jueves, octubre 29, 2015

Nos vamos de Copas...


Por Nicolás Migliavacca*
El domingo que viene no sólo se cumplirán 107 años del nacimiento de Huracán, sino que además también habrán pasado 365 días de una tarde fatídica en Parque Patricios. El 1/11/14, el Globo perdía 3-0 contra Sportivo Belgrano en el Ducó, renunciaba Kudelka, el partido terminaría suspendido por incidentes y el equipo quedaba cola en la Zona B de la BN a siete puntos del último puesto de ascenso. Un año después cambió la mano, de hecho, ahora jugará semifinal de Sudamericana ante River.

Es que a partir de ese día, Apuzzo mediante, Huracán levantó: campeón en la Copa Argentina, ascenso, Supercopa ante el Millo, Libertadores (en el medio, 1-0 a San Lorenzo...) y hoy ya está en la semifinal de la Sudamericana. Incluso, volvió a ingresar en la Libertadores que se jugará el año que viene. ¡Histórico, Globo!

Teniendo en cuenta que River ya está clasificado a la Copa de 2016 por ser el campeón vigente, Huracán toma ese cupo y, al imponerse como el que más lejos llegó en esta Sudamericana debido a que Independiente quedó eliminado, consiguió el pasaje al Repechaje por segundo año consecutivo. Sera la tercera de su historia.

Así, no hay dudas de que este cumple será uno bien feliz para los Quemeros.

*Periodista. Texto publicado en el diario Olé.

miércoles, octubre 28, 2015

Juntos...


Una escena, tras la clasificación a las semifinales de la Copa Sudamericana. También una impresión: juntos -los de adentro, los de afuera, los que conducen- es más fácil...

Tenemos un arquero que es una maravilla...



Otra vez, en otro partido decisivo, Marcos Dìaz fue figura. Como en la final de la Copa Argentina y en la de la Supercopa. Como siempre que se lo necesita. Sólido, dueño del área, implacable en el juego áreo, seguro ante los remates desde afuera del área, rápido para salir a recortar espacios.

Esta vez también fue espectacular, como en esta atajada que el video muestra. Como para que todos lo sepan; como para cuando la Selección lo necesite: Huracán tiene un arquero que es una maravilla.

martes, octubre 27, 2015

Huracán viejo nomás...



Copa Sudamericana: Defensor Sporting 0-Huracán 0

Se aguantó, se intentó, se metió, se jugó. Huracán estuvo a la altura de las circunstancias. Fue bravo para defender, astuto para manejar las ansiedades del rival, rápido para generar desequilibrio, solidario para tolerar los malos momentos de algunas individualidades en algunos tramos el partido.

También es cierto: le faltó precisión para liquidar la serie. Pero le alcanzó para cumplir con el inmenso objetivo: acceder a las semifinales de la Copa Sudamericana. Nada menos.



Caminando por América



Huracán, en la antesala del duelo frente a Defensor, por los cuartos de final de la Sudamericana. Un paseo por La Rambla de Montevideo. Momento de imaginar horizontes felices...

sábado, octubre 24, 2015

Un clásico de cien años



Por Pablo Viviani*
Hace tiempo se cumplieron cien años del primer Boca-River y del primer Independiente-Racing, pero restaba aún el de otro clásico barrial histórico: Huracán y San Lorenzo. Es que la rivalidad entre cuervos y quemeros se hizo esperar y recién jugaron por primera vez en 1915: este 24/10 se cumplieron 100 años del primer duelo que ganó el Ciclón 3-1.

Los dos clubes habían recorrido caminos distintos. Mientras Huracán se afiliaba a la Asociación en 1912, San Lorenzo se encontraba con un parate de actividades. Al otro año, cuando los azulgranas se reorganizaron, lo hicieron sin temor a dar ni un paso en falso: decidieron afiliarse a la segunda división y barajar clubes para realizar confrontaciones. En diciembre de 1913 aparecía en los periódicos: “El San Lorenzo de Almagro desea jugar un match amistoso con cualquier club de segunda división afiliado a la A.A.F, para el domingo 21 del corriente en field del aceptante, especialmente con el Club Atlético Huracán”. No hay pruebas de que se haya jugado la partida propuesta, más teniendo en cuenta que cuatro días después debía el Globito jugar la final por el ascenso a Primera. Pero no quedaban dudas de que estaba naciendo la rivalidad.

En 1914 no hay indicios de roce, pues Huracán actuaba en Primera y San Lorenzo, en Segunda. Pero el ascenso de los Gauchos de Boedo, tras derrotar al Honor y Patria, efectivizó la idea de que en la temporada siguiente se verían las caras. Fue más rápido de lo esperado, pues el primer día de abril se cruzaron amistosamente en la cancha que Huracán tenía en Chiclana y Avenida La Plata, en la que hizo valer su condición ante una gran concurrencia y se impuso tres a uno.

