sábado, enero 31, 2009

Retrato de un imprescindible


Jorge Newbery es, ante los ojos de la historia, el Padre de la Aviación Argentina. Pero aquel polifacético hombre de la vida nacional de principios del siglo pasado fue mucho más que eso: resultó un espejo. Porque fue deportista múltiple, investigador en el ámbito de la electricidad y del subsuelo, hombre de ciencias, funcionario inobjetable... Ese personaje fue inspirador también para aquellos pibes del Colegio Luppi, que tenían sueños de fútbol más allá de las aulas. George --como le decían sus amigos de la alta sociedad porteña-- tenía un pedazo del corazón mirando a ese sur laburante, rancio, bravo, tanguero y licencioso. Y se vio a él mismo en los ojos y en la intensidad de los jóvenes fundadores de lo que luego sería Huracán. Era su pasión la del Negro Laguna, la de Ernesto Dellisola, la de Gastón Brunett, la de Tomás Jeansalles.

Señala Alejandro Guerrero en la biografía "Jorge Newbery": "Parece, a primera vista, el personaje ideal para construir la biografía simpática, amena, de un hombre que tuvo para eso todos los ingredientes: deportista, aviador, dandy, persistente frecuentador de prostíbulos, del humo de los puros y del champagne de Armenonville". Del mismo modo es cierto, que el bon vivant de Belgrano era mucho más que el perfecto aventurero del aire. Mucho antes de eso ya era mirado con recelo por las multinacionales de hidrocarburos a consecuencia de un libro fundacional: El Petróleo, la primera obra publicada en el país sobre la explotación petrolera. Antes que su amigo Enrique Mosconi, ya había recomendado declarar reservas estatales a toda zona potencialmente petrolífera.

También escribió leyes sobre seguridad laboral para el socialista Alfredo Palacios, su amigo y compañero de varios viajes en globo. Cuenta Néstor Vicente, ex candidato a Presidente de la Nación y autor del libro "Del Globo y de la Quema": "La amistad entre Newbery y Palacios fue muy singular. Una vez algunos navegantes y aficionados a este deporte de clase alta habían organizado una silbatina para repudiar al dirigente socialista. Jorge, enterado, les dijo tajante: 'Cuidado con lo que hacen. Silbar al doctor Palacios es lo mismo que silbarme a mí y eso no lo permitiré'". Nadie silbó aquella vez.

Practicaba remo, esgrima, natación y fue uno de los impulsores del boxeo en la Argentina. Tenía tiempo para todo: se recibió de ingeniero electricista en el Drexel Institute de Filadelfia (Tomás Edison fue su profesor) y en 1900 fue nombrado como Director General de Alumbrado de Buenos Aires. Desde tal condición desarrolló importantes estudios sobre el empleo de la energía eléctrica y el gas. Poco después, intercambiaría cartas con aquel piberío del sur que no tenía nada para armar un club de fútbol. Salvo una pasión enorme. Y la generosidad de un tal Newbery.

En mayo de 1911 Newbery es designado Socio Honorario de Huracán, ya que se había convertido en eslabón imprescindible de su fundación. Simultáneamente el club solicita a la Municipalidad el préstamo de un terreno en la calle Arenas (hoy Almafuerte), cercano a la estación de ferrocarril Sáenz, para construir la cancha que permitiera jugar en la Asociación Argentina. El propio Newbery, entusiasmado con aquel impulso, se encarga de encabezar la gestión. Le simpatizaba el Barrio de las Ranas (esa geografía que hoy se reparten Parque de los Patricios y Pompeya).

A cinco años de su fundación, Huracán ya estaba en la categoría más alta del fútbol argentino. Entonces, la Comisión Directiva le envió a Newbery, un telegrama a modo de agradecimiento: "Hemos cumplido. El Club Atlético Huracán, sin interrupción conquistó tres categorías, ascendiendo a primera división, como el globo que cruzó tres Repúblicas".

