van los casos: Hungría —el mejor de los años cincuenta— perdió en la gran cita de Berna, en 1954, contra una Alemania reconstruida de sus propios harapos; Brasil dio cátedra en México 1970 ante la Italia del catenaccio; Enzo Bearzot —defensivo hasta en los entrenamientos— sacó campeón a los azzurri, en España 1982. contra todos los pronósticos que contaban al Brasil de Zico como candidato inevitable.
En nuestro ámbito suceden idénticas contradicciones. La Argentina ganó su primer título absoluto en 1978 —contexto hostil y lamentable al margen— con la bravura del inmenso Mario Kempes. Repitió en 1986, bajo cielo mexicano con las bellezas de Diego. Al primero, lo conducía Menotti. Al segundo, lo administraba Bilardo. Ni antes ni después, ni con una idea ni con la otra se consiguió idéntica gloria.
***
Marcelo Bielsa, el mejor entrenador para la FIFA en 2001, participó de un fracaso estrepitoso al año siguiente de su condecoración. La más inexplicable de las derrotas de la Selección sucedió en Oriente. Afuera en primera ronda. Como el papelón de Suecia de 1958, pero en colores y ampliado.
Con entusiasmo y con realismo, escribió el canciller Rafael, hermano de Marcelo, en la antesala de la Copa del Mundo Japón-Corea 2002: “Marcelo está llamado a saldar una rancia antinomia detrás de la cual se alinean los hinchas, los entrenadores, los periodistas y hasta la Bolsa: pelota al pie versus centro a la olla, Huracán del ’73 versus Estudiantes del ’69. Tiene algo de cada uno de sus predecesores en la Selección, carece de rasgos de ellos y debe amalgamar algunos de los suyos, que no son pocos. El es escueto, Menotti es copioso hasta el empacho. Es práctico, contra lo dogmático que es Bilardo”.
No hubo caso. El desenlace lo condenó a Marcelo. Sin embargo, sucedió algo magnífico, ajeno a la eliminación: nadie de los que lloró en aquel vestuario japonés ofreció jamás una queja respecto del entrenador. Muchos —como Diego Simeone o como Mauricio Pochettino, hoy entrenadores de la élite— aprendieron de aquel fracaso. ¿Fracaso? Sí, respecto de la expectativa. Jamás, respecto del recorrido que lo antecedió. Ni de su legado inobjetable. Ese que sigue latiendo por los entrenamientos del mundo.
***
Caruso Lombardi encaja perfecto en la discusión. Un outsider contra la tradición. ¿Pero es tan así?
En el caso particular del Globo de Newbery hay un escenario que merece ser contado: hasta la irrupción de los magos del 73, los mejores equipos de Huracán eran combativos, guerreros. Los reyes de los años veinte (los más campeones de esa década junto a Boca) eran un grupo de gladiadores. Tenían cracks, es cierto. Pero la victoria nacía de otra virtud: un equipo nacido del barro capaz de convertirse en estatua de bronce.
Después siguió: el Huracán del bravo Masantonio —ganador de tres Copas Nacionales en los cuarenta— luchaba hasta el último de los suspiros. En los treinta le costaba más. Luego, la gloria le ofreció el panteón.
Caruso —según dice— tiene mucho más de aquellos de los días que nadie vio que de los encantadores setentosos.
Como siempre, el campo de juego contará su verdad. Estilos al margen.
—Yo creo en un modo de jugar. Me gusta más Pep que Mou. Prefiero a Menotti que a Bilardo… Pero cada gol del equipo de Caruso lo voy a gritar hasta la disfonía de toda la semana siguiente. ¿O no festejaron los paladares negros de Independiente la Supercopa con el Zurdo López? ¿O no festejarían los simpatizantes de los alfileres una Libertadores al amparo de Cayetano Rodríguez?
***
El fútbol argentino vive preso de una falsa antinomia. Se puede reducir a nombres: Bilardo o Menotti. Se puede recortar a sustantivos: los resultadistas o los líricos. Se puede ofrecer la cuestión hasta desde una dicotomía ridícula: ganar o jugar bien.