Todavía no había nada en forma oficial. El primer cotejo por los puntos entre estos vecinos de barrio se produjo recién el 24 de octubre de 1915 y tuvo como escenario el campo de Ferro, lejos de las callecitas del sur, pues el Ciclón no había conseguido aún los terrenos del Gasómetro. El mal tiempo reinante no favoreció a la concurrencia del público.

San Lorenzo salió a la cancha con José Coll; Alberto Coll y José De Campo; Juan Monti, Federico Monti y Nicolás Romeo; Mariano Perazzo, Francisco Xarau, Alfredo Etchegaray, Cayetano Urio y Luis Gianella. Los dos clubes habían empezado mal el año y ambos estaban en mitad de tabla.

Huracán alistó esa tarde a Francisco Blanco (que después jugó en San Lorenzo); Agustín Alberti y Agustín Palacios; Juan Fontana, Mario Basadonne y Natalio Carabelli; Emeterio Acevedo, José Laguna, Donato Abbatángelo, Martín Salvarredi y Luis Caldera. Los blancos eran favoritos porque llevaban cuatro juegos sin perder por el campeonato, mientras que los azulgranas venían de perder con Porteño.

El Globito tuvo la iniciativa y poco antes de la media hora el “Negro” Laguna abrió el marcador con un tiro que rozó en De Campo y salió alto y esquinado para meterse en la red defendida por Coll. Cuando el referí Ernesto Riello indicó el fin del entretiempo, nadie presagiaba aún el resultado del partido. En la segunda etapa, San Lorenzo lo dio vuelta con dos goles de Perazzo y uno de Xarau.

El entusiasmo y las acciones malintencionadas abundaron durante todo el encuentro. Después del 3-1, el clima violento se encrudeció. El árbitro expulsó a Caldera y Palacios y Huracán terminó con nueve hombres. Tras la primera victoria, San Lorenzo mantuvo su supremacía y después de 100 años lleva 38 partidos de ventaja en la historia: 83 victorias contra 45 de Huracán, y 45 empates. Aunque eso es lo de menos porque cada encuentro es un desafío para ambos y porque los números son puramente anecdóticos en el clásico de barrio más grande del mundo.

*Historiador de Huracán. Integrante del CIHF (Centro para la Investigación de la Historia del Fútbol).

viernes, octubre 23, 2015

Literatura de la Palomita

Pablo Bartolucci, crack de Huracán en los años 20, en la tapa de El Gráfico. En ese tiempo, con la camiseta de la Selección, fue el fundador de una jugada que atravesó los tiempos y las geografías: La Palomita.

Por Ariel Scher*
El responsable del cero más glorioso de la historia educativa de mi sobrino menor fue Juan Imhoff.

Se trató de un episodio que se cuenta sencillo, apenas con un diálogo entre los dos protagonistas: de un lado, su profesora de Lengua, doctorada en Literatura Galesa en una universidad escandinava, diplomada en narrativa vieja del Canadá francófono en la mejor casa de estudios de París, novia de un señor al que enamoró recitándole las mejores rimas del nicaragüense Rubén Darío, docente de alumnos a los que casi siempre evaluaba insuficientes en colegios a los que, ni hablar, evaluaba insuficientes; del otro lado, él, mi sobrino menor, un reo absoluto.

Profesora de Lengua (con ferocidad en las pupilas, con el prejuicio de que preguntaría algo que requería mucho conocimiento y que la contestación le devolvería nada): -Señoritas y señores, imagino que habrán estado leyendo, ¿cuál fue la poesía más interesante que encontraron en la semana?

Mi sobrino menor (con una avidez desusada, a la altura de la que demostraba ante la perspectiva de que una rubia lo enfocara con amor o, más todavía, de que en el fin de semana hubiera un clásico de cualquier deporte): -La palomita de Imhoff en ese try que le hizo a los irlandeses en el Mundial de rugby.

Final: ella, como no escuchó ni el nombre de Borges ni el de alguno de los galeses en los que se consideraba experta, ni el del gran José Pedroni ni el de uno de los francocanadienses que musitaba de memoria, ni el de su Rubén Darío ni el de ningún versificador que figura en los volúmenes con versos, le puso un cero.

La familia hirvió. Una cosa era asumir -y estaba asumido- que mi sobrino menor era un reo absoluto y que sus desempeños académicos merecieran encarcelamientos temporarios y otra cosa era aceptar que esta vez había cometido un error.

Porque en eso todos estábamos de acuerdo en la familia: si la palomita de Imhoff no tenía que ver con la poesía, ¿la poesía que era?

