sábado, marzo 29, 2014

Otra vez, otro freno


Brown de Adrogué 0-Huracán 0
Faltó un gol. Faltó más juego. Faltó suerte. Faltó... Siempre falta algo. Por eso, otra vez, otro freno en el recorrido. El Puesto 3, ahora, quedó a ocho puntos. Parece demasiado lejos...

Así estamos:
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Entre los goleadores

Un siglo de Primera

Los detalles del primer partido en la máxima categoría del fútbol argentino. Retratados por el diario La Argentina.

Poco más de cinco años antes, en noviembre de 1908, Huracán recién se había fundado oficialmente. Los muchachos del Colegio Luppi -que nada tenían al margen de su pasión sin quebrantos- consiguieron un milagro en poco tiempo. El club nacido entre los rigores de los Barrios del Sur, Los Raneros (como le decían a aquel equipo proletario), ascendió a Primera a finales de 1913 y en 1914 debutó en la máxima categoría del fútbol argentino. El encuentro inaugural sucedió el 29 de marzo de hace exactamente un siglo, en Caballito. Enfrente estaba Ferro y el estreno fue una felicidad: Huracán se impuso 4-2. El encuentro, según cuenta el diario La Argentina en su edición del día siguiente, tuvo dos grandes protagonistas: José Laguna -figura clave de los tiempos fundacionales y emblema histórico- y Elisardo Fernández. Ellos marcaron un doblete cada uno y se destacaron en una formación que incluía a otros personajes mitológicos del nacimiento del club de Parque de los Patricios: Agustín Alberti, Mario Bassadone, Ernesto Dellisola y Martín Salvarredi, autor del primer tanto en la historia del clásico ante San Lorenzo en 1915, y Pedro Martínez, el primer convocado a la Selección.

Fue un año de grandes eventos para el Globo de Newbery. A la semana siguiente del debut, se produjo otro resultado memorable: Huracán venció como visitante por 10 a 1 a Comercio, un club que actualmente no practica fútbol y cuya cancha estaba ubicada en Avenida del Libertador y Manuela Pedraza, en Núñez, muy cerca del actual Monumental de River. La primera derrota llegó el 12 de abril frente a Racing, que en ese año ganaría el segundo de sus siete títulos consecutivos (de 1913 a 1919).

El 2 de agosto, mientras cumplía el sueño de su nuevo escenario con el estreno de la cancha de Avenida La Plata y Chiclana, Huracán se enfrentó a River. Y allí ganó 1-0. El único gol lo hizo -otra vez- el Negro Laguna. En ese encuentro, sucedió un episodio curioso: cerca del final, el árbitro cobró un penal a favor del equipo visitante. Carlos Isola, el arquero de River, fue el encargado. Pateó fuerte y el remate se fue desviado. Así, también con el abrazo del azar, Huracán tuvo su feliz presentación en casa. Siete días más tarde, en el mismo lugar, Huracán jugó y perdió el primero de sus duelos ante Boca, ese rival con el que protagonizó uno de los grandes clásicos de la Era Amateur (sobre todo en los años veinte, cuando ambos se consagraron como los más campeones del fútbol argentino, con cuatro títulos de Liga cada uno).

Al cabo, el sexto puesto en esa temporada la Asociación Argentina de Football terminó siendo un punto de apoyo valioso para el club recién llegado a la máxima categoría. Sin embargo, quedó también una sensación de añoranza en el recorrido. Jorge Newbery, benefactor y personaje imprescindible de los días fundacionales, no pudo ver a su Huracán en Primera. El Padre de la Aviación falleció 28 días antes de aquel estreno contra Ferro: el 1 de marzo de 1914, en Los Tamarindos, Mendoza, la muerte lo encontró en el aire piloteando un avión. Dos semanas antes Newbery había batido el récord de altura en aeroplano al alcanzar los 6.225 metros.

Desde aquel estreno Huracán se mantuvo durante 73 años ininterrumpidos en la màxima categoría (hasta el descenso de 1986, ante Italiano, en la cancha de Vélez). Así se transformó en el cuarto club (detrás de Boca, River e Independiente) con mayor continuidad en la A. Ahora, ya con 12 temporadas disputadas en el Nacional en cuatro ciclos distintos, todo aquello mucho se parece a una historia contada por abuelos entusiastas y exagerados.

Texto publicado por el fundador del Blog en Clarin.com

viernes, marzo 28, 2014

La loca lucha por el tercer ascenso

Huracán, ante Patronato, en el 3-0 del domingo, en el Ducó.

El Independiente de estos días parece un infierno a cada paso. Se percibe en los conflictos que día a día se renuevan. Dentro del campo de juego. Y también afuera. La sensación la cuenta un hincha, visitante frecuente de la tribuna Erico: "Si Cantero pusiera un circo en el Libertadores los enanos empezarían a crecer y la mujer barbuda vendría afeitada". Exageración al margen, así está el Rey de Copas en su primera campaña posterior a su único descenso. Sin embargo, a pesar de todo y de todos, en la pelea por el obligatorio regreso a la A está no tan lejos del objetivo. Hoy, ahora, antes de recibir a Talleres de Córdoba por la fecha 31 del Nacional, se ubica en el tercer puesto de la tabla igualado con Instituto. Incluso a pesar de que el equipo que conduce Omar De Felippe apenas sumó 4 puntos de los últimos 24 posibles. Si la temporada finalizara en este momento, el reglamento indica que deberían desempatar los de Avellaneda y los de Córdoba.

Pero la situación de Independiente no es la única que asombra en el escenario vinculado al tercer ascenso. Con Defensa y Justicia y Banfield peleando por el título, ya cortados en lo más alto, todos parecen animarse a dar el zarpazo: hay 14 equipos separados por apenas 7 puntos. Y en las 12 fechas que restan todos se cruzan con todos, directa o indirectamente.