La historia es implacable en el territorio universal y en el nuestro. Hay ejemplos que desmienten a todos los dogmáticos. De uno y de otro lado. Van los casos: Hungría —el mejor de los años cincuenta— perdió en la gran cita de Berna, en 1954, contra una Alemania reconstruida de sus propios harapos; Brasil dio cátedra en México 1970 ante la Italia del catenaccio; Enzo Bearzot —defensivo hasta en los entrenamientos— sacó campeón a los azzurri, en España 1982. contra todos los pronósticos que contaban al Brasil de Zico como candidato inevitable.
En nuestro ámbito suceden idénticas contradicciones. La Argentina ganó su primer título absoluto en 1978 —contexto hostil y lamentable al margen— con la bravura del inmenso Mario Kempes. Repitió en 1986, bajo cielo mexicano con las bellezas de Diego. Al primero, lo conducía Menotti. Al segundo, lo administraba Bilardo. Ni antes ni después, ni con una idea ni con la otra se consiguió idéntica gloria.
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Marcelo Bielsa, el mejor entrenador para la FIFA en 2001, participó de un fracaso estrepitoso al año siguiente de su condecoración. La más inexplicable de las derrotas de la Selección sucedió en Oriente. Afuera en primera ronda. Como el papelón de Suecia de 1958, pero en colores y ampliado.
Con entusiasmo y con realismo, escribió el canciller Rafael, hermano de Marcelo, en la antesala de la Copa del Mundo Japón-Corea 2002: “Marcelo está llamado a saldar una rancia antinomia detrás de la cual se alinean los hinchas, los entrenadores, los periodistas y hasta la Bolsa: pelota al pie versus centro a la olla, Huracán del ’73 versus Estudiantes del ’69. Tiene algo de cada uno de sus predecesores en la Selección, carece de rasgos de ellos y debe amalgamar algunos de los suyos, que no son pocos. El es escueto, Menotti es copioso hasta el empacho. Es práctico, contra lo dogmático que es Bilardo”.
No hubo caso. El desenlace lo condenó a Marcelo. Sin embargo, sucedió algo magnífico, ajeno a la eliminación: nadie de los que lloró en aquel vestuario japonés ofreció jamás una queja respecto del entrenador. Muchos —como Diego Simeone o como Mauricio Pochettino, hoy entrenadores de la élite— aprendieron de aquel fracaso. ¿Fracaso? Sí, respecto de la expectativa. Jamás, respecto del recorrido que lo antecedió. Ni de su legado inobjetable. Ese que sigue latiendo por los entrenamientos del mundo.
***
Caruso Lombardi encaja perfecto en la discusión. Un outsider contra la tradición. ¿Pero es tan así?
En el caso particular del Globo de Newbery hay un escenario que merece ser contado: hasta la irrupción de los magos del 73, los mejores equipos de Huracán eran combativos, guerreros. Los reyes de los años veinte (los más campeones de esa década junto a Boca) eran un grupo de gladiadores. Tenían cracks, es cierto. Pero la victoria nacía de otra virtud: un equipo nacido del barro capaz de convertirse en estatua de bronce.
Después siguió: el Huracán del bravo Masantonio —ganador de tres Copas Nacionales en los cuarenta— luchaba hasta el último de los suspiros. En los treinta le costaba más. Luego, la gloria le ofreció el panteón.
Caruso —según dice— tiene mucho más de aquellos de los días que nadie vio que de los encantadores setentosos.
Como siempre, el campo de juego contará su verdad. Estilos al margen.
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Texto publicado por el fundador del Blog en LaNan
domingo, octubre 16, 2016
sábado, octubre 15, 2016
Un desastre
Huracán 1-Temperley 2
El primer partido de Ricardo Caruso Lombardi como técnico de Huracán en el Palacio Ducó se pareció de todos los modos que se lo quiera abordar a una pesadilla. Dos semanas después del entusiasmo por la victoria en Tucumán, de su simpática y múltiple aparición mediática (con canciones dedicadas a San Lorenzo incluidas), se retiró rumbo al vestuario rodeado de silbidos, de rechazos, de insultos. La derrota inesperada frente a Temperley no fue la única razón de tal desenlace. Hubo algo más, tanto o más importante: fue la peor actuación desde el bochornoso cumpleaños de 2014, aquel primer día de noviembre, el del 0-3 frente a Sportivo Belgrano de San Francisco, por la B Nacional. Lo dicen sin dudas los que frecuentan la Bonavena, la Alcorta o la Miravé. Los mismos que gritaron su bronca luego del tropiezo.