Exactamente eso le planteó mi cuñada a la profesora de Lengua, en la primera de las múltiples excursiones que esta desagradable circunstancia requirió de la familia. No ejerció la furia de una madre en despecho. Al contrario: delante de una docente, la didáctica resultó ella. Con papeles sepias entre los dedos, con fotos que sólo una mamá en desesperación puede rescatar, con fe desmesurada en que se toparía con oídos anchos, le describió el origen de la palomita, un honor argentino, porque ese vuelo rasante con la pelota como objeto, parangonable al de una paloma, había sido inventado por el futbolista Pablo Bartolucci y bautizado de allí en adelante para que las galaxias lo repitieran. O, si se pretendía pensar desde el campo de las letras, Imhoff había volado con una pelota oval entre sus palmas como heredero de toda una tradición nacional.

Leyó, entonces, mi cuñada. A Diego Lucero, periodista, escritor, poeta lunfardo y no lunfardo, en la edición del diario Clarín del 17 de octubre de 1960: "¿Cuál fue el origen de la jugada y cómo se le ocurrió a Bartolucci? Una tarde estaba bañándose, en una laguna de Sarandí, una barra de muchachos de la que Bartolo era medio caudillo. En el momento en que Pablo iba a zambullirrse, uno de la barrita tiró una pelota a media altura que Bartolo, justito, la embocó en el coco. Entusiasmado por aquello, que fue puro azar, Bartolucci se hizo repetir el lanzamiento y la cosa empezó a salir perfecta. De la laguna la llevó a la cancha. Su elasticidad y su arrojo le permitieron a Bartolucci resolver con sus 'palomitas' jugadas que parecían imposibles. La vincha se la puso en su debut contra Estudiantil Porteño con el propósito de de defenderse de los cortes que la boca de la pelota antigua, cerrada con tiento, le hizo más de una vez en la frente. Desde entonces se identifican y forman una sola unidad característica en las canchas de fútbol porteñas: 'la palomita?, la vincha blanca y Pablo Bartolucci".

Pegada a mi cuñada, más ardiente aún, su madre, abuela de mi sobrino menor, hacía flamear una foto de Bartolucci con la casaca de Sportivo Buenos Aires y otra con la de Huracán, ambas de la década del veinte, en las que se lo reconocía joven, con vincha y haciendo eficientemente la palomita. Desbordada por la ansiedad, la abuela estampó esas imágenes casi en los párpados de la profesora de Lengua y le bramó: "Mire, mire si no es poesía".

No funcionó. La profesora de Lengua oyó en la frontera de la indiferencia lo que argüían mi cuñada y su madre. Apenas contestó que la poesía era poesía y que lo de Imhoff (bah, no lo llamaba "Imhoff", le decía "ese muchacho" o ni siquiera") era rugby.

El siguiente visitante fue mi tío. Hermoso tío: profesor de Lengua, amigo de muchos profesores de Lengua, erudito en galeses y en canadienses francófonos, sabedor de cada cadencia de "Sinfonía en gris mayor" de Rubén Darío, un maestro de lo profundo, fana del deporte. "Estimada colega -empezó él, un amable entre los amables-, el asunto que nos ocupa, este de la palomita, se corresponde con todas las ramas de la literatura. Podría ofrecerle, y no dudo que lo disfrutaría, una suma de casos que emergen de nuestros libros más preciados. Sin embargo, me quedo con uno. Uno que es excelso. ¿Ha leído a José Gabriel, por cierto? Por supuesto que lo leyó. Y por supuesto que domina que aludo al periodista y escritor José Gabriel López Buisán, quien desembarcó en el país a los nueve años, trabajó en el diario La Prensa, le dio carga ideológica a su presencia dominical en la cancha al aducir que eso le proporcionaba 'entre otros goces, el que no he experimentado jamás en mi oficio: el de la solidaridad' y desbarató discursos minimizadores sobre el juego en un artículo mítico que se llama -lo conocerá, colega, ni lo dudo porque es un relato esencial- 'El jugador de football, ejemplo de arte'".

Y, la voz engolada, el corazón depositado en la laringe, el tío leyó una oración emblemática: "Una palomita de Bartolucci al rechazar con la cabeza la pelota que vuela por el flanco es una accion de belleza y coraje que inútilmente esperaréis de Nijinsky en ningún ballet".

No alcanzó. Y eso que, en el fondo de sus hormonas, la profesora de Lengua vaciló sobre si no hubiera sido más dichosa si enamoraba, Rubén Darío mediante, a mi tío que a su marido. Inclusive así, agradeció la visita y la preocupación, pero se sostuvo en que lo de Imhoff -"ese muchacho"- se parecía tan poco a la poesía como mi sobrino a un aprendiz ejemplar.