Hay casos que rozan lo insólito: Crucero del Norte apenas ganó un partido en las últimas diez jornadas (en la fecha 30, 2-1 como local ante Sportivo Belgrano de San Francisco) y si derrota en el único partido postergado a Almirante Brown en Isidro Casanova será el único ocupante del último puesto que ofrece un ascenso. En ese recorrido de tropiezos sin grandes consecuencias en la tabla, el equipo de Misiones se quedó sin entrenador (se fue Iván Delfino en la fecha 23; lo reemplazo Alejandro Duré). Instituto también sufrió la salida de su entrenador y de su goleador: por dificultades económicas, Frank Kudelka y Ramón Abila pasaron a Huracán en medio del largo camino de esta temporada.

Sarmiento parecía tocar fondo. Llegó a perder ocho partidos en nueve fechas. Se le fue un técnico histórico, Sergio Lippi (el padre del último ascenso al Nacional). Llegó Marcelo Fuentes. Y todo cambió: ocho victorias, cinco empates, tres derrotas (todas fuera de Junín). Desde el último tramo de la tabla tomó impulso, se convirtió en el equipo de mejor rendimiento en 2014 y quedó a dos puntos de la chance de jugar en Primera luego de más de tres décadas.

Gimnasia de Jujuy es un caso similar. Parecía roto, descendido, entregado. Pero resucitó en 2014 con la llegada de Mario Sciacqua como técnico: ganó cinco de los últimos ocho encuentros y aunque sigue en zona de descenso también mira de cerca el puesto tres. Está a cuatro, junto a Independiente Rivadavia de Mendoza.

Atlético Tucumán, tras ganar en Avellaneda y mostrarse en la tapa de todos los diarios del país como el gran cuco del 2014, sumó apenas dos puntos de 15. Igual, está a tres puntos. San Martín de San Juan es otro que está a tres y también tiene su particularidad: de local juega para ascender (sólo Defensa y Justicia sumó más puntos en tal condición) y de visitante merece descender al Argentino A (sumó apenas 8 puntos de 45).

Huracán y Ferro, dos de los tres campeones de Primera en esta cuestión, también creen todavía. Las razones de sus mejorías tuvieron que ver con los cambios de entrenadores: Kudelka en Parque de los Patricios y Claudio Marini en Caballito modificaron el panorama. Ambos están a seis. En el Globo de Newbery, además, hay espacio para el realismo mágico. Los hinchas creen que jugando los domingos en el Palacio Ducó el equipo es invencible (como en el reciente 3-0 ante Patronato). Se basan en un dato que cuenta la estadística.

Los últimos tres de este enorme pelotón de pretendientes se ubican a siete unidades del podio. Dos de ellos, Sportivo Belgrano y Brown de Adrogué tienen otras prioridades: evitar el descenso. El tercero, Patronato, parece capaz de ganar, empatar o perder con cualquiera. En realidad, por estos días, lo que al equipo de Paraná le sucede no le resulta ajeno a ninguno de los 14 involucrados en esta increíble lucha por el tercer ascenso.

Texto publicado por el fundador del Blog, en Clarín.

Feliz Día, Quemeros


Día Mundial del Hincha de Huracán. Feliz Día. Hoy, justo un día antes del centenario del primer partido del Globo de Newbery en la máxima categoría del fútbol argentino.

miércoles, marzo 26, 2014

Los pibes de antes


Una postal de los años 70. La revista daba sus primeros pasos y con ella aparecían varios pibes en la Primera de Huracán. Acá, Lavorato, Nogueira y Babington. Tiempos en los que las Inferiores ofrecían respuestas y figuras.

lunes, marzo 24, 2014

¿Una goleada para ilusionar?

Wanchope Abila la pica, define. Es el tercer gol de Huracán ante Patronato. ¿Otra resurrección de las ilusiones maltrechas?

Por Ricardo Sapia*
No tengo la respuesta. No creo que la tenga ningún Quemero. Puede que los aplausos del 3-0 se repitan en una semana, en Adrogué, y, para que tengan un hilo de certeza y esperanza, atronen en el Ducó nuevamente en 15 días. O que este sea un espejismo más en el tortuoso camino de Huracán en la B Nacional y todo se nuble como ya es una costumbre. Habrá que esperar, como lo venimos haciendo hace casi tres años. Habrá que encenderle una vela a algún Dios que apueste por nuestro futuro. La goleada reconforta y tranquiliza un poco al hincha desilusionado. Lo importante será que los jugadores hagan el click en su cabecita y se decidan a ver si vamos por más.

*Periodista. Texto publicado en el diario Olé.

Palabras para un entusiasmo



Frank Kudelka, tras el 3-0 ante Patronato. Impresiones tras la mejor actuación del equipo en las 30 fechas que van de la temporada. Palabras para un entusiasmo.

domingo, marzo 23, 2014

Creer desde adentro


Huracán 3-Patronato 0
El Palacio Ducó, Fecha 30 del Nacional, Huracán en el puesto 16 y a nueve puntos de Independiente (el tercero, el último que asciende). El equipo viene de perder en Córdoba, ante Instituto. Todo parece quedar lejos. Pero no. El hincha -el Quemero de ley- confía siempre, a pesar de todo, a pesar de todos. Por eso, así luce la Bonavena -La Popular más grande del Fútbol Argentino- bajo el sol del domingo. Sucede que su gente está creyendo desde adentro, desde lo más profundo, desde el fondo del alma.

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"Wanchooooope / Wanchoooooope"



Ramón Abila es Wanchope, incorporación de 2014. Promesa de gol hasta su irrupción en el encuentro ante Patronato. Ahora, es tiempo de cumplir: le cometieron la infracción del penal, pidió patearlo, no lo dejaron, insistió, la empujó en el segundo... Y para el final, para decretar la goleada, el ex centrodelantero de Instituto dejó lo mejor: esa sutileza en la definición. De algún modo, fue su presentación bajo el cielo del Palacio Ducó. Fue su primer partido como local en el que jugó como titular. También escuchó la ovación inaugural: "Wanchooooope / Wanchooooope".

Aplausos para El Supersónico



Cristian Espinoza es una promesa. Por sus antecedentes en Inferiores, por su velocidad, por su desfachatez. Ante Patronato tuvo su mejor actuación con el Globo de Newbery en el pecho. El segundo gol, definido por Wanchope Abila, nació y creció en la destreza del pibe que recibió su primera ovación.

