
-- El hincha se hace cómplice por la falta de perspectiva. Cuando se pide ganar por encima de todo, los "cómos" pierden relevancia y se olvida la historia, el estilo, la ética. A veces, el sentido de la inmediatez nos deja la impresión de que los partidos nacen de un repollo, sin entender que los jugadores, los clubes y hasta el fútbol mismo vienen de algún lugar (la importancia de la memoria) y van hacia otro lugar (la importancia de la estrategia). La gente pide satisfacción instantánea. Es aplicable al fútbol esta frase que le oí al negro Fontanarrosa: "Dios, dame paciencia. ¡Pero ya!".
-- También aquí los resultados son un gran ocultador de la realidad: si se gana, todos felices; si se pierde, todos indignados. ¿O conocemos a alguien que salga a la calle a festejar un buen balance? Sin embargo, de ese balance depende la supervivencia de un club.