Por un pudor que la profesora de Lengua no había expuesto al calificar con un cero a mi sobrino menor y yo sí conservo, no quiero develar las reacciones de todos los familiares. Apenas apuntaré que la de mi tío constituyó la última intervención cuidadosa. Mi sobrino mayor, moderno en sus lecturas, le tiró por la cabeza las páginas de "Lo raro empezó después", el cuento de Eduardo Sacheri en el que quedaba claro que a Cachito Espora, gran cabeceador, "para marcarlo de arriba más o menos tenés que tirarte de arriba del travesaño". Una vecina arrabalera, que se sumó a la causa por exceso de indignación y de tiempo libre, zampó "Largue esa Mujica", el tango de Juan Faustino Sarcione en el que los jugadores se vuelven sustantivos y Bartolucci actúa como sinónimo de "palomita: "y olvide el Carricaberry,/ tírese a la Bartolucci...". Y una brasileña despampanante, amiga de esa vecina, agregó que las palomitas también eran poéticas en su país y que una de un crack, Peixinho, le había posibilitado al San Pablo vencer al Sporting de Lisboa, en cotubre de 1960, cuando se inauguró el estadio Morumbí.

Nada. Mientras buena parte de mi parentela contenía la voracidad de lanzarse, literalmente, de palomita rumbo a los brazos de la brasileña, la profesora de Lengua espantaba páginas sepias, fotos de futbolistas y de rugbiers en palomitas esculturales, referencias literarias de indiscutibles como Juan Sasturain ("Excepto en secuencias admirables y ya clásicas, como el partido de fútbol sabatino y la comida en la cantina, donde se permite hacer un gol de palomita o llevarse a Silvia en la moto, Teodoro, más que obrar, reflexiona", observa en uno de sus textos de El domicilio de la aventura), apuntes con alusión a la palomita de ensayistas célebres como el argentino Dante Panzeri o el británico Jonathan Wilson y hasta las palomitas ajenas y propias, reales y falsas, que incorporó Osvaldo Soriano a su prosa deportiva.

-Picasso eligió a la paloma para hacer pintura poética y el deporte eligió a la palomita para escribir su propia poesía- reflexionó, sagaz, mi tío, el profe de Lengua. Y añadió: "Esta dama aún no lo entiende".

Harto de la tensión familiar y harto, además, de que a su hijo lo embadurnaran con un cero glorioso pero injusto, mi hermano, el papá de mi sobrino menor marchó hacia la sede escolar con el más grandioso monumento literario destinado a la palomita que alguien, fuera futbolista, rugbier, poeta galés o cabeceador en palomita, pudo parir. Se erigió delante de la profesora de Lengua y le exhibió ese monumento, "19 de diciembre de 1971", acaso el cuento entre los cuentos del Negro Fontanarrosa, que no cobija el vocablo "palomita" porque la literatura, al cabo y entre otras cuestiones, es el arte de hablar de algo sin mencionar ese algo, pero es una obra mayúscula tramada en torno de la palomita con la que Aldo Pedro Poy -y "Poy", así, con el apellido, tampoco está tipeado en ese cuento- le obsequió a los hinchas de Central y a la historia de la emoción universal.

"Usted no me lo va a creer", avisaría Fontanarrosa desde el título de otro de sus grandes cuentos. Y fue de no creer: de golpe, el cero glorioso se esfumó.

Mi familia casi completa atribuyó ese acto de sensatez al esfuerzo colectivo por esclarecer a una persona que andaba en estado de necedad. O al inspirador Bartolucci. O a José Gabriel. O a Sasturain. O a un montón más. O a Poy y a Fontanarrosa, socios indoblegables en un cuento que representa una victoria de la literatura.

Ni llegué ni llegamos a una respuesta.

Y era lógico: la obtención de algunas respuestas a veces demora tanto como derrotar a un cero mal puesto o a cualquier otra injusticia de la Tierra.

Sólo al tiempo me enteré de la verdad. Me la contó mi sobrino menor, una tarde en la que, además, me comentó de un cero suyo y nuevo, creo que en biología, ya ni glorioso ni capaz de encender batallas familiares.

La verdad: la profesora de Lengua ahora le recitaba las rimas de Rubén Darío a mi tío. Ella argumentaba que el hallazgo de ese hombre le había permitido percibir cuestiones y literaturas hasta entonces ausentes en sus días.

En una pieza repleta de libros, dormían juntos. Estampada en una pared, la palomita eterna de Imhoff los acompañaba mientras ellos verificaban que los caminos de la poesía son maravillosos y, también, infinitos.

*Periodista y escritor.

miércoles, octubre 21, 2015

Domínguez tiene un plan



Las explicaciones de Domínguez tras la victoria frente a Defensor. Elogios, realismo, un plan.

martes, octubre 20, 2015

En marcha



Copa Sudamericana: Huracán 1-Defensor 0
El estallido final es también un desahogo. Es el desenlace de un partido arduo, en el que se luchó cada segundo y hasta el último de los suspiros. Parecía -por el desarrollo, por las llegadas escasas, por lo mucho que se parecieron ambos equipo en varios tramos del encuentro- una cita condenada al cero compartido. Pero no, un rato antes de ese grito feliz nacido de la popular Bonavena, hubo otro grito, el del único gol, ese cabezazo de Ramón Abila, tras un centro preciso y precioso de Cristian Espinoza. Así, Huracán se impuso 1-0 a Defensor Sporting. Así, encaminó esta serie de los cuartos de final de la Copa Sudamericana. De todos modos, lo saben todos en Parque de los Patricios: el pase a las semifinales se resolverá en el Luis Franzini de Montevideo, el martes.