Cuesta y entra



Jugada de Wanchope Abila, infracción clara, penal. El encargado de ejecutarlo fue Víctor Cuesta, el futbolista de Huracán con mejor rendimiento en esta temporada. Fue, pateó de zurda, el arquero Bertoli acertó la intención. Pero hubo rebote y, entonces de derecha, Cuesta puso el 1-0. Fue el nacimiento de un triunfo esencial.

viernes, marzo 21, 2014

La Super Liga que no fue

Año 1930, otro gol de Guillermo Stábile. Año 1931, la certeza de que Huracán estaba invariablemente sentado en la mesa de los grandes y de las decisiones relevantes.

Huracán, siempre entre los grandes. También al inicio del Profesionalismo, claro. El siguiente texto así lo demuestra. Retrato de lo que no se discutía: el lugar de privilegio que al Globo de Newbery le correspondía por derecho propio.

Por Oscar Barnade*
El 17 de abril de 1930, en el diario El Mundo, hay una noticia que confirma el lugar que ocupaba Sportivo Barracas: “Hay 10 clubes comprometidos para constituir la liga de profesionales”. En el texto se informa de una reunión privada en la casa particular del presidente de Huracán, y en ella estuvieron los presidentes de Racing, Boca, Independiente, Estudiantes, San Lorenzo, Gimnasia, Sportivo Barracas, Ferro y  el vicepresidente de River. El texto finaliza con esta sentencia: “Otras de las resoluciones consistió en establecer que para ser admitido en la liga a crearse Sportivo Barracas deberá comprometerse y realizar una serie de reformas y ampliaciones en las instalaciones de su field para que las mismas puedan permitir amplias comodidades para los espectadores”. La invitación fue rechazada. La Comisión Directiva, encabezada por el presidente Carlos Pedro Anesi (un actor social importante de la época que tiempo después sería presidente del ACA) presentó un proyecto de profesionalismo sin excluir el amateurismo. En cambio, el grupo de los grandes quería armar una división profesional dentro de la Asociación con apenas 10 equipos: “Boca, River, Independente, Racing, San Lorenzo, Huracán, Gimnasia, Estudiantes y otros dos clubes con méritos deportivos y económicos”, según La Nación del 10 de mayo de 1931. Igualmente, el grupo que lideraba a los clubes que querían sí o sí el profesionalismo fue sumando otros adherentes hasta llegar a 18. Hasta el 15 de mayo, Sportivo Barracas participó de las reuniones. Después se bajó. Argentinos fue el último en sumarse, dos días antes de la fundación oficial de la Liga Argentina de Foot-Ball, el 18 mayo.

*Periodista e historiador. Vicepresidente del Centro para la Investigación de la Historia del Fútbol (CIHF). Extracto de un texto publicado en ocasión del Centenario de Sportivo Barracas.

miércoles, marzo 19, 2014

Los sin Gloria



Instituto 1-Huracán 0
Siempre que hay que ofrecer una actuación acorde a la historia y a la circunstancia, este Huracán -el de los últimos años- casi invariablemente pierde. En Alta Córdoba no hubo excepción: un equipo sin vuelo, sin constancia para la búqueda, sin oficio para defender, sin astucia para afrontar dificultades cayó por un gol. Pero sobre todo perdió porque no jugó como se juegan estos partidos: como finales. Pareció lo que menos agrada: un equipo sin alma, que en vez de Huracán mereció llamarse Los sin Gloria. Aunque duela...

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domingo, marzo 16, 2014

Señales...

El Arco Iris en el Ducó, tras el partido ante Defensa. ¿Una señal?

Por Eladio Mases
Cuando Marcos Díaz voló hacia su derecha y detuvo el remate de Daniel Montenegro tuve una extraña sensación que no me habitaba desde ya no recuerdo cuándo: creí que en ese instante todo podía cambiar. Después, tras un notable segundo tiempo, le ganamos a Independiente en Avellaneda. Fue el primer triunfo ante el Rey de Copas de visitante desde 2002; resultó también la primera victoria ante un grande fuera del Palacio Ducó desde aquel 2-1 en La Bombonera, en 2010.

Después, llegó el viernes, en Parque de los Patricios, frente a Defensa. Partido difícil, frente al escolta. Obligación de ganar para seguir creciendo y creyendo. Pero no ganamos. El rival fue mejor, mereció llevarse los tres puntos. Sin embargo terminamos empatando. Extraño, pensé: casi nunca que merecemos perder logramos evitar la derrota. Y entonces, apareció un enorme y hermoso Arco Iris en el cielo del Ducó. Quise creer que era otra señal.

Ahora, ya con la fecha terminada, las matemáticas insisten en que, a pesar de nosotros mismos, podemos seguir peleando por el obligatorio objetivo del regreso a la A. De los diez equipos que están arriba nuestro sólo ganó Instituto, nuestro inminente rival. El Puesto 3 -el del ascenso, el que ahora es propiedad de Independiente- sigue estando a ocho puntos; el Puesto 4 -territorio de Atlético Tucumán- se acercó un poco y quedó a seis. Quedan 14 fechas, 42 puntos por disputar.

En lo que va de 2014, sólo dos equipos sumaron más puntos que Huracán en el Nacional. Se trata de Sarmiento (el mejor, con 18) y Douglas Haig (con 12). Ambos disputaron un encuentro más, que tenían pendiente del año pasado. Es un síntoma inequívoco: cualquiera le puede ganar a cualquiera. Y en cualquier escenario. Y esa certeza ofrece un optimismo: Huracán depende de entrar en racha para poder trepar y pelear hasta el último de los partidos y de los suspiros.

Para eso, a partir del miércoles ante Instituto, en Córdoba, hay que mejorar en un aspecto fundamental: la precisión en el área ajena, la contundencia, la definición. Por lo pronto, la última señal mucho se parece a una invitación: el Arco se agrandó. Y es enorme.


viernes, marzo 14, 2014

Apareció Wanchope



Ramón Abila, Wanchope, fue la última contratación de Huracán. Por él, se le pagó a Instituto dos millones y medio de pesos. Ayer, bajo la lluvia, solito, construyó la mejor jugada del equipo, esa maniobra que derivó en una asistencia para Leandro Caruso y en el gol. Fue una aparición. Quizá necesite más minutos...