Pero el inmenso Newbery no pudo ver a Huracán, su Huracán, en Primera. El Padre de la Aviación Argentina falleció 28 días antes: el 1 de marzo de 1914, en Los Tamarindos, Mendoza, la muerte lo encontró en el aire, en su aire, piloteando un avión. Dos semanas antes, el 14 de febrero, Newbery había batido el récord de altura en aeroplano al alcanzar los 6.225 metros. A su entierro, en la Sociedad Sportiva de Palermo, concurrieron 50.000 personas. El 29 de marzo de ese año, Huracán disputó su primer partido en la máxima categoría del fútbol argentino: derrotó 4-2 a Ferro, como local. Newbery no estaba en las tribunas. Pero quedaría para siempre estampado en las camisetas, al lado del corazón.

Texto publicado por el autor del Blog en el libro "Huracán, 100 años", publicado por Clarín, en ocasión del Centenario del club.

Post publicado desde Montevideo, Uruguay.

jueves, enero 29, 2009

Un orgullo mirando al Sur

Huracán de Comodoro Rivadavia, en el Argentino B, jugando siempre a cancha llena. Es el equipo más popular de la Patagonia. Se fundó como homenaje al Huracán de Parque Patricios, por su gloria de los años 20 y por su crecimiento veloz desde la nada.

Huracán de Comodoro Rivadavia es, sin dudas, el club más popular del fútbol patagónico. Y el representante más destacado de su región en la máxima categoría (participó de los Nacionales de 1971, 1974 y 1976). En una de las páginas del club está contada la historia de esta institución que nació abrazada a la gloria de los años 20 del Huracán de Parque de los Patricios. Fue un tributo, un homenaje. Hoy, el Globito Petrolero (el principal de sus apodos), pasea el escudo por todo el país, desde la Zona 2 del Torneo Argentino B:

"El Club Atlético Huracán fue fundado el 22 de Diciembre de 1927; por inconvenientes surgidos; se separa un núcleo de aficionados de Gimnasia y Esgrima para formar un nuevo club (se reunieron en la confitería "El Águila") son gestores de dicha iniciativa Diego Navarro, Jorge Figueroa y Hortencio Adano.
Inspirados en la gloria de su homónimo porteño (Huracán de Parque Patricios) deciden que la nueva institución se llame Huracán, con la firme intención de comenzar sus actividades con mentalidad ganadora.
El 20 de Noviembre de 1932 el club Globero inaugura su campo de juego con dos partidos de fútbol. Primero se presentó Gimnasia y Esgrima, que venció a Talleres Juniors por 2 a 0 y en el cotejo de fondo Huracán superó a Florentino Ameghino por 2 a 1. Aníbal Verdeal fue el autor del primer gol del partido en ese estadio.
Enclavada en el corazón del barrio Pietrobelli (Huergo 1401 y esquina Saavedra) la querida cancha de Huracán fue escenario de inolvidables 'batallas futbolísticas'. Su caja de resonancia, su mística y el conmovedor aliento de la hinchada, la convirtieron en un reducto casi inexpugnable: aquí no ganaba cualquiera".


Más:
Sus participaciones en Primera, en el Blog.
Sus títulos, en la página del club.

Actualidad:
El empate ante Universidad San Martín, en Olé.

Post publicado desde Ushuaia y actualizado desde Puerto Madryn, Patagonia Argentina.

sábado, enero 24, 2009

Vamos todos



El viernes 6 de febrero, nuestro Huracán debutará en el Clausura frente a San Martín de Tucumán, en el Ducó. Entonces, empezará una nueva aventura para todos. Con algunos objetivos y con esa inmensa pretensión, aparentemente inalcanzable, de dar la vuelta. Para comenzar ese recorrido es necesario que estemos todos. Como en los días felices, como en tantas noches de alegrías, como aquella ocasión no tan lejana frente al otro San Martín, el de San Juan.

Post publicado desde Punta Arenas, Chile.

martes, enero 20, 2009

Acá, allá, en todas partes



Huracán, a la distancia. Esa añoranza, esa espera, esa pertenencia sin geografías. Un video breve. Rostros de Quemeros por el mundo.

Actualidad:
La caída frente a Banfield y la lesión de Goltz, en Patria Quemera.

Post publicado desde Puerto Montt, Chile.

domingo, enero 18, 2009

De lo increíble a lo real

Una formación de 1961. Esa temporada Huracán fue protagonista central del mercado de pases. Realizó la transferencia más onerosa del año con la llegada de Norberto Menéndez. Hoy, aquello parece increìble.