Ese gol también resulta un síntoma: Huracán logró vulnerar a un equipo muy competente al momento de defender. Sirve un dato: sólo recibió goles en un partido de esta edición, en la primera fase, frente al Bolívar, bajo la influencia de los 3.600 metros de altura de La Paz. Por eso, la ventaja que parece mínima resulta muy relevante: Defensor conoce muy bien su libreto al momento de recortarles espacios a sus rivales, pero le cuesta ir a buscar, desequilibrar cuando el oponente se repliega. Es decir, en Montevideo no se sentirá cómodo ante ese escenario. Y Huracán -cuya mejor versión es la de equipo contragolpeador- tendrá espacios para que los aproveche su futbolista más veloz, el supersónico Cristian Espinoza.

El festejo prudente del contorno -de esos casi 25.000 hinchas que acompañaron al equipo de Eduardo Domínguez- también retrata la cuestión: nada está escrito. Y a juzgar por lo exhibido bajo el cielo del Palacio Ducó, será otro partido de esos que se resuelven en detalles. Huracán estuvo en la cornisa de la derrota justo antes de convertir. Con otra atajada que no tendrá olvido, Marcos Díaz -justo en la semana en la que se presentó su libro biográfico- evitó que Defensor sorprendiera y golpeara.

Huracán tuvo otra virtud: fue paciente, incluso a pesar de la ansiedad de los de afuera. Pensó el partido como una serie de 180 minutos. No se desesperó nunca. Ni cuando las imprecisiones de Romero Gamarra o los tropiezos de Ezequiel Miralles comenzaban a fastidiar a su gente. Es valioso: se trata de una demostración de oficio.

También este partido sirvió para demostrar otro rasgo positivo: desde la llegada de Domínguez como entrenador, Huracán consolidó su estructura defensiva (con Díaz, con los dos centrales, Mancineli y Nervo, y con el doble cinco compuesto por Vismara y Bogado). Y eso se traduce en resultados: apenas una derrota en 13 partidos y ocho encuentros con el arco invicto. Buenos indicios para acrecentar la confianza, justo ahora que se acercan “todas las finales juntas”, como dicen en el plantel. No es poco.

Texto publicado por el fundador del Blog en Clarín.

sábado, octubre 17, 2015

Tres gritos y un horizonte...

Bogado y Toranzo, dos de los autores de los goles de Huracán ante Sarmiento. Desde que asumió Domínguez como entrenador el equipo no perdió en el Palacio Ducó: cuatro victorias, tres empates y apenas un gol en contra.

Por Ricardo Sapia*
La goleada tranquiliza el permanecer y el estarse quieto de acá a lo que viene. Uno, dos, tres. Justo. Holgado. Sabremos en horas si es definitivo. Pero ya casi, ya casi. Y más horas para empezar a soñar. Seguir soñando con ese desafío copero. Sin embargo, parece que siempre tiene que replicar una campana que aturda. Nuestro goleador reclama, quiere que lo oigan. Pide un pase. No un pase gol. Un pase. Habilitado, grita. Wanchope, querido, son horas de paz, de intentos de ser más de lo que somos. Sumate. En diciembre hablamos. No jodamos.
Más allá de dimes y diretes, Huracán se reinventó. Con un viraje y mejores interpretaciones de la partitura, sin muchos lujos aunque con una idea de juego más definida o intencionada. Huracán y su doble cara (copas y torneo) enderezó la locura de 20 fechas iniciales mal pisadas. Ahora no es que sopapea al que se le planta (al menos en el largo de 30) pero trata de imponerse. Y pierde menos, aunque no gane tanto. Esta es su faceta doméstica, porque está la otra. Se llama Sudamericana. Y nos tiene encendidos, apasionados, queriendo adelantar el tiempo. Pasó a ser tan importante el calendario Conmebol como lo era este partido que pedía aflojar tensiones. Cincuenta y cincuenta en la cabeza quemera. Ya, ciento por ciento objetivo Montevideo de acá a los próximos once días. Tranquilos. ¿Se puede?

*Periodista. Texto publicado en el diario Olé.