Un punto, más suspenso



Huracán 1-Defensa y Justicia 1
Había que ganar para crecer. Se empató. Debió ser derrota. Se sumó un punto. Parecía que la igualdad no servía. Pero perdió Atlético Tucumán y el Puesto 4 quedó a seis unidades. Y si Banfield -el puntero- derrota a Independiente, el Globo de Newbery descontará un punto y quedará a siete del deseado Puesto 3. En definitiva más suspenso... Mientras se espera más juego.

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Bienvenidos a otra final


Por Eladio Mases*
Huracán se juega otra final, el viernes ante Defensa y Justicia, el escolta de Banfield, rival directo en el objetivo obligatorio del regreso a la A. Y hay que estar a la altura de la circunstancia. Nosotros, desde el contorno, en la Bonavena -La Popular más grande de la Argentina-, en la Miravé de la torre, en la Alcorta de tantas leyendas. En el rincón que cada uno elija. Y ellos, los jugadores y el cuerpo técnico desde el campo de juego para demostrar el significado de la camiseta que llevan puesta, la historia que representan en tiempo presente. Y ellos, los dirigentes, que deben estar atentos para no otorgar ventajas, para no facilitar la tarea de tantos vivivllos que suelen aparecer en estas ocasiones que marcan rumbos y definen recorridos... A todos, bienvenidos a otra final.

Eladio Mases es periodista.

jueves, marzo 13, 2014

1981: Nosotros, de Primera


El equipo de Huracán, en el año del descenso de San Lorenzo a la Primera B Metropolitana. Arriba: el Turco García, Pogany, Jorge Gutiérrez, el Negro Longo, Clide Díaz y Toledo. Abajo: Cheves, Agüero, Daniel Cano, Babington y Centurión, autor del gol de "El Día en el que San Lorenzo empezó a descender".

Por Eladio Mases*
Entre tantos partidos que fueron capaces de cambiar historias y recorridos hay uno que -particularmente- construyó tal condición a la sombra de otros. Parece menor, lejano, casi ajeno a los grandes recuerdos. Pero está ahí, sólido, pertinaz. Como un hito nuestro; como un estigma del vecino de siempre. El 24 de junio de 1981, por el Metropolitano**, Huracán le ganó 1-0 a San Lorenzo, en La Bombonera. Parecía entonces, apenas un clásico más, un partido cuyo rasgo más significativo había sido que el triunfo quemero fue conseguido tras jugar 47 minutos con un futbolista menos (por la expulsión de José Gerardo Galván). Pero aquel gol de Carlos Centurión modificó el camino de los dos equipos y derivó, nueve fechas más tarde, en el descenso de San Lorenzo. Con esos dos puntos, el equipo que dirigía Victorio Cocco no habría descendido.

Ese encuentro cambió, con claridad, el rumbo de ambos. A esa 25a. fecha, Huracán llegaba con 19 puntos y sólo tenía tres equipos por debajo (Colón, con 15; Sarmiento y Argentinos, con 17). San Lorenzo, en cambio, parecía ajeno a la pelea por evitar los dos puestos de descenso: se ubicaba undécimo con 22 unidades. Pero en las nueve fechas siguientes, todo cambió: Huracán obtuvo 12 puntos de 18 posibles (tras cinco victorias, dos empates y dos derrotas), con dos goleadas incluidas (4-0 a Vélez y 4-1 a Colón); mientras que San Lorenzo apenas sumó seis unidades (un triunfos, cuatro igualdades y cuatro caídas), con un tremendo 2-6 frente a Instituto en Córdoba como punto más bajo. En consecuencia, Huracán finalizó octavo en el Metropolitano; y San Lorenzo, tras perder en la última jornada contra Argentinos, en Caballito, descendió junto a Colón.

Aquella noche de junio, en La Boca, Huracán --dirigido por Angel Celoria-- formó con: Esteban Pogany; Lorenzo Ojeda, Víctor Longo, Galván, Jorge Romero; Claudio Morresi, Claudio Marangoni, Carlos Babington, Julio Apariente (luego Héctor Clide Díaz); Alberto Monzón y Centurión (Bianchini). En San Lorenzo jugaban, entre otros, Rubén Cousillas, Orlando Ruiz, Omar Larrosa, Rubén Suñé, Héctor Scotta, Rubén Insúa y Walter Perazzo.

El gol de Centurión, tras un error de Capurro, sucedió a los 17 minutos del segundo tiempo. "Surgió (entonces) la zurda de Babington, ayudado por la inteligencia de Marangoni y la seguridad de Longo y Romero, para manejar definitivamente el partido", explica Carlos Bonelli, en El Gráfico. De todos modos, lo mejor no fue ese 1-0 en sí mismo, sino las consecuencias que trajo...

*Eladio Mases es periodista.

**Tras una primera rueda con repetidos tropiezos, el equipo mejoró su campaña en el Metropolitano. Y finalizó octavo, a seis puntos del podio. En el Nacional, durante el cual San Lorenzo -participó ya descendido- gestionó en AFA no enfrentar a Huracán en los Clásicos Interzonales, el equipo se quedó afuera en la Fase de Grupos.

Ataja Alles, de Argentinos. Pierde San Lorenzo y se va a la B Metropolitana.


Maradona, en acción, frente a Huracán. Hay que admitirlo: nos tenía de hijos.


Miguel Brindisi, nuestro crack, con camiseta ajena. Ese gol que dolió dos veces.

Campaña:
Metropolitano: Octavo. G 12; E 9; P 13 / GF 41; GC 50.
Nacional: Cuarto - Zona A. G 5; E 4; P 5 / GF 20; GC 20.

Posiciones:
Metropolitano:
1. Boca 50 pts.
2. Ferro 49 pts.
3. Newell's 39 pts.
3. River 39 pts.

Nacional:
1. River
2. Ferro
3. Vélez*
3. Independiente*
*Semifinalistas

Figuras:
Metropolitano:
1. Claudio Marangoni, mediocampista.
2. Alberto Monzón, delantero
3. Carlos Babington, mediocampsita.
3. Carlos Centurión, delantero.
3. Víctor Longo, defensor.