No hubo casualidad ni motivos para discutir la victoria visitante: Temperley fue el mejor desde la concepción y desde la ejecución. Sin brillos, con astucia, con un plan. Le ganó a Huracán y lo dejó desnudo.
Lo escuchó un dirigente y lo contó al pasar: “Cambiamos proyecto por lotería”. Ya había sucedido la larga reunión entre Caruso Lombardi y los dirigentes, ya después de que partieran los jugadores. El entrenador incluso le sugirió a la conducción que se reunieran a solas con el plantel para saber más en detalle cuáles son las inquietudes del grupo. El capitán Martín Nervo fue el único de los futbolistas de Huracán que habló y ofreció realismo: “Jugamos muy mal. Hacía mucho que no teníamos un partido así. Ahora hay que dar vuelta la página y empezar de nuevo”.
Es cierto que hubo rendimientos individuales muy pobres. Por ejemplo, Marcos Díaz - figura frecuente y superhéroe de los días más importantes de la historia reciente del club- tuvo una floja respuesta en el segundo gol; Rolfi Montenegro y Romero Gamarra -los más creativos- jugaron mal; los dos laterales (Romat y Morales) hicieron todo al revés; Luca Sosa todavía está buscando su lugar en el campo de juego; Diego Mendoza sigue esperando una asistencia entre los centrales de Temperley. Pero el fracaso de Huracán estuvo vinculado a la propuesta: no hubo un plan. Quedó en todo momento la impresión de que el equipo estaba esperando que sin esfuerzo la victoria sucediera.
“Me voy muy preocupado. Jugamos muy mal”, asumió Caruso, en su tardía conferencia de prensa. Fue lo mejor que hizo en la tarde de Parque de los Patricios: asumir el escenario incómodo.
Temperley -austero, lógico, bravo, intenso, ordenado- hizo un negocio que se tradujo en puntos y en entusiasmo. Le alcanzó con un remate de Marcos Figueroa, con la pegada de Ariel Colzera, con la aparición de Alexis Zárate, con el compromiso para defender todos juntos detrás de la línea de la pelota. Poco en apariencia. Pero más que suficiente para ganarle sin objeciones a un Huracán despojado de todo. Vacío. Roto.
viernes, octubre 14, 2016
A la Sudamericana
El 3-1 a Lanús, de visitante, terminó resultando decisivo para esta clasificación a la Copa Sudamericana.
Huracán participará por tercer año consecutivo en el ámbito internacional. Un récord para su historia y para un equipo recién ascendido. El Globo de Newbery disputará a la Copa Sudamericana 2017.
Así se corroboró hoy, en la sede de la Conmebol en Asunción: se dio a conocer el criterio de clasificación y en la Argentina se toma en cuenta el último torneo de Primera División 2016. Y allí, Huracán finalizó noveno en la Tabla Acumulada (con 25 puntos) y está entre los seis que disputarán la segunda competición continental.
Lo acompañarán: Independiente, Arsenal, Defensa y Justicia, Gimnasia y Racing. En caso de que uno de estos dos últimos ganen la vigente Copa Argentina (y accedan a la Libertadores), el sustituto será Vélez.
domingo, octubre 09, 2016
Caruso y el Huracán guerrero
Los que habitan ahora la Alcorta, la Miravé o la Bonavena son los mismos que lo insultaron por gestos o por origen. Caruso confía en que lo van a terminar aplaudiendo.
En cualquier caso hay una verdad que excede a los estilos: cada hincha -de Huracán o de cualquier otro- abraza, por afecto a los colores, primero a la victoria que al modo en el que esa se obtiene. Sobran ejemplos por los rincones.
En el caso particular del Globo de Newbery hay un escenario que merece ser contado: hasta la irrupción de los magos del 73, los mejores equipos de Huracán eran combativos, guerreros. Los reyes de los años veinte (los más campeones de esa década junto a Boca) eran un grupo de gladiadores, el Huracán del bravo Masantonio -ganador de tres Copas Nacionales en los cuarenta- luchaba hasta el último de los suspiros. Caruso -según dice- tiene mucho de aquellos.