Palabra de capitanes



Hugo Nervo -consolidado capitán del ciclo Domínguez- y Federico Mancinelli -lìder y subcapitán en ausencia de Carlos Arano- sobre lo que viene: la búsqueda internacional, la Copa Sudamericana. Con un mensaje compartido: América, allá vamos...

viernes, octubre 16, 2015

Triunfo de Primera



Huracán 3-Sarmiento 0
La victoria necesaria llegó envuelta en goleada. Y permite cierta tranquilidad de cara al primero de los objetivos: la permanencia en Primera. Pero hay más: Huracán demostró qué tiene con qué, que está para pelear contra cualquiera, que luce ordenado, que llega con profundidad, que no es simple convertirle. Buenos indicios de cara a lo que viene: el desafìo internacional, en la Copa Sudamericana.

El ciclo de Eduardo Domínguez muestra números de buena salud: cinco victorias, seis empates, una derrota (ante Newell's, en Rosario, plena injusticia). Y eso, además de tranquilizar y alegrar, entusiasma. Y mucho. Como este triunfo de Primera.

Más:
Así estamos en el Campeonato.

miércoles, octubre 14, 2015

Gardel le canta a Huracán



Largue a esa Mujica es un tango escrito por Juan Faustino Sarcione y al que Carlos Gardel le puso su voz de Zorzal. Y es, sobre todo, otra cosa: un bellísimo homenaje musical al Huracán campeón de 1928.

Más:
Detalles, en Gardel.es: Voz: Carlos Gardel. Acompañamiento: Guillermo Desiderio Barbieri - José María Aguilar (guitarras). Disco Nº 18283. Matriz Nº 4454 1. Sello Editor: Odeón Argentina. Fecha de grabación: 08-08-1929. Lugar: Buenos Aires (Argentina). Total de maquetas grabadas: 3. Publicadas: 1 (3º versión). Música y Letra: Juan Faustino Sarcione (del mismo autor Gardel grabó “Tristeza Gaucha”).

domingo, octubre 11, 2015

También en Villa Crespo


Huracán no se enfrenta a Atlanta en Primera desde 1984, la última vez que los Bohemios jugaron en la máxima categoría. La imagen, sin embargo, pertenece a los años setenta, el momento de mayor protagonismo de Atlanta en su historia y de Huracán en el Profesionalismo. Y resulta una demostración: para ver a aquel Huracán incluso había que colgarse hasta de los carteles. En las tribunas no había lugar ni en los pasillos ni en el alambrado.

jueves, octubre 08, 2015

La primera vez en Primera


Huracán ascendió a la máxima categoría del fútbol argentino en 1913, apenas cinco años después de su fundación oficial. Ya en Primera, en el mismo mes del fallecimiento de Jorge Newbery, el Globo -ese Globo del inolvidable George- debutó en la elite. Y lo hizo de modo impecable: el 29 de marzo derrotó 4-2 a Ferro, como local. Así, se reflejaba el anuncio del partido de aquella fecha inaugural de 1914. Los primeros nombres de Huracán, a escena.

A la semana siguiente, se produjo otro resultado memorable: Huracán venció 10-1, como visitante a Comercio, un club que actualmente no practica fútbol y cuya cancha estaba ubicada en Avenida del Libertador y Manuela Pedraza, en Núñez.

La primera derrota llegó el 12 de abril frente a Racing, el dueño de la década. Ese año el equipo de Avellaneda ganaría el segundo de sus siete títulos consecutivos (de 1913 a 1919). Huracán para ser Rey tuvo que esperar hasta los años 20.

martes, octubre 06, 2015

El mes del Gol Olímpico


Octubre es, desde 1924, el mes fundacional del Gol Olímpico, aquella magia creada por nuestro Césareo Onzari. Tal como la FIFA lo reconoce. A modo de homenaje, 91 años después, este precioso relato del periodista, escritor y amigo, Ariel Scher. Se titula "Desde el corner". Y leerlo es un gusto enorme, como aquel golazo que sigue latiendo.

Por Ariel Scher*
Están las familias que se reúnen los domingos a saborear estofados, están las familias que confluyen un jueves al mes para jugar dominó y están las familias que se insultan en la antesala de la Nochebuena y brindan, como si nada, justo a las doce. Nuestra familia no se diferenciaba demasiado de ninguna de esas familias. Sólo en el ritual: pateábamos córners. Sí, córners. ¿Qué? ¿Acaso patear córners significaba ser gente rara? No molesten. Al cabo, ni explotábamos a los castigados del mundo ni nos emborrachábamos a destiempo. Madres, tías, primos mayores y menores y otros parientes no mayores ni menores nos juntábamos a patear córners una vez por año. Y nos sentíamos felices.

Lo raro -si hay que conceder que algo bordeaba lo raro- radicaba en el motivo por el que pateábamos corners una vez por año.

Lo hacíamos para leer mejor.

Lo hacíamos cada 2 de octubre desde que el 2 de octubre de 1924 un muchacho llamado Cesáreo Onzari demostró que los genios de la geometría se habían confundido y que los cráneos de la pelota no comprendían lo suficiente. En la cancha del Sportivo Barracas y en un Argentina-Uruguay al que le tocarían muchos destinos pero no el olvido, consiguió lo imposible y lo que nadie: metió el primer gol de córner de la historia. Metió ese gol y, como los uruguayos venían de consagrarse campeones olímpicos, al gol de córner que contribuyó a que los argentinos vencieran por 2 a 1 se lo bautizó gol olímpico. A partir de entonces, el fútbol no fue el mismo. Y nuestra familia, tampoco.