Nacional:
1. Claudio Marangoni, delantero.
2. Carlos Babington, mediocampista.
3. Esteban Pogany, arquero.
3. Lorenzo Ojeda, defensor.
3.Abelardo Cheves, defensor.

Partidos para la historia:
1. 24/6: San Lorenzo 0-Huracán 1. Victoria clave en la campaña. Marcó un antes y un después, el descenso del archirrival.
2. 12/7: Vélez 0-Huracán 4. La mejor actuación en la temporada.
3. 12/7: Huracán 4-Colón 1. El mejor desempeño en el Palacio Ducó.

miércoles, marzo 12, 2014

El cabezazo de todos



El inolvidable gol de Ariel Wiktor frente a Quilmes, bajo la lluvia, en el Nacional de la temporada 89/90. Aquel hermoso cabezazo de todos.

domingo, marzo 09, 2014

Una atajada, un comienzo



Marcos Díaz se paró en la línea del arco, confió, imaginó que podía, salió despedido a su derecha, el remate de Daniel Montenegro lo encontró firme, decidido. Dio rebote hacia el costado. Gritó bien fuerte. La atajada resultó decisiva para que Huracán, luego, le ganara a Independiente. También puede ser un comienzo. Nada menos...

Que vuelvan los lujos útiles



Matías Defederico, en acción, ante Cristian Tula, durante el triunfo frente a Independiente. El caño como recurso ofensivo. El lujo útil. Bienvenidos...

sábado, marzo 08, 2014

Un grito en el silencio


Patricio Toranzo define, tras una gran jugada de Leandro Caruso. Fue el gol de la victoria en Avellaneda. Fue un grito en el silencio.

Independiente 0-Huracán 1
Independiente parece preso de sí mismo, de ese infierno en el que se metió cuando parecía que faltaba casi nada para su horizonte de Primera. No fue casualidad esa despedida con los silbidos como telón de fondo y con los insultos como retratos de la bronca. El equipo de De Felippe jugó mal y perdió. Huracán, que venía de tropiezo en tropiezo, lo golpeó y lo noqueó. Se le animó a jugar de igual a igual y, ya en el segundo tiempo, se aprovechó de las urgencias y de las ansiedades ajenas para ganar con lo justo en el resultado y con justicia en cuanto a los méritos.

Parece mentira, pero es verdad: Independiente y Huracán disputaron ayer en la segunda categoría el viejo duelo nacido en 1915. Y no es azar: están ahí porque hicieron las cosas muy mal en varios rubros. También en el deportivo. En este último aspecto, lo que ofrecieron en el primer tiempo sirve como testimonio inequívoco: se jugó poco y bastante mal. En esa etapa quedó la impresión de que Independiente estaba más cerca de la chance de ganar. Pero no. El Rey de Copas tuvo una posibilidad enorme y la dilapidó: penal de Montenegro (por falta de Cuesta a Penco), atajada de Marcos Díaz. Y a partir de ese momento, que se vivió como un gol en contra en Avellaneda, el equipo perdió intensidad y capacidad creativa. Se inhibió.

Huracán, que parecía roto tras una semana de rumores diversos e incómodos, se reconstruyó a sí mismo. Con una curiosidad: los abanderados de la recuperación fueron cuatro de los Angeles de Cappa. Domínguez y Arano le brindaron solidez a una defensa que, con sencillez y sin complejos, ganó regularmente ante los delanteros rivales; Toranzo y Defederico fueron perfectos socios para encontrar espacios y generar peligro. Y lo que había sido imposible en los últimos tres encuentros se transformó en un grito entre los silencios del Libertadores de América: tras una buena combinación con Caruso, Toranzo definió de manera impecable. Uno a cero. Y un mensaje: a los silbidos -por su pasado en Racing- el mediocampista respondió del mejor de los modos, con fútbol para el aplauso.

A partir de ese momento, Independiente mostró la peor de sus versiones. Se desesperó por la propia necesidad de sumar, pero no creyó en que podía darlo vuelta. Intentó, pero no supo cómo. Buscó, pero no tenía con qué. Casi no inquietó a un Huracán que, a esa altura del partido, estaba más cerca de ampliar la diferencia que de padecer los embates del rival. De hecho, de contraataque, casi lo liquida: a Espinoza le anularon un mano a mano por un off side que no era y Gallegos se lo perdió en soledad ante Diego Rodríguez. Mientras tanto, el equipo de De Felippe escuchaba los fastidios del contorno y se paralizaba, chocaba contra Huracán y, sobre todo, contra su propia crisis. Del otro lado, Kudelka -el técnico que había escuchado rumores sobre su partida- sonreía. Estaba volviendo a creer...

Texto publicado por el autor del Blog, en Clarin.