Texto publicado por el fundador del Blog, en Clarín.
Más:
La entrevista completa, en Clarín.
lunes, octubre 03, 2016
Dos gritos y a empezar de nuevo
Atlético Tucumán 0-Huracán 2
Había que ganar. Se ganó. Esto recién empieza. Sobran las palabras. Es tiempo de laburo y no de exageraciones. De seguir. Falta demasiado.
sábado, octubre 01, 2016
Ahora, Caruso...
Primera conferencia de prensa de Ricardo Caruso Lombardi como entrenador de Huracán. Es el reemplazante de Eduardo Domínguez. Llega de urgencia, entre misterios. Veremos...
viernes, septiembre 30, 2016
El adiós
Las últimas palabras de Eduardo Domínguez como entrenador de Huracán. Fin de un ciclo valioso.
sábado, septiembre 24, 2016
Poco fútbol, ningún gol
Huracán 0-Sarmiento 0
Cuatro partidos, tres puntos, dos goles convertidos. Fútbol escaso. Preocupa.
lunes, septiembre 19, 2016
Un grito, apenas eso
Tigre 1-Huracán 1
Un gol sobre la hora, estrictamente en el último segundo. El primer punto como visitante. Eso fue lo que dejó la visita sin victoria a Victoria. Y poco más... El juego y las ideas siguen ausentes.
sábado, septiembre 10, 2016
Dar la cara
Marcos Díaz, superhéroe de Huracán, el mejor arquero de los 108 años del club, tuvo una floja actuación. Fue a la conferencia de prensa, dio la cara, hizo la autocrítica. Nada para disculpar. La historia lo ampara. Hoy y siempre.
De errores y de momentos
Eduardo Domínguez, en el después del empate frente a Quilmes. Lo que pasó y lo que viene.
viernes, septiembre 09, 2016
Poco, casi nada
Huracán 1-Quilmes 1
Huracán lo sabía desde bastante antes de este primer partido del semestre en el Palacio Ducó, ante Quilmes: se trataba y se trata del comienzo de una nueva etapa. Más difícil que la de los vértigos y de la gloria que ofreció el recorrido desde aquel cumpleaños de noviembre de 2014 hasta la resurrección que continuó al accidente no tan lejano de Caracas. Ahora, el equipo de Eduardo Domínguez está frente a un escenario nuevo: el de la necesidad y de la obligación de consolidarse como un grupo capaz de protagonizar en Primera. No se trata apenas de un deseo del contorno; no es capricho de la exigente Platea Alcorta, siempre afín a desmesuras comparativas. Es otra cosa: una posibilidad. Valiosa, posible, factible de edificar.
Sin embargo, la actuación frente a Quilmes no ofreció buenas señales al respecto. Poco, casi nada. Falta juego, falta gol. Falta aquella intensidad de días no tan lejanos. Hay tiempo, pero no sobra. Las ventajas ofrecidas en estos días se pueden pagar con angustias al final del recorrido.
Así estamos:
Posiciones, fixture, detalles.
jueves, septiembre 08, 2016
Ahora, Barrales...
miércoles, agosto 31, 2016
Vamos de nuevo...
Ya está. Se perdió en el debut. Ahora, empezamos de nuevo. Volvemos al Ducó, volvemos a ser, a creer, a estar. Vamos otra vez, por más... Por todo. Somos especialistas en reconstrucciones. Acá estamos... Que lo sepan todos.
lunes, agosto 29, 2016
Los goles de Lesman que ya van a venir, ¿o no?
Germán Lesman, el 9 esperado, el goleador de la B Nacional (jugando para All Boys). Llega para reemplazar al inmenso Wanchope Abila. Nada menos...
viernes, agosto 26, 2016
Quiso el destino...
Fecha 1: Godoy Cruz 1-Huracán 0
El resultado miente. Huracán se quedó sin nada por cuestiones incluso ajenas a su juego sin mucho vuelo: falló en el área rival y el azar lo damnificó en el propia. Duele la derrota, lastima el modo. De todos modos, queda una impresión: hay recursos para modificar el escenario...