Toda familia cobija trazos más o menos sombríos. En la nuestra, de tanto en tanto, antiguos cuñados de fe tibia no creían que patear córners para homenajear a un córner mítico desembocara en que leyéramos mejor. Se equivocaban y, por fortuna, vivían las abuelas para disiparles esas cavilaciones erradas. ¿Qué argumentaban las abuelas? Que a ese gol y a ese jugador haciendo ese gol los habían visto apenas los afortunados que entraron al estadio aquel día; y que para el resto de la humanidad, se trataba de un gol que se escribió y que se leyó.

Conclusión de las abuelas, conclusión de la familia, conclusión que, por evidente, no habilitaba otra conclusión: ese gol y ese jugador eran pura y plena literatura.

Literatura como la que desandó José Portogalo, narrador de los buenos, cronista impecable, en Buenos Aires, tango y literatura: "Todavía se reúnen los parroquianos de los contornos. Recuerdan el gol olímpico de Cesáreo Onzari, discuten sobre el Mundial de Chile y se agrandan o se achican los valores futbolísticos".

A través de muchos 2 de octubre, una tía veterana lagrimeó con cada palabra bellísima que los diarios dedicaron a rememorar el gol olímpico. Ella pateaba muy bien los córners, desde la derecha y con su torneadísima pierna izquierda, y es probable que hayan sido sus brazos los que trajeran el ejemplar de Sobre héroes y tumbas, de Ernesto Sabato, en el que la relevancia de Onzari se cristalizaba en las colecciones de figuritas:

"—Muéstrele, Bebe —repitió ella, seriamente, sin dejar de mirar su bastidor, en esa forma mecánica que usan las madres para dar indicaciones a sus hijos mientras están absortas en tareas importantes del hogar. El Bebe se puso a mi lado y me mostró su tesoro. —¿Lo tenés a Onzari? —le pregunté. Se daban hasta seis o siete Bidoglio por un Onzari. —Claro que sí —me dijo, y lo buscó. Después de mostrármelo, me admiró poniendo en el suelo equipos completos muy difíciles, como el de los escoceses".

Ahí estaba, refulgente, Onzari. Y si los antiguos cuñados se convencían pero los nuevos cuñados dudaban, la hermana de la tía veterana, una dama de rodillas chuecas y córners de novela, desplegaba una carta inempatable. "¿Te acordás de Jacinta Pichimahuida?". Recontrafamosa maestra televisiva, no había resquicio para que ni siquiera el cuñado menos lúcido de nuestra o de otra familia la desconociera. Entonces, la hermana de la tía veterana consumaba: "A Jacinta Pichimahuida la imaginó Abel Santa Cruz, autor de teleteatros populares y periodista deportivo en su juventud. ¿Adivinen de quién habló en Cuentos de Jacinta Pichimahuida?". Y leía: "Y los héroes de Buenos Aires: Bidoglio, Ochoa, el gaucho González, Isusi, Onzari, Calomino".

La hermana de la tía veterana se enorgullecía de su marido, animador central de cada cumbre familiar. Pateador digno de una Primera División más que de un encuentro de parentela, ese hombre despreciaba a cuñados antiguos y nuevos y lanzaba todos sus córners recitando con el alma y con sus tobillos de pateador exquisito: "Onzari la llevaba corta y presa./ Salía Huracán y aquello era un galope". Primas de ansiedad excesiva aseguraba que su caso testimoniaba que patear córners conducía a leer mejor y, encima, a escribir fenómeno. Les notábamos cierto desencanto cuando les revelábamos que esos versos no habían nacido de la inspiración del marido de la hermana de la tía veterana sino de la de Julián Centeya, poeta, tanguero, perceptivo de las magias de la camiseta de Huracán que Onzari vistió a lo grande y como wing izquierdo.

Gracias a Onzari y a la literatura que generaba, todos nos volvimos todos lectores de tangos. Y no sólo porque Mariano García y Francisco Rofrano compusieron uno titulado, directamente, "Onzari", que acompasaba, de fondo, muchos de los córners que pateaban las parientas más viejas, nostálgicas de sus noches de danza, durante cada 2 de octubre. Además, los jóvenes nos deleitábamos con "Largue esa mujica", el extraordinario ejercicio en lunfardo que Juan Faustino Sarcione había enhebrado con los apellidos de las luminarias de la cancha: "Lo Onzari que Battilana/ si ha Serrato la Manchini,/ que si usted Reccanatini/ tal vez Stabile mejor".