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viernes, marzo 07, 2014

El Hombre Globo


Jorge Newbery está en todos lados. Dicen que se fue hace cien años, pero acá, en este pedazo de Parque de los Patricios, sigue latiendo. Su nombre y su apellido son palco preferencial en la platea Alcorta del Palacio Ducó y denominación oficial de La Quemita. Su insignia, ese Globo al que llevó por los aires del mundo, está en cada camiseta de cada hincha que no lo conoció, pero que mucho sabe de él. También habita en el pecho de cada pibe que aún cree que se trata apenas de una calle o de un parque. Huracán, su Huracán, está por enfrentar a Ferro, por la fecha 26 de este Nacional en el que anda de tropiezo en tropiezo. El homenaje inevitable por el centenario de su muerte sucede justo antes del inicio. De fondo, se escucha una canción que lo evoca. El empate sin goles en el lunes gris es el único detalle que no acompaña.
No es azar que el aeropuerto de la Ciudad de Buenos Aires lleve su nombre: Newbery es el Padre de la Aviación ArgentinaPero aquel personaje clave de la vida nacional de principios del siglo pasado resultó algo incluso más valioso: se convirtió en un espejo. Fue deportista múltiple, destacado hombre de ciencias, investigador en el ámbito de la electricidad y del subsuelo, funcionario impecable. También un inspirador para aquellos pibes del Colegio Luppi, que tenían el deseo inquebrantable de formar un club de fútbol. George -como le decían los miembros de la alta sociedad porteña, a la que pertenecía- tenía una particular afinidad con ese sur laburante, tanguero y licencioso. Aquel territorio de guapos y de perros ladrándole a la luna, como escribía Homero Manzi. Newbery se reconoció en los ojos y en la intensidad de los jóvenes fundadores de lo que luego sería Huracán. Su pasión se parecía a la del Negro Laguna, a la de José Balsamini, a la de Ernesto Dellisola, a la de Pedro Martínez y a la de cada uno de los jóvenes estudiantes que recorrieron tantos caminos en nombre de aquel nacimiento.
Tampoco es casualidad que existan en el país más de 30 clubes que llevan su nombre. Incluso uno, con sede en Junín, llegó a jugar en los viejos Nacionales, en Primera. Y en Comodoro Rivadavia, el clásico de la ciudad parece rendirle exclusiva pleitesía: juegan Jorge Newbery y Huracán, es decir el hombre y su globo, el personaje sin olvido y sus búsquedas. El tango tampoco podía omitirlo. Sobre él se refirieron Roberto Firpo, Eduardo Arolas, Aquiles Barbieri y José Arturo Severino, entre otros. "Amainaron guapos junto a tus ochavas / cuando un cajetilla los calzó de cross / y te dieron lustre las patotas bravas / allá por el año novecientos dos", escribió Celedonio Flores, en la letra de Corrientes y Esmeralda. El cajetilla, claro, era Newbery.
La condición social no le impidió el compromiso social. Todo lo contrario: escribió leyes sobre seguridad laboral para el socialista Alfredo Palacios, su amigo y compañero de varias expediciones en globo. Lo expresó Néstor Vicente, ex candidato a Presidente de la Nación por la Izquierda Unida y autor de varios libros vinculados a la esencia del club de Parque de los Patricios: "La amistad entre Newbery y Palacios fue muy singular. Una vez algunos navegantes y aficionados a ese deporte de clase alta habían organizado una silbatina para repudiar al dirigente socialista. Jorge, enterado, les dijo de manera tajante: 'Cuidado con lo que hacen. Silbar al doctor Palacios es lo mismo que silbarme a mí y eso no lo permitiré'". Nadie silbó entonces. La palabra de Newbery tenía el carácter de un mandamiento.
Vivía de vértigo en vértigoTanto que parecía protagonizar varias vidas en una sola. Escribe Alejandro Guerrero en la biografía titulada Jorge Newbery: "Parece, a primera vista, el personaje ideal para construir la biografía simpática, amena, de un hombre que tuvo para eso todos los ingredientes: deportista, aviador, dandy, persistente frecuentador de prostíbulos, del humo de los puros y del champagne de Armenonville. Pero Newbery fue bastantes cosas más...". El muchacho criado entre comodidades, en el barrio de Belgrano, no era solamente el intrépido aventurero del aire. Y aunque no renegaba de su origen acaudalado creía en la idea de un país inclusivo y próspero. Actuaba en consecuencia: mientras sus hazañas comenzaban a ser conocidas era mirado con recelo por las multinacionales de hidrocarburos a consecuencia de un libro publicado en colaboración con el químico Justino Thierry: El Petróleo, la primera obra nacional sobre la explotación del subsuelo. Bastante antes que su amigo Enrique Mosconi, Newbery ya recomendaba declarar reservas estatales a todas las regiones potencialmente petrolíferas.
No era un hombre del fútbol. Practicaba remo, natación, esgrima y fue uno de los impulsores del boxeo en la Argentinaincluso a pesar de las restricciones que en aquellos días imperaban. También fue campeón de lucha grecorromana y participó exitosamente en diversas regatas. Tenía tiempo para todo: se recibió de ingeniero electricista en la Universidad de Cornell, Estados Unidos. Y Tomás Edison fue su profesor en el Drexel Institute de Filadelfia. Ya en 1900 fue nombrado como Director General de Alumbrado de Buenos Aires. Desde ese espacio desarrolló importantes estudios sobre la utilización de la energía eléctrica. Consiguió que la Ciudad fuera vanguardia en ese rubro. Las ocupaciones profesionales, sin embargo, no impidieron su condición de mecenas fundacional de HuracánEl acompañó de cerca a esos pibes del sur que nada tenían para armar el club. Excepto esa pasión enorme que ya no les cabía en sus cuerpos breves. Y la generosidad de ese amigo que vivía en un caserón sobre la calle Moldes, en la otra punta de la Ciudad. Tan lejos y tan cerca.
Lo saben todos, incluso en este tiempo, ya después de un siglo de ausencia: sin Newbery, Huracán no sería Huracán. Desde el principio de los días. Por eso, el homenaje perpetuo no tardó en llegar: en mayo de 1911 Newbery fue designado Socio Honorario. Simultáneamente, la institución naciente solicitó a la Municipalidad el préstamo de un terreno en la calle Arenas (hoy Almafuerte) para construir la cancha que le permitiera participar en las competiciones de la Asociación Argentina. Otra vez Newbery se encargó de la gestión. Gracias a él, resultó exitosa. Aquel vínculo resultaba empatía pura. Y aunque era habitué del Jockey Club, le simpatizaba el Barrio de las Ranas (esa geografía que ahora se reparten Parque de los Patricios y Pompeya) y toda su zona de influencia, de la que era habitante sentimental. Estaba encantado con esa gente, sus ritmos, sus espacios, sus calles, su impronta.
La colaboración ofreció consecuencias agradables muy pronto: a cinco años de su fundación, Huracán ya estaba en la máxima categoría del fútbol argentino. En aquella ocasión, la Comisión Directiva le envió a Newbery un telegrama a modo de tributo: "Hemos cumplido. El Club Atlético Huracán sin interrupción conquistó tres categorías, ascendiendo a Primera División, como su globo que cruzó tres Repúblicas". Era el perfecto desenlace para el sueño compartido. Pero Newbery no pudo ver a su Huracán en PrimeraFalleció 28 días antes del estreno: el 1° de marzo de 1914, en Los Tamarindos, Mendoza, la muerte lo encontró en el aire. Estaba piloteando un avión que se transformó en tragedia. Fue un dolor para todos: a su entierro, en la Sociedad Sportiva de Palermo, concurrieron unas 50.000 personas. Se trató de una de las mayores expresiones populares de ese tiempo. Su carisma había excedido las fronteras de las cuestiones de clase.
El 29 de marzo de ese año, Huracán debutó en Primera: como local derrotó 4-2 a Ferro, el mismo rival -quiso el destino- que el del lunes gris y de homenaje. Newbery no estaba en las tribunas, pero sí en el espíritu de los fundadores. Y luego, ya cuando el club de todos ellos se convirtió en el más campeón de los años 20 (junto a Boca), el encantador hombre que había llevado por los aires al globo Huracán quedó para siempre estampado en las camisetas. Como correspondía, al lado del corazón.
Texto publicado por el autor del Blog, en Planeta Redondo, de Clarin.com