El partido dejó otra certeza: será difícil no caer en la tentación de extrañar a Wanchope Abila. No se trata estrictamente de una cuestión afectiva. Es, en todo caso, una verdad del campo de juego. Del área. Nada menos.
jueves, agosto 25, 2016
Quejas, razones, goles
Eduardo Domínguez, ùltimo contacto con la prensa antes del debut en el Campeonato. No es el mejor modo de comenzar...
lunes, agosto 22, 2016
Un ciclo, todo esto
La Supercopa, en abril de 2015, La Estrella Trece, el título más reciente. Obra del estupendo Huracán de nuestros días.
Ahora que está comenzando la temporada 16/17 resulta un buen momento para mirar apenas hacia atrás. Para valorar un recorrido, una sucesión de logros que mucho se parecen a una hazaña pero son -en definitiva- una preciosa reconstrucción, un principio. Desde el fondo de sus infiernos, tras el peor cumpleaños de la (aquel del primer día de noviembre de 2014), nació el Huracán más bravo -quizá- desde los años veinte.
Revisemos. Se logró todo esto desde aquel penúltimo aniversario de nuestra vida Quemera:
2014
Campeón de la Copa Argentina, primer título tras 41 años.
Clasificado a la Copa Libertadores 2015.
Récord: único equipo del fútbol argentino en salir campeón de un título absoluto jugando en la segunda categoría.
Récord: único equipo del fútbol argentino en clasificarse a una competición internacional desde la segunda categoría.
Regreso a Primera División, tras quedar último a siete fechas para el final de la temporada.
2015
Campeón de la Supercopa Argentina, segundo título en cinco meses.
Clasificado a la Copa Sudamericana 2015.
Récord: el equipo que menos tiempo tardó en ser campeón recién llegado a Primera (superó a Central de la campaña 86/87).
Subcampeón de la Copa Sudamericana, invicto (sólo lo derrotó por penales Independiente Santa Fe, en la final).
Clasificado a la Copa Libertadores 2016.
Récord: único equipo en acceder a una final internacional recién llegado a Primera.
Además: En semifinales de la Sudamericana eliminó a River, defensor del título, campeón de la Libertadores, de la Recopa y subcampeón del Mundial de Clubes de la FIFA.
Además: Palacio Ducó invicto en competiciones internacionales en 2015.
Además: fue el equipo con mejor registro de la Conmebol (una derrota en 18 partidos; "Equipo del Año")
Continuará...
Eso esperamos.
martes, agosto 16, 2016
Un estreno feliz
Huracán 2-Racing de Córdoba 1, en el Palacio Ducó. Fue el debut del Globo de Newbery en el Metropolitano de 1984. Claudio Morresi, con dos penales, permitió la victoria en el estreno. Bonus track: esa misma noche, cuenta el presentador de Canal 7, Raúl Alfonsín le hablaba al país. El detalle también relata el contexto: era el primer Metro que se jugaba íntegramento con la Democracia recién regresada.
viernes, agosto 12, 2016
Hechizos rotos
Copa Argentina: Belgrano 1 (5)-Huracán 1 (3)
Más allá del juego escaso, de los errores arbitrales repetidos, en San Juan se terminó el hechizo. El de esa ciudad, la de los últimos dos títulos, y el de las definiciones por penales (la de esta ocasión se suma a la que más dolió la de la final de la Sudamericana ante Independiente Santa Fe, en Bogotá).
Ahora, llega el tiempo de empezar de nuevo, de reordenar. Esta eliminación frente a Belgrano es un dolor, un desenlace triste que tiene que servir de apredizaje, para enfocar lo que se avecina. Para no perder de vista el objetivo prioritario: seguir siendo protagonistas en el ámbito local y relanzarnos al ámbito internacional... Sí, como en el precioso ciclo 14/16.
lunes, agosto 08, 2016
De lo nuestro, lo mejor
Pasó hace casi nada. Y vale la pena decirlo y recordarlo: Huracán fue en la temporada 15/16 el mejor equipo del fútbol argentino a nivel internacional. Lo cuentan los números y otros detalles. Todos estos:
1) Fue el equipo que más partidos disputó, con 20. Y resultó el que más puntos sumó en términos absolutos y el que mayor porcentaje de puntos obtuvo entre los que participaron de al menos dos competencias.