Hace 48 años, para la temporada de 1961, Huracán sacudió el mercado con la incorporación de varios jugadores importantes. Incluso la llegada de Norberto Menéndez resultó la suma récord de esa temporada en cuanto a pases. También llegó entonces Vladislao Cap. Y contaba en el plantel con varios otros jugadores de Selección: Carlos Arredondo, Miguel Vidal, Juan Castro y Ernesto Juárez. Y hasta los últimos destellos del inmenso Néstor Rossi. En la foto, arriba: Arredondo, Vidal, Santos, Cap, Alarcón y Novarini. Abajo: Juárez, Reznik, Eduardo Domínguez, Menéndez y Diz. A pesar de los refuerzos, aquel equipo no realizó una buena campaña: merodeó en la intrascendencia (terminó décimo, a 22 puntos del campeón Racing). Sin embargo, aquellos días previos al inicio de la temporada de 1961 resultan el perfecto contraste de estos días.
Pero hay ejemplos emblemáticos más cerca en el tiempo. Para 1975 Huracán contrató a Osvaldo Ardiles, uno de los mejores mediocampistas del fútbol local, ya con chapa internacional. Para 1991, no tan lejos de esta actualidad, el club sumó a José Tiburcio Serrizuela, finalista del Mundial de Italia un año antes, y a un crack sin tiempo como Claudio Borghi. Se trata de detalles que, por oposición, sirven como contexto de una realidad que molesta: Huracán pasó de ser protagonista del mercado de pases a una suerte de mendigo a la espera de un milagro.

Actualidad:
La derrota ante Atlético Tucumán, en Olé.

Post publicado desde Valparaíso, Chile.

viernes, enero 16, 2009

¿Top 5?



Angel Cappa dice que su deseo es terminar entre los cinco primeros en el Clausura 2009. Agrada el entusiasmo del entrenador. También su optimismo. No es un mal modo de recorrer la pretemporada. Que las certezas del verde césped no desmientan esta sensación.

Actualidad:
El empate ante Colón, en tycsports.com.

miércoles, enero 14, 2009

El ocho y la impronta quemera

En ocasión del armado del Libro Oficial del Centenario de Huracán, "Grande se nace", me convocaron para escribir uno de los capítulos. La idea era evocar a dos de los grandes mediocampistas de la historia del fútbol argentino: Emilio Baldonedo y Norberto Tucho Méndez. Y a partir de ellos retratar esa impronta quemera vinculada a la camiseta número ocho, desde Manuel Spósito a Miguel Brindisi. Lo que sigue es ese texto, que en lo personal significó el enorme gusto de participar de una tarea encantadora: contar un pedazo de aquella historia nacida del entusiasmo de un puñado de pibes del Colegio Luppi, en la primera década del siglo pasado.