jueves, marzo 06, 2014

1980: Intervenidos y luchadores

Daniel Calvanese, Carlos De Marta, Abelardo Cheves (mal escrito, con "z"), Héctor Clide Díaz, Miguel Gallardo y Miguel Flores, seis figuritas del plantel de 1980.  

Por Ariel Scher*
Mi buen amigo Arturo era un artista para quitarle la cáscara a las manzanas con un cuchillo finito, conocía de memoria cada intervención de la guitarra de Jimmy Page en Led Zeppelín y se las arreglaba como marcador de punta en cualquiera de los costados de la cancha. Sería justo decir que tenía bastante mérito en bastantes cosas y que todas sus tías podían juntar argumentos para alabarlo delante de las vecinas, inclusive de las vecinas que jamás reconocían los méritos de ningún sobrino ajeno. Sólo había una cuestión, una notoria, una especial, una que no era difícil para otra gente, en la que mi buen amigo Arturo fallaba. No sabía gritar goles.

No era un problema de voz ni, tampoco, de voluntad. Y, mucho menos, de falta de pasión. Mi buen amigo Arturo quería al fútbol tanto como a las dos novias que tuvo en su vida. Jugaba seguido, viajaba de memoria a la mayoría de los estadios y hasta dominaba el nombre de casi todos los delanteros del campeonato de España en los tiempos en los que nadie pronunciaba la palabra “globalización” y la televisión no pasaba los partidos desde Madrid o desde Barcelona con la misma facilidad que los de Avellaneda. La verdad es que mi buen amigo Arturo no sabía gritar goles y no había explicación.

Por el tiempo en el que mi buen amigo Arturo andaba en la transición entre su primera y su segunda novia, íbamos a la cancha juntos muy seguido, así que no resultó extraño que un día de noviembre, en lo mejor de la primavera de 1980, nos tomáramos uno de los colectivos que él conocía mejor que yo y partiéramos hacia la Bombonera. No me voy a olvidar jamás: jugaban Boca y Huracán.

Quiero aclararlo porque en esta etapa de fanatismos inconvenientes acaso no se entienda: ni mi buen amigo Arturo ni yo éramos de Boca o de Huracán. Fuimos porque la juventud nos regalaba fuerza, porque disfrutábamos de la experiencia de la amistad y porque nos tentaba la posibilidad del gran fútbol. Fuimos así, tan naturalmente, que no se me ocurrió preguntarle a mi buen amigo Arturo por qué, después de bajarnos del colectivo y de marchar unas cuadras, nos ubicamos en la tribuna de Huracán.

Lo sabe cada individuo que creció: cuando somos jóvenes estamos convencidos de que el tiempo nos pertenece y es eterno. Quizás por eso, creí que iba a retener para siempre cada imagen de ese partido. El fútbol de Huracán que fue impresionante, un gol de Roque Avallay parecido a otros buenos goles de Avallay, un gol de Brindisi que –como cada movimiento de Brindisi- a mi buen amigo Arturo y a mí nos certificaba que Brindisi transcurriría toda su existencia como crack, la cara de un gordo de la hinchada al que le abundaban los kilos y la alegría. De mi buen amigo Arturo, seguro, me quedaría la imagen de todas las veces: su análisis impecable, su placer ante cada jugada de calidad y, desde luego, su garganta cerrada, seca y muda en los momentos en los que miles y miles gritaban gol.

Ser joven, decía, abre la maravillosa puerta de sentirse dueño del tiempo, pero también empuja al error. Y yo, en ese partidazo, en plena Bombonera, me equivoqué. Nada de lo que enumeré –ni Avallay, ni Brindisi, ni un gol más que creo que hizo Candedo, ni el gordo ese de los muchos kilos y la mucha alegría- ocuparía el centro de mis recuerdos. Nada. Lo más importante todavía estaba por pasar.

Es verdad que no puedo precisar cuántos minutos iban. No puedo porque la circunstancia que siguió fue tan potente, tan asombrosa y tan inmensa que me dejó sin registrar la más mínima señal del reloj. A la distancia comprendo que aquel desentendimiento del reloj respondía a una lógica que hoy me surge transparente: ocurrió algo que detuvo el tiempo.

Yo lo vi. Lo vi con calma y como se ven las cosas que no sorprenden. Huracán metió su cuarto gol. Era el 4 a 1, una goleada que se correspondía con lo que había pasado, aunque se tratara de un resultado no frecuente, y menos aun para un equipo visitante que pasaba por la Bombonera. Tuve la percepción de que ese gol no le agregaba demasiado al partido, apenas unos granitos de sal sobre una ensalada que ya estaba lista. Y ahí radicó mi error. Cuando giré la cabeza para comentar la circunstancia, mi buen amigo Arturo no me ofreció ninguno de sus comentarios sabios e impecables. Estaba gritando el gol.

Un sudor extraordinario me inundó las cejas y un frío indigno para noviembre me envolvió la piel. Lo enfoqué una vez: gritaba. Lo enfoqué dos veces: gritaba. Lo enfoqué tres veces: gritaba. La vez siguiente que lo enfoqué no sólo gritaba. Además, se aferraba en un abrazo con el gordo de la hinchada.

Repito que se me perdió la noción del tiempo y ese es mi argumento para no saber cuánto pasó hasta que mi buen amigo Arturo dejó de gritar. Sólo tengo en claro que en el instante en el que evalué que podía preguntarle qué había pasado, él se adelanto y, ronco y agotado, me dijo:
-Lo hizo el pibe Morresi.