Todas las ceremonias empiezan y todas las ceremonias terminan. Incluida una tan noble como la que convocaba a nuestra familia. Por lo tanto, en algún momento cesaban los corners y, como testimonio de que habíamos aprendido a leer mejor, un sobrino de los más chicos carraspeaba con los labios apuntando hacia una página de Eduardo Galeano y compartía un fragmento de El fútbol a sol y sombra: "Por homenaje o ironía, aquella rareza se llamó gol olímpico. Y todavía se llama así, las pocas veces que ocurre. Onzari pasó todo el resto de su vida jurando que no había sido casualidad. Y aunque han transcurrido muchos años, la desconfianza continúa: cada vez que un tiro de esquina sacude la red sin intermediarios, el público celebra el gol con una ovación, pero no se lo cree".

Al acabar esa lectura, nos abrazábamos con una pelota en cada pie y un libro en cada mano y nos comprometíamos a vernos el 2 de octubre siguiente.

-Los espero en el córner-, nos recordábamos unos a otros.

Después, partíamos hasta el año próximo, olímpicamente felices, listos para leer mejor.

*Periodista y escritor

domingo, octubre 04, 2015

Una injusticia, una invitación a la lucha



Newell's 2-Huracán 0
La derrota -injusta por donde se la mire- resulta una complicación y una invitación: Huracán todavía no garantizó la permanencia en Primera. Ya descendido Crucero del Norte, le llevamos seis puntos a Nueva Chicago, el otro en la zona roja. Quedan nueve por disputar. Tres partidos, tres finales. No hay que tropezar. Hay que seguir luchando...

Más:
Así estamos en el Campeonato.

viernes, octubre 02, 2015

Un equipo muy bien diez

Eduardo Domínguez ya dirigió sus primeros diez partidos. El invicto continúa y el objetivo de ir tras de la Sudamericana, también...

Huracán parece empecinado en repetir ciclos. Su último año es un sorprendente recorrido a pura adrenalina entre infiernos y paraísos. El primer día de noviembre del año pasado, tras perder de local contra Sportivo Belgrano de San Francisco (0-3, en el Palacio Ducó, con escándalo incluido), quedó último en el Nacional, casi sin chances de ascenso. Un mes después, volvía a Primera y levantaba la Copa Argentina, su primer título luego de 41 años. Algo parecido le sucedió en el último abril: cuatro días después de perder frente a Mineros -rozando el papelón- y de quedarse afuera de la Libertadores, le ganó la final de la Supercopa a River (1-0, en San Juan) y sumó la Estrella 13. Vertiginoso e indescifrable.

Ahora, está sucediendo algo parecido: luego del insólito 0-3 frente a Nueva Chicago, se quedó sin técnico, tras la partida de Néstor Apuzzo. Entonces, Eduardo Domínguez dejó de ser el capitán y pasó a ser el entrenador. Y, otra vez, el milagro de la resurrección en tiempo récord: diez partidos después, aquel equipo que no podía caminar sin tropezar es motivo de entusiasmo y de aplausos. Huracán está invicto en este nuevo y breve ciclo. Cuatro victorias, seis empates, seis encuentros con el arco en cero. Incluidos el triunfo que bajó a San Lorenzo de la punta y esta clasificación a los cuartos de final de la Sudamericana, frente a Sport Recife. Sí, el mismo plantel que todavía tiene que mirar la tabla de los promedios está en el top 8 de la competición continental. En definitiva, en diez partidos, un equipo muy bien diez.

La gente se lo reconoció en el estadio, cuando el miércoles se hacía jueves. Hubo un “ole, ole, ole” unánime luego del tercer gol, aplauso teatral ya cerca del final y una ovación en la despedida del equipo. “La actuación fue muy buena. Y creo que por eso la gente nos despidió de esa manera. Si seguimos jugando así, será lógico que se repitan ese tipo de respuestas del hincha”, explicó Domínguez. Siempre cauto, incluso sobre el futuro: “Recién estamos en cuartos de final. Y ahora no podemos pensar en otra cosa que en el partido del domingo contra Newell’s”. Lo sabe: Huracán necesita garantizarse la permanencia antes de imaginar horizontes continentales. El escenario: le lleva 9 puntos a Chicago y 12 a Crucero del Norte. Quedan 4 fechas.

De todos modos, en la sede de la Avenida Caseros son muchos los que ya imaginan rivales en las siguientes rondas y hasta eventuales viajes. El entusiasmo crece. La Sudamericana, de repente, se estableció como prioridad en la vida de este Huracán que parece capaz de cualquier cosa. De derrotas absurdas y de consagraciones históricas. Más capítulos esperan...

Texto publicado por el fundador del Blog, en Clarín.

jueves, octubre 01, 2015

Por más, por todo



Eduardo Domínguez, 10 partidos, ninguna derrota. Y estas palabras de cara a lo que sigue: un entusiasmo enorme.