Ya no queda nadie o casi nadie que haya visto jugar a Manuel Spósito. Todo lo que se diga o cuente sobre él formará parte de archivos de la época o, en su defecto, de la mitología quemera. Era un inside de los que se preocupaban más por jugar que por obstruir. Estaba impecablemente rodeado por varios de los mejores futbolistas de su tiempo: Adán Loizo, Angel Chiesa, Guillermo Stábile, Cesáreo Onzari. Spósito fue también un emblema de la década del 20, en la que Huracán (junto a Boca) fue el más campeón. Eran tiempos en los que la institución resultaba un impulso capaz de arrasar rivales con orígenes menos periféricos. El Barrio de las Ranas, esa geografía de guapos, le cabía también a él, a Spósito, un audaz dentro del campo de juego.
Spósito fue, sin pretenderlo, el primer eslabón de una tradición forjada al amparo de tantas historias afines. Porque el número ocho está estrictamente ligado a lo mejor de la historia de Huracán. Porque hubo un Spósito fundacional, y luego llegaron los exponentes paradigmáticos ya no sólo del club sino del fútbol argentino y mundial: Emilio Baldonedo, Norberto Tucho Méndez, Miguel Brindisi...
"Mamita, Mamita, ganaré dinero/seré un Baldonedo, un Martino, un Boyé/dicen los muchachos del Oeste Argentino/que tengo más tiro que el gran Bernabé...", señala el tango El Sueño del Pibe (de Reinaldo Yiso y Juan Puey) que alguna vez cantó Diego Maradona. Baldonedo fue un grande de las décadas del 30 y del 40. Actuó como inside en Huracán (257 partidos; 165 goles) y en Newell's (cinco partidos). Y en la Selección tuvo una especialidad: cinco de los seis partidos que jugó fueron contra Brasil. Y le convirtió siete goles, todos en 1940. Un caso irrepetible.
Pero Baldonedo fue para Huracán mucho más que esa sucesión de datos que impresionan. Primero fue hincha, desde los días de la niñez en su hogar de Boedo y Las Casas. Vio desde el borde del campo de juego, con apenas 12 años, a los campeones de 1928. Admiró, aferrado al alambrado de la vieja cancha de madera, a Herminio Masantonio. Lo siguió con los ojos de la gratitud, gritó sus goles hasta la disfonía. Entendió el significado de ser un auténtico huracanense. Soñó mil noches con llegar a la Primera del club, de su club. Escuchó entre risas la torpe sentencia de quienes lo señalaban como presunto hincha de San Lorenzo, por una cuestión de referencia barrial.
Un día de 1935 llegó a la Primera. Pero antes ya se había hecho conocido: en la Cuarta Especial era un deleite. Era un equipo juvenil, ideado por el Negro Laguna (otro emblema de los años 20), que era convocado con frecuencia para jugar como preliminar de los grandes equipos de Europa que venían de gira, como el Real Madrid o el Barcelona. El 11 de agosto de 1935 hizo el primer gol de su carrera frente a Quilmes (2-0, en Parque de los Patricios).
Le decían Perita porque en los tiempos de pibe tenía la cara muy fina y alargada. Pero su apodo inaugural no fue el más famoso. En breve, en el barrio todos lo empezaron a llamar El Escoberito. Sucedía que sus padres tenían una fábrica de escobas y él, de vez en cuando, colaboraba. Igual, Emilio también le ponía entusiasmo a su carrera universitaria: estudiaba Farmacia. Pero lo suyo era el fútbol. Y dentro de ese ámbito su lugar de pertenencia: Huracán.
Se dio el gusto de jugar con uno de sus máximos ídolos: el tremendo Herminio Masantonio. Era el mejor de sus socios y su amigo. Hubo afinidad incluso antes de compartir un campo de juego. Pero allí adentro fueron una de las mejores sociedades de la historia del club. Un rasgo indeleble de un tiempo de protagonismo. Juntos fueron campeones de la Copa Adrián Escobar en 1942 y en 1943. Antes, en 1939, habían sido parte de una suerte de equipo campeón que no dio la vuelta olímpica: ganó la primera rueda, fue segundo en la temporada y les ganó a los cinco grandes de manera consecutiva.
Baldonedo valdría hoy lo que sólo Real Madrid, Manchester United, Barcelona o Milan podrían pagar. En su tercera campaña en la máxima categoría, en 1937, convirtió 23 tantos en 32 encuentros. Y, al año siguiente, hizo 27 tantos en 30 partidos. Sin ser un delantero, metió 76 goles en 97 partidos a lo largo de tres temporadas. Sí, de otro tiempo, casi de otra galaxia. Un día se fue de Huracán, aunque hubiera preferido no irse nunca. "Fue lo más triste que me pasó en mi carrera", confesó siempre.
Lo conocí a Don Emilio, poco antes de su hasta siempre. Tenía que hacer una nota para Clarín sobre una de las tantas crisis de Huracán en las últimas dos décadas. Era la inminencia del segundo descenso. Descubrí algo que me hizo sentir más quemero que ningún otro día: al inmenso Baldonedo --ya veterano y con bastón-- ese presente le dolía tanto como a mí. Lo pasé a buscar por Caballito. Fuimos en auto hasta Puerto Madero. No pronuncié una palabra en todo el viaje. Apenas escuché con todo el asombro que puede caber en un solo cuerpo. Lo miré. Lo imaginé. Estaba ahí ese tipo que hasta entonces formaba parte de las leyendas de mi niñez, relatadas por el esmero de mi viejo. Sí, ese señor era Baldonedo. En breve, tuve que evocar aquel momento por una razón que lastimaba: había fallecido aquel superhéroe de los años 40.