Eso era, exactamente, lo único que yo sabía, que el gol lo había hecho un pibe, Morresi, jugador de Primera desde hacía muy poquito. O sea: mi buen amigo Arturo no me estaba contando nada que me permitiera entender nada. Nada que me ayudara a salir de pasmo y me iluminara las causas de lo que había sido el primer grito de gol que oí desde su garganta.

-Lo hizo el pibe Morresi… ¿Y qué?-, le repliqué, bordeando la indignación por su falta de precisiones.
Entonces, mi buen amigo Arturo se me arrimó a la oreja con la pobre voz que le quedaba, logró otra vez que el tiempo permaneciera detenido, puso en suspenso cada uno de los otros sonidos que daban vuelta en la Bombonera, y me ofrendó las palabras más reveladoras, más nobles y más extraordinarias que escuché en toda mi vida en las canchas:

-Lo hizo el pibe Morresi. Juega fenómeno y, además, le ganó a todo. Tiene un hermano desaparecido, se lo desaparecieron estos hijos de puta que todavía están en el poder. Un día se van a tener que ir, te lo juro. Para mí, este gol es un mensaje. Es un gol de la vida.

De lo que sucedió de allí en más, sólo tengo claro que enseguida resolví que mi buen amigo Arturo me hablaba de algo que yo sabía y no sabía, de una escena que yo no ignoraba del todo pero, a la vez, no terminaba de mirar. También resolví, aunque no con la precisión con la que puedo expresarlo ahora, que hay épocas en las que la injusticia se disfraza de normalidad, pero que los disfraces nunca duran hasta la eternidad.

Un ratito más tarde, hicimos el camino de regreso. Fuimos desde la cancha hasta el colectivo y desde el colectivo hasta nuestras casas. Durante todo el viaje, no conversamos. Yo iba silencioso y pensativo. Mi buen amigo, en cambio, se la pasó con la garganta encendida. Al principio, pensé que tarareaba uno de los solos grandiosos de la guitarra de Jimmy Page. Después me di cuenta de que, desde el fondo del alma, seguía gritando gol.

Nota: el relato refiere a la victoria de Huracán en La Bombonera por 4-1, en 1980, año de intervención en el club, con Juan Tidona como presidente, con la dictadura como telón de fondo. A pesar de todo, el equipo realizó una aceptable campaña en el Metropolitano, en el que -en algún tramo- se asomó a la pelea por el título.

*Ariel Scher es periodista y docente. Editor del diario Clarín. 

Campaña:
Metropolitano: Octavo. G 11; E 15; P 10 / GF 58; GC 50.
Nacional: Cuarto - Zona B. G 6; E 2; P 6 / GF 26; GC 25.

Posiciones:
Metropolitano:
1. River 51 pts.
2. Argentinos 42 pts.
3. Talleres de Córdoba 41 pts.
3. Platense 41 pts.

Nacional:
1. Rosario Central
2. Racing de Córdoba
3. Newell's*
3. Independiente*
*Semifinalistas

Figuras:
Metropolitano:
1. Dante Sanabria, delantero.
2. Héctor Clide Díaz, defensor.
3. Carlos Babington, mediocampsita.
3. Miguel Brindisi, mediocampista.

Nacional:
1. Roque Avallay, delantero.
2. Miguel Brindisi, mediocampista.
3. Lorenzo Ojeda, defensor.
3. Jorge Gutiérrez, mediocampista.

Partidos para la historia:
1. 5/11: Boca 1-Huracán 4. La victoria más amplia en La Bombonera. Memorable.
2. 31/5: Talleres 1-Huracán 5. La mejor de las victorias en territorio cordobés. 
3. 11/11: Huracán 5-Vélez 1. Impresionante goleada ante un rival que ese año protagonizó la Copa Libertadores.
3. 2/7: River 0-Huracán 1. Triunfo vital para dar pelea arriba en el Metro.
3. 13/7: Huracán 1-San Lorenzo 0. Estupenda victoria en el Ducó para quedar tercero en el Metro (a dos del escolta Talleres) y con chances de pelear con River.

 
Golazo de Babington en el clásico frente a San Lorenzo. Huracán, protagonista del Metro.

lunes, marzo 03, 2014

Un equipo bajo cero



Huracán 0-Ferro 0
El gol no llega y, en consecuencia, las victorias tampoco. Un punto de nueve, ningún grito. Demasiadas chances deja pasar Huracán, mientras el bendito Puesto 3 sigue casi siempre a la misma distancia. Ahora, Independiente -su habitante- quedó a 11 puntos con 48 por disputar. Es el próximo rival. El destino parece ofrecer una nueva última oportunidad para subir al tren que conduce a Primera. Definiendo así, como un equipo bajo cero, parece imposible. Se verá...

Así estamos:
En la tabla
En los promedios
El fixture

sábado, marzo 01, 2014

Palabras de Angel


Textual de Angel Cappa, ahora: "A raíz de las próximas elecciones en el club, algunas agrupaciones tuvieron la amabilidad de contactar conmigo para exponerme sus proyectos y , en caso de ser elegidas, ofrecerme la posibilidad de hacerme cargo del aspecto futbolístico. Yo me siento halagado de que así haya ocurrido, aunque debo manifestar que creo que no debo participar en la disputa política que lógicamente surgirá con ese motivo. No me corresponde y debo permanecer al margen. Cuando intervine, lo hice por una cuestión de lealtad con quien me había llevado al club y en otras circunstancias, evidentemente.Aun así, muchos socios no estuvieron de acuerdo.Ahora, tomar partido por algún candidato seria como estar en contra de los demás cuando, tal vez, y lo digo como socio del club, lo mejor seria la unión de todas las agrupaciones para que no haya divisiones y entre todos buscar la solución mas adecuada para que Huracán recupere su lugar de privilegio en el fútbol argentino que merece por historia y por prestigio. No es mi intención decepcionar a nadie. Solo expreso lo que siento que es mi deber en esta situación, y deseo que de estas elecciones salga lo mejor para Huracán. Un abrazo a todos los hinchas Quemeros".

Razonable.