2) Fue el único argentino que accedió a una final de las competiciones "largas": Sudamericana (a la que accedió como campeón de la Supercopa Argentina, tras vencer a River en la final) y Libertadores (a la que llegó como finalista y mejor participante argentino en la Sudamericana).
3) Mantuvo el Ducó sin derrotas en todo 2015 (Libertadores y Sudamericana).
4) Permaneció invicto, además, en toda la Sudamericana 2015. Su única derrota fue en la final, por penales.
5) En las semifinales de la Sudamericana 2015 eliminó a River, subcampeón del Mundial de Clubes de la FIFA 2015.
6) Sólo fue eliminado por los vencedores de las dos competiciones "largas" (Independiente Santa Fe y Atlético Nacional).
7) Estuvo regularmente ubicado en el top 10 del ranking mundial entre los equipos de América.
miércoles, agosto 03, 2016
Purrete de la orilla
Un poema del inmenso Osvaldo Ardizzone sobre Héctor Yazalde, a quien también disfrutamos como propio bajo el cielo del Ducó:
La vida, de salida,
te tiró la bolilla más fulera
y, en la ruleta pequera
del que gana y del que pierde,
la frontera del Riachuelo
te llevó para su lado
y desde entonces fuiste Sur,
Sur anónimo y postergado...
Dueño del baldío
que era tuyo por derecho,
poeta inculto de todos los ocasos,
erudito botánico de toda la maleza,
aterido gorrión de mil amaneceres,
sabio pescador de charcas y zanjones...
Y, cuando ya las aulas
clausuraron el árido
tributo de su cultura...
Cuando el remendado guardapolvo
colegial le quedaba chico
para su madura adolescencia...
¿qué le faltaba por aprender?
Si ese Sur ya lo había nutrido
con toda la filosofía
de su código orillero,
donde los pibes son hombres
antes del séptimo grado,
donde los Reyes no pasan
porque los chicos son malos...
Tal vez te crezcan las alas
cuando cruces la frontera,
tengas un banco en la escuela
un seis de Enero con Reyes
y estrella en las Navidades...
Y allá en el Sur de tu orilla
habrá sol en todo el cielo,
flores en vez de cardos,
arroyos en vez de charcas
y andará tu historia nueva
hecha canción en el aire...
Héctor Casimiro Yazalde, Chirola, fue uno de los grandes goleadores de la década del 70. Fue el Botín de Oro de Europa en 1974. Ocho años después se retiró en Huracán. Jugó poco, una lástima.
La vida, de salida,
te tiró la bolilla más fulera
y, en la ruleta pequera
del que gana y del que pierde,
la frontera del Riachuelo
te llevó para su lado
y desde entonces fuiste Sur,
Sur anónimo y postergado...
Dueño del baldío
que era tuyo por derecho,
poeta inculto de todos los ocasos,
erudito botánico de toda la maleza,
aterido gorrión de mil amaneceres,
sabio pescador de charcas y zanjones...
Y, cuando ya las aulas
clausuraron el árido
tributo de su cultura...
Cuando el remendado guardapolvo
colegial le quedaba chico
para su madura adolescencia...
¿qué le faltaba por aprender?
Si ese Sur ya lo había nutrido
con toda la filosofía
de su código orillero,
donde los pibes son hombres
antes del séptimo grado,
donde los Reyes no pasan
porque los chicos son malos...
Tal vez te crezcan las alas
cuando cruces la frontera,
tengas un banco en la escuela
un seis de Enero con Reyes
y estrella en las Navidades...
Y allá en el Sur de tu orilla
habrá sol en todo el cielo,
flores en vez de cardos,
arroyos en vez de charcas
y andará tu historia nueva
hecha canción en el aire...
Héctor Casimiro Yazalde, Chirola, fue uno de los grandes goleadores de la década del 70. Fue el Botín de Oro de Europa en 1974. Ocho años después se retiró en Huracán. Jugó poco, una lástima.
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