Barrio de Caballito, cerca del Parque Rivadavia. Aquel mediodía, Emilio Baldonedo repartía sus palabras entre desencantos presentes y emociones pasadas. El pibe escuchaba, admirado, a su interlocutor ocasional: "Sabe una cosa, pibe, no hay nada que me duela más que el descenso de Huracán... Nosotros somos de Primera, no tenga dudas". Por esos días del 98, Huracán recorría el camino hacia el adiós, empujado por egoísmos y por malas administraciones. Pero don Emilio seguía revolviendo en la nostalgia: "Pibe, ¿sabe lo que jugaban los campeones del 21, el 22, el 25, el 28? Unos fenómenos... Y después, Herminio, y Tucho, si hasta jugó Di Stéfano". El pibe tenía mil ansiedades. Quería escuchar todo. Y Baldonedo continuaba: "Y ahora esto... Desde el 94 que no voy más al Ducó. Me hago mucha mala sangre. El otro día vi por tele la derrota contra Central. Va a ser difícil salvarse. Pero usted no dude, pibe, Huracán es de Primera".
El Pibe no duda...
Norberto Doroteo Méndez fue uno de los grandes mediocampistas de la historia del fútbol argentino. Jugó en Huracán, en Racing y en Tigre. En total disputó 392 partidos e hizo 123 goles. También se destacó en la Selección: es el máximo goleador histórico de la Copa América (hizo 17 tantos, al igual que el brasileño Zizinho), un trofeo que conquistó en tres ocasiones (1945, 1946 y 1947). Sobran los datos para contarlo: Tucho fue un pedazo enorme de Huracán, un motivo para hacerse hincha, una razón suficiente para hacer la cola para comprar una popular bajo el sol de un domingo cualquiera.
Tucho nació en esa difusa frontera tan huracanense entre Nueva Pompeya y Parque Patricios, el 5 de enero de 1923. Desde los días de la niñez se hizo quemero e hincha de los referentes de aquellos tiempos. Por ejemplo, lo esperaba a Herminio Masantonio a la salida de la cancha para llevarle la valija; y al arquero Juan Estrada le alcanzaba la pelota detrás del arco en los entrenamientos. Eran sus felices berretines.
Pronto, el chiquilín de piernas chuecas y con un jopo imposible de modificar, jugó junto al inmenso Masantonio en Huracán. Y se dio un lujo contradictorio: le hizo un golazo desde 35 metros a su admirado Estrada, cuando ya había sido transferido a Boca.
Debutó en la Primera de Huracán el 13 de abril de 1941, por la tercera fecha del torneo de la AFA contra Lanús, en el viejo estadio de Avenida Alcorta y Luna. Ganó el local por 4 a 2, con con un gol de Tucho, dos de Herminio y otro de Baldonedo.
Desde entonces hasta 1947 fue crack y símbolo de su querido Huracán. Luego, fue transferido a Racing y se constituyó en una pieza fundamental del primer tricampeón del Profesionalismo (1949, 1950 y 1951).
En una transferencia sin antecedentes, Méndez, Salvini y Simes pasaron al club de Avellaneda y en contraprestación fueron al club de Parque de los Patricios el arquero Ricardo, los zagueros Uzal y Filgueiras y dos delanteros: Waldino Aguirre y Caserio. Su campaña en Racing terminó en 1954. Después estuvo dos años en Tigre y volvió a ese lugar que quiso tanto: a Parque de los Patricios, al Globo de Newbery, donde terminó su campaña a fines de la década del 50. Más tarde, ya retirado, le pondría palabras a sus sensaciones, a sus afectos futboleros: "Huracán fue mi novia; Racing, mi mujer; la Selección, mi amante". Sí, esa novia que nunca se olvida...
"Tucho era también un auténtico porteño", me contaba en la redacción de Clarín Pedrito Uzquiza, quien lo conocía bien los detalles de la vida de ese talento enorme del fútbol argentino, de ese hombre de la bohemia, del barrio, del tango. Méndez concurría a dos lugares emblemáticos de su tiempo: el Marabú y el Chantecler, donde se encontraba con su amigo Aníbal Troilo, con quien se rendían mutua admiración. "Viví muchas vidas. No me arrepiento de eso. Tal vez ahora esté volviendo a la época en que era una estrella de bigotes recortados con precisión", le confesó al periodista Miguel Frías en una de sus últimas notas concedidas. Era también un personaje de aquellos días. Hasta fue convocado para protagonizar "Con los mismos colores", junto a otros dos futbolistas icónicos de la época, Mario Boyé y Alfredo Di Stéfano, con quien compartió la Primera de Huracán, en 1946.Confesó alguna vez: "Si volviera atrás haría todo igual. Hice todo lo que pude. Fui feliz". Brindemos por eso. Y por Emilio. Y por sus días de gloria, con la inevitable añoranza de este Centenario.

Post publicado desde Mar de las Pampas.

domingo, enero 11, 2009

Si estuviera Larrivey...



Huracán fue uno de los tres equipos con menos goles a favor en el último Apertura (hizo 18, menos de uno por encuentro). La falta de eficacia de los delanteros resultó decisiva para esta carencia: Hernán Barcos (hizo tres tantos en 17 encuentros), Ariel Colzera (uno en 18), Matías De Federico (uno en dos), Carlos Casartelli (ninguno en cinco), Matías Gigli (ninguno en siete) y Luciano Nieto (ninguno en seis). El máximo anotador del equipo fue un mediocampista: César González con cuatro goles en 15 partidos. Por todo esto, ver el video con el tremendo Joaquín Larrivey es una añoranza que duele. Y también una certeza: con él en el plantel, el promedio no sería una preocupación y la campaña permitiría incluso hasta la osadía más grande. Pero no. Sucede algo peor: quizá tengamos que verlo con la camiseta de Vélez. Y esa verdad duele. Porque es también un testimonio de este tiempo.

Post publicado desde Mar de las Pampas.

viernes, enero 09, 2009

También un homenaje a Cappa

Escena de la película "Rudo y Cursi", estrenada ayer en Buenos Aires. Su director, el mexicano Carlos Cuarón, señala que se trata también de un homenaje a Angel Cappa.

Ayer se estrenó en Buenos Aires la película "Rudo y Cursi", del director mexicano Carlos Cuarón. Batuta, el personaje que interpreta Guillermo Francella, es central en la película en la que también trabaja Gael García Bernal, al punto de que funciona como narrador en off. En una entrevista con Miguel Frías, publicada por el diario Clarín, Cuarón señala: "Fue el personaje que menos reescribí. Por un lado, quería hacerle un homenaje a la izquierda del fútbol: Menotti, Valdano, Cappa; a los argentinos que apuestan por un fútbol ofensivo y están en contra de la idea de que el jugador es un robot. Por otro, hice que la voz narrativa fuera contradictoria con los actos que ejecuta. Batuta habla como un poeta, pero su accionar demuestra que es un hombre que está dispuesto a todo por dinero". Sí, un homenaje a nuestro entrenador.

Más:
Los detalles de la película. En IMDb.

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jueves, enero 08, 2009

En la cabeza de Cappa


La última actuación de Huracán (el 3-0 a Vélez, en el regreso al Ducó) fue, además de lo mejor del equipo en el Apertura, la primera victoria del ciclo de Angel Cappa. Ahora, con el ex colaborador de César Menotti y de Jorge Valdano como entrenador, comenzará el primer torneo posterior al Centenario Quemero. Y Cappa tiene un equipo en mente.

El arquero: Con Alejandro Limia separado del plantel, Gastón Monzón afrontará su primer torneo como titular. Detrás de él estarán David González y Lucas Calviño.

La defensa: La novedad principal será el regreso de Eduardo Domínguez (tras su breve paso por Los Angeles Galaxy). Jugará como segundo zaguero y así se repetirá la dupla central del Clausura 2008 con Paolo Goltz. Los laterales se mantendrán: a la derecha, Carlos Araujo; y a la izquierda, Carlos Arano (ahora subcapitán). Como alternativas aparecen los juveniles Ezequiel Filipetto y Kevin Cura, como centrales; y Gastón Beraldi e Iván Nadal, como laterales.

El mediocampo: La baja de Hugo Barrientos (será operado de su rodilla derecha) es el inconveniente más relevante. Su lugar lo ocupará inicialmente Gastón Esmerado. Leandro Díaz jugará a su derecha y César González, a su izquierda. El enganche será Javier Pastore. La idea del técnico es tener mucha movilidad en la mitad de la cancha y, salvo el mediocampista central, no ofrecer posiciones fijas. Como primeros sustitutos aparecen Sergio Meza Sánchez, Patricio Toranzo y Alan Sánchez, ya recuperado de una lesión de rodilla. Se estima, además, la llegada de un mediocampista derecho (Nicolás Cabrera, de Vélez, es la prioridad; y Diego Barrado, la alternativa).

La delantera: Es la línea con más dificultades. Ninguno de los delantero que jugó en el Apertura hizo más de tres goles y sólo uno hizo más de uno (Hernán Barcos). Además, el equipo convirtió apenas 18 tantos en los 19 partidos (fue el tercer equipo con menos goles a favor). Cappa confía en las posibilidades de Matías de Federico, autor de un golazo ante Vélez. El centrodelantero sería un refuerzo (Darío Gandín, de Independiente, es el principal candidato). Las alternativas son algunas caras conocidas: Ariel Colzera, Barcos y el juvenil Luciano Nieto.

Actualidad:
La pretemporada sin Barrientos. En la Página Oficial.

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miércoles, enero 07, 2009

Cada partido, una fiesta



Cada hincha de Huracán sabe, por experiencia y también por herencia, que concurrir o no a la cancha no está atado a los avatares de una buena o una mala campaña. Se trata de una lealtad que excede el éxito ocasional. Es una suerte de militancia, de legado familiar, de simbiosis con los barrios del Sur incluso más allá de vivir o no en el Sur de la Ciudad, de afinidad con aquellos gloriosos exponentes de otros días más felices aun cuando no nos haya tocado la dicha de verlos. No suele haber razones en la lógica de los resultados. Ser Quemero no es, claro, la garantía de un título todos los años o cada un puñado de torneos. El significado es otro: ese inmodificable sentido de pertenencia cada vez que asomamos la cabeza por alguno de los accesos del Ducó. En ese instante, en ese cosquilleo que se repite, sucede lo mágico: que cada partido, más allá de su desenlace, resulte una fiesta.

Más / Actualidad:
El recibimiento al plantel en Mar del Plata, otra fiesta.


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domingo, enero 04, 2009

Toda esta gente te quiere ver campeón...



No importan los tres descensos ni las nueve temporadas en la B en los últimos 23 años. No importa que hayan pasado más de 35 años y 64 torneos desde la última vuelta olímpíca. No importa que ya no nos cobren penales (uno en 57 partidos desde el último regreso a la A). No importan los 14 meses sin poder jugar en el Ducó. No importan los herejes que manchan el escudo de Newbery por billetes. No importa que las posibilidades de ser campeones sean un atentado a la irreverente ilusión de cada comienzo. No importa nada. Cuando todos nos juntemos en Alcorta y Luna, durante el segundo fin de semana de febrero, para ver a Huracán contra San Martín de Tucumán, vamos a querer lo mismo, vamos a soñar idéntico: ser campeones. Y está bien. Porque un día, algún día, podremos dar la sexta vuelta olímpica en un campeonato de Liga. Y esta vez, también esta vez, en el Clausura 2009, toda esta gente que estuvo el Día del Centenario Quemero te quiere ver campeón...

Actualidad:
Eduardo Domínguez, el primer refuerzo. En Olé.

Post publicado desde Mar de las Pampas.

viernes, enero 02, 2009

Siglo II


En este 2009 comienza un nuevo siglo para Huracán. Y este inicio nos encuentra en un vaivén entre dolores hondos y resurrecciones frecuentes. Con los ojos de este tiempo, los exitosísimos años 20 parecen un cuento de hadas; la Era Masantonio resulta un relato fantástico sobre un superhéroe que ya no está; los nombres de los años 50 y 60 son lejanías impensadas; las luces de los preciosos 70 se desvanecen sin remedio... Duelen estas verdades. Claro que duelen. Pero advertirlas, aceptarlas y modificarlas es una obligación, una responsabilidad. O mucho más que eso: un principio.

Post publicado desde Mar de las Pampas.